El Último Ángel Seguir historia

M
Melissa Ronco


Despertar en medio de un bosque sin recordar nada, es una manera extraña de empezar a vivir. Todos esperan por el, el último ángel creado por dios. La raza esta por terminar y nadie hará nada por prosperarla. Pero Dios tenia un propósito para el, destruir al arcángel mas poderoso que se revelo contra el. Amenazando con la destrucción de todo el mundo y quitándole las alas blancas a todos sus ángeles, para poner en su lugar unas negras como sus intenciones. ¿Pero como destruyes a quien enrealidad amas? Eileen no conoce nada de este mundo, menos quién es a quién tiene que enfrentarse. Pero todo fue planeado, hasta lo que fuera a surgir entre ellos.


Romance Religión o Espiritualidad Todo público.

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Capítulo I

Mi cuerpo estaba helado, sentía el frío viento zumbar mis oídos mientras acariciaba mi cuerpo entumecido. Abrí los ojos mirando la blanca nieve a mi alrededor, cubriendo los tétricos árboles que me rodeaban ¿Dónde estoy? Mejor aún ¿Quién soy? Mire mis manos y toque mi rostro, me pellizque, cerré los ojos con fuerza, pensando que nada era real. Pero el frío que sentía me avisaba que todo eso si estaba pasando.

Me levante sobre mis pies, parecía que no tenían fuerzas, como si estuviera aprendiendo a caminar, y observe mi cuerpo totalmente desnudo ¿Qué estaba sucediendo? Moría de frío, y hambre. No recordaba nada, ¿quién era yo antes de esto?

Todo a mí alrededor me confundía, el paisaje era blanco o negro. La mejor opción que tenía por el momento es encontrar un lugar donde refugiarme de este frío, o encontrar a alguien que me ayude, pero la nieve y la intensa niebla dejaban ver poco. Aun así, camine entre todo eso, quieta no lograría nada. Mis músculos parecían endurecerse poco a poco y el frío empezaba a sentirse hasta en mis huesos. No iba a durar mucho así y empezaba a asustarme.

Ya convencida de que no encontraría nada, me senté junto a un árbol, con la esperanza de evitar que el viento frío no llegara a mí y la nieve no congelara más mi piel, pero era inútil, en cualquier momento podría morir.

No lograba comprender nada, mucho menos recordar algo antes de mi llegada ahí. Trate de envolver mi cuerpo con mis manos para evitar un poco más el frío, pero era imposible. No obstante, una ola de viento fuerte me chocó de frente con tanta fuerza que pensé que se me rasgaría la piel. Pese a que me costó, abrí los ojos mientras los cubría con mi mano, segundos después este seso ¡por fin! ¡Pensé que me congelaría!

¡Hay alguien! ¡Encontré a alguien que me ayude! A unos doscientos metros podía ver una silueta que definitivamente no era un árbol, no podía distinguir si era hombre o mujer. Llevaba una capa negra larga que cubría parte de la nieve a su alrededor. Su capucha tapaba casi por completo su rostro y la oscuridad ocultaba el resto.

—¡Hola! ¡¿Puedes ayudarme?!— es mejor acercarme, dudo mucho que logre oírme con el viento soplar así.

No se movió ni un milímetro, estaba rígido, pero sabía que me estaba mirando, sospeche que podría estar congelado, o estaba alucinando. Camine lento y con precaución hacia él, había algo dentro de mí que me decía que tenía que ir, como una voz interna gritándome que lo hiciera, pero por otra parte, me asustaba.

—¡¿Hola?!— grite aún más fuerte, con la esperanza de que me escuchara.

Me detuve justo en el momento cuando sus brazos se elevaron a la altura de sus hombros. Parecía invitarme a ir, ofreciéndome ayuda. Lo dudé, tenía una lucha interna en correr hacia él o correr en sentido contrario, no sabía que hacer, pero al siguiente paso que di los resolví. Sus manos se inclinaron hacia adelante y miles de sombras salieron de detrás suyo hacia a mí.

