¿Qué viene después del todo? Seguir historia

samaracateto Valentina Herrera

Laura es una adolescente de 19 años quien no ha tenido una vida fácil. Una tarde luego de una discusión con su mejor amiga, sufre un accidente dejándola en riesgo vital. Laura comienza una travesía que la ayuda a encontrarse con sí misma y a darse cuenta en el mundo que se está rodeando. Solamente hay un problema, al despertar, no recuerda absolutamente un año vivido, un año que es fundamental para su vida.


Drama No para niños menores de 13. © Derechos Reservados.

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Laura

Es increíble como la vida se puede ir en un segundo, un minuto. Nadie sabe cuándo es que tu vida dará un vuelco de 180°, puede pasarle a cualquiera, nadie está libre del destino, del karma, de las fuerzas del universo o de Dios, llámenlo como quieran, yo prefiero llamarlo Tiempo. El tiempo es el que te define del ayer, del ahora o del mañana, Tiempo lo es todo, inclusive uno. Gracias al Tiempo somos un ser cambiante, una materia que se modifica gracias a experiencias las cuales hemos vivido, puede que no sean buenas como puede que sí. Uno nunca sabe lo que le espera el futuro. ¿Qué es el futuro? ¿Qué es el pasado? El pasado es el segundo que perdiste leyendo esto, el respiro que exhalaste, las cosas que dejaste, las cosas que hiciste. El futuro es todo lo contrario, es lo que anhelas hacer, lo que pronto harás, como por ejemplo, tomarte ese helado que te espera en el congelador, ver a ese alguien a quien esperas, dormir en la noche. El futuro es algo impredecible, nadie maneja el tiempo, no manejas tu vida. Está todo escrito por el Tiempo, por algo es que suceden o no las cosas. Pero entonces ¿Qué es el presente?

La mayoría de la gente ha intentado o querido olvidar situaciones que han vivido, pero… ¿Saben lo que realmente es olvidar todo? ¿Saben lo que es olvidar los últimos meses y con ellos situaciones y personas importantes? No lo creo. Yo sí sé lo que se siente, lo he pasado, lo he sentido…lo estoy viviendo. 

Existen distintos motivos por los cuales las discusiones surgen, pueden ser causadas por un mal día, un malentendido, un engaño, inseguridades, rumores, una mirada o simplemente de la nada. El 37% de las discusiones surgen por el simple hecho de no escucharse con atención, un 20% por engaños de cualquier tipo, 13% por malentendidos, un 7% porque sí y un 23% por tener malos días o estrés. Es muy difícil saber el porqué las peleas del 7% surgen, son motivos variados. Lo que sí sé, es que mi accidente fue causado por una discusión de ese 7%. 

Lo poco y nada que recuerdo de ese día, es que no estaba bien y que decidí irme a mi casa ¿De dónde? No lo sé, simplemente recuerdo tomar el autobús y sentarme detrás del chófer el cual tenía aroma a mezcla de sudor y a frituras. Apoyé mi cabeza en la ventana y el bus comenzó a andar. Un chico se sienta a mi lado e intenta comenzar una charla, recuerdo que se escuchaba un poco molesto, pero nunca le presté la atención necesaria. Me volteé a mirarlo cuando su rostro cálido se transforma en miedo y luego todo es negro...absolutamente negro. 

Escucho a lo lejos las bocinas de la ambulancia, murmullos, gritos, llantos de personas y una voz femenina preguntar por la clave del teléfono de alguien. Sonaban todos tan alarmados que comencé a preocuparme. Poco a poco intento abrir mis ojos pero la luz incandescente del sol de verano no me lo permitió, intenté mover mi mano pero me dolía, luego mis piernas, pero no las sentí. 

Comencé a alarmarme, no reaccionaba a nada, solamente podía gemir del dolor. Escucho al fondo una voz masculina gritar que estoy viva y que necesitan una camilla. Siento un dolor punzante por todo mi cuerpo y luego todo vuelve a negro. 

