Los Reinos de Bazú Seguir historia

angellovix Angela Lovix

Los reyes del reino Paraís quieren unir a su hija Calíu con alguien de su orden social y sobretodo con el príncipe del reino Rédaik, pero la princesa no quiere casarse con ninguno de una buena orden social e intenta buscar una manera de librarse de su destino. Por otro lado, el pueblo se está muriendo de hambre y pobreza y solo un grupo llamado Los Rebeldes, están dispuestos a quitar a los reyes del trono para que la situación mejore. Para ello, llevarán a cabo un plan que puede que sea la solución para todos. ¿O puede que no? · · · Historia registrada en Safe Creative con el código 1405050799352 con fecha en 05-may-2014. Licencia: All Rights Reserved


Cuento Todo público.

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Los Reinos de Bazú

El sol rojo y ovalado se asomó por las colinas que rodeaban el reino de Paraís y que servían de límite al reino Rédaik. Más allá de las colinas y del césped anaranjado, se encontraba el pueblo formado por comerciantes, sirvientes, campesinos, guardias, mujeres… En una llanura cerca del palacio, las casas de los ricos, cercanos al rey. Y ya, cerca de las montañas azules que servían de límite al reino Ajois, el palacio donde los reyes Loe y Rala gobernaban.

La princesa observó el cielo amarillo con tranquilidad y el bosque de los alrededores. Árboles de dos metros, de hojas moradas y troncos naranjas, que se extendían por la llanura.

Antes de bajar, recogió su melena morada en un moño trenzado dejando unos mechones por delante y bajó a ver a sus padres, que la esperaban para presentarla a otro prometido más.

Calíu suspiró. ¿Cuánto tiempo tendría que estar así? ¿Mirando pretendientes, evaluándoles y sentirse decepcionada al no encontrar al adecuado?

Bajó las escaleras doradas, recogiéndose el bajo del vestido blanco y se dirigió a la sala del trono siguiendo un pasillo de color rojizo.

Ayer la había visitado el príncipe del reino Rédaik, Shirk. Pero ella le había dicho, después de conocerle un poco, que tenía que pensarlo. En realidad, no tenía que hacerlo. Ella ya sabía que no era el adecuado. Era un completo engreído que se creía el mejor y el más guapo. Y encima intentaba engatusarla sabiendo cómo trataba él a las mujeres: primero muy bien y luego,… a obedecer todo lo que él decía. Pero si le había dicho que lo pensaría, era porque su padre había insistido en que tuviera en cuenta que era el futuro rey de Rédaik y eso podía significar la unión entre los dos reinos.

Antes de entrar, llamó tres veces en los grandes portones de plata y esperó a que sus padres le diesen permiso para entrar.

_ Puedes pasar, hija mía – se oyó dentro después de un silencio.

Ella se dirigió a sus padres e inclinó levemente la cabeza antes de sentarse a la derecha de su madre.

_ Querida, te presento a Vejair, noble de la corte. Tiene un título de militar – presentó su madre

Ella dirigió una mirada a su supuesto pretendiente y le evaluó con una mirada. Sus ojos de color morado se clavaron en el muchacho, que intentó parecer impasible, sin mucho éxito.

_ Encantada – dijo por fin – Soy la princesa Calíu.

_ Es un honor conoceros, mi princesa. Si me permitís, hoy estáis preciosa. Espero que se me permita llevaros a dar una vuelta por el bosque para conoceros mejor, si no os importa.

Calíu sonrió con los ojos entornados y se volvió hacia él.

_ Será un placer, Vejair.

_ Tráela antes de que el sol llegue a las montañas – dijo el rey –. Y, Calíu antes de tomar una decisión cuéntanos que te pareció, ¿de acuerdo?

Ella asintió y cogiendo el brazo de su nuevo pretendiente, salió de la sala del trono y se dirigieron a las puertas rojas, que eran la salida del palacio.

