Jack Damon Seguir historia

naxell Yeyo Poche

Jack Damon un cazador y explorador galáctico en su juventud encontró dos hallazgos tecnológicos que lo convirtieron el fugitivo más buscado por los Imperios de la Vía Láctea. El primer descubrimiento fue la inteligencia artificial Vaness un ente de una antigua civilización de simbiontes, está basada en Bio-nanobot simbióticos y el segundo descubrimiento fue el Damonet una nave espacial de origen desconocido. Cuando Jack la encontró estaba en las manos del Imperio Gaia, el imperio humano. Jack a su vez se ve envuelto en una venganza entre los dioses del zodiaco, pero él no tiene algún conocimiento de ello ya que todo sucede en las sombras. Su primer contacto con ellos fue a través de unas misteriosas criaturas que invadían la Vía láctea, intento alerta a los Imperios que hicieron caso sumiso a su advertencia. Después de tanto tiempo de huir fue capturado pero un acontecimiento lo obligó a embarcarse a una nueva galaxia y un nuevo mundo ¿Qué le espera a Jack en esta? ¿y en qué nuevo mundo llegará? Sigue las aventuras de Jack y descubre el misterio de por qué el fenómeno.


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Un Raro Acontecimiento (I)

Enero 5 del año 2300.

Espacio Desconocido.

Una nave espacial clase Balbbo Espectral surcaba la brisa cósmica del sector F456 al nordeste de la Vía Láctea a una velocidad inimaginable para el ojo humano. La nave espacial cruzó los pilares de la Nébula Vetoniana. Una estructura que emitía un aura magistral. Un lugar divino para aquellos que la han visto o han navegado.

La nave espacial no estaba de excursión, sino que está era la ruta más corta hacia una prisión desconocida para los imperios que reinan la Vía Láctea. Solo unos pocos sabían su ubicación y nombre con tan solo pronunciarlos pueden desaparecer del cosmos sin miramientos.

Como la nave avanzaba hacia su destino sin que nadie se lo impidiese. Para el piloto y copiloto era la primera vez que sentían miedo; no por ir a dicha prisión, era miedo por el prisionero que transportaban.

Habían escuchado que él desapareció de la faz del universo un sistema solar completo incluyendo billones de habitantes que había en cada uno de los planetas que componían el sistema, pero no todo termino ahí, también se rumora posee la mayor tecnología jamás vista.

Por ello ha estado huyendo durante casi unos veinte años y por tal odisea adquirió el apodo de el Errante Galáctico.

—No creas lo que se dice de este hombre. Si lo vieras, es un anciano que tiene o está entre cincuenta o sesenta años. No tengo dudas de ello.

—Pero, aun así, tenemos que estar precavido. Uno nunca sabe que puede pasar. No obstante, aunque tengamos diez guardias con Armaduras Biomecánicas yo no me siento seguro.

—Tanto así le tienes miedo. —sorprendido el copiloto.

—Por supuesto, si los altos mandos antes de subirlo a la nave espacial querían más de cincuenta guardias para escoltarlo. ¡Imagínate cincuentas guardias! ¿Quién en su sano juicio no sentiría miedo solo por el hecho de ver esa cantidad custodiando a un solo hombre?

—Si es así, demos nos prisa no quiero estar más en esta nave.

El piloto y copiloto incrementaron la velocidad de la nave espacial al máximo, alertando a los guardias que custodiaban al prisionero, pero ellos recobraron su postura nuevamente.

***

Después de un largo viaje por fin la nave espacial llegó a su destino. Una gigantesca estructura flotaba con forma cúbica, debajo de ella una plataforma hexagonal donde la pequeña nave espacial de unos treinta y seis metros descendió y unos guardias con Armaduras Biomecánicas esperaban su llegada.

En la celda de detención el prisionero abrió sus ojos y observó a su alrededor como buscando algo que había perdido, pero la verdad era que estaba leyendo datos del nuevo lugar al que ha sido traído. Si los altos mando supieran que él tenía planeado desde el inicio apoderarse de la prisión a la cual lo llevarían dirían que está demente.

Esta prisión conocida por su máxima seguridad al nivel de escape que incluso una mosca moriría intentándolo. El prisionero sabe que será un acto desesperado porque él no desea esperar la muerte en una prisión desconocida, lo cual no le causa gracia.

«Señor, todo está listo podemos empezar cuando quiera.» Una voz mecánica resonó en su cabeza.

«Vaness, como siempre lista para la acción.»

«Usted me conoce y sabe cómo soy, ¿pero no soy la única que está emocionada usted también lo está o no? Déjeme decirle el lugar es una caja fuerte. Una entrada y una salida.»

«Jajaja, esto será interesante. ¿Qué esperamos? Empecemos.»

Los guardias aparecieron en la entrada de la celda de detención rodeando al anciano que tenía unas cadenas en ambas piernas, las cuales estaban sujetas a la superficie de la nave espacial y en los brazos tenía unas esposas magnéticas, que a mayor fuerza aumentan la presión en las articulaciones.

El anciano se levantó lentamente mientras inspeccionaba a sus víctimas, que por las Armaduras Biomecánicas que llevaban era imposible verles el rostro, pero esto no intimido al anciano más bien le estimuló más y más hasta tal punto que sus emociones se desbordaron, así cuando los veinte guardias lo rodearon él se puso de pie y se rió a carcajadas, sacándolos del trance.

