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amanda-castillo1538091433 Isabel Del Pilar

si de repente llegas a un lugar que te lo ofrece todo incluido el lujo, la comodidad y el amor ¿revelarías todos tus secretos? Lileam y Grabrielle son dos huérfanas que no tienen nada en la vida y en un abrir y cerrar de ojos por un golpe de buena suerte se ven rodeadas del máximo lujo en la casa de un playboy millonario que esta dispuesto a entregarles todo.


Romance Romance adulto joven No para niños menores de 13.

#playboy #comedia-romantica #romance #cenicientas
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Escena 1

William

— ¿otra persona, amo? —le pregunté ocultando mi asombro o más bien la decepción, él estaba sentado frente a la ventana, con la mirada fija al infinito bosque detrás del palacio.

—Sí, quiero otra, date prisa—me respondió con arrogancia, se limitó solo a acercarme la copa a ciegas para que yo siguiera alimentando su obsesión.

—Me temo que ya no queda ninguna persona joven por estas tierras.

—Me temo que entonces buscaras por otro lado— fue lo último que me dijo antes de que me retirara a continuar con mis deberes como el "cazador del lobo", era un apodo estúpido, pero me sentaba de maravilla para la mayoría de las tareas que mi necio amo me encomendaba, buscarles vírgenes o bellos en general.

Cuando imaginé mi futuro no pensé que esto dedicaría mis domingos, por lo menos antes eran más fáciles, ellos llegaban solos esperando que él los desposara y luego de ver la triste realidad y que los rumores corrieran, la cacería se hizo más complicada.

Así monte mi caballo, amarre mi cabello y deje la cena lista, salí lejos, donde no se me conociera por mi mala reputación esperando encontrar algo que me sirviera.

Lileam

Un día soleado, sin diferencia alguna con otro día, más que ese había un carnaval, Gabrielle aprovechaba esas festividades para usar ropas provocativas y bailar para los turistas aprovechándose de mi para que le toque la música, mientras le aplaudían y se hipnotizaban con sus caderas.

El confeti, el sudor en el aire, los rayos del sol y su piel resplandeciente a juego de una sonrisa encantadora nos daban de comer. No faltaba mucho para que este día acábese y volviéramos a marcar la línea clara que nos dividía de la gente común. Entre tanto uno de los carruajes que salían en fila uno detrás del otro de la ciudad dejo caer un baúl, el cual Gabrielle con sus ojos de halcón alcanzó a ver y se abalanzó sobre él junto a un niño que se nos había pegado como plaga hacia unos meses y quien nos ayudaba en la recolecta de dinero en lo que Gabrielle distraía la gente.

Entre los tres llevamos el baúl a un callejón —Gabrielle, no, podría ser peligroso—le reclamé mientras me obligaba a hacer de guardia.

— ¿qué nos podría pasar? —preguntó poniendo sus ojos en blanco.

— Que justo tuvieras que decir eso— Abrimos el baúl y tomamos lo que contenía escuchando los bruscos pasos de los guardias que notaron lo que pasaba.

— ¡Ladronas, repulsivas ladronzuelas! Ahora verán lo que se le hacen a los delincuentes como ustedes—gritaron desesperados esperando atraparnos, pero corrimos conociendo cada tajo, cada muro, cada esquina casi de memoria, no era la primera vez que lo hacíamos y posiblemente no sería la última, nos adentramos entre un laberinto de callejones por donde solo andaban los nuestros y los que se perdían para nunca salir, pero esa vez fuimos descuidadas.

Estaban ya hartos de nosotras pues Gabrielle era descarada y atrevida no le importaba meterse en problemas en territorios que sobrepasaban nuestros límites, corriendo terminamos con ellos delante, tomaron de nuestras muñecas con un tosco agarre y las estrellaron contra el piso, haciéndonos caer de rodillas, sentí el ardor del piso y de mi piel que se rajaba, picaba, y apreté los ojos esperando el cruel impacto del machete desde que este tintineo en el aire.

