Flor y Convento Seguir historia

pahola123 Paula Han

Primera parte de la serie de cuentos "Flor y convento" Elsie Gomez decide romper las reglas después de haberse marchado a un país extranjero en busca de protección. Ajena a lo que le puede suceder, si es amor, traición o tal vez un triste final, Elsie deja crecer la llama de su pasión. Cansada de vivir como una flor, Elsie decide explotar en el aire como una llama.


Romance Erótico Sólo para mayores de 18.

#erotico #drama #romance
Cuento corto
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Flor y convento

Lo miro sin vacilación. Su rostro no tiene expresión. Ahí sentado, con sus negros cabellos peinados y su uniforme que lo hacía ver tan viril. Él baja la mirada y se niega a responderme.

—Pudieras decirme que me amas —Me dice en voz baja— pudieras decirme que renunciarás a todo por mí, pudieras mentirme. Bajo la mirada para tratar de contener las lágrimas que se avecinan.

—Lo siento. Me disculpo tratando de que mi voz no tiemble.

—Descuida —contesta él, aun sin mirarme— estoy consciente de que aún puede ser que tenga tu corazón, no soy tu primordial pasión. Él saca un anillo de su bolsillo y lo pone en la mesa. 

—Eugene. Trato de decirle, él me hace un ademán con la mano, quiere que calle.

—De donde vengo, el hombre le entrega esto a la mujer —señala el anillo— si estuviésemos en una situación normal yo lo haría contigo. Me quedo en silencio mirando el anillo.

—En una situación normal, yo, como hombre, te prometería mil cosas —sonrió— te dijera que quiero llenarte de hijos, y envejecer juntos. Carraspea levemente.

—Sin embargo, más que envejecer contigo, más que tener hijos, yo sólo deseo que sigas con vida —confiesa, yo levanto la mirada hacia sus ojos— quiero que sigas con vida, porque creo que amar es vivir. A este punto es difícil contenerme. Quiero abrazarlo y pedirle perdón, pero lo conozco. Obstinado como es, él pide algo que no soy capaz de dar.

—Lo lamento. Vuelvo a disculparme. Él niega con la cabeza y me pone el anillo. Besa mis nudillos con suavidad, se levanta, se pone el sombrero y camina hacia la puerta.

—El barco que va hacia América saldrá el domingo —me anuncia— Te esperaré en el muelle. Corro hacia él y lo abrazo por detrás. Siento su tensión inicial, entonces se voltea y me mira con los ojos llenos de lágrimas. Entonces, estallo a llorar. Mis lágrimas caen libres, sin ningún control mientras él me abraza contra sí.

—Eres de verdad, una mujer muy cruel. Me dice con la voz rota.

—En un país libre y democrático, seré completamente tuya. Él niega con la cabeza y besa mi sien con delicadeza.

—Te amo. Confiesa. En sus ojos veo la verdad. Entonces lloro con más fuerza. 

—Soy demasiado cruel. Contesto, él me besa para callar mis lágrimas. Es cierto que soy cruel. Tanto como para empujar a ese hombre que tanto me amaba lejos de mí. Sin embargo, recuerdo los verdes prados de mi patria. Las costas cerca de la ciudad capital, el cielo azul que se funde con el mar de mi isla en un día sin nubes.

Y veo, como hay familias que están siendo exterminadas. Niñas violadas, personas privadas de sus patrimonios, todo por el mando de un dictador y entiendo, que, aunque tengo un amor en el corazón, existe una pasión más grande.

No habrá pasión para mí, más grande que el libertar a mi patria. Y aunque se me parta el corazón, aunque tenga que esperar, no puedo descansar hasta que el caudillo baje del poder. De ahí viene mi crueldad. Soy capaz de usarlo a él, quien sólo tiene amor para mí, para lograr mi objetivo. 

Él me mira como si fuese capaz de escuchar mis pensamientos. Me besa con pasión y desespero. Yo le correspondo. Es la primera vez que soy besada de esta manera, pero me las arreglo. Después de todo, soy alguien que aprende rápido.

Tengo que ser loca para haberme infiltrado en su habitación del hotel. Estoy bajo su dominio, y sé que él es capaz de parar si le digo que pare. El asunto está en que no quiero que pare. Quiero ser suya.