Por unos segundos me quede paralizada, mi corazón detuvo su ritmo y lo reanudo con una frecuencia tan rápida y fuerte que mi pecho dolió ¡¿Qué es eso?! Lo que fuera, quería hacerme daño ¡Hay que correr! ¡Ya! Era difícil hacerlo, mis pies se hundían en la nieve y de vez en cuando me caía. Las ramas de los arboles a veces me lastimaban los brazos, pero del miedo no sentía dolor alguno ¿Por qué me ataca si no he hecho nada malo? No mires atrás, era lo único que pensaba. Sabía que en cuanto lo hiciera entraría más en pánico.

- ¡por favor detente! ¡no quería hacer nada malo! – grite, del miedo no podía evitar llorar.

Lo sé, una voz retumbo en mi cabeza, pero no estaba segura de si en verdad me estaba contestando, o lo estaba imaginando. Miré rápidamente hacia atrás y descubrí que aquellas sombras aun me seguían de cerca, muy cerca. Un grito se escapó de mi garganta, mi cuerpo se elevó por los aires y aterrizo bruscamente en la nieve ¿me habían alcanzado? ¡Me levantaron en el aire! ¡¿Cómo es eso posible?! Retome mi escape enseguida, ahora que lo pienso no estaban lo suficientemente cerca como para poder haberme hecho eso. Aun así, eso no interesaba en lo más mínimo, era necesario que saliera de ahí cuanto antes ¿Pero a dónde?

El bosque se acabó después de una intensa corrida en línea recta. Podía observar un puente de madera tallado, debajo cruzaba un rio totalmente congelado por el frío, mi cuerpo terminaría así en cualquier momento.

Me gire una última vez hacia lo que sea que me estaba atacando para descubrir que había desaparecido. Mi pecho subía y bajaba frenéticamente, además de por la corrida, por el miedo que tenía ¿esos eran fantasmas? Un escalofrío recorrió mi espalda. Por mi seguridad seguí corriendo buscando un lugar donde esconderme hasta saber que definitivamente todo había pasado y me sintiera segura.
Mi aliento se dispersaba en una nube blanca que me daba la sensación de que caería congelada en pequeños hielitos, no puedo creer el frio que hace, aunque pensándolo bien ¿alguna vez sentí frio? No recuerdo haber sentido en otro momento lo que es tener frio de verdad.

Del otro lado del puente había un enorme castillo y veía mucha gente caminar a sus alrededores en un amplio jardín adornado por el hielo y una fuente que ya no largaba agua. Una estatua de una ninfa fue mi mejor escondite, además me refugiaba del frio viento entre esta y la pared de atrás y nadie me veía. Ya no estaba muy convencida de pedir ayuda después de lo que paso. Envolví mi cuerpo con mis brazos con la esperanza de darme algo de calor. Las heridas de los arboles empezaban a sentirse, ahora que la adrenalina había pasado.

Mi conciencia me pedía a gritos que corriera al castillo a esconderme para refugiarme del frio, y tenía razón. Aquí afuera no iba a durar mucho sin nada cubriendo mi cuerpo. Cuando nadie estuvo observando, corrí a la ventana más cercana, la luz me hacía pensar en la calidez y me llamaba como algo divino. No había nadie en esa habitación, asique rápidamente abrí el helado vidrio y me arroje adentro como un náufrago tratando de tocar tierra firme.

El calor me envolvió por completo, el lugar era agradable, obviamente comparado a lo que era afuera. Todos los muebles eran de madera finamente tallada y decorada. Parecía un tipo de aula, había escritorios dobles de roble con sus bancos, eran alrededor de veinte. Adelante había uno aún más grande rodeado de muebles poblado de libro y un gran pizarrón negro opaco en el fondo. Definitivamente un aula.

Alrededor en las paredes había más muebles, algunos con vidrios dejando ver más libros y algunos instrumentos que no sabía que eran ni para que servían. Los demás eran totalmente cerrados. La puerta delantera tallada con figuras ininteligibles sobresalía de la pared del fondo, dándome un buen escondite de los dos lados, totalmente oscuro y me podría camuflar con la pila de cacharros escondidos allí.

