Gata de Arrabal Seguir historia

laboheme1987 Lilith Cohen

Esta es la historia de Iodine, una joven poco femenina que no tiene buenos modales, dice groserías y se preocupa muy poco por su imagen personal ya que prefiere leer libros de arte que revistas de moda. Iodine es la chica que ninguna mujer quiere tener de amiga y ningún hombre quiere tener de novia.


Ficción adolescente No para niños menores de 13.

#arte #musica #amistad #friendzone #loser #geek #friki #nerd #arrabal #gata
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Capítulo I - ¿Quién soy yo?

Ah, este... Hmm ¡Hola! ¿Qué tal? Me llamo Iodine Terranova Meneses y antes de que empiecen a llegar con su preguntadera acerca de por qué tengo ese nombre tan curioso, les contaré la historia. Resulta que mis padres, que se llaman Joaquín y Margarita, son un par de filósofos que estudiaban en la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Se conocieron por ser súper fanáticos de la música y poesía de Leonard Cohen y como todo el mundo les huía por su tremendo fanatismo hacia él (a decir verdad: ninguno de los dos podía tener una relación que durara mínimo un mes porque no hacían otra cosa más que insistirles a sus parejas en turno que escucharan a Cohen) pues en cuanto se conocieron sin pensarlo dos veces se hicieron novios.
Cuando por fin terminaron de estudiar se casaron, al cabo de un año mi mamá se embarazó de mí y cuando hicieron las primeras pruebas de ultrasonido y se dieron cuenta que iban a tener una niña estaban indecisos a la hora de ponerme un nombre; no sabían si llamarme Marianne, Suzanne, Joni o Janis en honor a las mujeres que tuvieron la dicha de ser las amantes del canadiense. En ese momento sonaba en el tocadiscos "Iodine" la pista número dos del álbum "Death of a Ladies Man" y a mi papá le pareció que podía ser un nombre perfecto para mí ¿Y saben una cosa? agradezco profundamente que no estuviera sonando la canción "Don't go home with your hard-on"en ese instante (los que saben inglés ya comprenderán y los que no saben, mejor ni averigüen qué significa eso). Y como desde chiquilla crecí escuchando a Mr. Cohen también me volví súper fanática hasta ser el día de hoy una cohenita ferviente.
Pero bueno, volvamos a mi presentación; yo nací un 29 de febrero (sí, ya desde el día que escogí para nacer se notaba que iba a ser una chava bastante awkward) en Naolinco, los que se preguntan en dónde chingaos queda eso les diré que es un poblado que se encuentra en la zona montañosa y boscosa del estado de Veracruz, es un sitio muy agradable donde casi siempre está lloviendo, a muchas personas les parece bonito pero deprimente, en cambio a mí sí me gusta mucho su clima, me encanta la lluvia y el frío.
Ese lugar también es la tierra natal de mi papá, aunque él no tenía planes de volver, no tuvo otra elección después de que él y mi mamá no tuvieron suerte al terminar sus estudios universitarios (como suele suceder con el 99.9% de los que estudian filosofía) Una vez que lograron hacerse de una casita propia mi papá se dedicó a ser zapatero, el oficio generacional de su familia, aún cuando él juraba y perjuraba que no seguiría el mismo camino que su padre y su abuelo, pero con la situación económica de nuestro país a veces no nos queda más remedio que trabajar en lo que sea para poder al menos tener frijoles y tortillas calientes para comer todos los días.
Mi mamá que por su lado juraba y perjuraba que nunca sería ama de casa como su madre y su abuela tuvo que dedicarse enteramente a las labores del hogar, a cuidar de mí y ayudar un poco en el taller de zapatos, y cada vez que alguien venía a solicitar a mi papá un trabajo ella en lugar de ponerse a contar chismes de los vecinos se soltaba a recitar a sus filósofos favoritos: Séneca, Platón, Descartes, Sócrates, Spinoza (y por supuesto también a Leonard Cohen) en lo que los clientes esperaban a que se les entregaran los zapatos ya terminados; me parecía de lo más divertido ver sus caras de aburrimiento y desesperación por salir corriendo del taller para no seguir escuchándola. Como fui hija única y no hubo más hijos que atender después, cuando entré a la primaria mi mami se dedicó a dar clases de filosofía en una escuela preparatoria y hasta la fecha ahí sigue trabajando.
Si bien no éramos ricos tampoco éramos lo que vulgarmente se dice"muertos de hambre" y a pesar de que teníamos algunas carencias económicas no nos gustaba pedir de a fiacho, ni sacar cosas a crédito como la mayoría de las familias mexicanas. Mi papá nos confeccionaba zapatos para toda la familia, lo cual para mi mamá y para mí fue una gran ventaja porque ninguna de las dos puede andar con zapatos de tacón, no aguantamos ni cinco minutos caminar con ellos y las pocas veces que los llegamos a usar terminamos con los pies bien hinchados y adoloridos.