—En esta noche, quiero casarme contigo. Me dice con voz ronca cuando se separó de mí. Ambos tenemos los ojos cerrados. Siento el peso de todos sus años sobre mí. Él es un hombre experimentado, yo ni siquiera había tenido novio.

—¿Cómo podremos? Pregunto, él me besa suavemente.

—Tú deberías saberlo —me dice— ¿Me aceptas, Elsie Gómez, para vivir conmigo en toda condición, hasta que la muerte nos separe? Lo miro como si se hubiese enloquecido, pero su mirada era seria.

—Acepto —contesto después de quedarme en silencio durante un momento— ¿Y Tú, Eugene Allen, aceptarás a esta mujer tan cruel, para vivir con ella en toda condición, hasta que la muerte nos separe…—hago una pausa abrupta— y hasta más allá de ella? Él asiente con la cabeza, conmocionado. Él toma el otro anillo que se supone era de él y lo saca de su bolsillo con intención de ponérselo. Yo lo intercepto. Si alguien le iba a poner el anillo a ese hombre, soy yo.

—Acepto. Dice mientras se lo pongo, entonces me besa sin restricción. Se deshace de mi cofia y mi pelo cae libremente por mi espalda. Yo me deshago de su camisa, y de su chaqueta. Él me toma por el trasero y me hace enredar mis piernas en su cintura.

Entonces me lleva a la cama, dulcemente. Se deshace de mi sotana, rápida y efectivamente. Entonces comienza a besar mi cuerpo con suavidad. Él era considerado porque sabía que era mi primera vez.

Primero besa mis pechos y después empieza a chuparlos haciendo que mi cuerpo empezase a vibrar en respuesta. Yo, inclinada por la buena decencia, trato de interrumpirlo. Él continúa, entonces en vez de chupar también me da mordiscos.

—¡Ah! Gimo, pero él continua. Baja a mi abdomen y lo besa con suavidad mientras sus manos pellizcan mis pezones. Entonces baja ahí. Sí, ahí. Cierro las piernas por instinto, entonces él ladea su cabeza. 

Quiere decir que las abra. Obedezco con una pequeña espinita que se me quita cuando él comienza a besarme. Jamás en la vida me había sentido de esa manera. Gimo, cuando él toca un punto de mí que me hace retorcer. Él continua y esta vez siento como su lengua en particular toca esa pequeña parte de mi cuerpo. Siento que mi feminidad se moja y tengo miedo. ¿Qué tal si me hago pis durante…? Me tenso y él lo nota.

—¿Qué sucede? Pregunta 

—Me estoy mojando, lo siento. Le contesto. Él se muerde el labio inferior. Entonces toca mi feminidad y me lleva el líquido a los labios.

—Esto me dice que estás más que lista para recibirme. Me dice, yo me echo hacia atrás y el vuelve a su labor de besarme. Entonces siento que empieza a usar los dedos. Estoy viendo borroso.

Siento que soy embargada por sensaciones que no puedo dominar y grito, me tambaleo y tiemblo. ¿Qué me está pasando? ¿Por qué se siente tan bien? Eugene se incorpora y vuelve a besarme. Esta vez detecto el sabor de mi feminidad en sus labios. Sabía rico en él. Él comienza a tocarme ahí abajo otra vez, lentamente mientras me besa. Cuando mis gemidos se hacen audibles, él se detiene y se quita el pantalón. Entonces noto como su miembro estaba erguido contra su ropa interior.

No sé como complacerlo, pero tomo la iniciativa. Me arrodillo junto a él y le doy un leve beso. Eugene respinga. Continúo y lo adentro en mi boca. Él guía mi cabeza y acaricia mis cabellos mientras tanto. Siento sus gemidos y jadeos. Entonces él me hace levantarme.

Entre caricias y besos, Eugene entra en mí por primera vez. Contengo la respiración al sentir el dolor inicial, estoy tensa y él lo sabe, por lo que se deshace en besos y en caricias, mientras permanece quieto, para no aumentar mi dolor. Cuando pasa el dolor inicial entonces el comienza a moverse, suave y profundamente. Acompañaba cada embestida con un masaje a mi feminidad. Jamás pensé que hacer el amor se podía sentir tan bien. Él había besado cada parte de mi cuerpo ya. Inclusive ahí. 

