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Luces y Sombras, lento progreso en el fortalezimiento de las Instituciones democráticas





La descomposición del Bloque comunista en Europa Oriental en el periodo 1989-1991 fué un seismo económico y político. Abrió un periodo de apertura democrática sin precedentes en esta mitad de Europa, desde las puestas de Viena hasta el Cáucaso.  Pero lo hizo sobre una total descomposición económica y afrontando realidades políticas que habían quedado congeladas desde 1945. 


El desafío era enorme y cada país ha tenido que soportar su cuota de adversidades.Tres Federaciones, entidades políticas complejas, saltaron por los aires : La URSS se descompuso en 15 Repúblicas independientes nuevas.  La Federación Yugoslava implosionó de manera violenta en un proceso que conmovió al continente.Finalmente, Chescoslovaquia se dividió pacíficamente dando origen a las Repúblicas Checa y eslovaca. Respecto a éste caso, hay un problema de legitimidad democrática. El país se dividió por acuerdo entre los presidentes de ambas repúblicas, Vaclav Klaus y Wladímir Meciar, en contra de la presidencia federal conjunta (que ostentaba Vaclav Havel) y sin votación popular. 


Cada país tenía un nivel de desarrollo y unas tradiciones políticas distintas anteriores al Comunismo. Dos puntos actuaron como arietes para desmontar el Imperio Soviético. 


Polonia lideró, desde Europa Centro-Este el asalto a las estructuras del Bloque. Cerca, Hungría y Chescoslovaquia, que ya se habían rebelado contra el yugo en 1956 y 1966 actuaban en la misma dirección. 


Estos países, conocidos hoy como Bloque de Visegrad en Bruselas partían con ventaja con respecto a otros eslabones más débiles. Habían pertenecido al sistema de valores occidental a través de su pertenencia al viejo Imperio austriaco. Tenían experiencia en el parlamentarismo, en la maquinaria política democrática. 


Salvo la República Checa, un país discreto que ha mantenido un perfil bajo durante estos aňos, los miembros de Visegrad han tenido sus tensiones políticas y económicas, con picos de corrupción muy notorios. Hoy día Varsovia y Budapest plantean pulsos de poder a Bruselas, lo cual demuestra un grado importante de autoestima y denota que ambos países se sienten actores políticos por derecho propio. 


Eslovaquia ha sido una sorpresa positiva. Su rendimiento económico en la región de Bratislava ha dado un importante espaldarazo a la que era la mitad pobre, menos desarrollada de Checoslovaquia. Tuvo que superar una transición económica muy dura porque su industria estaba obsoleta. Tuvo que lidiar también con la excesiva  ambición política del Padre de la Independencia, Meciar, un ex pugilista demagogo, populista y ultranacionalista. Neutralizado Meciar, el país ha elegido Presidenta a una Mujer y ahora mismo como sociedad política reacciona a los abusos de Robert Fico, quizâs el hombre que más poder ha ostentado en la joven república en las dos últimas décadas. Esta reacción de la ciudadanía puede ser interpretada como un rasgo de madurez política. 



Dentro de la propia URSS fueron las Repúblicas Bálticas las que se lanzaron hacia su independecia. Lituania lideraría el grupo durante la época de emancipación y ruptura.  De estos tres pequeńos países Estonia es una de las historias más exitosas de estas transiciones democráticas. Apoyada por el éxito económico que le ha dado su apuesta por las tecnologías de la comunicación y la economía digital ha conseguido un plus de estabilidad que ha ayudado a consolidar sus instituciones democráticas. 


Los Bálticos solo accedieron a la independencia en el primer tramo del Siglo XX. Atrapados entre dos yunques, el germánico y el ruso, han sido por tradición presa de grandes poderes. Su adscripción a la OTAN y a la Union Europea  les ha permitido consolidar su libertad, siempre en precario. Las tres repúblicas tienen importantes minorías rusas. La situación legal de estas minorías ha sido desde el principio un importante test de la solvencia democrática de estas pequeñas naciones. Rusia ostiga de manera constante la soberanía territorial de estas naciones, con violaciones de su espacio aėreo y maniobras militares en su frontera. Es una zona de pulso entre la OTAN y Vladímir Putin, que considera a los Bálticos espacio de influencia propio. 







Rusia, por su envergadura, merece un tratamiento aparte. 