Gabrielle reaccionó lo suficientemente rápido para atinarle una patada en la rodilla a uno de los hombres con una fuerza impropia de una chiquilla, dándonos la oportunidad perfecta para salir corriendo.

Me tomó de la mano y comenzó a correr conmigo siguiéndole el paso ya no podíamos ocultarnos en los barrios bajos, esta vez teníamos que ir más lejos, por lo menos pasar desapercibidas hasta que las aguas se calmasen, así que nos subimos las capas y corrimos al bosque donde ellos no nos perseguirían, corrimos, corrimos y corrimos —Vamos, levántate, estamos todavía muy cerca—le dije de rodillas esperando a que actuase, pero en cuanto deslice la mirada por todo su cuerpo buscando algo que anduviera mal también vi su tobillo enrojecido e hinchado ¿Cuándo tiempo había estado corriendo así? —Apóyate en mí—le dije y seguimos huyendo hasta encontrar a alguien que nos llevara más lejos.

Gabrielle

No sé si fue cosa del destino o una pura coincidencia que ese fornido caballero nos encontrara en esa situación, al verlo solitario quite mi capa y había exagerado el dolor, para que este nos sacara de allí lo más pronto posible o por lo menos nos dejara bien adentro en el bosque donde la rabia de los guardias no nos alcanzara.

Él nos montó en el caballo y duramos en llegar larguísimas horas a pie ¿Quién andaba hoy en estos días en caballo? Hubiera sido mucho mejor un carro, pero esto era el bosque, no la carretera, así que después de todo tenía más sentido de lo que quería admitir—puede dejarnos aquí—le dije para saber si realmente era alguien de quien nos podríamos aprovechar.

—no, está bien, las necesito para algo—su voz era tan gélida e inmutable, parecía más un robot que una persona, pero no me gusto su respuesta y le envié una mirada a Lileam, había que escapar desde que las cosas se pusieran raras.

Llegamos al atardecer a un lugar que nunca habíamos visto, lo que era muy común en personas como nosotras, era una mansión extraña, demasiado grande para estar en el medio de la nada, la estructura muy antigua y un carro muy moderno en el frente, nada de eso me daba buena espina ¿quién viviría aquí? Lileam fue callada todo el camino, algo muy propio de ella, sabía que se estaba cagando de miedo y hasta yo por tanto misterio con el hombre que nos llevaba a quien sabe dónde.

La casa tenía un jardín bestialmente enorme, una fuente que servía como indicador de retorno para los autos que fueran solo a dejar a alguien. El entregó su caballo a un empleado mientras otros solo nos abrían paso por el portal, era un poco extraño que nadie hiciera cara de asombro por cómo íbamos vestidas o a lo que posiblemente olíamos, que no era muy agradable.

Todo el mundo fue amable y nos trataron como si fuera de costumbre, me asuste y mucho. El señor se descubrió la cara, y me extrañe al no darme cuenta que nos habíamos ido con un completo extraño, él tenía el cabello largo, muy largo la verdad, amarrado en una cola que caía sobre su espalda. Sin decir palabra alguna solo vimos el palacio desde adentro, un salón gigante con exageradas escaleras que guiaban a alas opuestas, decoraciones en el techo, lámparas que casi podían tocar el suelo de lo extravagante y paredes blancas adornadas de espejos o detalles en dorado como castillo de princesas; pasillos llenos de luz y puertas, otros no tan claros y finalmente un cuarto recóndito metido en un sótano tenebroso —Quédense ahí, si necesitan algo pronto estaré aquí—nos dijo dejándonos en aquel cuarto.

Lileam se quedo tranquila sentada en una esquina como la chica buena que era, ni siquiera se había quitado la capa yo en cambio me desparramé un una silla como si fuera mía porque por un larguísimo rato, por fin podíamos ser solo ella y yo como siempre. Me paré y caminé de un lado a otro y luego volvía y me sentaba, me paraba nuevamente y volvía a caminar de un lado a otro preguntándole cosas inútiles a Lily solo para saber si estaba bien.