De repente, el motor de la nave y las luces se apagaron, las puertas se cerraron impidiendo que ellos obtuvieran el tiempo de contrarrestar el acontecimiento.

—¿Así que pensaron que podían atraparme? Los altos mandos del Imperio son unos estúpidos, ahora me apoderaré de su única prisión que podría contenerme. No sé, si esta podría, pero no importa… Mueran.

Unas pistolas con balas láser perforantes salieron de repente liberando las manos del anciano y a su vez disparando a quema ropa a los guardias.

¡punzz! ¡punzz! ¡punzz!

Él abrió fuego a los guardias que activaban sus escudos magnéticos resultando inútiles a los proyectiles que atravesaban sus cabezas dejando un agujero sin una gota de sangre. Un disparo limpio y certero como dicen los militares.

El anciano salió de la celda caminó a pasos apresurados, pero por la edad eran como tortugas. Subió las escaleras y siguió derecho atravesando el salón de estar, prosiguió hasta la cabina de mando. Vio unas docenas de guardias que corrían hacia la nave espacial.

Una sonrisa de excitación se formó en su rostro. Aparte de los guardias percibió a un conocido que tenía tiempo buscando, nunca pensó encontrárselo aquí.

—No sé si hay un Dios ahí afuera, pero gracias por este regalo… General John Farkon al fin te encuentro. —dijo mirándolo desde la cabina de mando.

El anciano respiro profundamente se quitó las cadenas que aún estaban atadas a sus tobillos y las esposas que dejaron de funcionar desde el momento en que se activó el anti sistema electrónico. Volvió al salón de estar se paró en el umbral de la celda de detención.

Relajó sus músculos que habían perdido masa. Su cuerpo aún tenía la silueta de un hombre bien formado, pero su mirada no expresaba ningún sentimiento alguno, la emoción fue contenida o no se revelaba por las arrugas en su rostro.

—Vaness, Activa la Armadura Nanobot Simbiótica.

Al instante todo su cuerpo y rostro se cubrió de un metal líquido que formó una especie de vestimenta militar que resalta su figura. El traje era un abrigo con capucha que le llegaba hasta las pantorrillas y debajo de él tenía un saco y pantalones todo negro con botas militares modernas que tenían funciones de gravedad, magnetismo y motores propulsores. A la vista cualquiera pensaría que el atuendo fue hecho de algodón, pero no, eran Nanobots Simbióticos Adaptables.

«Señor, el tiempo máximo esta vez son hora y media, si la excedes morirá. Recuerde la última vez estuvo en coma por tres años»

«No me lo recuerdes, el estúpido que me hizo perder esos años está ahí fuera rodeado de docenas de guardias.»

El anciano vigoroso corrió con todas sus fuerzas hacia la cabina de mando sin detenerse, disparó varias veces al cristal mientras corría; en un abrir y cerrar de ojos había salido por la ventana acompañado de un impulso y dos katanas en ambas manos su caída trajo consigo dos cabezas embebidas en un casco que rodaron a los pies del General y Director de la desconocida prisión.

El general, un antiguo enemigo que no le quitó el dedo del renglón al anciano. Todo por conseguir la tecnología que él había obtenido en una de sus excursiones de exploración galáctica. Desde aquella vez el General dedicó su vida a cazarlo como liebre en la sabana, pero la sabana era el espacio un lugar misterioso y extraño. Él sabía que al anciano que tiene en frente le encantan los retos donde su vida se encuentre en peligro.

En su último encuentro al fin pudo a arrinconarlo, pero fue una desgracia para él y su enemigo. Todo lo que hizo, lo hizo por alejar a la única hija que tenía de este demente. Nunca pensó que su propia sangre rechazaría la oferta de volver a su antigua vida.

—General, porqué tan pensativo. No me digas estás pensando en ella. Porque si es así no deberías. El culpable de ello fuiste tú. Me arrebataste a la única que me entendía y pagarás por ello.

—¿Que sabes tú?, Yo amaba a mi hija más que a nada en este mundo, deseaba que tuviera una vida sin preocupaciones y con todos los lujos que ella se merecía. Era mi princesa, ¿pero tú? maldito la cambiaste, la indujiste por un camino de peligro por eso nunca te lo perdonaré.

—A leguas se nota que no conocías a tu hija. Ella era como yo, un amante de la aventura, el peligro y la emoción de estar al borde de la muerte, pero no es el momento de recordar viejas heridas.

—Ataquen al maldito. Usen todas las fuerzas necesarias que tengan. —ordenó el General.

El General al dar la orden corrió hacia a la prisión con todo su ímpetu dejando atrás una docena de guardias y enviando otras docenas que sumaron unos cien a los ya existentes. El anciano solo lo veía alejarse cuando de repente el General se dio la vuelta y grito con todo su pulmón.


—¡JACK DAMOOOOON! VAS A MORIR AQUÍ, ESO TENLO POR SEGURO O NO ME LLAMO JOHN FARKON.

19 de Octubre de 2018 a las 03:36 0 Reporte Insertar 0
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