Diría que mi vida ha tenido un poco de todo, menos normalidad. Empezando por los primeros días de escuela, recuerdo perfectamente las expresiones faciales de mis maestras de la primaria al leer mi nombre en la lista de asistencia de alumnos - ¿Io-di-ne? esperando mi aprobación o que corrigiera su pronunciación - Ay-o-dain- les repetía como si fueran ellas las que necesitaran aprender a deletrear y no una niña de apenas seis años cumplidos.
Pero mis maestras no eran las únicas, a casi todos mis conocidos se les dificultaba pronunciar mi nombre y entre la confusión que les creaba el significado en español optaron por ponerme un "cariñito" que hoy a mis 22 años de edad me parece de lo más ridículo y patético: "Yodita" y hasta el día de hoy a excepción de mis padres para todo el mundo soy oficialmente conocida así, me fastidia pero me ahorro el tener que hacerla de profesora de inglés poniendo a todos a repetir la pronunciación adecuada, así que si ustedes también quieren llamarme "Yodita" ¡Adelante! Tienen toda la libertad de hacerlo, pero no' más no se espanten si el día que me muera sienten que alguien vino a jalarles las patas en la noche.
Siempre he sido una persona de pocos amigos porque casi todos me consideraban la "niña rarita" del salón. En los ratos libres casi nunca salía a jugar con las demás niñas a las comiditas y las pocas veces que las acompañé en ese juego terminaron por no volverme a invitar porque en lugar de comportarme como una señorita decente eructaba y terminaba con la cara embarrada y la ropa llena de migajas y mis compañeras siempre se enojaban conmigo. - ¡Ya no vuelvas a jugar con nosotras! ¡No sabes jugar juegos de niñas, pareces una gata arrabalera! -
A decir verdad, me importaba muy poco su rechazo porque a mí lo que realmente me gustaba era dibujar en mi cuaderno de dibujo con mis lápices de colores y me ponía a inventar historietas donde las protagonistas éramos Nadia, la única mejor amiga que tuve en toda la primaria, y yo.
En mis historietas dibujaba a los demás compañeros de clase representados con un animal que según yo se parecía a ellos de acuerdo a su forma de ser. Ningún otro leía las historietas aparte de mi amiga y yo, pero un día cuando cursábamos el sexto año, el maestro Ulises, que era quien siempre sustituía a las profes cuando faltaban, me cachó terminando una historieta que hablaba sobre él y lo mucho que detestábamos su tonito de voz monótono y aburrido. Bueno, pues como era de esperarse, el profesor se puso como energúmeno, mandó llamar a mis papás y les mostró la historieta.
Al volver de ese día a casa mi mamá se encontraba algo molesta conmigo, mi papá en cambio no sabía cómo hacer para contener la risa que le había causado el dibujo de mi maestro (es que el profe tenía sólo unos pocos cabellos rizados en espiral hacia arriba como si hubiera recibido una descarga eléctrica) mi papá ya había notado el cómico aspecto del maestro pero nunca se había atrevido a comentármelo por miedo a que lo divulgara con toda la clase y me metiera en una bronca.
A la hora de la comida esperé que me dieran una mega regañiza al respecto, pero en lugar de eso tuve una conversación muy interesante con mi papá. - ¿Sabes? Cuando yo tenía tu edad le compuse una poesía ridícula a mi profesora y la recité enfrente de todos mis compañeros cuando estábamos solos en el salón, sin darme cuenta que la maestra estaba parada en la puerta acomodando sus cosas antes de entrar a clases, en cuanto la vi casi me oriné del miedo porque pensé que me llevaría de un jalón de orejas derechito a la dirección, pero en lugar de eso sólo soltó una carcajada y me hizo ver que tenía talento para hacer composiciones. -
Todos nos echamos a reír como locos en la mesa, pero mi papá quería terminar la conversación dándome un consejo. - Sin ninguna duda heredaste el humor negro de mí, pero debes ser cuidadosa con eso porque no a todos les hace gracia y lo pueden tomar a mal. -
Debo ser muy agradecida con aquella plática que tuve con papá ese día, porque eso me ayudó a comprender mejor a la mayoría de la gente que no piensa como yo. Si bien era bastante despierta para entender las materias escolares nunca comprendí bien del todo las relaciones sociales entre los seres humanos que viven y actúan de forma predeterminada como si fueran robots programados: nacer, crecer, estudiar, titularse, socializar, reproducirse (o hacer como que se reproducen), ver a los hijos hacer lo mismo que ellos hicieron antes, usar placa dental, bisoñé o bastón para finalmente estirar la pata.
