Herencia maldita Seguir historia

neg Nicole Negrón

Luego de diecisiete años de estar bajo el cuidado de su padre y su protector. El manto del engaño cae, dejando al descubierto un mundo fantasioso hacia su vista, sin embargo, lo que nunca espera es que esa vida empeore. Llevándola a un oscuro universo, lleno de secretos, donde encuentra seres despreciables ante los humanos también conocidos como brujos, quienes se dejan guiar por el odio y la avaricia. Shayza se encuentra en medio de una profecía: La perdición del mundo humano será producto del heredero de una poderosa bruja, nacido diecisiete años atrás en Windville. Pero al cumplir unos días de nacido, le fue arrebatado a su madre. En el clan de esta mujer había una rata, un brujo tan poderoso que podía transformarse en quien quisiera, un asesino de cazadores y de su propia sangre. ¿Querría al pequeño para desatar una guerra entre ambos mundos?


Fantasía No para niños menores de 13. © Copyright ©2018 Todos los derechos reservados © Safe Creative 1807087664014

#multivista #brujos #magia #traicion #sentimientos #misterio
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Capítulo 1: Vigilada

Shayza

Otro día frío, sombrío y nublado, pero no es novedad en esta isla. La brisa lleva de un lado a otro las hojas que yacen en el suelo, mientras que las que siguen en las copas de cada árbol se balancean, provocando su distintiva melodía. Agarro con mis dientes el libro que traje conmigo al salir de casa. Trepo por el árbol más frondoso del que el bosque es dueño, me acomodo en una de sus gruesas ramas, dejando colgadas mis piernas y, de esta manera, retomo mi lectura, olvidando mi entorno, a la vez que recito la primera palabra en voz alta.

Estando allí, el ruido de los arbustos moviéndose, provocado por alguien o algo, me hace volver a la realidad; miro en su dirección sin encontrar al culpable. Decidida a ver lo que provoca tanto alboroto, bajo con cuidado sin apartar la mirada de ellos.


—S-si hay alguien allí, ¡salga de inmediato! —exclamo con voz temblorosa. Si se tratase de algún animal bastante grande, no tengo a Castiel para defenderme. «Sé que me escapé de su cuidado, pero… quién me manda».


Al no recibir respuesta alguna, me dispongo a estar alerta en todo momento y a hacerme un costal de papas si aparece algún oso, lobo u otro animal que pueda comerme de un bocado. Mi alborotada melena rojiza es visible desde lo lejos para cualquier ser y la altura que poseo me hace resaltar entre las demás chicas de la villa. Estando de pie entre aquellos arbustos y el árbol, una gran mano toca mi hombro, provocando que una bandada de aves huya al escuchar mi grito.


—Tranquila, señorita Shayza, sólo soy yo. —La ronca voz de Castiel hace acto de presencia, suspiro un tanto aliviada, pero mi corazón aún se quiere salir de su lugar e ir a parar al otro lado del mundo.


Castiel es un hombre alto, con cabello cobrizo, liso hasta los hombros, con barba y bigote, cuerpo tonificado y ojos azules que me recuerdan al lapislázuli. Tiene cuarenta y tres años, pero parece de unos veintitantos, supongo que es porque hace ejercicio y lleva una buena alimentación. Aunque a veces su temperamento es el de un niño y otras como el de un viejo de sesenta años.


—¿Por qué escapó esta vez? —pregunta con preocupación.


Doy la vuelta, buscando una excusa digna para darle; lo veo a los ojos, las palabras quedan atrapadas en mi garganta al momento de toparme con aquellos zafiros. «Debe ser ingeniosa y bien planificada, si no he firmado mi sentencia». Me ve tan profundamente, haciéndome creer por un momento que está viendo mi alma, analizando cada pecado que haya cometido en mi corta vida; lo cual me pone un poco nerviosa. (quizás esa es la palabra correcta para el escalofrío que da un paseo por mi columna). Carraspeo un poco la garganta antes de hablar.


—Verás, lo hice porqué… —Pienso con detenimiento lo que puedo decir a continuación. Mientras veo a cualquier otro lado, un pequeño conejo gris alcanza mi campo visual, dándome la excusa perfecta—, vi un lindo conejo gris con ojos amarillentos y un pequeño toque de verde en ellos. Ya sabes, me gustan mucho. —Me encojo de hombros evitando encontrarme con su mirada—, bueno no lo pude alcanzar y al llegar aquí, aproveché para leer un poco. —Le muestro el libro.