—No lo sé Saurs, — una voz del otro lado de la puerta me puso alerta —es muy peligroso, — corrí a la oscuridad y me oculté lo mejor que pude. Prefiero que, hasta que no esté bien segura de donde estoy, no me encuentren, podrían atacarme de nuevo —además sabemos que ha llegado hace unos minutos, pero no sabemos dónde— estaban buscando a alguien definitivamente ¿sería la persona que vi en el bosque minutos atrás? Oh, amigos, no saben en donde se están metiendo ¡Esa persona está totalmente loca! La puerta se abrió con un gran sonido, era realmente pesada por lo que se podía notar.

—No podemos dejar que él lo encuentre, sería el final de todo, lo eliminaría y perderíamos toda esperanza— dos hombres caminaron hacia el escritorio de enfrente, ninguno de ellos se percató de mi presencia, gracias a Dios —tenemos que ir a buscarlo, reuniré hombres y revisaremos los alrededores.

Los dos giraron hacia la puerta, dejándome apreciarlos un poco más, uno tenía el pelo corto y blanco, sobre él una puntiaguda corona dorada se hacía notar por su belleza. Oro brillante con magnificas piedras incrustadas. No era muy alto y la larga capa roja que lo perseguía arrastrándose por el piso, obligada por el amarre a su cuello, lo hacía ver aún más bajo. El otro era alto y cuando se apoyó en el escritorio largando un largo suspiro, pude ver su emblemática belleza. Su pelo oscuro y brillante, sedoso a simple vista, sus llamativos ojos celestes enmarcados por unas espesas pestañas. Su boca era perfecta, me invitaba a tocarla. Sus anchos hombros habían resaltado sus músculos cuando cruzo sus brazos mientras pensaba. Y me hipnotice. Que persona tan hermosa. Además, tenía un aura que emanaba bondad. Pero no pensaba arriesgarme.

—Es muy peligroso, tanto para ti, como para los hombres, o todos los que vivimos aquí— el tono del anciano era severo, imponía respeto, hasta a mí me dieron ganas de disculparme.

—¿Y que va hacer Rey Adaonn? ¿no va a hacer nada? ¿dejara que lo encuentre él? — su puño golpeo la madera en donde estaba apoyado, haciendo vibrar algunos objetos que había sobre él.
Parece que a él no le afecta tanto como a mí la manera de hablar del otro hombre.

—Cálmate Saurs— de repente parecía que toda superioridad se había terminado, lo cual., no sé porque, me relajo —lo han creado para salvarnos de semejante demonio, estoy seguro de que vendrá a nosotros dispuesto a ayudarnos - me encantaría saber quién es esa persona, resulta emocionante.

Saurs resoplo molesto y rodeo su escritorio, minutos después comenzaron a aparecer más personas, o lo que sea que fuesen. Todos se reverenciaron mientras el anciano caminaba devuelta a la puerta. Podía notar diferentes tipos de criaturas. Había dos elfos que asegurarían que me llegarían a mi rodilla, vestían ropas marrones y tenían el aspecto de haber trabajado todo el día en la tierra. Cerca de ellos había tres hermosas muchachas que estaban casi desnudas, excepto por cadenas de hojas que rodeaban su cuerpo. Sus orejas eran puntiagudas y me vi a mi misma revisando las mías para corroborar que no era una de ellas. Sus pelos eran cortos y se enderezaban hacia arriba. Ninfas.

Uno tenía el cuerpo como humano y la cabeza peluda parecida a un gato, con ojos rojos. Dos más que pude identificar como minotauros y cinco más que parecían personas comunes, tres hombres y dos mujeres.

Cuando el rey desapareció detrás de la puerta, todos tomaron asiento y Saurs los observo, sacaban libros y lápices.

—Buenos días, hoy estudiaremos el comportamiento de los Japirsons, abran sus libros en la página ciento setenta y nueve, verán una imagen de un ave con cabeza de zorro— esto es una locura.