_ Vejair, ¿sabes quiénes son Los Rebeldes? – Preguntó ella al salir, pero no le dejó responder –. Es el único grupo del pueblo que no está de acuerdo en como mandan mis padres y quieren echarles del poder. No los culpo por eso. En realidad, tienen toda la razón. El pueblo sufre de hambre prácticamente siempre y pocos sobreviven. Y como son los únicos que se atreven a rebelarse contra el poder, fueron llamados Los Rebeldes, aunque para los del pueblo son Los Salvadores.

_ Sé quiénes son. Y sé que el pueblo se muere de hambre por culpa de que los reyes no distribuyen bien el dinero. Por esa razón, también quería casarme contigo. Era una de las maneras de evitar eso.

Sin decir nada más, se adentraron en el corazón del bosque y caminaron un buen rato, hablando tranquilamente y evaluándose el uno al otro.

Vejair se dio cuenta enseguida de que Calíu no era igual que otras mujeres que había conocido. En su lugar, otras mujeres habrían intentado estar más tiempo junto a él para poder casarse con él y así tener un título. En cambio Calíu le daba igual si tenía títulos importantes o no. En cambio, a Calíu había descubierto que Vejair estaba algo desesperado por encontrar una mujer y un buen título. ¿Y qué mejor título que una princesa que heredaría el reino Paraís? Aunque, para alivio de la princesa, no era tan engreído como Shirk.

Después de dar un paseo, Calíu decidió volver a palacio porque se sentía cansada de estar con Vejair. Aceptando la propuesta, dieron la vuelta por donde habían ido, volvieron a palacio y se despidieron.

Narí, la sirvienta de sus padres la vio entrar y la saludó. Ella la sonrió y se dirigió a la sala del trono para ver a sus padres.

Después de llamar y esperar a que la dejasen pasar, entró.

_ Padre, madre – inclinó la cabeza.

_ Hija mía – la saludó su padre alzando la cabeza – Dime, ¿qué os ha parecido Vejair?

_ Es agradable. Aunque no estoy enamorada de él…

_ Eso no me importa – cortó él – La cosa es que te parece agradable. Bueno, habría preferido que hubiera sido así con el príncipe Shirk. Pero algo es algo.

Ella hizo una pequeña reverencia y se dirigió a la puerta.

_ Antes de que te vayas, – interrumpió su madre – tienes tres días para pensarte con quien te vas a casar.

Se dirigió a la puerta, salió y se fue al patio del palacio que daba a las montañas.

Se sentó en la hierba y se deshizo el peinado, dejando el pelo suelto.

Suspiró y se tumbó. “Tres días” pensó vagamente. Tenía solo tres días para pensar con quién casarse. “Ojalá que me pueda librar de esto de alguna manera”

Miró hacia las montañas. La más alta de todas ellas se llamaba Nateraí, y se la identificaba como la morada de los dioses que vigilaban los tres reinos de Bazú.

Al cabo de un rato, oyó a alguien ir hacia ella y esta levantó la cabeza.

_ Buenas tardes, princesa

_ Ah… eres tú, Narí

_ ¿Qué tal? ¿Se va a casar con Vejair? – preguntó ella –. La última vez me dijo que con Shirk no.

_ No sé si me voy a casar con Vejair, Narí. No sé con quién casarme. Sé que mis padres desean que me case con Shirk, por mucho que me dejen elegir. Y a veces pienso, que harán lo posible para que me case con él.

Narí le sonrió.

_ Debo irme a limpiar. Ya hablaremos en otro momento.

La princesa asintió y vio alejarse a la criada hasta que desapareció por la puerta.

Se dirigió corriendo a la sala del trono y llamó varias veces con insistencia.

_ Pasa, Narí. ¿Qué puedes contarme? ¿Aceptará a Vejair?

Ella entró y corrió hacia el rey, tropezando con la alfombra verde y quedando de rodillas a él.

_ Está todavía pensándolo – informó ella – No lo tiene muy claro y eso a mí me suena como un no.

_ Espero que sea así – dijo el rey levantándose del trono – Deseo fervientemente casarla con el príncipe Shirk y mi esposa está totalmente de acuerdo. Por fin uniremos dos reinos: Paraís y Rédaik.