Al concluir la primaria, mi mamá me dijo que tenía que hablar conmigo de "mujer a mujer" de algo muy importante ¿Les suena eso? Claro, es la típica plática que todas las madres dan a sus hijas adolescentes donde ellas con tanto tacto te explican lo que significa dejar la niñez y entrar a la edad intermedia en donde empiezas a forjar la personalidad y el lugar que ocuparás en el mundo por el resto de tu vida y obviamente los cambios hormonales y que el cuerpo se deforma y la verdad de ese gran misterio que todos los niños quieren saber acerca de dónde vienen realmente los bebés y demás chingaderas que la gente persignada considera temas tabú.
Con doce tiernos añitos cumplidos entré a la escuela secundaria y otra vez comenzaron las clases de pronunciación de mi nombre sólo que esta vez con todos mis diferentes profes de todas las materias y al igual que en la primaria terminé siendo mejor conocida como "Yodita" y después, llegaron los temidos cambios de los que ya me había advertido mi mamá y los libros de ciencias naturales de forma inesperada.
Un día me dí cuenta que de repente aparecieron dos piquetes de mosco en mi pecho mientras en mi cara salieron dos enormes espinillas, mi espalda y mis hombros se hicieron más anchos y en cambio mis caderas y mis nalgas no aumentaron ni un centímetro, comencé a tener problemas con la vista y tuve que usar lentes, también me dí el famoso "estirón" y sólo alcancé los 1,50 metros de estatura y mi cuerpo entero se cubrió de vellos negros largos y gruesos, con decirles que era incluso más velluda que varios de mis compañeros del sexo masculino. Muchos me agarraron de su puerquito y entre sus bromas más comunes me decían que tenía vocación de nadadora por la forma de mi cuerpo: espalda ancha, nada por aquí y nada por allá.
Y a diferencia de la mayoría de las chamacas de mi edad que con las hormonas todas alborotadas quieren andar mostrando las carnes y empiezan a coquetear con los chavos, yo en cambio no hice grandes cambios en mi apariencia y forma de vestir, nunca me pinté el cabello y siempre lo traje corto hasta las orejas y con fleco al estilo de muchas de las modelos francesas que pintaba Amedeo Modigliani en sus retratos y la peluquera se sorprendía de la gran facilidad con que yo me desprendía del cabello cuando todas las chavas de mi edad que iban a hacerse sólo el despunte terminaban chillando peor que María Magdalena por haber perdido sólo tres pinches miserables centímetros de su amada cabellera.
Los días de ir a la peluquería eran los más fastidiosos y a la vez los más divertidos, parecía que había un diálogo predeterminado entre la peluquera y yo como si fuera un guión de una obra teatral:
Peluquera: ¡Hola Iodine! ¿El mismo corte de siempre?
Yo: Sí.
Peluquera: ¿Estás segura?
Yo: (tratando de no perder la paciencia) Sí.
Peluquera: ¿De veras? ¿No quieres probar otro corte? Estos son algunos de los que están de moda este año.
Yo: (concentrándome como monje zen para no explotar) No, gracias. El de siempre está bien.
Peluquera: No entiendo por qué nunca quieres cambiar de corte, si yo tuviera tu cabello no lo cortaría así de corto como me lo pides.
Yo: (hecha un volcán a punto de hacer erupción) ¡Ya estuvo bueno chingada madre! ¡Córteme el puto cabello como se lo estoy pidiendo!
¡Por favor no me sermoneen! Ya sé que esa conducta no es correcta y por eso siempre me disculpaba con ella porque no me gusta ser grosera y gritarle a la gente, pero es que a veces me topo con personas que es tanta su insistencia y que de veras me cagan la paciencia (la peluquera es una de ellas).
Y bueno, les diré que siempre fui (corrijo, aún soy) motivo de miradas de extrañeza tanto de los chavos de mi edad como de los adultos que no comprenden mi gusto por mirar libros de arte que revistas de adolescentes y el vestirme con lo más cómodo en lugar de ponerme lo más bonito como se supone que debemos hacer las chavas para lucir lindas porque "¡La belleza es ante todo!", "¡Antes muerta que sencilla!" y esas pendejadas que debo suponer estará estipuladas en algún Código Civil Femenino que yo no he leído (ni me interesa leer) jamás.
En la primaria tenía sólo una amiga, pero en la secundaria me quedé más sola que un perro con moquillo porque Nadia (quien yo creía que nunca dejaría de ser mi mejor amiga) al desarrollarse más que yo, comenzó a agarrar popularidad entre todos los morros calenturientos del salón y le pareció vergonzoso tener por mejor amiga a la que todos señalaban como la más loser del mundo mundial, así que mejor hizo como que sufrió amnesia y cada vez que me la topaba con algunos de sus amigos y la saludaba ella sólo me fruncía el ceño y me lanzaba una mirada como queriendo decirme: "Disculpa ¿Te conozco?" Era evidente que quería olvidar todo su pasado como escoria de la sociedad y así fue como me sacó de su vida para siempre.