Mi estómago gruño con fuerza y rogué que nadie me haya escuchado. Saurs dio media vuelta y comenzó a escribir en el pizarrón. Mis ojos viajaban entre todos los estudiantes buscando testigos. Y lo encontré. Una de las chicas que parecían normales, estaba sentada en el último banco enfrente de mí, se giró y sus ojos se abrieron enormes al verme entre la oscuridad ¡¿Por qué tanta mala suerte?! Pero vio el miedo que seguramente reflejaba mi rostro y no dijo absolutamente nada. En silencio y aprovechando que el profesor no la estaba mirando, comenzó a buscar en su bolso. Entre en pánico ¿Qué si era un arma? ¿Me mataría en frente de todos? Su mano se deslizo hacia afuera y mi corazón dio un salto. Pero lo único que saco fue un sándwich, envuelto con una tela. Lo coloco despacio en el suelo, procurando que nadie la viera y acto seguido lo empujo con su talón, deslizándolo justo entre los cacharros y yo.

Me quede observándola mientras me ofrecía una sonrisa por encima de su hombro y volvía a poner atención a la clase. No puedo creerlo, al fin alguien que me ayude. Con sumo cuidado de no hacer ruido y no tirar nada, alcancé el sándwich y en silencio lo devoré en segundos. Moría de hambre y alguien me había ayudado entre tanto miedo que había pasado, esta chica es un ángel para mí. Sin duda.

La clase continuo y en momentos pensé que iba a dormirme. No entendía nada de lo que decían y de que hablaban. Todas eran palabras que no conocía en lo más mínimo. Pero ¿Qué se podía esperar? Ni siquiera sabía quién era yo. Cuando termino, todos salieron de la habitación. La chica que me había dado comida me dio una leve mirada de soslayo y sonrió caminando hacia la puerta. Me encantaría conocerla.

Solo quedábamos Saurs y yo. Tomo asiento en su banco y se froto la cabeza con las manos. Parecía preocupado por algo y sabía muy escasamente por que era. Me quede observándolo mientras meditba en silencio. Llevaba una camisa blanca inmaculada, parcialmente cubierta con un saco negro y un pantalón del mismo color, al igual que sus zapatos.

Minutos después resoplo con fuerza y golpeo la madera como ya lo había hecho antes haciéndome dar un respingo. Casi me infarto. Se levantó con mucha energía y dio grandes zancadas hacia la puerta. Que suerte, estoy salvada y nadie me descubrió, bueno casi. Suspire tranquilizándome. Pero esa no fue mi suerte. No había escuchado que había cerrado la puerta y eso era porque todavía no había salido.

El hombre se asomó por la pared que me daba la oscuridad y rogué e imploré que no me viera. Pero si lo hizo, era obvio. Me arrinconé lo más que pude, sintiendo mi corazón latir con fuerza. Que no me haga daño, que no me haga daño. Cuando lo tuve de frente observándome, me abracé a mí misma para consolar mi miedo y cerré mis ojos con fuerza temiendo lo peor. Iban a matarme por meterme aquí sin permiso y ya esperaba de cualquiera que miles de sombras salieran detrás queriendo atacarme. Mi Dios.

-—Oh, niña ¿Qué te han hecho?— susurró y abrí mis ojos asombrada por la compasión que había sonado en esas palabras, miraba mis brazos arañados y sangrando.

En un par de movimientos sacó su saco y corrió la pila cacharros que me protegían, pero no tantos para su fuerza, quitándolos de en medio tan fácilmente, que me vi asombrada, pero vulnerable ante él. Aun asi ya no sentía tanto miedo, parecía querer ayudarme. Paso la tela por mis hombros y lo observe directamente a los ojos. No veía maldad alguna en él, solo secretos, esos secretos que duelen y se notaban.

—Estas toda lastimada— solamente lo observe, no sabía que decirle, de verdad esperaba que me hicieran algo por meterme aquí sin permiso —¿Quién eres? ¿Cómo te llamas?

—Yo...— mi voz salió en un murmuro —no lo sé— su ceño se frunció confundido a mi respuesta.

—Ven, te daré ropa, tengo que informarle al Rey.

Sus manos me sujetaron delicadamente de los brazos y me ayudaron a ponerme de pie. Acomodo el saco para que cubriera toda mi desnudes, siempre mirándome a la cara. Tenía la sensación de que lo hacía para que no pensara que aprovechaba que estaba desnuda para mirarme. Y esa actitud me gusto y me resulto tierna, más aún cuando vi como sus mejillas se sonrojaban levemente.

