El Monaguillo del Diablo Seguir historia

kolya-colin1534716227 Kolya C. Colin

La vida del Padre Jeremías, un hombre de conducta intachable, con su fe y valores católicos muy arraigados, cambia rotundamente cuando en su camino se cruza Ismael, un adolescente de un barrio pobre. El joven comienza a seducirlo con su aparente inocencia y deseos de unirse a la fe católica. Y estará dispuesto a todo para que Jeremías cumpla con sus caprichos y lograr quedarse con él. Tanto es el poder de seducción que Ismael ejerce sobre Jeremías que lo hará dudar sobre su vocación católica al sucumbir ante la tentación y los deseos carnales que el joven le provoca. **VERSIÓN CENSURADA**


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Capítulo 1

Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él actuará. Hará que tu justicia resplandezca como el alba; tu justa causa, como el sol de mediodía.

Salmos 37:5-6

Era una fría mañana de domingo, la misa estaba comenzando a llegar a su fin. El Padre Jeremías estaba comenzando con la comunión de los feligreses allí presentes, quienes ordenadamente hacían fila para recibir la ostia bendecida junto al vino cuidadosamente servido por Pascual, su monaguillo, en un elegante pero sobrio cáliz de plata en representación del cuerpo y sangre de Cristo.

Una vez que los feligreses ya tenían completado esta parte del rito y habían recibido a Cristo en su forma de alimento eucarístico, el padre Jeremías procedió a decir:

“Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén”

Luego que los feligreses repitieran “Amén” al unísono, el padre Jeremías comenzó a recitar la oración final para ir dando por concluida la misa del día de la fecha.

Los feligreses tomaron sus biblias y comenzaron a entonar en conjunto la siguiente oración:

“Dios te salve María

Llena eres de gracia

El Señor es contigo;

Bendita tú eres

Entre todas las mujeres,

Y bendito es el fruto

De tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,

Ruega por nosotros, pecadores,

Ahora y en la hora

De nuestra muerte. Amén.”

Una vez que todos cerraron sus biblias se comenzó con el ritual de despedida, un ritual que esta vez iba a ser especial, pues se trataba de una cálida y emotiva despedida de Pascual, su joven monaguillo. El muchacho finalmente había llegado a los dieciocho años de edad, por lo que su labor como monaguillo de la parroquia ya había llegado a su fin. Pascual de ahora en más iba a dedicarse a ser seminarista y había obtenido una beca para hacer el seminario en México, una noticia que Jeremías se encargó de comunicar a todos los feligreses con gran orgullo y provocando la emoción de los mismos.

Pascual era sin lugar a dudas un buen discípulo del Padre Jeremías, iba en camino a convertirse en un joven e intachable cura como él, de excelentes valores y conducta humilde. Desde niño, que el joven monaguillo había sido apadrinado por Jeremías y por la parroquia de su congregación, siguiendo fielmente los preceptos católicos y manteniendo intacta su fe católica a pesar de las tentaciones que la adolescencia le había presentado, las cuales más de una vez pudieron desviarlo de su camino. Jeremías sin duda se veía reflejado en el joven Pascual, como era él en sus años de juventud y parte de su niñez cuando se había acercado por primera vez al camino del señor.

A diferencia de Pascual, un joven que provenía de una buena familia de feligreses y con valores católicos intachables, el joven cura había tenido una infancia bastante solitaria. Su madre Eva, una joven inmigrante que había llegado sola al país con su pequeño bebé, huyendo de la violencia de su marido, había fallecido a causa de un accidente cuando el hombre era apenas un niño.

Las monjas de la congregación de las Carmelitas Descalzas, las que recibieron y dieron cobijo a su madre cuando había llegado sola e insegura a la ciudad, fueron las que se encargaron de la educación y crianza de Jeremías. Siendo la Hermana Teresa la mujer que había amadrinado al niño y que acompañaba al Padre Jeremías aún al día de hoy en sus labores dentro de la diócesis.

Una vez culminada la despedida, el Padre Jeremías procedió a bendecir a los presentes con su ya habitual “Vayamos en paz, la Misa ha terminado” dando así por culminada la misma, a lo que los fieles culminaron respondiéndole “Demos gracias a Dios” y procedieron a retirarse del lugar.

Ya una vez que la parroquia quedó vacía, Pascual se había quedado apagando las velas y dejando el altar nuevamente ordenado para la misa siguiente. Culminando así por última vez, sus tareas como monaguillo del lugar.

En un breve pero íntimo acto ritual dejó a los pies de San Tarsicio, el patrono de los monaguillos, sus ornamentos litúrgicos, los cuales había llevado con gran orgullo y responsabilidad los últimos ocho años.