_ ¿Sigo observándola? – preguntó todavía arrodillada y mirando al suelo.

_ Por supuesto. Será necesario para ver que decide – sonrió maliciosamente.

Narí inclinó la cabeza y se fue para empezar a limpiar. Mientras limpiaba el suelo del pasillo, alguien llamó a la puerta de salida. Esta se levantó para abrir.

Era el príncipe Shirk, que le dijo que quería ver a la princesa Calíu para intentar convencerla.

_ Esperad aquí; voy a avisar al rey

_ No hace falta – dijo éste detrás de ella – Ya estoy aquí. Puedes pasar, príncipe Shirk.

_ Muchas gracias, majestad.

_ Gracias a ti por venir, Shirk. Me gustaría que se pensara algo más tu propuesta.

Shirk hizo una reverencia y el rey se hizo a un lado para dejarle pasar. Pasó y se dirigió al tercer pasillo y giró a la derecha. Se encontró con las verjas descritas por el rey y empujó para abrir. Entró en el gran jardín y vio a lo lejos a Calíu sentada en la hierba de espaldas a él.

_ Princesa Calíu – hizo una pequeña reverencia – He venido a verla y pedirla dar un paseo por el bosque, ¿sería posible? y así podrá pensar más en aceptarme.

_ Será un placer dar un paseo. Pero no creas que con eso, ya te diré que sí.

Él suspiró cansado, intentando pensar en cómo iba a convencer a una princesa tan cabezota. Salieron del palacio, no sin antes despedirse de los reyes, y se dirigieron al bosque por el que ella había paseado con Vejair, y se dirigieron a un camino que guiaba al río Nat. Este nacía en la montaña Nateraí y se ubicaba en la parte oeste del reino Paraís.

Se sentaron cerca de la orilla e intentaron mantener una conversación estable sobre el pueblo, que llevaba años muriéndose de hambre.

_ ¡Pero están muy pobres! – defendió Calíu – Debería decir a mis padres de nuevo cómo está el pueblo para que lo arreglaran. Seguro que no se dan cuenta. El pueblo es el motor de la economía del reino. Sin ellos, nosotros también moriremos.

_ ¡Tonterías, princesa! El pueblo está para servirnos, no para que le sirvamos – replicó –. Ya están acostumbrados. Déjalo estar.

_ Creo que estoy empezando a tener claro a quién voy a elegir – comentó entre dientes.

_ ¿Ah, sí? – dijo ilusionado – ¿Y qué has decidido?

Pero la princesa no pudo responder, porque algo o alguien los interrumpió.

_ ¡Vaya, vaya! – sonó una voz de entre los árboles

De entre los árboles, salió un grupo de tres personas con la cara tapada con una máscara. Dos eran chicos y la otra parecía una chica. Los rodearon. Los dos hombres sacaron dos espadas y la chica sacó de su cinturón una cuerda.

_ Los Rebeldes – murmuró Shirk – ¡No os atreváis a acercaros a nosotros! ¡Voy armado!

_ ¡Cállate idiota! –. Le puso la espada en el cuello y Shirk tuvo que alejarse un poco para que el filo no le alcanzara – Danos a la princesa.

_ ¿Por qué piensas que te la voy a entregar así como así? – replicó.

_ Porque si no lo haces por las buenas, lo haremos por las malas – sonrió.

_ Date más prisa y coge a la princesa de una vez – replicó el otro chico –. Dudo que te la dé por sí mismo.

Este asintió, hizo una señal a la chica y ella se acercó a la princesa con la cuerda en una mano y una daga en la otra. La princesa se empezó alejar, pero detrás de ella se encontraba el otro chico apuntándola con la espada. La chica le agarró las muñecas y se las ató con la cuerda mientras el otro ataba a Shirk a un árbol y fueron alejándose a pesar de que Calíu tiraba de la cuerda para que no la secuestraran. Cansados de tirar de ella, uno de los chicos le dio un golpe y esta cayó al suelo desmayada. La cogió del suelo, la cargó a su espalda y se dirigieron a una barca que habían dejado oculta entre las rocas rosas y la metieron en el agua del río. Se dirigieron al camino de la izquierda y fueron acercándose poco a poco a la cascada y la traspasaron, mojándose las ropas.

