Pasión criminal Seguir historia

natalia-diaz1537024047 Natalia Diaz

En el mundo hay millones de personas, unas van y otras vienen; todas siguiendo un ritmo determinado. Sin embargo hay muchas personas que vagan por la vida buscando un propósito, buscando dónde estar y como dice el viejo adagio; esto los lleva a estar en el lugar más inoportuno, en el momento menos indicado. Rui jamás pensó que una noche le cambiaría su vida para siempre; sin saber que estaba en el lugar menos oportuno presenció algo que la mayoría de nosotros no quisiera ver en la vida; un asesinato. Sin saberlo se acaba de convertir en testigo de un ajuste de cuentas perpetrado por el criminal más buscado y temido por las autoridades en Tokio. En una noche Rui pasó de ser una persona común y corriente a ser la persona más buscada por los peores elementos criminales de la ciudad. ¿Cómo podrá Rui escapar de todo el que lo persigue y salir ilesa?


Acción Sólo para mayores de 18.

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Estuve en el lugar equivocado, en el momento menos oportuno. No pensé que esta noche iría a cambiar por completo mi vida y convertirla en un completo caos. Era una chica normal, hasta este momento que fui testigo de algo que no debí haber visto. No pensé que caminar por la ciudad a esta hora podría haberse convertido en una pesadilla, y aquí estoy, corriendo por mi vida. No alcancé a ver el rostro de los culpables, solo vi a un hombre ensangrentado en el suelo. Los culpables están detrás de mí buscándome, mi vida corre peligro y no sé a dónde ir. El traje corto y los tacones no me permitían correr adecuadamente, por lo que me detuve y entré a la primera tienda que encontré para pedir ayuda.


—¡Por favor, llame a la policía! ¡Hay unas personas que me están siguiendo para matarme!—le dije al cajero, quien me ayudó para esconderme.


Estaba aterrada y mi cuerpo era un manojo de nervios. Me llevó al almacén de la tienda, mientras que llamaba a la policía desde su teléfono. No veía la hora de que llegaran, no podía contener mis lágrimas y el pánico.


—Le traeré algo de tomar para que se calme, ya la policía viene en camino.


—No, no me deje sola, por favor —le pedí al hombre, que muy amablemente se mantuvo conmigo en todo momento.


Al llegar la policía, me llevaron a la Comandancia. Me trajeron a un cuarto para interrogarme, pero no era mucho lo que podía decir; la realidad es que no vi el rostro de las personas.


—Mandaremos una patrulla al lugar de los hechos.


Me mantuvieron encerrada en ese cuarto por un largo tiempo, sentía mucho frío y estaba muy nerviosa. Jamás había estado en un lugar como este. Al cabo del rato entró el oficial y se sentó en la silla.


—Me indican que no encontraron nada, ¿Está segura de lo que vio?


—Claro que estoy segura, yo misma lo vi. Habían dos hombres en ese lugar y me estaban siguiendo luego de que salí de ahí corriendo.


—Señorita, si no tiene evidencia y no se encontró nada en ese lugar, no podemos proceder abrir un caso, ¿Lo comprende?


—Yo misma lo vi, ¡No estoy loca!


—Le pido que vaya a su casa y descanse, señorita. Si se acuerda de algo más, puede comunicarse conmigo. Le dejo aquí el número de mi extensión, o puede venir personalmente— me dio una tarjeta con su información.


—¿Eso nada más? Me estaban siguiendo para matarme, ¿Y ustedes no harán nada? ¿Qué tipo de policía es usted?— alcé mi voz, y me levanté de la silla de mala forma.


—Sin evidencias no podemos hacer nada, señorita. Le pido que se marche, no puedo levantar una investigación solo con su palabra. Espero comprenda la situación. Buenas noches — el oficial se retiró.


¿Cómo es posible que esto esté pasando? Yo sé lo que vi. ¡Son unos buenos para nada!


Salí de la Comandancia de la policía y pedí un taxi. Tenía miedo de caminar a la casa, sentía que podrían estarme siguiendo todavía. Estaba muy paranoica, miraba a través de la ventana a todos los vehículos que pasaban por el lado del taxi, o a quienes venían detrás. Tenía miedo de llegar a la casa, no quería estar sola. Si tuviera familia aquí en este estado hubiera ido directamente allá, pero no tengo a nadie.


