ÁRA Seguir historia

mariana Mariana Aldana

Desde que Ára tuvo la edad suficiente, para comprender las condiciones paupérrimas en que vive, ha soñado con abandonar su pueblo natal, para buscar nuevos y mejores horizontes. La muerte de su madre, complicará aún más su vida. Hasta que un día le llega una increíble oportunidad, que la ayudará a cumplir su sueño tan anhelado, pero sobre todo, la lleva a conocer al responsable de su mayor felicidad, y su más grande decepción. Federico Meyer, joven de buena posición económica, irresponsable, fiestero y mujeriego. Las diferencias abismales entre los dos, pueden resultar ser obstáculos difíciles de superar, ¿O tal vez no? Intriga, secretos, envidia y amor, se mezclan para hacer tambalear el mundo perfectamente ordenado de Ára.


Romance Contemporáneo Todo público.
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CAPÍTULO - 1

Mi madre me ha contado, que cuando llegué al mundo, el cielo se encontraba despejado, adornado con un sinfín de estrellas, y que al verme por primera vez, no dudó ni un minuto en ponerme Ára, que en nuestra lengua nativa el guaraní significa cielo. En general mi vida ha sido tranquila, a pesar de las necesidades económicas, logré estudiar y terminar la secundaria, Doña Carmen, mi madre, se sacrificó para ofrecernos a mis hermanos y a mí la oportunidad que ella nunca tuvo.

Ahora solo quiero escapar de mí realidad, mi corazón está hecho pedazos, sola a los dieciocho años, debo aprender a cuidar de mí misma, ya no tengo a nadie esperando en casa, con la comida en el horno, nadie que me pregunte ¿a dónde vas?, ¿a qué hora vuelves?, ¿con quién?, ¿cómo te fue en la escuela hoy?, eso que aborrecía, hoy empiezo a extrañarlo. Estoy sentada en su dormitorio, las lágrimas no esperan para salir, lloro su ausencia, me recuesto en su cama y todavía puedo sentir su aroma, siempre olía a jazmín, nunca pensé que se iría tan rápido, soñaba con poder darle una mejor vida, recompensar su amor y cuidado.

Tengo que buscar su mejor ropa, para que se retire definitivamente de este mundo como una reina. Encuentro su traje de domingo, el que lleva para ir a misa; su collar de oro y sus mejores zapatos. No puedo parar de llorar…, la extraño tanto. Solo el pensar que esta noche dormiré en una casa vacía, me llena de un profundo e inmenso pesar. Porque sin ella, este ya no es mi hogar.

Sé que los padres según la ley de la vida, mueren primero que sus hijos. Pero no así, no tan rápido. Ella quería verme triunfar, pero ahora ya nada tiene sentido, el sueño de estudiar y de seguir luchando ¿para qué? Ya no veré ese brillo en su mirada. Recuerdo cuando me entregaron el título de bachiller. La emoción en su voz cuando me dijo, vamos por más Ára, porque hay quienes nacen con estrella y otros estrellados, tú eres de las primeras. Sus lágrimas de alegría, en el momento en que ella subió a entregarme la medalla a mejor egresada de mi promoción.

El funeral es rápido y con muy poca concurrencia. Solo estamos, mis hermanos y sus esposas, dos o tres amigas suyas de la iglesia, la dueña de la fábrica de jugos para la que trabajaba — que gracias a Dios pagó todos los gastos del entierro— el Padre Antonio y yo.

Todos empiezan a retirarse, despidiéndose con el obligatorio “mis pésames”. Cuando le toca el turno a la Señora Danna Müller ex jefa de mi mamá, me pide que vaya a visitarla a su oficina o casa; dice tener una propuesta para mí. Me quedo parada frente a su sencilla tumba, me despido de ella sin poder contenerme y caigo de rodillas. Llorando pregunto a Dios, ¿por qué me envía esta prueba tan difícil?

Mis hermanos se han retirado. Si antes de que mamá muriera, sus esposas pensaban que yo era una carga; ahora será peor. Me levanto lentamente, y vuelvo a despedirme de ella. Camino a casa muy lentamente, no quiero llegar, no quiero entrar y no verla, esta angustia parece que va a matarme, las lágrimas furiosas siguen saliendo.

Llego al portón de mi casa, me quedo mirando la entrada y el caminito de piedras que lleva al pequeño hall. Su sillón preferido está ahí, donde le gustaba sentarse después del trabajo. Sus plantas —las orquídeas eran sus preferidas— les hablaba porque según ella les ayudaba a crecer y dar mejores flores—. Me siento e intento recodarla, su sonrisa, su voz. Quiero que me abrace, que me diga que todo va estar bien que voy a superar todo.

Entro a la casa y voy directa a su dormitorio. Me tiro a la cama, recojo su camisón y lo abrazo, mañana será un día difícil pero ahora solo quiero dormir; para no sentir nada. Apenas amanezca iré junto a la señora Danna, necesito ocupar mi tiempo en algo y si la beca que estoy esperando no llega a salir, tendré que ponerme a trabajar para ganarme el pan de cada día.

📷 

13 de Septiembre de 2018 a las 02:47 3 Reporte Insertar 12
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Nacho Samoa Nacho Samoa
Bonito comienzo
23 de Marzo de 2019 a las 16:58
Julissa Sánchez Arias Julissa Sánchez Arias
Me alegra encontrarte por aquí también. Saludos.
23 de Septiembre de 2018 a las 18:28

  • Mariana Aldana Mariana Aldana
    Igualmente, que bueno que también has venido aquí. 27 de Septiembre de 2018 a las 17:16
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