Con un fuerte abrazo procedió a despedirse del Padre Jeremías y la Hermana Teresa, quien iba a quedarse para oficiar en las tareas que llevaba a cabo Pascual, ya que se encontraba desierta su vacante debido a la falta de jóvenes en la población local que estuvieran interesados en unirse a la iglesia católica.

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Ismael caminaba con su mirada perdida y con expresión de pocos amigos, pero sin perder la guardia. Las calles de Barrio Norte, lugar en el que vivía, eran de todo, menos seguras y amistosas. Fábricas abandonadas y edificios en ruinas decoraban el lugar de punta a punta, en los mismos se llevaban a cabo toda clase de negocios ilegales. La policía rodeaba la zona constantemente y los tiroteos estaban a la orden del día. Por lo que no convenía ir caminando tranquilamente si no se quería ser víctima de alguna bala perdida.

Los gangsters del lugar le gritan cosas por el camino, casi todas referidas hacia sus padres, quienes eran unos conocidos drogadictos de la zona, y los cuales siempre estaban debiendo dinero a causa de su adicción. Él joven por su parte los miraba con mirada desafiante y seguía de largo, como si le importara muy poco lo que le dijeran.

En la esquina del block de viviendas donde vivían, se encontraba a su padre fumando marihuana y bebiendo cerveza junto a un grupo de pandilleros del lugar, el hombre vio a su a hijo y comenzó a llamarle y chistarle.

- No soy un perro como para que tengas que chistarme… pa-pá…

- ¡No me jodas pendejo! Te llamo como yo quiera… ¿me trajiste la guita?

- Esto es todo lo que pude conseguir… y el joven saca un puñado de billetes de su bolsillo.

- Trecientos??? ¿Solamente esto??? Le dijo su padre con mucho enojo

- ¡SI QUERÍAS MÁS DINERO HUBIERAS IDO TÚ! Le gritó Ismael.

- De seguro lo hubiera hecho mejor que tú pedazo de mierda imbécil… le respondió su padre con mucho desprecio

- Aquí la mierda eres tú que me envías a mí a conseguir dinero para pagar tus adicciones… le respondió el joven con el mismo desprecio que su padre le hablaba y procedió a retirarse de allí en dirección a su casa.

- ¡Si vas para casa, dile a la puta de tu madre que ya es la hora, que deje de traquetearse con ese cliente!! Le gritó su padre.

Ismael ignoró por completo lo que le dijo su progenitor y siguió caminando molesto hacia el apartamento en donde vivían.

El edificio era un lugar bastante abandonado y sucio, en él convivían toda clase de personas, mucha basura podía verse por todas las escaleras del lugar y algunos pordioseros dormían en el hall del edificio, mientras muchos ocupas, se adueñaban de los apartamentos que se encontraban allí abandonados.

A medida que iba subiendo podían sentirse gemidos pornográficos por todo el edificio, los mismos se hacían cada vez más claros y cercanos a medida que Ismael iba llegando a su apartamento.

Molesta, una vecina abrió la puerta de su apartamento e increpó al joven de mala manera.

- ¡A ver si le dices a la puta de tu madre que no grite tanto cuando se la montan! ¡Aquí tenemos niños que no tienen por qué escuchar cuando se la clavan!

- Díselo tú gorda mugrienta… ni siquiera tienes niños en tu casa… súbele la voz al televisor si no quieres escucharla… le respondió Ismael con cara de pocos amigos y siguió de largo.

- Eres un pendejo de mierda… ¡qué familia de mierda son ustedes!! Gritó la mujer y cerró su puerta de un portazo.

Ismael abrió la puerta de su apartamento y procedió a ingresar al mismo. Allí mismo se encontró con una escena que lo descoloca, su madre se encontraba completamente desnuda en el sofá teniendo sexo con Simón, su mejor amigo. El joven que siempre estaba acompañando a Ismael en los buenos y malos momentos. Prácticamente aquel adolescente era su hermano de la vida.

Todos quedaron perplejos mirándose el uno al otro. Inmediatamente la expresión de Ismael se convirtió en odio puro.

- ¡Eres un hijo de puta!! Con ¡MI MADRE!! Y tú… cerda… tiene dieciséis años… ¡MI EDAD!!! Comenzó a gritar el joven y tirar todo lo que encontraba a su paso.

- ¡Tranquilo hijo! ¡Te pido perdón esto no va a volver a ocurrir!! Su madre se quitó de encima del amigo de su hijo, y procedió a intentar calmar a Ismael.

- ¡Que no va a volver a ocurrir, eres una puta drogadicta sin códigos!! Y el joven continuaba tirando lo que estaba a su camino mientras su madre completamente desnuda intentaba tranquilizarlo.

Mientras tanto el otro adolescente salió corriendo del apartamento casi desnudo y asustado de la reacción violenta que Ismael estaba teniendo. La mujer con lágrimas en los ojos y completamente desnuda continuaba pidiéndole perdón a su hijo del acto que acababa de cometer, pero el adolescente no entraba en razón.