Pusieron la barca en la orilla y salieron de ella. El mismo chico de antes, volvió a cargar con la princesa y los otros dos le siguieron.

Calíu parpadeó y al ver que estaba lejos de palacio y que la habían secuestrado, empezó a patalear, intentando liberarse del secuestrador que la cargaba.

Este la gritó algo que no entendió en un principio.

_ ¿Qué? – dijo ella

_ ¡Que pares! – gritó de nuevo- ¿Pero es que las princesas no estudian bazuíno antiguo?

_ Sí, pero no estaba pensando en que alguien lo hablase. No he oído a nadie hablarlo – dijo ofendida, dejando de patalear.

_ Si lo hablamos es para que el resto no nos entienda.

_ ¿Al menos puedes bajarme? Sé caminar.

Este paró y la bajó. Sujetó las cuerdas que ataban sus muñecas y tiró de ellas pero dejando que ella anduviera por sí sola.

_ ¿No era malo que alguien descubriese nuestro escondite? – preguntó la chica al chico que llevaba a Calíu

_ Recuérdame por qué la hemos traído a ella – dijo éste dirigiéndose al otro chico que parecía más joven

_ Lo echamos a boleo, ¿recuerdas?

_ Oh, sí. Recuérdame que la próxima vez no lo hagamos así.

La chica refunfuñó.

_ Entonces da igual que nos vea la cara, ¿no? – dijo ella intentando enfadarle

Pero este se encogió de hombros y se quitó la máscara que llevaba. El resto hizo lo mismo. Calíu los observó. La chica tenía unos ojos color plata, la piel blanca y el pelo largo hasta las rodillas, también blanco. El chico más joven tenía el pelo rojo como el sol, la piel blanca y ojos dorados. Y el otro, que era mayor que los otros dos, tenía el pelo azul oscuro, la piel más oscura y ojos del mismo color que el pelo.

_ ¿Puedo preguntaros cómo os llamáis? – preguntó Calíu con timidez.

_ Yo soy Sarlok – respondió el mayor – Esos dos son Goser y Licaí. ¿Y cómo te llamas tú, niña?

_ ¡No soy una niña! – replicó ofendida – Y me llamo Calíu.

_ Bien, pues encantado – dijo con tono burlón.

Entraron en una cueva y se adentraron hacia una luz. Tres personas los vieron y se dirigieron hacia ellos y miraron a la princesa de arriba abajo.

_ Es igualita que yo – dijo la otra chica observando a Calíu – ¿Quién es? ¿La princesa?

Goser asintió.

_ Yo también pensé lo mismo al verla, Ramna – dijo Sarlok – Calíu te presento a Rolav, Riom y Ramna.

Esta miró a los tres. Rolav tenía el pelo naranja y los ojos rojos y la piel blanca, Riom tenía el pelo amarillo y los ojos azules y Ramna era igual que ella, solo que ella tenía el pelo recogido en una trenza.

_ Ya sabéis cuál es el plan, así que haremos un trato a cambio de ella y si no, la mataremos

_ Pero, ¡por los dioses de Nateraí! ¿Es qué yo soy la culpable de vuestros males? – replicó Calíu.

_ No – respondió Rolav –. Pero así vendrán a buscarla solo para liberarla.

_ Pero no veo necesario que os rebajéis a ese nivel.

Sarlok la ignoró y preparó un papel para los reyes del reino.

En el palacio de Paraís, Shirk había ido a informar a los reyes después de haberse liberado y contaba cómo el grupo le había atado a un árbol.

En ese momento, alguien llamó y el rey le hizo pasar.

_ Los Rebeldes nos entregaron esta nota –; se la entregó.

El rey se la quitó de las manos y la leyó.

“Entrega el poder y recupera a tu hija u observa cómo muere. Firmado: Los Rebeldes”

_ ¡Esto es indignante!

_ Yo mismo iré a buscarla – dijo Shirk.

