Cuento corto
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El otro lado de la cama.

Desperté a las 11 am, sola y con una sensación de alivio.

Recuerdo que durante la noche desperté, como casi todas las noches, sintiendo el otro lado de la cama, frío y vacío, tanto que podía sentirlo como una presencia, su ausencia se convirtió en eso.  Como de costumbre no quise girarme, ni tan solo un centímetro, no quería comprobar lo que ya sabia, que no estaba ahí, que lo único que quedaba de ella era una ausencia muy presente.

Después de unos minutos de indecisión, tome coraje y me moví, cada vez más al centro hasta llegar al otro lado de la cama. No esperaba sentir aquello que sentí, o mejor dicho, lo que no sentí.  Al acostarme del otro lado de la cama, ya no había frío, y por supuesto ya no estaba vacío, era reconfortante, casi placentero, estar ahí sola, a gusto en mi propio calor. No sentí melancolía, ni tristeza, sentí poder.

Ya esta, pensé, todas esas noches de insomnio forzado, era todo parte del proceso.

1 de Agosto de 2018 a las 14:55 0 Reporte Insertar 0
Fin

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