Aunque para mí la excusa no suena tan convincente, lo es para él, haciendo que su expresión de preocupación se relaje y deje de analizar mi alma.


—La entiendo —confirma—, pero como ya le he dicho antes, los alrededores son peligrosos… aún me necesita.


«No te lo tomes a mal Cass, pero tardaste más de media hora en notar mi ausencia o eso puedo calcular».


Se acerca para abrazarme y acariciar mi espalda con movimientos circulares. Desde pequeña, su calor y el latir de su corazón me tranquilizan, sin embargo, sigo preguntándome que habrá provocado aquel ruido, pero ya lo tengo aquí, aunque al ver al pequeño animal pudo haber sido otro de su especie. Castiel lleva cuidándome desde mi llegada a esta vida, es decir, diecisiete años. Es una especie de niñero guardaespaldas. Nunca tuve claro el motivo por el cual lo contrataron, sé que la villa no es un lugar muy seguro, pero sólo voy al colegio y vuelvo a casa, y claro, él es quien me lleva y busca.

Aunque hayan pasado tantos años, se encuentra igual a como lo recuerdo de niña, sólo que, para ese entonces, su cabello estaba corto. Mientras, mi progenitor pasa de los cincuenta, y su cabello café se está tornando un tanto grisáceo, las arrugas se notan cada vez más en su rostro y su vientre se ha inflado un poquito.

Vivo con ambos, mi madre nos abandonó cuando nací, o al menos eso dice papá, pero nunca supe si fue por haber muerto o si se fue lejos a empezar una nueva vida. Sin embargo, tengo miedo de saber la verdad; imaginarme en la situación de cualquiera de las dos opciones me provoca angustia. Ni siquiera tengo fotos suyas, al menos me hubiera dejado eso. Aunque, siendo justa, para esto se debe tener un buen motivo; desconozco cual sea y no sé cómo indagar más sobre el asunto.


—Pequeña, su padre la está buscando —avisa serio—, quiere hablar de algo sumamente importante con usted.


«Pequeña. ¡Cómo les gusta decirme así! ¿De qué querrán hablar? Ya de por sí es extraño que no venga a buscarme junto al pelirrojo».


—Ya te dije que no me llames así —le reprocho—. Es molesto. —Golpeo suavemente su hombro de forma amistosa.


—Molesto es ser golpeado cada vez que lo digo, pequeña. —Hace énfasis en la última palabra, lo miro sorprendida y con la boca abierta a la vez que entrecierro los ojos.


—¡Tú quieres morir! —exclamo, haciéndolo sonreír en respuesta, luego comienza a hacerme cosquillas.


—¿Qué me hará? ¿Hm? —pregunta en tono burlón. No paro de reír, me hace falta el aire y, de seguro, mi cara se ha puesto roja como un tomate.


—D-d-detente —logro expresar, apartándome.


El hombre rascacielos comienza a correr, adentrándose al bosque, así que voy tras él, pues no hemos terminado de hablar. Siento cómo el viento golpea mi cara, a la vez que revuelve mi cabello, dejándolo hecho un nido de pájaros; el aire huele a madera húmeda con una mezcla de varias flores cuyos nombres no sabría identificar.

Los pájaros que no escucharon mi grito cantan en armonía y el agua del río hace eco en mis oídos. Es broma, esto no es una novela; el bosque huele a fango por haber llovido a cántaros horas antes, la humedad esponja mi cabello, haciéndome ver como un puercoespín con un nido de pájaros. Comienzo por cansarme de correr porque, mientras más lo hago, más se llenan de barro mis zapatillas.

Sin perder de vista mi objetivo, paro en seco repetidas veces para no golpear a los animales que cruzan enfrente a mí para llegar a su destino incierto. Después de un rato correteándolo sin poderlo alcanzar, soy consciente de algo, mientras mi garganta comienza a secarse; quema. Además de que he venido a este lugar tantas veces que ya memoricé lo que se encuentra en él, pero los lugares por donde voy tras Cass son desconocidos. ¡Es como estar en un lugar totalmente distinto! Cosa que me sorprende y confunde.


—Cas…tiel, ¿d-dónde estamos? —cuestiono, tomando varias bocanadas de aire, intentando controlar mi respiración.


—Ya pronto lo sabrá —responde sonriente. Se detiene a varios metros enfrente de mí para observarme de pies a cabeza. De cierta forma, su expresión es de preocupación—. Si quiere, podemos descansar; sé que usted no es muy amante de los deportes. —Inhalo con fuerza, aguantando la rara sensación en mis pulmones.