_ ¿Tú solo? – Preguntó el rey incrédulo – Mejor que alguien te acompañe.

_ Yo lo acompañaré – dijo una voz entrando por la puerta – No me quedaré de brazos cruzados.

_ Vejair… – murmuró el rey – De acuerdo, intentad recuperar a mi hija. Si no, me veré obligado a aceptar el trato de Los Rebeldes.

Ellos asintieron e iniciaron la marcha al bosque siguiendo a donde Shirk la había visto por última vez.

_ Así que – murmuró Vejair cuando llegaron – aquí la viste por última vez. Bueno, solo pudieron ir a Ajois o ir hacia la cascada donde no hay nada.

_ Yo iré hacia Ajois – dijo Shirk con orgullo –. Seguro que Los Rebeldes están allí. Sería un buen escondite.

Vejair vio alejarse al príncipe y decidió coger una barca de todas las que había a la orilla para poder llegar hasta la cascada. La empujó con todas sus fuerzas hacia el agua y se montó en ella. Cuando llegó hasta ella, no vio nada raro y estuvo a punto de volver por donde había venido. Pero de repente, una corriente le llevó hacia la cascada traspasándola. Al principio, antes de traspasarla, pensaba que se iba a chocar con una roca pero se llevó una gran sorpresa al ver que seguía vivo y que se encontraba en un lugar apartado del reino pero sin siquiera salir de Paraís.

Todavía atónito, llevó la barca hasta la orilla y la arrastró escondiéndola entre los árboles por si alguien la veía. Se adentró por el gran bosque de su alrededor mientras la oscuridad se cernía por los alrededores.

Cuando pensó que no llegaría a ningún lado, se paró cuando oyó unas voces a lo lejos y decidió trepar a un árbol cercano para que no le vieran.

_ ¿Seguro que no notarán la diferencia? Ya sé que os parecéis mucho Ramna, pero no creo que tengáis la misma personalidad – dijo una voz

_ Intentaré ser como ella. De todas formas, parece bastante agradable incluso para ser princesa – respondió esta – Vamos a coger comida y volvamos a la cueva, Riom.

El aludido debió de asentir porque al poco rato, Vejair observó dos sombras desaparecer en la oscuridad del bosque y a la media hora volver con comida. Este esperó a que se alejaran un poco para poder seguirlos hacia su escondite y los siguió con cuidado de no hacer ruido. Con la noche era bastante difícil saber dónde se encontraban las dos sombras que seguía pero consiguió distinguir una luz en una cueva, por lo que pronto las dos sombras se convirtieron en figuras visibles.

_ Ya hemos vuelto, ¿qué tal la prisionera? – dijo Riom con retintín.

Pero nadie pudo responderle a tiempo porque Vejair entró en la cueva con una espada en la mano.

_ ¡Alto, estáis arrestados por el secuestro de la princesa! – dijo Vejair apuntando a uno de ellos con la espada – ¡Entregádmela ahora mismo!

Éste levantó las manos en señal de paz.

_ ¡Vejair! – se sorprendió Calíu que justo por el ruido fue a ver quién había venido – ¡Por favor, baja la espada!

Vejair miró extrañado a la princesa pero le hizo caso y bajó la espada.

_ ¿Me puedes explicar por qué los defiendes? No entiendo nada.

Calíu hizo una seña a todos para que se sentaran con ella y ellos aceptaron la propuesta.

Vejair miraba con desconfianza al grupo que se sentó a su lado. Pero sobre todo, no pudo evitar mirar a Ramna y mirar a la princesa. Se parecían tanto que sorprendía el gran parecido físico.

Cuando todos estuvieron reunidos, Calíu le explicó que Los Rebeldes habían pensado en sustituirla por Ramna en el trono para que ella mandase y para que ella pudiese casarse libremente. Le explicó los problemas que tenía el pueblo y que ella no quería mandar. Que no quería gobernar, que prefería quedarse con el pueblo, libre y casándose con quien ella quisiera.

Vejair intentó asimilar toda esa información, a pesar de que no lograba entenderlo.

