La mala decisión Seguir historia

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Pablo Sobrado


Eden es un adolescente de 18 años que, tras consumir una desconocida sustancia localizada en una tienda, comenzará a sentir sensaciones fatales, dejándole consecuencias irreversibles y un gran conflicto identitario.


Ficción adolescente Sólo para mayores de 18.

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LA SUSTANCIA

Pese a ser verano y el ambiente estar caldeado por culpa del sol, Eden solía ir casi todos los días a jugar a fútbol con sus amigos. En un pequeño campo de fútbol solían practicar los cinco jóvenes, quienes no tenían demasiada calidad futbolística, pero tampoco eran tan malos.


Ninguno tenía el sueño y el objetivo de ser futbolista, pero, aun así, el grupo solía tomarse en serio las sesiones que practicaban usualmente. Sus componentes eran Patrick (complexión delgada, piel morena, ojos marrones y cabello corto negro echado para atrás), Oliver (de baja estatura con poco fondo físico, blanco como la luz, ojos verdes y pelo rubio muy corto), Marcus (mismas características que Patrick, salvo en el peinado, el cual era más corto), Dylan (similar a Oliver, pero de piel más oscura) y nuestro protagonista Eden (de extremidades fuertes, alta estatura, ancho de cuerpo, piel ni muy clara ni muy oscura, ojos marrones y pelo lacio oscuro echado para un lado)


Un viernes de verano como otro cualquiera, tras acabar de jugar en los campos de fútbol casi empezando la noche, el grupo se dirigió hacia sus respectivas casas cansados, pero con energía suficiente como para quedar dos horas después para hablar por las calles.


Llegadas las once de la noche, el grupo se reunió en el portal de Patrick, y de ahí partieron hacia rumbo desconocido con el único fin de dar un paseo mientras hablaban de sus cosas.


PATRICK: Yo creo que la que estaba más buena de clase era Martha.


OLIVER: Para mí está sobrevalorada, aunque no hay mucho donde elegir.


PATRICK: Por desgracia.


EDEN: Siempre acabamos hablando de lo mismo, qué pereza.


OLIVER: Si en el fondo te gusta. Venga, di quién estaba más buena para ti.


EDEN: Pues no sé... Quizá Alessia.


MARCUS: Estoy de acuerdo con ello.


EDEN: Punto y final. Hablemos de otra cosa.


OLIVER: Está bien... Hablemos de deporte si eso.


Estuvieron hablando casi dos horas de la actualidad deportiva y de hechos curiosos que se les venía a la mente. También, como era verano, se pusieron a especular acerca de los fichajes que podrían llevarse a cabo en las ligas de fútbol.


Sobre la una de la madrugada, el grupo pasó por una calle que albergaba una pequeña tienda que vendía casi todo tipo de productos. Al ver que estaba abierta, entraron sin dudarlo dispuestos a gastar el dinero que tenían.


Eden, tras comprar un par de bolsas y alguna que otra bebida, vio al lado de la nevera de refrescos una botella que contenía una sustancia roja y una marca desconocida. Sorprendido por el color del líquido y la extraña marca, sin dudarlo, la cogió. Como la botella era pequeña, se dispuso a metérsela en el bolsillo y llevársela escondida; no tenía pensado pagarla, pues la marca no estaba registrada en la tienda.


Finalmente, el grupo se divergió y se encaminó hacia sus casas. Eden, caminando ya hacia su hogar, deseaba probar esa sustancia y buscar algo de información acerca de ella, tampoco quería arriesgarse si al final resultaba ser un producto tóxico.


Ya en casa, puso en Google el nombre de la marca del producto, Ginomina3. No halló resultados, pero, aun así, se dispuso a abrir la botella. La olió y notó que su olor era de lo más normal del mundo, con un leve aroma a fresa y otra sustancia que no lograba reconocer, pero que no le desagradaba.


Como tenía sed, decidió beberse de golpe el producto. Su sabor era quizá un poco fuerte, pero nada desagradable para Eden. Vaciada la botella, la tiró en la basura y se fue al final a la cama.


A los pocos minutos, Eden sentía que no podía dormir, pues le era imposible mantenerse quieto en una determinada postura; además, su temperatura corporal descendió un par de grados, cosa que le hacía temblar.


Tuvo que levantarse de la cama y acudir al baño, pues tenía ganas de vomitar. Tras estar cuatro minutos de rodillas frente a la taza, por fin pudo echar aquello que revolvía su estómago y garganta.


El continuo ajetreo de Eden hizo que sus padres se despertara. A ver éstos la pálida cara de Eden y su apagada voz, decidieron vestirse y acompañar a su hijo al hospital más cercano, el cual se llegaba a diez minutos con el coche.

1 de Agosto de 2018 a las 01:37 0 Reporte Insertar 0
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