Diecisiete Seguir historia

elementa_dominum_54 Daniela Alejandra

Querida Muerte: Si aún no te has olvidado de mí, quiero uno de tus servicios. Quiero una muerte lenta y dolorosa, quiero dormir en paz pensando que te has olvidado de mí y despertar sobresaltado porque siento que estás ahí. Quiero que me destroces, me hagas puré, hazme sufrir. No tengas piedad de mí... dame noches en vela, y cuando empiece a superarte... llévame contigo. Firma: El jodido anémico que te ha estado esperando.


Ficción adolescente No para niños menores de 13.

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1. Otro Día de Vida

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Una luz blanca me encandila, cuando mi vista se enfoca, reconozco donde estoy. Una fría y estúpida habitación de hospital me retiene por enésima vez en diecisiete miserables años.

Estoy rodeado de paredes blancas y frías, conectado a cables suministrándome una enorme cantidad de drogas o quién sabe qué cosa, la puerta está frente a mí y a mi derecha, dormida en un sillón se encuentra mi madre. Está usando ese suéter tan gastado color crema que compró aquel día cuando yo ni sabía de mi cadena.

He sufrido de anemia desde que tengo memoria. Esta enfermedad es una afección que se caracteriza por la falta de suficientes glóbulos rojos sanos para transportar un nivel adecuado de oxígeno a los tejidos del cuerpo. Es por eso que estoy cansado todo el condenado día, no puedo mantenerme en pie yo solo sin desmayarme. Paso la mayoría del tiempo acostado en una cama...solo.

No entiendo por qué sigo con vida. ¡Desearía morirme! Porque en esta vida no existe nada por lo cual seguir vivo. Seguro dirán, ¿qué hay de tu madre?, ¿no le dolerá que te vayas?

La respuesta es que no. Sé que le alegraría alejarse del bastardo que la envió a la soledad. Sé que ella ha dado todo por mí, pero sé que en el fondo quiere deshacerse de este bastardo estúpido.

Cuando ella se levante, va a decirme por qué me han traído aquí, pues piensa que yo no lo recordaré, pero sí, sé porque estoy en el hospital. Intenté suicidarme, había dejado de tomar mis insumos de hierro, llevo dos semanas sin tomarlos. De no ser por mamá Jen me hubiese quedado en mi cuarto solo para poder irme.

La miro y no siento culpa por querer morir. Tomo entre mis manos el anillo que siempre llevo, es plateado y lleva grabado en él, pequeños plantas doradas, es uno de esos anti estrés y comienzo a girarlo en mi dedo corazón. Es una costumbre que he adoptado de niño.

Mi mamá abre los ojos, se despereza y bosteza. Recoge con una pinza su cabello largo y oscuro, sus ojos miel se clavan en mí. Se acerca a mí y me sonríe. Solo la miro.

— ¿Cómo te sientes, Jayden? —pregunta, luego acaricia suavemente mi rostro.

—Vivo, mamá...

Ella suelta un suspiro y yo la observó, se ve cansada y más vieja de lo que creía.

—Quieres decirme por qué no tomabas tus suministros de hierro.

Puse mis ojos en blanco, seguí girando el anillo. Ella suspiró, la puerta se abre y entra una enfermera, pero no cualquier enfermera, sino mi mamá Jen. Ella es enfermera y está casada con mi madre desde hace doce años.

Mamá Jen me observa, luego se acerca a mi madre y la rodea con su brazo.

— ¿Qué esperan que haga?, ¿qué les diga porque no tomé esos ridículos suministros? Lo siento, pero no hablaré.

—Jayden...

—No quiero hablar.

Me recosté listo para quedarme dormido de nuevo. Desperté poco después, escuché a mi madre y a mamá Jen conversar, no me moví y escuché atento.

— ¿Qué debo hacer ahora, Jennifer?, está fuera de control —decía mi madre, al borde de la histeria.

—Está pasando por una crisis adolescente, solo tiene dieciséis años, está deprimido por no poder hacer las mismas cosas que los demás chicos de su edad.

—No come, Jennifer, ya ni siquiera le importa intentar sobrevivir...

—Lauren, ya verás que se le pasará... ten un poco de paciencia.

Esa era la misma charla de siempre. Siempre mi madre se quejaba de lo mismo y mi mamá Jen le decía lo mimo. Le echaban la culpa a mis "hormonas de adolescente", ¡qué ridiculez!

Al caer la tarde, me traen la cena, la cual como sin apetito. Nunca suelo comer todo lo que hay en el plato, detesto comer, la comida no funciona en lo más mínimo. Esa noche, no duermo, no tengo sueño.

Me quedo observando por la ventana ver pasar la noche, mientras giro el anillo en mi dedo.

...

En la mañana, como de costumbre, soy el primero en despertar.

No desayuno esa mañana, no tengo deseos de comer. Solo quiero irme de este mundo tan horrible. Mamá se ha ido, supongo que regresó a casa a buscar ropa extra para mí y para ella.

Mamá Jen está conmigo, me asea como si tuviera menos de un año. Lo detesto. No digo nada, solo sigo con mi oficio de girar aquel aro de metal en mi dedo.

—Vas a sacarte el dedo si sigues con eso —me dice con la espera de que ría. No quiero reír, solo la observo, su cabello largo y rubio lo lleva siempre amarrado en una trenza, sus ojos son vivaces y verdes, tiene rasgos finos—, vamos, Jayden, sonríe un poco.

—Para ti es fácil decirlo —respondo, dejo de mover el anillo—, tú no eres la que está enfermo en una estúpida cama esperando morir.

Mamá Jen sale del cuarto. Regresa poco después con un libro entre sus brazos. Lo pone en mi regazo, leo el título. Es un libro sobre plantas. Me gustan mucho las plantas. No sé por qué o desde cuándo, creo que siempre me han gustado. Si estuviera sano, creo que me dedicaría a ser botánico o algo así...

—Gracias —digo, aunque no sonrío, ni espero que ella lo haga.

Me quedo ahí hojeando el libro. Mamá Jen se va, yo solo escucho la puerta cerrarse. Mientras leo el libro pienso en lo mucho que me gustaría que una planta carnívora me comiera.

8 de Septiembre de 2018 a las 00:00 0 Reporte Insertar 1
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