Después que Nadia me cortó intenté hacer amistad con mis nuevas compañeras de escuela, pero no lo logré porque ellas y yo no teníamos nada en común: las del grupito de las fresas ni me volteaban a ver, y las otras que si eran buena onda nunca paraban de dárselas de almas caritativas queriendo ayudarme a mejorar mi imagen personal: "¿Y si te depilamos las cejas? ¿Por qué no te pruebas este vestido? ¿Te maquillo un poco? Un poco de brillo labial no te caería mal" y otras veces se dedicaban a hostigarme con sus preguntas de: "¿Porqué te gusta llevar el cabello así de corto? ¿Por qué te la pasas leyendo esos libros? ¿Quién es Leonard Cohen? ¿Quién es Modigliani? ¿Por qué eres así?" Preguntas que nunca sabré responder con exactitud ya que yo sólo sé que yo soy como soy.
Si tuviera que buscar un adjetivo para describirme diría que soy esa chava nerd, freak, geek, loser y cuanto anglicismo han aprendido no precisamente en las clases de inglés, sino en todas esas típicas series gringas de adolescentes mamones que buscan ser los más populares de la escuela ya sea como capitanes del equipo de fútbol americano o como la reina del baile anual de primavera.
¡Ah! Y hablando de fiestas y bailes, les contaré una anécdota acerca del día en que fui la vergüenza y la deshonra de la familia. Fue cuando cumplí 15 años, a pesar de que yo no quería una pinche fiesta ridícula, por insistencia de mis tías y abuelas se organizó un festejo sencillo con la familia (y algunas personas que se siempre se autoinvitan) mi papá me hizo un par de zapatillas de tacón para que combinaran con mi vestido de quinceañera porque no podía andar con tenis en la fiesta (bueno, de poder claro que podía, sólo que se iba a ver muy awkward) y pues sólo por obligación social los tuve que traer durante todo el festejo y en casi todas las fotos salí con mi carota de incomodidad por traer esos zancos en mis pies y cuando llegó la hora de bailar el vals (por cierto escogí una de Cohen que no podía ser otra que "Take this waltz" del álbum "I'm your man") sabía que no iba a aguantar bailar toda la canción con los tacones puestos, así que cuando mi papá me dio la mano para llevarme al centro del salón, me quité los zapatos y los aventé sin ver a donde caían, uno fue a rozar con la cabeza de mi abuelo paterno quien había llegado con un tupido cabello negro y terminó con la frente calva al salir de la fiesta y otro fue a dar derechito al pastel y salieron volando pedazos que fueron a dar a la pared y a los escotes de algunas invitadas, pero así descalza por fin pude andar a gusto y disfrutar lo poco que quedaba de la fiesta mientras todos los invitados me veían con cara de horror por tener tan pésimos modales.
¡Oh no! ¡Ustedes tampoco me vean con esa cara, por favor! ¿Qué quieren que haga si así soy yo? Yo soy la que prefiere estar cómoda a verse bien, soy la que ve las salas de belleza como una cámara de tortura medieval y prefiere salir huyendo antes de que le saquen una confesión vergonzosa con la cera caliente que usan para depilar, soy la que siempre se muerde las uñas en lugar de decorarlas con acrílico, soy la que prefiere gastar su dinero en chucherías en lugar de comprar productos cosméticos que seguramente fueron probados en algún pobre animal de laboratorio antes de llegar mi cara.
Soy de las que no puede contener las risotadas ni los eructos y tampoco los pedos ruidosos que por más que lo evite siempre salen con furia de mi trasero, la que se rasca aún cuando me ataca la comezón en público y por supuesto también me limpio la nariz haciendo tremendo ruidote porque no puedo soportar quedarme con un moco ahí atorado por tratar de guardar la etiqueta, soy la que grita de groserías cada vez que me golpeo el dedo meñique del pie con cada mueble, no tengo gracia ni elegancia de cisne más bien soy como una gata malcriada que no conoce nada de feminidad y refinamiento, doy vergüenza, saco a todos de quicio porque no parezco una linda princesa y tampoco tengo la intención de serlo porque no quiero que nadie me diga como debo actuar, como debo vestirme, como debo hablar y como debo vivir.
En resumidas cuentas: Soy la chica que ninguna mujer quiere tener de amiga y ningún hombre quiere tener de novia, soy simplemente Iodine (ay-o-dain) y parafraseando a Modigliani: "No me pregunten quién soy ni me pidan que permanezca invariable."
17 de Octubre de 2018 a las 19:35 0 Reporte Insertar 0
Leer el siguiente capítulo Capítulo II - Como un pájaro en el alambre

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