Empiezo a gemir cuando su ritmo se acelera, al tiempo que sus caricias también aceleran. Él jadea conmigo al tiempo en que mi cuerpo se sentía como que iba a explotar de placer.

—No puedo más. Le digo, él besa mi clavícula.

—Estás a punto de llegar. Entonces explota en mí por segunda vez, un mar de sensaciones que no sabía cómo describir. Él continuaba moviéndose dentro de mí. Entonces yo tomé la iniciativa de besarlo. 

Acaricié su ancho pecho y besé su cuello con ternura, notando como sus jadeos aumentaban cada vez más. Beso su boca imitando los movimientos que él hacía en la mía, y logro sacarle una risa. Le mordí el lóbulo de la garganta, entonces gimió y aumentó el ritmo aún más.

Sacó su miembro de dentro de mí y entonces lo vi descargarse. En mi vientre justo arriba de mi pubis. Él pareció apenado por un momento. Se levantó, cubrió con una manta y me limpió con un pañuelo.

Me hizo incorporarme en la cama para limpiar mi feminidad, sucia de los fluidos de mi virginidad. Así que había sucedido por fin, ya era una mujer. Y no exactamente cualquier mujer, sino su mujer. Él se recuesta a mi lado y me cubre con sus brazos fundiéndonos en un cálido abrazo. No es un hombre de muchas palabras, sin embargo, puedo entender como me dice que ama con cada gesto. Me quedo dormida pensando en como será nuestra vida después de esta noche.

He enloquecido. Pienso en cuanto despierto. A mi lado está él. Alto, fuerte, fornido y casi veinte años mayor que yo.

¿Por qué lo hice? ¿Por qué lo hice? ¿Por qué lo hice? Me pregunto una y otra vez. Sin embargo, no me arrepiento. Mi respiración se agita, puesto que sé qué se avecina.

Mi papá me va a matar. Eso es de plano, para comenzar. Sin embargo, si tuviese que repetir lo que hice la noche pasada, lo haría una y mil veces. 

Ese hombre que yacía a mi lado me había hecho sentir más mujer de lo que alguna vez podré sentir. Sólo al recordar sus manos acariciando mi piel, sus besos en mi cuerpo, el tono oscuro de sus ojos mientras me poseía… creo que mi cuerpo empieza a tomar vida de nuevo y tengo ganas de volver a sentirlo.

Tengo ganas de él. Tengo ganas de que me tome y me funda en su cuerpo hasta que seamos uno solo. Tengo ganas de sentir las palpitaciones de su corazón vibrando junto al mío.

Suspiro y miro a mi alrededor. Al otro lado de mi habitación veo nuestras ropas. Mi hábito de monja colgando en una silla. ¿Qué le voy a decir al padre Epifanio? O mejor todavía, ¿Cómo se lo voy a decir? 

También está su uniforme. Me sonrojo al pensar en Kyle. ¿Podría esto traerle problemas?

Siento que se mueve y me arrastra hacía sí. Está desnudo. Sus ojos siguen cerrados mas sus manos acarician suavemente mi espalda.  

—Deja de pensar en qué les dirás a los demás. Me dice como leyendo mis pensamientos. Beso sus labios suavemente y él abre los ojos.

—¿Estás arrepentida por lo que hicimos anoche? Me pregunta, bajo la mirada y le tomo la mano. Entonces la levanto en el aire y la luz del sol hace reflexión en nuestros anillos.

—¿Podemos hacerlo otra vez? Contesto y él se ríe rompiendo mis tensiones. Al demonio con todos, estoy perdidamente enamorada de ese hombre.

14 de Octubre de 2018 a las 14:58 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Paula Han Pasajera en el mundo, Ciudadana del cielo. Nativa de un lugar en el trayecto del sol. Mujer en el globo. Despierta, traviesa, medio rara, medio boba, medio inteligente. Impredecible. Creyente aprendiendo a ser paciente, lidiando con mi carácter, tratando de cambiar. Escritora compulsiva, lectora molestosa. Amante de reír y hacer reír. Loca pasiva.

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