—No, no, no. Estoy de maravilla —anuncio sonriéndole, mientras mantengo mi espalda encorvada y sujeto las costillas del lado izquierdo.


Es lindo que se preocupe, aunque también en su deber, pues para eso le pagan, pero me desagrada que no pueda decirme cual es nuestro destino. Por fin, con el aire llegando correctamente a mis pulmones, retomo el camino, esta vez con pasos suaves.

Andando, a la vez que leo una página donde me quedé, sintiendo curiosidad por mi alrededor, levanto la vista y unas gigantescas plantas de color rojo, naranja y turquesa alcanzan mi campo visual, paro casi de golpe para verlas mejor. «Bellísimas». Sus colores tan llamativos que provocan en mí el deseo incontrolable de tocarlas, extiendo lentamente y con timidez la mano; «realmente quiero tocarlas». Cass agarra mi curiosa extremidad a sólo unos instantes de sentir las hojas en mis largos y delgados dedos. Al estar tan sumergida en el deseo, su acto me espanta.


—No debería tocarlas, son venenosas —comenta—. Lo siento, fue… fue mi culpa por no prestarle la atención necesaria —menciona arrepentido.


«Concuerdo contigo, pero no comprendo ese sentimiento, ese deseo».


Lo miro con la boca entreabierta, lo que ha empezado a ser un viaje en busca del mundo desconocido, iba a terminar con mi repentina muerte de forma estúpida. «Fantástico… si voy a morir, que sea de una manera original e inimaginable». En el resto del camino, él no suelta mi mano, ni siquiera cuando estoy por caerme: de hecho, la sujeta con más fuerza, provocándome un gemido de dolor. (Reconozco que es fuerte, pero no a tal magnitud). Lleva mi mano hasta la altura de sus labios dejándole un beso, con el cual, extrañamente, se deshace del dolor.


—¿Se encuentra mejor? —Regresa a verme con una dulce sonrisa.


—Tarado, ¿q-qué haces? —balbuceo. Me zafo de su agarre, apreciando como la vergüenza empieza a apoderarse de mí.


«Idiota…».


—Es un hechizo de sanación —explica, fingiendo desinterés—. Cuando era una niña pequeña... —Vuelve a hacerle énfasis en aquella palabra para molestarme—, y se hacía algún raspón mientras jugaba, venía donde mí, llorando para que lo hiciera. ¿Lo recuerda?


—¡Pues claro! —expreso avergonzada—. Pero ya no soy una niña llorona —advierto, giro mi rostro, evitando verle, simulando indignación hacia sus palabras.


—Si usted lo dice… —comenta sin convicción, retoma su camino, dejándome con la palabra en la boca.


Fastidiada, apuro el paso hasta alcanzarlo para poder reclamarle. Nuestra relación es como la de unos hermanos. Pero el sentimiento de que alguien nos observa desde la lejanía me hace detener el paso y logro contemplar un río, cuya agua se aprecia pura, cosa que no es normal en este lugar y con unas flores preciosas en su alrededor.


—Ya, dime dónde estamos —demando, mirándolo con curiosidad y asombro—. Esto no lo había visto antes. —Señalo el cuerpo de agua, suspira antes de dirigirme la palabra—. Además…


—Señorita —expresa, llamando mi atención e interrumpiéndome—, no soy yo quien debe contárselo, espere hasta llegar donde su padre —añade con un poco de fastidio.


—¡No! —exclamo, enfocándome en que no sé a dónde voy—. Dímelo tú, si no, no iré a ningún lado. —Me siento sobre una roca con los brazos y piernas cruzadas, pero esto no es más que un berrinche para él. Niega con la cabeza, se acerca a mí y me toma al hombro como si fuera una pluma—. ¡Suéltame pelirrojo! —ordeno, pataleteando y golpeando su espalda, pero no funciona. Por lo visto, mis golpes son como algodones cayendo sobre él.


—Tranquila, estamos cerca —habla al fin y gruño molesta. «Me trata como una niña indefensa». Haga lo que haga no me bajará hasta llegar, así que intento decirle sobre la sensación de ser vigilada.


—Oye… hace unos metros atrás, sentí que algo nos observaba.


—Aunque mienta, irá donde Patricio —avisa, tomando como broma lo antes dicho.


—Es en serio, me sentí observada, lo extraño es que es la primera vez —insisto.


—Si le tranquiliza, cuando se encuentre hablando con su padre, revisaré los alrededores.