La mujer abrazó fuertemente a su hijo para intentar calmarlo y en ese instante su padre ingresó al apartamento.

- Che… el pendejo aquel salió rajando de acá… ¿dejó la plata?

- Abel… ¡¿¿acaso no ves que tu hijo tiene un ataque de histeria y lo asustó??! Le increpa su mujer.

- ¡¿Este pelotudo rajó al pibe y se fue sin pagar??! Comenzó a exaltarse el hombre.

Rápidamente separó a la mujer de su hijo y comenzó a darle empujones y agredir al joven por el dinero que no habían podido cobrar en ese momento.

Ismael no se quedó atrás y comenzó a empujar a su padre de igual manera. Ambos hombres se fueron a las manos y comenzaron una pelea brutal.

La mujer que aún seguía desnuda intentaba separarlos pero era empujada violentamente por ambos, cayendo con mucha fuerza sobre los muebles y al suelo.

La puerta del apartamento se abrió violentamente y en cuestión de segundos el lugar era rodeado por la policía, la cual fue alertada por algunos vecinos del edificio debido al escándalo en el lugar y entraron para poner orden.

Los tres fueron detenidos y llevados a distintas dependencias policiales. Los padres de Ismael fueron llevados a la comisaría más cercana y el joven fue llevado a una comisaría especial de menores.

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Ismael pasó la noche en el correccional de menores, debido a que se demoraron varias horas en tomar su declaración de lo sucedido y cuando culminaron ya era demasiado tarde en la noche y sus padres aún continuaban detenidos.

A primera hora de la mañana se le permitió salir del lugar, su tía pasó a buscarlo. La mujer firmó los papeles necesarios y en completo silencio abandonaron el lugar rumbo hacia el auto de esta. Ninguno de los dos medió palabra alguna hasta que se encontraron bastante alejados del correccional.

Ismael preguntó por sus padres y la mujer de mediana edad con total indiferencia le dijo que seguían detenidos y que no sabía más nada de ellos y tampoco quería saber. La mujer no tenía trato con los padres de Ismael, era la hermana de su padre y no quería tener vínculo con la mala vida que hacía el hombre junto a su mujer.

Ismael debido a eso es que apenas conocía a aquella mujer, una persona de clase trabajadora, que a diferencia de su hermano, llevaba una vida normal y decente.

El joven de todas formas le agradeció haberlo sacado del correccional y querer hacerse cargo de él, la mujer lo miró y con una sonrisa irónica procedió a decirle que ella lo iba ayudar, pero que no iba a quedarse con ella. Él la mira completamente extrañado y ya con cara de pocos amigos le pregunta a dónde lo estaba llevando.

- Vas a ir a una colonia juvenil, no puedo mezclarte con mi familia.

- ¿Me vas a llevar a un orfanato??

- ¡No es un orfanato!

- ¿ah no… y qué es entonces?

- Es un hogar juvenil, ellos van a saber asistirte mejor que yo, se especializan en jóvenes en situación de calle, con problemas de drogas y demás…

- ¡No soy un chico de la calle y no tengo problemas de drogas!

- ¡Ay claro! Me vas a decir que no consumes nada y tienes una vida intachable… deberías ponerte a estudiar algo, intentar ser alguien en tu vida y no un fracasado como tus padres…

- ¡Detén el auto ya, quiero bajarme ahora mismo! ¡No puedes obligarme a ir!

- Oh sí que puedo… mientras tus padres estén detenidos, tu tutora legal por desgracia ¡soy yo! ¡Así que vas a ir a este sitio!

Una fuerte pelea comenzó en el auto de la mujer debido a que Ismael quería tomar control del mismo para poder detenerlo y bajarse del mismo.

El auto se mecía de un lado a otro de la calle, haciendo unos grandes zigzag en el camino, la mujer gritaba desesperadamente de que iba hacerla chocar.

El coche finalmente se detuvo y en ese momento Ismael aprovechó para abrir la puerta del mismo y salió corriendo en medio de la calle, alejándose rápidamente de su tía y del lugar en el que se encontraban.

Corría sin rumbo alguno y sin prestar atención de los vehículos que circulaban por la calle que podían llegar a atropellarlo. 

23 de Agosto de 2018 a las 23:05 2 Reporte Insertar 2
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Valentina Duràn Valentina Duràn
Siento que a la narración le falta una pizca de chispa, pero para ser un inicio está bastante bien. Y, ¡Oh Ismael! Qué toxica era la relación que tenía con su familia.
11 de Febrero de 2019 a las 12:18
Luis Rafael Luis Rafael
Empieza muy, pero muy bien esta historia. Qué entorno tan nocivo en el que estaba Ismael.
7 de Enero de 2019 a las 12:16
~

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