Caminamos a la puerta mientras me sujetaba por los hombros, cuidando que nada se expusiera. Me sentía, protegida, me gustaba, se sentía muy bien, después de todo lo que había pasado. Por fin sentía algo de tranquilidad.

—¡Botfyt! — su repentino grito me hizo sobresaltar y se dio cuenta —uhm, lo siento.

Por mi parte, me dio vergüenza, eso fue patético. Una especie de duende vede, arrugado y raro apareció delante de nosotros. Nos observaba como si hubiese encontrado una araña peluda y fea. Lo cual me hizo pensar ¿Tan mal me veo?

—Dile al rey que lo necesito en la habitación cuatrocientos cincuenta y siete— Botfyt asintió y salió caminando tan rápido como podían sus cortas piernas.

Reunirme con el rey me parecía algo malo y peligroso, me ponía terriblemente nerviosa. Podía decidir echarme de aquí y arrojarme de nuevo al bosque, o peor aún, matarme. Un escalofrío recorrió toda mi espalda y Saurs lo noto.

—¿tienes frio? — negué con la cabeza.

Fuera del aula se abría a un pasillo ancho con paredes de piedra. Parecía un castillo de cuentos, todo aquí parecía un cuento, uno muy bueno de fantasía. No había tanta gente adentro como me imaginaba, pero junto a nosotros vi pasar, trols, hadas, ninfas y algunos que no sabía el nombre. Tenían cuerpo humano, pero sus cabezas variaban en distintos animales, o algo. Todos me observaban, tal vez porque no me conocían, o porque iba desnuda con el saco del hombre que me sujetaba por los brazos, pienso que más por el segundo que por el primero.

El pasillo termino en una gran sala, con sillones y estatuas de distintas clases, dragones, armaduras y personas que obviamente no sabía quiénes eran. En el fondo un gran cuadro con una perfecta pintura de un señor canoso con mirada severa, pero a la vez protectora. Era el rey Adaonn. A mi derecha una enorme escalera se dividía en dos, a dos pasillos más que se perdían detrás de la pared del fondo. Era maravilloso, decorado con candelabros y telas rojas y blancas.

—Te daré una habitación y te conseguiré ropa— murmuró Saurs a mi lado y asentí agradecida, con una enorme sonrisa. Al fin y al cabo, eran buenos. Tal vez el rey también lo sea —luego veremos que decide Adaonn, el rey - mi cuerpo se tensó, no estaba del todo segura, parecía muy severo, tal vez me diría que no puedo quedarme - tranquila, es un gran hombre.

—Gracias— murmuré y sentí como suspiraba como tratando de capturar algún aroma placentero

—¿Qué clases de ser eres? — lo mire confundida ¿ser? —¿alguna clase de ninfa? O ¿un ángel? ¿vienes del reino de Diamen? ¿Has escapado?

—¿Quién es Diamen? — ¿otro rey?

—Parece que esa opción no ¿Y bien que eres? — me observo detenidamente mientras seguíamos caminando —una ninfa tampoco ¿hechicera? — ¿eso también existe?

—No creo ser ninguna clase de ser de las que has nombrado y sinceramente desconozco mi procedencia. No recuerdo nada antes de hoy— sus cejas se alzan enormes.

—Tal vez Diamen borro tu memoria para que olvides donde está su reino, lo mismo me hizo a mi— sigo sin saber quién es Diamen y tampoco sé de que reino está hablando. Mi cabeza da vueltas —pero yo recuerdo todo lo demás, por eso me resulta extraño que no sepas ni que ser eres.

Después de subir escaleras y recorrer interminables pasillos emblemáticos, llegamos a una puerta de madera redondeada, con los números cuatro, cinco y siete de hierro clavados en ella. Saurs abrió la puerta y una habitación totalmente oscura me envolvió.

Las velas de los candelabros se prendieron solas y casi doy un grito asombrada ¡Magia! ¿de verdad existe? ¿o tiene alguna clase de mecanismo? Estaba cerca de ellas mirándolas, tratando de descifrar la forma en la que se prendían. Pero no la encontré asique desistí mirando devuelta a Saurs que me miraba sin entender mi reacción, como si todo eso fuera normal ¿entonces de verdad es magia?

