La Espada Ambulante Seguir historia

mrsakka Mauricio Orta

Érase una vez, una tierra entre dos continentes: Najta, considerada como la cuna y el hogar de los dioses de todas las religiones. Por siglos floreció como un centro cultural, científico y comercial de gran riqueza bajo el gobierno del Reino de Lebias. Sin embargo, el Reino eventualmente entró en el caos y la decadencia, acosado por los imperios guerreros emergentes del continente oriental de Ayaria. Desesperado, rogó la ayuda de los reinos amigos del continente occidental, Elvira, como último recurso para impedir el inminente avance de la corrupción y barbarie. Así estallaron las cruentas «guerras nefeshicas», en las que ambas civilizaciones chocaron en encarnizados combates con un despliegue de armas, tácticas y poderes en donde los viejos mitos y leyendas de sus textos sagrados volvieron a la vida. Varios años después de su final, un autoproclamado caballero errante viaja a las tierras ancestrales, siguiendo la pista de sus orígenes misteriosos. Bajo el lema «Mi espada ambulante, su señorío seguro», intentará dar el ejemplo de honor y justicia de los afamados guerreros. El mismo que se ha encargado de llevar a todos los dominios que ha explorado en el pasado. Por desgracia, sus buenas intenciones se verán entorpecidas por una serie de graves malentendidos que lo arrastrarán a una nueva lucha entre fuerzas sobrenaturales. Una nueva guerra nefeshica que determinará no solo el destino de Najta, sino del mundo entero.


Aventura No para niños menores de 13.

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Prólogo

Las llamas de las fogatas y antorchas de un extenso campamento bailaban bajo el cielo estrellado del anochecer, iluminando sus estandartes. La mitad de los soldados descansaban dentro de sus tiendas; la otra mitad, patrullaba el área, portando armaduras y cotas de malla. Algunos aprovechaban para afilar y lustrar sus armas: desde espadas y ballestas, hasta lanzas y alabardas. A pesar de los motivos de su establecimiento, una gran tranquilidad se respiraba en su ambiente.

Una falsa tranquilidad.

No muy lejos de ellos, escurridizas figuras atravesaban los pastizales de una sabana con pasos sigilosos como los de un felino, deteniéndose al tener su objetivo dentro de su rango de alcance. Los individuos sacaron y prepararon largos arcos con ambos brazos. Sus dientes se apretaron, gotas de sudor creadas por el calor y la ansiedad bajaron por sus rostros en una salina precipitación.

En pocos minutos escucharon la señal que habían estado esperando: las pisadas del galope de varias docenas de caballos que se aproximaban detrás de ellos. 

Los soldados del campamento, sospechando lo que sucedía al haber escuchado el movimiento, salieron a investigar su procedencia, encontrándose con la desagradable sorpresa.

Los arqueros impregnaron de resina las puntas de sus flechas y les prendieron fuego. Tensaron sus arcos y las dispararon.

Como una bandada de aves fénix, estas se elevaron fulgurantes en el firmamento. Horrorizados, los soldados observaron su furioso descenso, algunos intentaron despertar y advertir a los demás del peligro con gritos de desesperación, pero ya era muy tarde. 

Tiendas enteras ardieron violentamente. Entre agónicos chillidos y alaridos, decenas de soldados sucumbían por el fuego o el impacto mortal de los proyectiles. Las partes del campamento que se salvaron de ser alcanzadas fueron presas del pánico y la confusión. Los soldados que recién salían de su descanso no estaban preparados para afrontar la pesadilla que tenían ante sus ojos.

Mientras tanto, los jinetes, frenaron con brusquedad, posicionándose en una ordenada formación que cercó al campamento. Los arqueros se retiraron hasta refugiarse a sus espaldas. A diferencia de sus víctimas, vestían trajes ligeros de lana y algodón, con piezas de cuero reforzado y cascos con plumas y turbantes.

Satisfecho con los resultados de la ofensiva inicial, el líder de la escaramuza sonrió y acarició su larga barba negra. 

—¡Faricums! ¡Aplasten a los invasores infieles! —les ordenó a sus hombres, desenfundado un curvo y alargado sable hacia delante—. ¡Por la gloria de Senshan! 

La caballería emprendió una acelerada carga hacia al campamento, embistiendo brutalmente a los indefensos sobrevivientes con sus lanzas y espadas. Siguiendo sus pasos, grupos de espadachines amigos se internaron a pie, entablando combate con los pocos enemigos que aún se negaban a morir. Con su movilidad y maniobrabilidad superior, se imponían con facilidad sobre los más torpes y lentos guerreros acorazados. 

