Lo conocí en otoño Seguir historia

AnnabellaG Anabelle Miranda

Carrie está parada en el altar a punto de contraer matrimonio con un hombre al que ya no ama. Estando a punto de decir el tan esperado "Sí", comienza a reflexionar sobre aquel hombre que conoció durante su viaje de intercambio en la universidad y le es imposible no sentir la piel erizada al recordar sus caricias; sin embargo su destino fue trazado por una mano de hierro que controla los lazos de su cuerpo de marioneta. Antes de ser libre y regresar a brazos de su amado, Carrie tiene que conseguir la manera de cortar los hilos para poder ser libre. ¿La persona detrás de toda su futura desdicha? Su propio padre.


Romance Contemporáneo Todo público.

#USA #madrid #boda-arreglada #boda-por-interés #boda # #La-última-promesa #258
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La pregunta

Los tristes y solitarios pasos de Carrie Sullivan se abren camino en medio del gentío que la observa con detenimiento, siente el nerviosismo recorrerle la piel y un sudor frío comienza a formársele en la espalda y coronilla. Frente a ella, su verdugo la espera, expectante, ofreciéndole el brazo. En cuanto su mano se aferra al brazo de su padre, comienza una danza de notas musicales que Carrie solo puede denominar como una marcha fúnebre.

―Sonríe, cariño ―espeta su padre, sin perder la sonrisa del rostro―. Se supone que es el día más…

―¿Siniestro y deprimente de mi vida? ―interrumpe Carrie, dibujando una falsa sonrisa en su rostro―. Sí, tienes toda la razón, papá.

William no dice nada más, sabe perfectamente el motivo por el cual su hija ha elegido tan despectivos adjetivos para describir el día de su boda.

Por su lado, Carrie mantiene una falsa sonrisa que le ocupa todo el rostro y mientras caminan lentamente por el pasillo, siente como su corazón se acelera precipitadamente; busca un poco de valor de parte de su compañero con un disimulado apretón en el brazo de éste y continúa su camino con la cabeza en alto, pese a que internamente se muere de ganas por salir pitando de ahí.

Al final del pasillo, frente al altar, un hombre con lágrimas en los ojos los espera. Ryan James no es solamente el novio de más de cinco años de la única hija de William, sino que también es el primogénito de su mejor amigo y socio en Sullivan & James, Inc.Es un chico con un futuro prometedor ante los ojos de todo el mundo y un loco enamorado que haría cualquier cosa por hacer feliz a su futura esposa, tristemente él desconoce completamente las fuerzas que han orillado a Carrie a aceptar casarse con él.

Mientras la distancia entre estos dos personajes se acorta, Carrie no puede hacer más que sentir cómo sus posibilidades de ser feliz se esfuman en el aire, por su mente baila la idea de que no logrará nunca ser realmente feliz con el hombre frente a ella. Durante un breve momento, antes de llegar al altar, se permite cerrar los ojos y concentrarse en la persona que realmente hace palpitar su corazón: Logan Black, un joven pasante de medicina que conoció en su viaje de intercambio a Madrid.

A la pareja no le gustaba decir que lo suyo era amor a primera vista, pero era inevitable admitir que tan pronto se encontraron, la química fue instantánea. Bastaron un par de citas, encuentros casuales en la residencia donde ambos se hospedaban y algunas bromas nocturnas para que el amor surgiera y el mismo Logan la siguiera de vuelta a USA cuando el semestre terminó.

Un suspiro se escapa de entre los labios de Carrie al recordar el último beso que Logan le dedicó y hace uso de toda su fuerza de voluntad para no dejar correr las lágrimas que comienzan a formarse detrás de sus ojos ante la promesa de un futuro juntos en el aeropuerto de Madrid, antes de que ninguno supiera que ella ya tenía un futuro trazado.

Con furia recuerda el momento en que entró en el despacho de su padre tras su regreso de Madrid. Estaba rebosante de alegría y moría de ganas por contarle a su padre sobre Logan, sobre lo mucho que se querían y cómo él llegaría en unas semanas tras haberse aceptado su solicitud de intercambio a USA para estar con ella en su último semestre de la universidad, después de eso solicitaría su residencia en algún hospital local para quedarse un año más. Habían planeado todo para estar juntos mucho tiempo, incluso se habían imaginado envejeciendo uno al lado del otro; pero ninguno de los dos sabía la sorpresa que William guardaba para su adorada hija a su regreso.