—Sientate en la cama y tapate con la sabana, deja las heridas a la vista.

Hice lo que me dijo, entro al baño y volvió con una caja blanca, dentro había unos recipientes.

—son ungüentos, para tus heridas— creo que me lo dijo para que no me asuste, pero no le tenia miedo a el, no se porque, recién lo conocía.

Paso esa crema por mis heridas y sentí un gran alivio, el dolor iba desapareciendo de a poco.

—Te han dejado ropa sobre la cama— señalo la vieja cama de madera en un rincón.

Si allí estaba, era la misma ropa que usaba la chica del sándwich. Pollera, camisa, medias, zapatos, moño, pulóver y saco. Solo que el saco no se lo había visto puesto. Eran negros, excepto por las medias y la camisa que era de color blanco. El saco tenía un logo en colores bordo y dorado, con la letra "A" resaltando.

—Los que no son hijos de la naturaleza, pueden usar ropa, los demás solo pueden usar las que vienen de sus orígenes —todo resultaba tan extraño, pero eso explicaba porque iban todos diferentes a clase —estaré aquí afuera, así puedes cambiarte.

Pasó la puerta y corrí a ponerme algo que al fin me quitara el frio. Mientras me ponía la nueva ropa, trataba de recordar, algo, lo que fuera que haya pasado antes de haber despertado en el bosque. Pero todo era borroso, como si alguien hubiese borrado mi memoria y hubiesen quedado murmuros. De repente algo aparece en mi mente, recuerdo luz, mucha luz. Alguien acariciar mi mejilla, con mucho amor, algo como un padre tranquilizando a su hija. Todo era tan confuso. Confío en ti. Una voz grave retumbo en toda mi cabeza y sentí una calidez interna que me hizo sentir paz.

Ahora entendía menos que antes, parecía irreal, como un fruto de mi imaginación, pero el sentimiento era real. Quería volver ahí, quería estar con esa persona devuelta. Algo me decía que todo era más tranquilo antes de llegar a ese bosque. Pero sigo sin entender nada, ¿Cómo termine allí? ¿y donde estaba la persona que acababa de recordar? No sabía cómo era su rostro, pero quería volver a escuchar esa voz.

Justo cuando termine de cambiarme sumergida en mis pensamientos, tocaron la puerta. La abrí tan nerviosa que mis palmas sudaban. El hombre canoso que ya había visto estaba parado enfrente de mí y atrás de él, Saurs. Creo que debo estar tan pálida que me parezco a la nieve.

—Buenos días señorita...— Adaonn hizo una pausa para que yo terminara la frase y no supe que decir.

—Ella no sabe quién es— Saurs contesto por mí, Adaonn sonrió y se rasco la barbilla mientras me observaba de arriba abajo, poniéndome aún más nerviosa, parecía que el sabia algo más que todos nosotros, o al menos lo sospechaba.

Dos hombres más entraron y cerraron la puerta, vestían capas negras, pero no iguales a la sombra que vi en el bosque, aunque lo sospeche y me dieron ganas de salir corriendo. Daban miedo. Sus rostros eran pálidos innaturales, ojos negros como la noche, al igual que sus cabellos. Los tres se me acercaron y Saurs quedo en la pared del fondo apoyado en ella. Los nervios me estrujaban el estómago y por un momento pensé que iban a golpearme.

El rey tomo mi mentón obligándome a mirarlo a los ojos, desvié mi vista a Saurs, quien me miraba sin entender que sucedía, buscando que me ayudé a salir de todo esto. Parecía alerta y curioso. Volví mi vista a Adaonn, quien sonrió satisfecho.

- Pero que hermosa niña, tienes unos preciosos ojos azules, profundos como el océano - me soltó de repente como si hubiese terminado su trabajo.

Se dio la vuelta mientras apoyaba su mano en el hombro de uno de los hombres pálidos, a quien le susurro algo en su oído, este asintió ¿Qué sucedía?

—Mátenla— mis piernas se aflojaron, lo sabía, sabía que no era nada bueno —podría ser una infiltrada.