Al llegar a la casa, me bajé rápidamente y le pagué al taxista. Al entrar fui cerrando todas las cerraduras de la casa; las puertas, ventanas, todo. Eso de cierta forma me hacía sentir segura. Prendí las luces de toda la casa y revisé en ella con miedo de que alguien estuviera aquí. Es algo imposible, pero me hacía sentir tranquila. Me fui al baño, necesitaba relajarme. Mi cuerpo estaba temblando demasiado y no podía dejar de pensar en eso. Solamente tenía imágenes de ese hombre en el suelo, y de esos dos hombres que lo asesinaron. No estoy loca, sé muy bien lo que vi; y aunque la policía no me crea, algo pasó ahí. Al salir del baño me tomé unos tranquilizantes, fui a la cocina y traje un cuchillo dispuesta a dormir con el. Me acosté en la cama buscando la forma de relajarme para poder descansar. Mañana trabajo y no sé ni siquiera si pueda dormir. Estuve despierta hasta que las pastillas me hicieron efecto. Sentía mi cuerpo cansado y mi vista se iba nublando.


En la madrugada sentí una sensación de asfixia, pensé que era una pesadilla, pero al abrir mis ojos me encontré con un hombre con unas gafas oscuras, que estaba tapando mi boca con un paño. No podía respirar, estaba forcejeando con él. Metí mi mano debajo de la almohada y logré coger el cuchillo, lo clavé en el costado del hombre, y lo empujé tratando de buscar aire, para así poder correr, pero al llegar a la puerta me encontré con otro hombre que me golpeó en la cara, luego de eso no recuerdo nada más.


Pude escuchar las voces de unos hombres y al intentar abrir los ojos, había tanta claridad que no podía mantenerlos abiertos. Estaba en los brazos de un desconocido, que al instante me tiró encima de una cama.


—Esta es la chica, señor.


—Oh, no sabía que era tan joven.


Cubrí la mitad de mi cara para poder abrir bien los ojos, ya que la luz me lo impedía. Al darme cuenta que no estaba en mi casa, intenté levantarme de la cama, pero me sentía muy mareada y me dolía mucho la cabeza. Me fui a la esquina y retomé la postura, para así enfrentar a quien fuera. Habían tres hombres armados al otro lado de la cama y se quedaron mirándome fijamente. Los tres eran realmente aterradores. Uno de ellos era uno de los que me atacó, estaban en gabán y unas gafas oscuras; el otro estaba vestido casual, no parecía en nada a esos dos. Mi corazón estaba latiendo muy fuerte y mi cuerpo estaba temblando.


—¿Qué quieren de mí?—pregunté nerviosa.


—Así que tú eres la soplona—dijo en un tono despreocupado, el hombre que no parecía a los otros dos. El hombre era alto, tez blanca, unos ojos color azabache y una mirada penetrante e intimidante. Me quedé en silencio. El miedo me invadía cada vez más para hablar.


—¿Cuánto le contaste a la policía?— ese hombre comenzó a caminar hacia mi.


—No se acerque o no respondo—lo tres rieron.


—¿Y qué vas hacer? Muéstrame—respondió en un tono sarcástico, mientras se acercaba más a mi. Miré a todos lados a ver si encontraba algo para defenderme, no había nada, solo un cuadro en la pared. Estaba dispuesta a todo por defenderme; lo cogí rápidamente y lo lancé al hombre. Quise correr en ese momento aprovechando la situación, pero los otros dos hombres se cruzaron en mi camino y me apuntaron con el arma.


—¿Sabes lo que acabas de hacer, perra? Has firmado tu sentencia de muerte—dijo uno de los hombres que me apuntaba.


—No sabía que eras una perra difícil, me gusta. Creo que debo enseñarte quién manda aquí—el hombre a mi espalda me agarró el pelo fuertemente y me tiró contra la cama—Luego tendrán su turno, ahora me toca a mí. Salgan del cuarto — ordenó el hombre, abalanzándose sobre mí.


—¡Suéltame!— grité, mientras intentaba golpearlo y patearlo, pero me sujetó muy fuerte las manos y las llevó arriba de mi cabeza, ejerciendo presión contra la cama. Era muy fuerte, tiene más fuerza que yo, pero no me voy a rendir. Seguí forcejeando y pude golpearlo con mi rodilla en los huevos, aunque no funcionó de nada. No mostró ningún tipo de dolor, solo reía y ejercía más fuerza en mis manos.


—Que perrita mas salvaje. Muéstrame lo que tienes— rio —. Si que tienes fuerza, niña salvaje; aunque no lo suficiente como para soltarte.


—¿Qué es lo quiere de mí? —le grité, molesta.


—Viste demasiado y eso es peligroso, perrita.


19 de Junio de 2019 a las 23:52 0 Reporte Insertar 1
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