Los misterios de siempre Seguir historia

E
Eduardo Saeta


Una muchacha decide ponerle punto final a una parte de su vida. A metros de un cruce de rutas, se para en una parada del colectivo. Un recuerdo o un sueño la visita repentinamente. O acaso se convierte en leyenda?


Cuento Todo público.

#343 #347 #341
Cuento corto
0
4.5k VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Los misterios de siempre

La muchacha levantó su mano en el cruce de las dos rutas: la ruta negra y la del árbol de eucaliptos. A pesar de la noche cerrada,  se dejaba ver una silueta femenina cada vez que un auto pasaba. Intermitentemente algún pensamiento pasaba por su cabeza. Las inseguridades también tenían su lugar: "¿Habré hecho bien?", "¿Esto es lo correcto?". Imposible saberlo. Nunca nadie lo sabe. La decisión debía ser tomada. Había que escaparse de aquel presente, de aquella celda, de las torturas y la miseria. La muchacha sentía que el frio comenzaba a adueñarse de su cuerpo, por lo que decidió acurrucarse contra el banco de la parada, utilizó su bolso como almohada y se permitió cerrar los ojos y soñar con un prado verde repleto de sol. 

Descansó un par de horas hasta que de pronto una mano anciana le tocó el hombro y le dijo:

- Muchacha, muchacha, despierta...rápido, ven por aquí...

Casi por instinto la muchacha tomó sus cosas e inconscientemente siguió a esa persona...

- ¿Ves? allí están, como siempre, agazapados, los misterios de siempre...

- ¡¿Los misterios de siempre?! - Preguntó la muchacha.

- Claro niña, los misterios de siempre. Los misterios de siempre andan vagando por la noche, van de aquí para allá, merodeando, son traviesos, a veces bailan o cantan, andan deseosos de encontrar la mínima posibilidad para hacerse presente, se deleitan descartando candidatos y se alegran al encontrar el ideal.

- Discúlpeme pero no comprendo lo que me dice.

El dialogo continuó versando sobre la importancia de dejar entrar a los misterios de siempre en nuestras vidas, que debemos elegir los momentos para que ellos ingresen, de las desventuras que viven las personas cuando se encuentran con uno a destiempo, de lo hermoso que es encontrarlos a la vuelta de la esquina, debajo de una baldosa o incluso en un sobre de papel cerrado. 

De un momento a otro el anciano desapareció y la muchacha se quedo hablando sola, como quebrada. No entendía si eso había sido un sueño o un mal recuerdo. Lo cierto es que se encontraba aturdida, un tanto desencajada también, incluso le latía la sien. Los primeros claros del día se hacían presente cuando observó que alguien había dejado una nota en un sobre cerrado, la nota ofrecía una posibilidad, una posibilidad repleta de misterio. La muchacha no dudó un instante, esa era la señal que tanto había estado esperando. Supo que era el momento, el momento ideal para que ese misterio ingrese en su vida y entendió en un minuto que su vida comenzaba a tener sentido. Que los dolores eran pasado. Sintió un alivio que le recorrió su cuerpo hasta hacerla temblar. Cuando se repuso, tomó su bolso y comenzó a caminar lentamente hacia el sendero del arrollo. Desapareció al llegar a la línea del horizonte, y nunca mas se la vio por el cruce de las rutas. Sin embargo, en las noches cerradas, algunos transeúntes dicen escuchar  en el viento el lamento de una voz femenina, de una voz femenina quebrada y aturdida, aliviada y angelical.

19 de Octubre de 2018 a las 12:46 0 Reporte Insertar 1
Fin

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~