Es una discusión de siglos cual es la naturaleza de la civilización rusa. Este debate ha ocupado a la propia élite intellectual del país desde el tremendo shock que supuso la invasión napoleónica y el contraste de la tradición del país, conservador, introspectivo, con las ideas que portaban los invasores, que no eran otras que las de la Ilustración y la Revolución Francesa. 


     Nadie sabe encuadrar a ciencia cierta a Rusia dentro de un bloque de civilización. No es Occidental en su totalidad, pues porta valores que no son parte de este  acerbo. Tiene una fuerte influencia asiática, marcada en la propia gestación del Estado desde un simple principado eslavo vasallo (y recaudador de impuestos, la base sobre la que construiría su emancipación) del Imperio de los Mongoles. 


Siguiendo a Samuel P. Huntington y su "Choque de Civilizaciones", Rusia es una civilización en sí misma. 


Rusia carece de tradición democrática. La Verticalidad del Poder, la supremacía del estado sobre el individuo, la concentración del poder en un autócrata y en una élite oligárquica y avariciosa,   ha su camino histórico, su inercia como sociedad política. 


Vladímir Putin es heredero de este legado. Su papel no difiere demasiado del de los Zares o el de los Secretarios Generales del PCUS. Pese a las esperanzas concebidas después de 1991, Rusia sigue sin ser una verdadera democracia porque sus ciudadanos siguen sin haber nacido a una verdadera libertad política. 


A la estela de Rusia, aislada, está Bielorrusia, gobernada desde poco después de su  independencia por Alexandr Lukashenko, otro hombre de instintos autocráticos. Durante mucho tiempo situado en una posición de semi-vasallaje respecto a Moscú, Lukashenko, probablemente por instinto de supervivencia política ha ido sofisticando su posición política, haciendo aperturas hacia la Unión Europea, contrapesando a Moscú y a Bruselas e intrntando obtener algo de cada mano. Bielorrusia sigue siendo un espacio cerrado, gobernado con mano de Hierro y con persecución de la oposición política. Lukashenko es el decano de los jefes de gobierno del espacio post-soviético. 




Uno de los fenómenos que hay que lamentar son aquellos países en los que la transferencia de poder se hizo de las nomenklaturas y apparatchiks comunistas a verdaderas bandas de delincuentes. Estos países han sido expoliados por estos clanes, hasta el punto de bordear la condición de estados fallidos. Los ejemplos son numerosos. Ucrania, un país con tamaño y recursos es uno de ellos. Sus ciudadanos han sufrido, y sufren muchísimo. En gran medida catalizador de la desintegración de la URSS por el desastre de Chernóbil, su élite política ha sido y es una calamidad para su propio pueblo. No obstante, en el caso ucraniano hay un poso de verdadera esperanza, por las Revolución Naranja y por el derrocamiento popular de Viktor Yanukóvich. Un pueblo comienza a ser libre cuando se pone en marcha para ello. 


Rumanía y Bulgaria, los países con mayor tasa de corrupción de la Unión Europea también son países asolados por éstas mafias políticas. 


Bulgaria es un ejemplo de aquello que se puede considerar loable en los sistemas políticos comunistas. Sometida a cinco siglos de domination, anclada en un gran  por parte de los turcos otomanos, el socialismo puso aquí un médico y asistencia sanitaria en cada rincón y abrió el sistema educativo al niño o niña que viviera en la aldea más aislada, desde la educación primaria a la Universidad. Hacia 1989 Bulgaria tenía el mayor porcentaje de especialistas y personas con formación científico - técnica del mundo. 

No ha habido país de este espectro que no haya sufrido transferencias fraudulentas de lo que era propiedad pública a manos privadas. Todos han sufrido corrupción en mayor o menor grado. 




Esta lección debe ser aprendida. La caída del Bloque Oriental sucedió de manera repentina. No hubo mucho tiempo para reaccionar. Pero evitar ésta transmisión de poder a élites desalmadas será un factor a tener en cuenta cuando emerjan nuevas democracias y los países de vocación y valores democráticos ayuden a instalar una forma de gobierno que con todos sus defectos y disfunciones es la que ofrece posibilidades más justas y humanas a los ciudadanos. 

15 de Septiembre de 2018 a las 18:10 0 Reporte Insertar 0
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Conoce al autor

José Antonio Chozas Inquieto, apasionado por las letras, escritor por impulsos, alma libre.

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