Cuento corto
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Discurso frente al Espejo


“Es inútil insistir sobre la creciente decadencia de mi intelectualidad. Mi cultura, a partir del último llanto, consiste en afirmar todo lo que me ofrezcan. Afirmo el arte, afirmo la guerra, confirmo opiniones de letras, y para no dejar al descubierto mi desinterés; cada tanto me opongo rotundamente a un concepto al azar. Lo que empezó como fingido pesimismo y desaliento, ahora afecta mi espíritu. En el espejo no sé si me veo yo. Pero ni escapo ni huyo a mi destino.”

Tomó un trago de agua y se aclaró la garganta.

“Hablando abierta y sinceramente, tampoco lo afronto, sólo me dedico a desatender todo. Las necesidades fisiológicas a las que aún estoy atado me irritan cada vez más, lamento lo frágiles que somos. Un cascarón vacío. Ropajes de una vida pagana que al final no sirvió para nada.”

Hace unos minutos que no se distinguía bien el rostro al hablar. Los movimientos frente al espejo se correspondían bien, y oía la voz clara. Eran los dientes, que se caían y los guardaba con disimulo en los bolsillos.

“Del respeto que tuve una vez a la vida ajena tampoco me quedó nada...”

Se estaba haciendo demasiado engorroso el pronunciar con claridad.

“Como las ramas del árbol que de chico miraba y de apoco se desviaban…”

El discurso a esta altura ya era ininteligible, pero seguí leyendo para sí.

“Nadie ampara al desaparecido. No hay victoria en la eterna calma. La influencia de la desdicha popular se hace mera poesía… …esa compresión que en ti hallaba... …quiere ahora ahuyentar los instintos.”

Comenzó a leer borroso, y al levantar la vista al espejo, su cara estaba desfigurada. Ya no tenía dientes, y los globos oculares se movían de manera extraña, como si se pudiesen caer si uno los tocara. Temió parpadear, mantuvo sus ojos entornados.

Resignado, terminó en voz alta la frase final.

“… son las tradiciones, esas expresiones de hacer lo que uno ama.”

Concluido el repaso, volvió a su habitación y se acostó. La cama estaba tibia, y le causó una sensación agradable; no se había dado cuenta el frío que tenía. Escuchó que en la radio un tango decía:

“Vuelvo a guardar tus ojos de luna en mi pared. Siete horas me vigilan. Hoy Neptuno conquistó Galia, fueron inhumados atrás del monasterio. Siempre es bueno soñar ensaladas. Siempre es bueno cantar pavadas”

Figurándose como haría Neptuno para conquistar la Galia, se quedó dormido.

Al instante de dormir, se despertó. 

19 de Agosto de 2018 a las 02:56 0 Reporte Insertar 2
Fin

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Victorino Ferrére Intento escribir y mejorar.

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