No me olvides Seguir historia

bluesharkbooks Lara Antonella Della Vedova

Te invito a leer esta historia sobre una flor que puede guardar recuerdos en sus pétalos para jamas olvidarlos.


Post-apocalíptico Todo público.

#felicidad #239 #347 #245
Cuento corto
2
4593 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

La flor...

Los robots juntaban la basura en las calles, la gente viajaba a sus trabajos, a sus casas y yo iba en busca de mi hijo. Su escuela era grande, enorme, por lo que me costaba encontrarlo pero casi siempre se encontraba en el mismo lugar. Era un jueves por la tarde en el Daga, lo que antes llamábamos primavera, y veía como mi hijo estaba sentado en ese árbol alejado de toda la gente pero cerca del lago. Llegué hasta donde mi hijo estaba y lo llamé. Aunque no recibía respuesta seguí llamándolo pero no se volteaba, ni parecía que respirara. Volví a llamarlo y no tuve respuesta; me cansé de esperar y fui a buscarlo, lo tomé del brazo y en su mano sostenía una flor. Un pétalo cayó…

Me miré en el espejo, me estaba terminando de arreglar y mi madre llamaba desde la cocina. Bajé apurada, con la respiración entrecortada pero suave. Las cajas estaban vacías debajo de la escalera, los muebles estaban limpios y en su lugar. Todo estaba ordenado, y el aire tenía un aroma especial como si de un recuerdo se tratase. Era una época única porque no había caos en el mundo, todo era felicidad y ya no había mentiras, ni el mismísimo dolor o molestia al sentir el roce de una espina en tu dedo. Todos se encontraban en el patio, reunidos, felices, riendo, a punto de almorzar, pero nos llamó la atención cómo una brisa trajo un aroma floral único. Mire hacia dentro y noté que en un florero, pequeño pero seguro, se caía otro pétalo de una flor que ya había visto antes.

Guerra, una palabra con un significado y peso único en esta sociedad tan sedienta de poder. Algo tan simple como las palabras, el lenguaje, puede causar errores y traiciones a esas acciones nobles que se atesoraban. Buscando arreglarlo llegamos a empeorarlo más y más hasta destruir todo por completo, hasta no dejar nada de qué arrepentirse. Hace años que habían asesinado a mi familia, hace años que quedé sola tratando de buscar una solución a mi error, tratando de volver a esos tiempos felices, esos momentos de antaño. El mundo se había dividido en ciudades, era toda una barbarie porque el asesinato y canibalismo estaba permitido, ya no éramos humanos y tampoco animales porque tenían más respeto entre ellos mismos que nosotros los seres más inteligentes del mundo. Ya no existía la vida en el mundo, el aire ya no es puro por lo que debíamos estar aislados herméticamente de todo. No había nada que hacer, solo pelear o desistir al engaño más inhóspito que puede darnos un simple recuerdo, uno que solo sabemos que viviremos en ese momento, en ese lugar. Yo planeaba pelear, seguir el mismísimo juego de la barbarie, pero un recuerdo, simple y lejano, vino a mi mente al ver como otro pétalo de esa flor celeste cayó en el frío y solitario asfalto.

La habitación se sentía fría, distante, el aire húmedo invitaba como una caricia a los cuervos para devorarme viva. Supe que era el final, que todo terminaba y la vida seguiría sin siquiera pensar en mi humilde cuerpo, en mis humildes pensamientos. Siento cómo el frío se apodera de mis suspiros, cómo la luz no deja que siga mirando aquel retrato tan querido que me habían regalado, cómo el aire se hace menos presente y con su ausencia mi olfato era remoto hasta no percibir la belleza, cómo en mi boca todos los gustos se iban yendo y con ellos, cómo mi identidad o mi cultura se va perdiendo, cómo la suavidad y las texturas desaparecen de los dedos de mis manos dejándome en un limbo sin poder ser yo misma. Así se sentía este sueño, el sueño más largo que tuve porque todo terminó ahí y con un último suspiro todas las palabras y dialectos que había aprendido se desvanecieron en el silencio. Esta ausencia tan grande fue única porque ninguna otra persona podría haber sentido o pensado todo lo que yo, antes de su propia muerte.

Caminar. En mi cabeza solo existía esa palabra, no podía pensar en nada o en nadie más. Los brazos y las piernas me pesaban, el respirar se dificultaba, como si cadenas estuvieran atadas a todo mi cuerpo, las cadenas del arrepentimiento y del perdón, una palabra engañosa para los oídos mas inocentes. Pensar que pudimos haber hecho mucho más que aniquilarnos, pudimos habernos ayudado o curado, pero no. El peso de tantas palabras con mentiras aferradas letra por letra, enriquecidas por el solo hecho de repetirlas durante tanto tiempo. Era inevitable sentir remordimiento, un sentimiento que te quiebra hasta el pensamiento o certeza más fuerte. Pensar que tuvimos oportunidades de dejar de lado el egoísmo y empezar un mundo solidario lleno de bondad, en vez de eso nos hicimos más fuertes y más sedientos de poder con cada muerte que tocó nuestra puerta, con cada mano que tocó y lavó nuestros zapatos. Era imposible seguir avanzando, todos los cadáveres no dejaban nada que desear, ni siquiera el camino estaba limpio como para que pudieras seguir sin mirar, aunque no pudieras mirar sentirías el hediondo olor a la putrefacción que la humanidad representaba. Poco a poco iba entendiendo, entendía que este sería el final y que no podía hacer nada para no mirarlo o sentirlo, sabía que vendría. Tropecé con el cadáver de un niño, me derrumbé en el suelo llenándome el rostro con suciedad y la sangre de puros inocentes. Inocentes que pagaron el precio por la misma palabra y por la misma riqueza que brinda el poder. Me senté, mis piernas no podían mas y ya no estaba con energía para seguir caminando, me había quedado sin fuerzas y en ese último instante vi a aquel niño que había pisado. En su mano había una flor marchita con todos los pétalos caídos; me acuerdo cuando nos enseñaron su nombre, un nombre tan particular que brotaba miles de emociones y recuerdos, ese nombre era “No me olvides”.

Autora: Lara Della Vedova.

10 de Octubre de 2018 a las 02:13 2 Reporte Insertar 1
Fin

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
AF Antonio Fourteen
Muy bonita historia Lara :D, está bastante bien la forma en la que intentas representar todos los cambios que nos dio la guerra, y que ahora mismo, casi solo parece una palabra, algo de todos los días, como si fuera normal que todos nos matemos sin motivo alguno º-º, me gusta mucho, pero la verdad te has saltado muchos puntos y comas, sigue así :)
13 de Octubre de 2018 a las 05:26

  • Lara Antonella Della Vedova Lara Antonella Della Vedova
    Muchas gracias por marcarme eso y por haber leido mi historia. Estoy muy agradecida de que te haya gustado :D 5 de Enero de 2019 a las 18:47
~