Desde el borde de una colina escarpada y aledaña, un hombre joven observaba atentamente el enfrentamiento con sus almendrados ojos celestes.

—Han caído en nuestra trampa.

Dijo en voz baja cruzando los brazos, con una serena sonrisa en su apuesto y elegante rostro de piel blanca, nariz griega, fina barba y pícaras cejas. Su cabello era negro, lacio y largo hasta el cuello, peinado a ambos lados. Una armadura ligera de placas escarlatas y articuladas cubría todo su cuerpo a excepción de su cabeza. En el lado izquierdo de su pecho se inscribía un elaborado relieve con la forma de una roja rosa.

Aprovechando su aparente distracción, un soldado enemigo lo atacó con su sable de hoja curva por detrás, pero apenas le alcanzó a cortar unos pocos cabellos. El espadachín lo burló fácilmente y desenfundó su deslumbrante espada ropera. Tocó el cuello de su adversario con su punta, fulminándolo en el acto.

El espadachín solitario se encontró ante otros seis adversarios con sables que fueron a relevar a su compañero abatido.

—Ya era hora, me estaba empezando a aburrir.

Les espetó con ironía, extendiendo su espada hacia ellos con una retadora y confiada sonrisa. Los guerreros se abalanzaron al unísono hacia él, intentando asestarle cortes verticales y horizontales que este evadió con gráciles movimientos y dobleces como los de un bailarín. 

Su espada se deslizó por el sable de uno de ellos hasta llegar a su pecho, y luego dio un vertiginoso giro horizontal con el que golpeó las gargantas de otros dos. En cuestión de segundos, tres de los seis habían sido derribados antes de que se dieran cuenta.

Mientras su batalla continuaba, las fuerzas enemigas debajo de la colina acababan de destruir todo el campamento. Los guerreros levantaron sus sables y lanzas al cielo en victoriosas aclamaciones.

Pero...

—¡¿Eh?!

Su celebración se interrumpió abruptamente al visualizar algo que los dejó sin aliento. 

—¡¿Qué es esto?!

Como polvo llevado por el viento, los cadáveres y destrozos que dejaron se desvanecieron sin dejar rastro, revelando una virgen planicie con pequeños montículos dispersos de tierra. Habían disparado sus flechas y bajado sus sables contra un espejismo.

Antes de que pudieran seguir indagando en lo que había pasado, una serie de casi simultáneas y potentes explosiones reventó bajo sus pies, devastando y devorando la mayor parte de ellos en sus azules destellos. Las tropas que creían haber conseguido la  victoria terminaron sufriendo una derrota abrumadora en un parpadeo.

Con la misma facilidad que redujo a los anteriores, el espadachín de la colina redujo a sus tres restantes adversarios con certeras estocadas y golpes con el borde de su espada, relámpagos en una tormenta de plata. Tal había sido su destreza que ni su cara ni armadura habían sufrido un rasguño durante su breve contacto.

—Hilil senshan...

El líder de los atacantes musitó con pavor y desconcierto, contemplando desde la lejanía al recién creado cementerio de sus antes numerosas unidades. Un afortunado jinete sobreviviente llegó proveniente de él, galopando a toda velocidad hasta frenar a su lado.

—¡Dibi! —este le exclamó claramente conmocionado—. ¡Todo fue una ilusión! ¡Los infieles nos han engañado con brujería!

—¡¿Qué?! ¡¿Brujería?! —le respondió exaltado.

Una larga flecha perforó el pecho del mensajero antes de que pudiera extender sus desalentadoras noticias. El aterrorizado líder buscó en las inmediaciones a los demás hombres de su guardia personal, encontrándose en su lugar con sus cuerpos inertes tendidos en el suelo.

Sintió un leve pinchazo en su hombro izquierdo. Al bajar su mirada hacia él, se encontró con un pequeño dardo incrustado en el mismo.

Rápidamente, sintió como sus sentidos se adormecían, hasta que su vista se nubló y cayó de espaldas de su caballo, el cual salió corriendo despavorido.

«Parece que no hubo ningún imprevisto. La operación ha sido un éxito».

El espadachín juzgó con regocijo, vislumbrando lo sucedido desde la colina. 

Entonces, desvió su atención a los soldados que había vencido minutos antes. A pesar de estar inmóviles y derribados, ni una gota de sangre salía de sus cuerpos.