—¿Qué? — susurro sorprendido Saurs mientras comenzaba a caminar hacia mí.

Pero el rey apoyo su mano en su pecho deteniéndolo. Los dos hombres se me acercaron, sus rostros se deformaban a cada paso que hacían, mientras pelos comenzaban a crecer a cada rincón y sus ropas se alejaban. No me había dado cuenta que caminaba hacia atrás hasta que choque con la fría pared. Ahora enfrente de mi había dos enormes bestias peludas con enormes colmillos. Me paralice unos segundos.

—Por favor, no he hecho nada, se los aseguro, no quiero morir— las dos bestias que tenía frente a mi rugieron de repente haciéndome pegar un grito tan fuerte que mi garganta se quejó. Cubrí mi cabeza con mis brazos, aunque fuera inútil, podrían destrozarme en segundos, o comerme sin dejar una migaja de mí. Mi estómago se revolvió y tuve ganas de vomitar.

Saurs me observaba como si estuviera esperando algo. O sorprendido por algo. Las bestias e incluso el rey me observaban como si fuera un fantasma. Hasta que una luz me cegó impidiendo que los vea. Mi cuerpo. Brillaba como si fuera un potente rayo. Entre en pánico y corrí a la salida ¿Qué me sucedía? ¿Qué era todo esto? Pero en el momento que eche a correr mi cuerpo se elevó por los aires como ya había sucedido antes y mi cabeza se estrelló contra el techo. Todo se volvió oscuro.

—(-*-)—

El fuerte dolor en mi cabeza me despertó haciéndome hacer una mueca. Algo frio en la parte de arriba calmaba un poco la fuerte jaqueca. Mi mente hizo un repaso de lo que sucedió antes y sospeche estar muerta ya ¡Ay no! Di un salto de la cama y miré mí alrededor. Me encontraba en una habitación distinta a la que había estado antes, era, más lujosa. Una amplia cama doble con telas de gaza colgando del techo. Había un ventanal que daba a un gran balcón decorado por la nieve. Dos cortinas dejaban ver poco. Una biblioteca, un armario, un escritorio y miles de velas alumbrando el lugar. Del otro lado había un sillón y una lámpara. Más cerca los ojos de Saurs me miraban como si fuera un extraterrestre.

—¿Qué sucedió? — tuve que sujetar mi cabeza porque al hablar sentí un fuerte dolor atravesarla.

Debajo de las sabanas mi cuerpo volvía a estar desnudo. Todo lo que recuerdo es que quise salir corriendo y Salí volando por los aires ¿es eso posible? Es la segunda vez que me pasa

—Eres el ultimo ángel creado por Dios— mi corazón bajo a mi estómago y este se retorció de los nervios —pensé que sería hombre, no una mujer.

—¿Qué sea mujer significa un problema? — su comentario me molesto en un pequeño grado.

—No, claro que no, solo fue una suposición errada— se apoyó en el respaldar de la silla en la que estaba sentado largando un suspiro —pero no pensé que ni siquiera sabrías que eras— y yo no podía creer algo así.

—¿Cómo pueden estar tan seguros de eso? — su labio se curvo a un lado y me sorprendió lo increíblemente sexy que se vio.

—Podría ser por el hecho de que tu cuerpo nos encandilo con el brillo y tus alas aparecieran ocupando toda la habitación para después levantarte en lo aires— sonrió.

—Aun asi, eso no explica que sea el último, puedo ser un ángel, pero no lo que tú dices.

—Tus alas son blancas, ya no quedan ángeles de alas blancas, por ende, es fácil suponer que eres nueva. Además, no sabes quién eres, ni de dónde vienes. El ultimo ángel llego justo una hora antes de que te encontrara. Y no sabes nada antes de hoy.

Me quede inmóvil mirando a la nada, era muy difícil pensar algo asi. Entonces la persona de la que hablaban cuando estaba escondida ¿era yo? ¿y porque soy tan importante para ellos?

—¿Ángel?— Saurs asintió y dejo un libro a mi lado para después salir de la habitación y dejarme sola. 

26 de Septiembre de 2018 a las 13:53 0 Reporte Insertar 1
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