Lileam por fin decidió quitarse la calurosa capucha y sacudió su negra cabellera fuera de ella, no le di importancia solo pensaba en si ese tipo nos traería cena y lo que él podría ser, no recordaba la última vez que habíamos comido algo, y esperaba que fuera algo fino después de todo estas personas eran ricas— ¿me permites? —preguntó un rubio entrando a la habitación y antes de que pudiera responderle la tomó y salieron del cuarto ¿entonces para que me preguntó? No me dio tiempo siquiera a recelarla, y justo después llego el caballero, más radiante de lo que lo había visto nunca, era bello de una manera desorbitante—se la llevaron—dije embelesada por su atractivo.

— ¿Quién? —preguntó alerta.

—un tipo rubio—dije aun perdida en su mirada fiera, entonces aceleró el paso y lo perseguí a través de toda la mansión como si pudiera pasar algo malo.

Elliot

—James, ¿dónde está el inútil? No ha llegado con alguien nuevo.

—Vi al joven William bajar las escaleras.

—Gracias James—dije dándole unos golpecitos en el hombro como un padre lleno de orgullo por su hijo— tu eres el único que sirve en esta casa—dije aceptando la triste realidad, mientras negaba con la cabeza. Fui directamente al sótano pensando todos los insultos y castigos que sonaran crueles para decirle a ese tonto amo de llaves, baje con pasos fuertes y pesados para crear el dramatismo de mi entrada y tan solo vi a dos chiquillas en el cuarto húmedo y no en mi torre jajá y se supone que yo soy el inmoral.

Abrí la puerta con mis intenciones furiosas y ella se quitó la capucha y sacudiendo su cabello, las palabras que tenía en la boca de pronto se volvieron nada, solo me quedé allí haciendo la mímica patética de alguien que pudo hacer una excelente entrada y que ahora estaba completamente en blanco, ellas ni se dieron cuenta de que estaba ahí parado como un idiota, bajé la mano con la que amagaría poder y solo la seguí viendo despaldas.

Estaba malditamente hipnotizado por aquella escena en cámara lenta según mis ojos— ¿me permite? —fue lo único que se me ocurrió decir, le vi el rostro y todo fue muy claro... esta me tocaba a mí. Lo pensé detenidamente y me di cuenta de que estaba siendo un imbécil después de todo yo era Elliot Bezarius heredero único de la primera rama del apellido, podía hacer o tomar lo que quisiera, así que me la lleve a mi torre, nunca era un largo viaje hacia mi torre, aunque significara subir cuatro pisos sin ascensor, allí por extraño que resulte comencé a actuar como un niño quien acababa de recibir un obsequio completamente nuevo, ella tenía el ceño fruncido por la confusión con tintes de terror, cara que no le duraría mucho cuando empezara a desenvolver el regalo y ella quedara encantada con viril encanto y galantería.

Me quedaba viendo sus rojos ojos y como hacían combinación con sus labios carmesí. ¿Oh dios mío donde has estado? esas eran las palabras que oía en mi cabeza mientras daba vueltas con ella emocionado por desvestirla. Desgraciadamente la música que se oía a nuestro alrededor desapareció de forma drástica cuando Will abrió la puerta—no te he dicho que no me interrumpas cuando estoy con alguien—dije enfurecido pegándola de mi pecho como una pequeña mascota.

—Esta no—me respondió con su tono neutro fingido.

—Lileam—corrió la otra arrebatándomela descaradamente. Lileam... ese era su nombre.

— ¿Por qué no? —Dije haciendo un puchero— ¿no es lo que te pedí? —me senté en la cama—a mí me gusta esta tu quédate con la otra.

—Es caridad Elliot , ellas no— las tomó a las dos y me las alejó—mantén a raya tu lobo.


7 de Octubre de 2018 a las 18:42 0 Reporte Insertar 0
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