La familia Sullivan estaba a punto de declararse en bancarrota por el mal manejo que había en las acciones en Sullivan & James, Inc. Empresa que era manejada por William y por Fred James, el futuro suegro de Carrie, donde éste último se había aprovechado de la situación que atravesó Will tras la muerte de Kassandra Sullivan, para hacerse firmar unos pagarés por una considerable cantidad millonaria que, sumada a un absurdo porcentaje de interés, convertía la deuda en algo prácticamente impagable para los Sullivan.

Aunque Will había hecho hasta lo imposible para razonar con su amigo, Fred no entendía razones y amenazaba, con triquiñuelas jurídicas, mandar a su antiguo compañero de juegos a prisión si éste no saldaba su deuda a la brevedad.

―¿Acaso está loco. ―Había espetado Will sin apartar los ojos de la hoja que el abogado de Fred le había llevado a su oficina―. Él no puede simplemente cobrarme así como así una cantidad como esta. ¡Apenas tiene diez meses que me prestó el dinero! Es... es increíble que los intereses sean tan altos.

El pobre hombre movía la cabeza de un lado a otro, negándose a creer que su amigo de toda la vida le estuviera cobrando esa cantidad siendo que conocía perfectamente la mala racha financiera que estaba atravesando con la empresa en revisión del estado.

Sin pensarlo dos veces despidió al abogado de su oficina y pidió un enlace con Frederick James a su secretaria. La mujer se extrañó por la molesta voz que su jefe empleó para dirigirse a ella a través del interfón y, al tener tantos años trabajando para Will, sólo pudo rezar porque no estuviese sucediendo algo demasiado grave con su jefe.

Tan pronto como el enlace se estableció, Will le pidió una explicación a su amigo, alegando que probablemente se trataba de un error por parte del contador al exigir tal absurda cantidad de un día para otro. Sin embargo, Fred lo sacó de su error.

―Mi estimado William, lamento informarte que no se ha cometido ningún error por par parte de mi contador. Yo mismo revisé las cuentas y son correctas. Además permíteme recordarte que ese dinero, al día de hoy, debería haberse saldado ya.

Will pasó una mano por su cabello y suspiró al teléfono, su amigo tenía razón en eso último. Fred le había prestado una considerable cantidad de dinero para saldar sus deudas y hacerse cargo del funeral de Kassandra, y él se había comprometido a regresárselo en un límite de dos meses, sin embargo aún no se veía recuperado de su mala racha y la empresa no estaba rindiendo los frutos necesarios para saldar la deuda que tenía con su socio y amigo.

―Fred, amigo, no puedo pagarte la cantidad que me pides en este plazo ―susurró Will, casi con voz rota―. Sabes que perdí la mayoría de mis inversiones en la bolsa y que la empresa está siendo revisada por el Estado. Mis cuentas bancarias están limitadas y no puedo tomar más que necesario para no morir de hambre.

El silencio se hizo del otro lado de la línea y Will temió lo peor. Sabía que Frederick podía ser el mejor amigo, pero también el peor enemigo que se encontrase. Los James tenían una sangre fría para los negocios y gracias a ello habían forjado su fortuna, razón por la cual Will temía que su mejor amigo usase contra él sus armas y negociaciones que empleaba comúnmente para deshacerse a sus deudores.

Finalmente Fred comenzó a mover a los peones en el tablero sin que ellos mismos se considerasen parte del juego. La empresa para la que Fred y Will trabajaban había pertenecido a sus padres que, igual que ellos, habían sido mejores amigos, y al retirarse heredaron sus propias acciones a sus hijos; pero Carl, el padre de Fred, conocía muy bien la ambición de su hijo y sabía que si él controlaba la mitad de la empresa, esta se vendría abajo.

Tomando en base el comportamiento de su hijo, Carl incluyó una cláusula en su testamento al morir, donde treinta puntos de las acciones pertenecientes a la familia James se encontrarían congeladas hasta que su primer nieto contrajese matrimonio. Y era ahí donde Carrie jugaba un papel importantísimo para los planes de Fred.

