Secuestro de Luz Seguir historia

u15392178481539217848 Cristián Miranda

Creo que morir debe ser algo semejante a esto. Si es así, no tengo miedo


Historias de vida Todo público.

#luz #245 #magia
Cuento corto
0
5.3mil VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Secuestro de Luz

Este fue el día en que un rayo de sol me raptó de mi cama y me fusionó con él, creo que ese es el momento más feliz de mi vida.


No sé si alguien ha vivido algo semejante, tampoco tengo mucho para escribir sobre ese momento; pareció durar toda una vida, pero solo duró un par de meses, luego el rayo comenzó a desvanecerse y me devolvió a la tierra. El impacto fue fuerte y doloroso, pero aquí estoy, vivo y escribiendo esto, aún con muchas dudas en la cabeza. Aún con sensaciones que me transportan a ese estado de luz. Aún preguntándome si voy a volver a reunirme con ese rayo. Aún ideando fórmulas y aún esperando, porque, aún, lo único que me preocupa, en la vida, es poder ser feliz para ayudar al mundo.

Escribir lo que pasó es, hasta el momento, la única forma en la que puedo acariciar el calor de ese rayo. Espero que al leerlo puedas acariciarlo también.

***

En el verano del 2015 dormía una siesta en mi pieza, mi cama estaba pegada a la ventana, lo que me permitía apreciar esa hermosa luz de las 6 pm, sí, esa, la que hace que todas las cosas se vean bonitas, amigables y serenas. Fue como a esa hora que desperté, y el haz de luz que ingresaba por la cortina me dejó contemplar las partículas de polvo que, brillando, hacían su trayecto hacia el sol. Estaba en eso, entrando en un estado hipnagógico, cuando las partículas comenzaron a detenerse y a quedar suspendidas en el aire, mi respiración se tornó profunda y relajada, sentía el calor puro del rayo de luz que se posó sobre mi pecho. El ruido se detuvo. Mis ojos miraban la nada. Estaba pasando, el sol se estaba llevando mi alma.


Así, como en un flash, todo era brillante, todo tenía luz propia y los días comenzaban a brindarme una suave luz cálida. Ya no había un pasado, no había pena, ni culpa, ni dolor, porque al fin entendía a lo que vine a este mundo. Comprendía los mensajes de la naturaleza y de todo lo vivo, como si Algo o Alguien, desde otra esfera, me hablara, cuidara y guiara mis días. Me sentía invencible. Todo era perfecto y ya no sentía miedo, porque todos sentimos miedo por algo, pero no lo sabemos porque está oculto en una parte del cerebro a la que solamente podemos acceder con paz.


Me sentía distinto, distinto, pero a la vez muy dueño de mí mismo, como si hubiera sido un completo desconocido durante 21 años. Todo lo que aparecía en mi camino era tan hermoso, tan único, tan significativo, tan interesante. A mis amigos los veía como los seres sabios que no quieren creer que son y a las mujeres las veía como seres superiores, hermosos e inteligentes, llenos de mensajes de amor y profundamente interesantes.


Todo era Amor, todo era paz, todo era tranquilo y perfecto, hasta el ruido, hasta el ladrido de mis perros era una melodía que me hacía sentir feliz. Me sentía por primera vez, enamorado de toda manifestación de vida y de toda manifestación de la muerte, ya no le temía a esto último, ya no me aterraba el futuro, todo estaba bien, en orden, en su perfecta armonía. Estaba atento, muy despierto, muy puro, podía hacer feliz a cualquier ser humano, podía librarle del sufrimiento y convertirle en inmortal. Al fin encontraba mi propósito en el tiempo-espacio y eso me ponía cada vez más contento. Cada día era nacer de nuevo, cada día era salir de mi cama a descubrir el mundo, a aprender y también a enseñar.


Prontamente empecé a sentir cada uno de los genes que construyeron mi manera de pensar, de sentir y de actuar, pude derrumbarlos y decidir comenzar de nuevo. Cuando lo hice, sentí la necesidad de aprender, el interés en vivir y en amar. Empecé a sentirme como cuando era un niño inocente y estaba lentamente limpiando mi alma a través de buenas acciones con los demás y conmigo mismo. Lo mejor de todo, era que el Señor Tiempo me lo agradecía, poniéndose de acuerdo con la Vida para entregarme Amor y hermosas coincidencias durante mis pasos.


Lo que mejor recuerdo es mi soberbia, la amaba, esta no era arrogante ni desagradable, sino que tierna, como cuando un niño está tan convencido de lo que habla que solo te produce mirarlo con ojos amorosos. Además de eso, mi energía era ilimitada y llena de Sol, llena de Amor, no existía nada triste, entendía la tristeza antes de sentirla y automáticamente la sanaba, ella no podía tocarme. Comprendí que mi misión más importante era salvar al mundo de su sufrimiento y la luz que irradiaba en ese momento me estaba ayudando a lograrlo. La fórmula era a base del tiempo, del respeto, del amor y del aprendizaje.


A veces, me comunicaba con la vida y con la muerte como si fueran mis padres, les pedía favores y hasta regaloneábamos juntos, y todo era lento, no había apuro, no había angustia del “después”, no habían minutos, ni segundos, ni horas, solo tiempo, solo sabiduría a través de él, y mientras escribo esto, recuerdo ese momento, vienen proyecciones en forma de sensaciones que me rozan el corazón y me hacen anhelar volver a sentirme así. Quiero volver a recuperar mi sabiduría, mi amor, mis poderes, mi pasión, mi comprensión y tantas cosas más. Quiero tratar al mundo como el mundo merece ser tratado, con amor. Quiero volver a encontrar a ese niño perdido dentro de mí, a ese que se fundió con el rayo de luz. Quiero volver a ese momento, porque en ese momento era nada y a su vez, era todo, y esta paradoja me hacía inmensamente feliz.

11 de Octubre de 2018 a las 04:30 0 Reporte Insertar 1
Fin

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

Historias relacionadas