«Quizás estos nos den alguna información útil si no tenemos mucha suerte con su jefe —analizó con circunspección, echando un vistazo a su espada, de punta totalmente roma—. Parece que se confiaron tanto que no vieron necesario traer a sus ases bajo la manga. La razón por la que las Casas Santas de Elvira hemos venido aquí. No tienen ni idea de lo que se les viene encima».

El espadachín apuntó triunfalmente su espada a sus desmayados oponentes.

—¡¿En qué estabais pensando al desafiarme a mí?! ¡Santiago Rosas Montoya! —les exclamó con juguetón engreimiento—. ¡El más grande espadachín de toda Elvira!

Tras decirlo, soltó algunas carcajadas, riéndose de sus propios pretenciosos e infantiles comentarios.

—¿El más grande espadachín de toda Evirna?

—¡¿AH?!

Santiago paró por completo sus risas al escuchar esa voz que le hizo dar un sobresalto. Su frialdad, suave pero con filo y educada virilidad, le erizó sus cabellos.

Una silueta se reveló saliendo de la esquina del tronco de un árbol a metros de él. 

Era literalmente un caballero oscuro, con una armadura negra como la misma noche que lo cubría de pies a cabeza, apenas distinguible gracias a la luz de la luna y las estrellas que se reflejaba en su superficie. Un intimidante yelmo con tres rectos cuernos ocultaba su rostro por completo.

Una ventisca sopló en su dirección, ondeando la violeta capa que caía sobre su espalda. El alto y atlético caballero se paró en una majestuosa postura de cara a Santiago, con una larga espada bastarda sostenida en su mano izquierda, tan deslumbrante como la de su contraparte.

—¡Bastardo!

Bordes filosos como los de navajas y una punta aguda como la de una lanza aparecieron en la espada ropera de Santiago, la cual dirigió con ferocidad a su nuevo y misterioso contrario como la garra de un dragón.

—¿Dijiste... que eras el más grande espadachín de toda Evirna?

El caballero reiteró su interrogación con calma y educación.

Santiago parpadeó un par de veces, extrañado por su singular actitud, que distaba de ser la de un guerrero enemigo en una lucha a muerte.

—Sí, así es. Santiago Rosas Montoya, heredero de la Casa de la Rosa Real —le respondió a la defensiva, manteniendo su guardia en alto—. ¡Y es Elvira! ¡No Evirna!

—Ya veo...

El caballero le desvió con brevedad su mirada, cerrando los ojos y esbozando una sonrisa con los labios cerrados tras su yelmo. 

—En ese caso. —Retornó su mirada sobre el espadachín y sostuvo su espada con ambas manos, inclinándola en desafío hacia él—. Tendrás el honor de medirte con Shehor. El más grande espadachín de toda Nueva Eynsof. 

Ambos fruncieron sus ceños, apretando con fuerza sus empuñaduras. 

—¡En guardia!

7 de Octubre de 2018 a las 17:07 8 Reporte Insertar 10
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H Hamlett
excelente, felicitaciones! te invito a leer mis historias!
Javier Diaz Javier Diaz
Muy buen comienzo.. La trama promete y mucho...
7 de Febrero de 2019 a las 08:07
Carbrielys Basanta Carbrielys Basanta
Un buen comienzo, no dejas de encantarme con tu manera de escribir, y no sabes cuanto admiro todos los nombres de los reinos, me encantaría tener esa creatividad para los nombres de reinos. Me encanta mucho el inicio, y estoy segura de que todo el desarrollo me encantará aun más.
12 de Diciembre de 2018 a las 16:31
Italo Calle Bancayan Italo Calle Bancayan
me leeré uno por semana xd muy detallado todo lo escrito es genial
18 de Noviembre de 2018 a las 22:59
Miguel da Unamenos Miguel da Unamenos
Aguerrido comienzo, donde la magia hace acto de presencia con una gran eficacia, para desgracia de quienes la padecen. Interesante duelo el que cierra este fragmento y que, quizás, vea su desenlace en en el siguiente. Tiñes buenas formas al escribir, Mauricio. Un saludo.
28 de Octubre de 2018 a las 13:52
Paola Rivas Granado Paola Rivas Granado
Por nada...igualmente estás invitado a mis historias x3
24 de Octubre de 2018 a las 17:57
Paola Rivas Granado Paola Rivas Granado
Un título interesante :3 la forma de escribir igual...
24 de Octubre de 2018 a las 12:41

  • Mauricio Orta Mauricio Orta
    Gracias por votar y comentar. Espero que el resto de los capítulos también sean de tu disfrute. ¡Saludos! 24 de Octubre de 2018 a las 14:57
~

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