Y entonces aquí está Carrie, caminando hacia lo que será su muerte, vestida con un hermoso vestido blanco en corte princesa, con un fino velo cubriéndole el rostro y dejándola medio oculta ante la vista lejana de algunos presentes, calzando unas zapatillas de correa igualmente blancas y con un hombre enfundado en un inmaculado traje blanco y unas florecillas color lavanda en la solapa, esperando por ella. Al final no se había podido negar a la petición de un soberbio y egoísta padre que prefería entregar a su única hija con tal de no enfrentar el suicidio social de ir a prisión y verse envuelto en chismes y ese tipo de faramallas.

Finalmente la marcha nupcial termina, Will le pasa la mano de Carrie a Ryan y, con una pequeña inclinación de respeto hacia el altar, entrega a su hija al lobo, el cual no resulta ser Ryan precisamente.

La ceremonia religiosa da inicio; con cada palabra pronunciada por el sacerdote, Carrie siente que el corazón se le hunde en el pecho. Hace su mejor esfuerzo por tragarse las lágrimas, pero cuando finalmente pierde la batalla y las deja correr libremente por su rostro, nadie cree que se tratan de las amargas lágrimas de un adiós.

La sensación de ser enterrada viva junto a todas sus emociones, sueños y aspiraciones, se acrecienta con cada segundo que marca el reloj y no puede evitar imaginar qué habría sido de su vida de haber aceptado escapar con su verdadero amor minutos antes de la ceremonia.

La triste y desanimada novia se hallaba en la habitación encima de la capilla, lugar donde su única compañía era su dama de honor, encargada de que su arreglo estuviera perfecto para la hora de bajar. Todos los invitados a la ceremonia ya se encontraban en sus lugares, esperando ansiosos la llegada de la novia.

―Siento que no puedo hacer esto ―gimió Carrie hacia su mejor amiga.
―Tú puedes, solo ten un poco de fe en ti misma ―le animó Suse.

Suse abrió la puertecita de la habitación para acompañar a la novia hacia el pasillo de entrada de la capilla, pero detrás de la puerta encontró a un caballero de grandes ojos color avellana y elegantemente vestido de negro. El invitado entró a la habitación de la novia y con grandes zancadas se dirigió a la castaña, acunó su rostro y la besó con la pasión con la que solamente una pareja de verdaderos enamorados se besaría.

Uno de esos besos que toda mujer siempre añora pero que la prudencia jamás le permitiría confesarlo en voz alta; un beso cargado de sentimientos, un beso que no serías capaz de contarle ni a tu mejor amiga.

―No tienes una idea de lo que daría por ser yo el hombre que espera por ti frente al altar ―susurró Logan, aún acunando el rostro de la novia entre sus fuertes manos.

Dos gruesas lágrimas corrieron por las mejillas de Carrie, pero él pronto se apresuró a apartarlas. Odiaba ver a su musa llorar.

―¿Qué haces aquí? ―preguntó ella.

―Vengo a pedirte que no te cases con él ―contestó Logan. Sus bellos ojos avellana se veían brillosos, anhelantes de una respuesta satisfactoria para ambos.

La mirada entre ellos era tan intensa e íntima que por un momento Suse se sintió incómoda por observarlos, pero se mantuvo firme al lado de la puerta; sabía que su amiga la necesitaría de un momento a otro.

―Carrie, te lo ruego ―rogó Logan―, apiádate de mi pobre corazón y no te cases con un hombre al que no amas. ―Clavó una de sus rodillas en el suelo, mientras sostenía una de las manos de ella entre las suyas―. Huyamos juntos, podemos ser felices.

Para ese entonces las lágrimas no podían detenerse más en los ojos de ambos y gordas gotas corrían por sus mejillas. Logan ansiaba poder tener a su amor junto a él, mientras que Carrie sentía en lo más profundo de su ser no poder contestar de la manera que tanto ella como él deseaban.


―Lo lamento, Logan ―susurró, soltando su agarre.

La castaña liberó su mano del apretón y caminó hacia la salida dejando una parte de su alma detrás de sí, abandonando al único amor de su existencia.

Y en la habitación quedó un hombre destrozado y el alma de una mujer enamorada.

De pronto, como si la realidad la llamase, Carrie deja atrás ese reciente recuerdo y, mirando hacia el frente, logra captar en el momento justo la pregunta que tanto miedo tiene de contestar.

―¿Acepta usted, Carrie Sullivan, a Ryan James como esposo para amarlo y respetarlo por el resto de vida, hasta que la muerte los separe?

22 de Octubre de 2018 a las 06:02 0 Reporte Insertar 2
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