Termino creyendo su palabra para poder observar el perímetro, el lugar está inundada de una flora magnifica, es el paraíso de éstas, pero no hay ningún animal, algo que no entiendo, pues sigue siendo de día. A lo lejos, noto con dificultad, entre los árboles, unos orbes penetrantes de color amarillo, mi boca se abre al igual que mis ojos, golpeo la espalda de Cass para llamar su atención, pero sólo me baja.


—Ya llegamos —susurra en mi oreja, volteo a verlo y, sin poder decir nada, señalo la dirección donde se encuentra eso. Me ve sin comprender, gira la cabeza a donde le indico, pero ya no hay nada, cosa que me deja pensando si he perdido la cabeza.


Decido darme la vuelta, delante de nosotros se encuentra una gigantesca y antigua cabaña de color café y blanco con el típico estilo victoriano, sinónimo de que alguien de clase media alta vive allí. Alrededor del lugar hay árboles tan altos y frondosos que apenas dejan pasar la luz del sol, lo que provoca que tengamos escasa iluminación. Mientras admiro el desconocido lugar, visualizo a mi padre, quien sale de la cabaña (por no decir mansión). Ese hombre, comparado con Cass, parece una hormiga, pero no tengo entendido si este fue el motivo por el cual lo contrató, además de que no tenemos mucho dinero.


—Mi pequeña —expresa de manera triste, al mismo tiempo que extiende sus brazos mientras baja los escalones.


«Tantos sinónimos y antónimos que tiene la palabra…».


—Papá… —Trato de sonreírle, pero fallo en el intento—, ¿dónde estamos?


—Entremos, hay alguien esperando por ti. —Ignora rotundamente mi pregunta a la misma vez que me estruja entre sus brazos. Pongo cara de incomprensión, prácticamente he permanecido alejada de la sociedad, a excepción del colegio donde no tengo amigos, por el simple hecho de ser apodada como la hija del diablo, gracias a mi peculiar heterocromía.


«¿Quién querrá verme? ¿Por qué no me dice dónde estamos? ¿Por qué tanto secreto? ¿En qué clase de reality show estamos? Si es que de este tipo de cosas se trata, al menos es lo que entendí cuando mis compañeros de clase lo mencionaron».

Esas preguntas dan vueltas en mi cabeza, porqué sólo he tenido dos amigos, pero ellos ya no viven aquí.

10 de Septiembre de 2018 a las 19:37 11 Reporte Insertar 23
Leer el siguiente capítulo Capítulo 2: Nueva realidad, nuevo hogar

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F. Ciamar F. Ciamar
Empezaré a leer pronto, por ahora solo quería decir que me encantó la portada :)

  • Nicole Negrón Nicole Negrón
    Muchas gracias! Espero te guste la historia, es mi primera novela asi que, jejeje... Le tengo un aprecio enorme, aunque a veces la sienta como mi patito feo. ♥ 18 hours ago
Charlize Clarke Charlize Clarke
Muy buena historia, excelente manera de describir el mundo que rodea a Shayza, realmente hace que imagines claramente todo.
30 de Septiembre de 2018 a las 23:46

  • Nicole Negrón Nicole Negrón
    Muchas gracias por leer /u\ 30 de Septiembre de 2018 a las 23:51
Marcela Valderrama Marcela Valderrama
Veo la historia y recuerdo el spoiler... Es tan triste.
12 de Septiembre de 2018 a las 21:18

  • Nicole Negrón Nicole Negrón
    Ya te dije que sacaras a Joe. xD 12 de Septiembre de 2018 a las 21:28
  • Nicole Negrón Nicole Negrón
    Ademas fue mala mia, por no borrar el comentario y darle un bofeton TnT 12 de Septiembre de 2018 a las 21:28
  • Ben Ponce Ben Ponce
    No seas así, Marce, fue un accidente :( 13 de Septiembre de 2018 a las 19:38
  • Marcela Valderrama Marcela Valderrama
    Lo sé, Ben. Pero no puedo evitar sentirme triste, odio los spoilers. 13 de Septiembre de 2018 a las 19:43
Nochan Gomez Nochan Gomez
Buen capítulo. Muy buena ortografía. Lo que pasa es que la sinopsis no está muy clara. Sobre todo el segundo párrafo. Creo que falta una coma o algo.
12 de Septiembre de 2018 a las 07:23

  • Nicole Negrón Nicole Negrón
    Muchas gracias por comentar! Es mi primera novela, asi que sigo editando en cuanto puedo. Intento ser lo mas neutral posible pues, soy puertorrique~a y para ser sincera, utilizamos muy mal el idioma. Pero en serio, agradezco mucho tus observaciones! 12 de Septiembre de 2018 a las 10:41
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