_ Pero, ¿Ramna quiere mandar? ¿Quiere casarse por obligación? – preguntó

_ Sé mandar – respondió Ramna –. Y es algo que se me da bien. Supongo que lo de casarme, ya lo arreglaré. Además, tú eras uno de los pretendientes de la princesa, si mal no recuerdo.

_ No recuerdas mal, ¿pero sabrás actuar como una princesa?

_ He tenido unas pequeñas clases – señaló a Calíu con la mirada que sonrió avergonzada.

_ Al menos respóndeme a una pregunta, princesa, ¿por qué no quieres mandar?

_ Estoy harta de siempre tener que mostrar al pueblo que yo no me puedo divertir sin que hablen mal de mí, harta de no poder casarme con quien yo quiera, harta de seguir siempre las normas y, sobre todo, harta de la diferencia de sociedad – respondió cabizbaja.

_ Así que, tengo que llevarme a Ramna, – señaló a la chica con la mano – decir que eres tú, que no encontré a los secuestradores, casarme con ella y gobernar el reino mientras tú… vives la vida

_ Bueno, sí. Por favor Vejair – suplicó la princesa – Compréndeme, no es la vida que deseo. Hazme ese favor. Eres una persona muy agradable, pero no estoy enamorada de ti, y lo que menos quiero en el mundo es hacer daño a alguien.

Vejair se mordió el labio inferior y miró a todo el grupo que estaba a su alrededor.

Estaba claro que ellos no iban a dejar escapar a la princesa si la obligaba a ir y tampoco quería obligarla a ir a un sitio donde no quería. Por otra parte, tenían a una persona totalmente igual que ella y si ella si casaba con él, el pueblo estaría a salvo del hambre de una vez por todas y todos tendrían todo lo que habían querido.

No se podía creer lo que iba a hacer, pero no era mala idea si Ramna había aprendido bien. Y no quería dejar sola a Calíu.

_ Calíu estará bien con nosotros. Estate tranquilo – le dijo Licaí, adivinando sus pensamientos

_ Está bien; me llevaré a Ramna al palacio y se casará conmigo – dijo suspirando – Espero que hayas aprendido bien, porque tendremos que marcharnos ya.

Ramna puso los ojos en blanco, se acercó a él y le besó un poco. Vejair se sorprendió y se sonrojó, mientras que ella sonrió con satisfacción.

_ Suerte, chicos – nos dijo Calíu con una sonrisa –. Y sobre todo, suerte con mis padres, Vejair. Puede que intenten casarla con Shirk, así que demuestra que eres bueno para ella.

Él asintió y se despidió del grupo que en un principio creyó por malos, pero realmente le habían sorprendido.

Saliendo de la cueva y cogiendo la barca, se encaminó con Ramna hacia el palacio. Mantuvieron una conversación sobre sus gustos y Vejair en seguida sonrió. Ramna tenía algo que le gustaba y le atraía, aunque no entendía por qué. Al fin y al cabo, la princesa era igual que ella físicamente.

Llegaron al palacio donde también se encontraba Shirk e informaron el deseo de la princesa de casarse con él y Vejair hizo todo lo posible para que aceptaran. Los reyes, al final, se vieron obligados a aceptar el trato y al día siguiente celebraron una boda, mientras en el bosque, Los Rebeldes, por fin contentos de lo que habían conseguido, vivían felices y contentos con su nuevo miembro y con uno menos.

El pueblo no sufriría más veces por hambre y pobreza.

27 de Septiembre de 2018 a las 17:29 0 Reporte Insertar 1
Fin

Conoce al autor

Angela Lovix Chica española de 22 años; ama escribir por encima de todo. O quizá después de leer. Sabe español, inglés, algo de francés y algo de italiano. Estudiando japonés por el momento. Es o bien una posponedora o buena organizadora. Tiene un gran problema con el chocolate. Ama el arte. Odia la hipocresía y la gente falsa. Demasiado honesta y amable para este mundo. Sarcástica las 16 horas del día. El resto de horas está durmiendo. Tiene una relación amor-odio con la humanidad en general.

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