Siento en mis manos y piernas algo suave y acogedor; por mi nariz entra un aroma fresco y refrescante; a lo lejos escucho el viento susurrar junto a las hojas y unos pajarillos cantar sin parar. Lentamente comencé a abrir los ojos y la luz no era tan fuerte como hace unos minutos atrás, quizás horas. Me dolía la cabeza. Lentamente comencé a sentarme pero noté que no estaba con la misma polera y short de hace un rato, usaba un vestido rosa de encaje y mi pelo estaba quizá más largo. Comienzo a mirar a mí alrededor, el cantar de las aves cada vez se intensificaba más, como si se estuviesen acercando; el viento era suave, como una brisa; había árboles por montón, grandes y largos árboles. Estaba en un bosque. 

Decidí caminar, saber dónde estaba con exactitud, no entendía nada, no tenía ningún dolor, ni en mi mano, o mis piernas, ni en ninguna parte del cuerpo, más que mi cabeza. Era un dolor punzante en toda la cabeza, era como una suma de 10 jaquecas juntas. 

Comencé a caminar sin sentido alguno, pero ya había olvidado el porqué me puse a caminar, solamente me dediqué a escuchar las aves, sentir el viento y el césped en mis pies. Luego de un tiempo decidí recostarme, se me era mejor poder disfrutar el lugar así. Cierro los ojos para concentrarme en las aves, imaginarme siendo una, volando con ellas. 

-Lindo ¿no? - dice una voz masculina, más bien como de un niño. 

Exaltada abro los ojos y me siento para mirarlo mejor. Era un pequeño no más de 7 años, cabello oscuro, ojos verdes, una sonrisa acogedora, usaba una polera blanca y unos bermudas que no le llegaban más debajo de las rodillas delgadas que tenía. Lo miro fijamente y me sonríe, le devuelvo la sonrisa y simplemente me abraza. 

-Creí que no despertarías.

- ¿De qué hablas? ¿Por qué no despertaría?

-Todos los que estamos aquí ya no despertamos- me explica- Una vez mi mamá me explicó que a John lo habían hecho dormir por un tiempo, pero que no despertó y se fue al bello bosque al cual todos desean llegar. 

-¿Este es ese bosque?- digo nerviosa, con tan sólo haber escuchado el “no despertó”, pensé lo peor.

-No, este no es. Este bosque es un lugar antes de llegar a ese gran lugar en donde están todos aquellos que no han despertado- dice mirando el cielo, pero de repente su mirada se entristece- A mí me gustaría ir a ese lugar, pero me daría pena dejar a mi mami sola. En donde está ella sufro mucho, me duele todo y a veces vomito todo lo que como, o me colocan un líquido que dicen me hará mejor, pero sólo me hace sentir más enfermo de lo que ya estoy. 

- ¿Por qué te gustaría ir tanto al otro lugar? ¿Para dejar de tener dolor?

-No, ahí está John, es mi hermano mayor, con él siempre jugaba a la pelota o a las escondidas. Me divierto mucho con él. El dolor a mí no me molesta mucho, porque sé que así estaré bien y veo a mi mami un poco más feliz que al comienzo. 

-¿Cómo es que sabes por qué estás aquí? Yo no recuerdo nada. 

Simplemente me miró, sonrió, se levantó y comenzó a caminar. Al ver que no lo seguía, se dio la vuelta y me hizo una seña, sin dudarlo dos veces, lo seguí. 

El bosque de repente comenzó a transformarse. El césped ya no era césped, sino que era asfalto; el cantar de las aves, comenzó a ser un montón de bocinas de autos sonando; la brisa que sentía, era la brisa causada por la velocidad de los automóviles que andaban a mi alrededor; los árboles se transforman en personas alrededor y al costado de un autobús volcado. Al costado de éste había una ambulancia y un poco más allá había un camión negro y grande al cual se le podía divisar el parabrisas quebrado. 

Sentí una presión en el pecho, como si algo estuviera encima de mí y me quitara todo el aliento que me quedaba. Comencé a mirar a los lados en busca del pequeño, pero no logré verlo a simple vista y decidí buscarlo para pedirle respuestas. Por muy pequeño que sea, se notaba que era más sabio que yo, sabía qué era lo que sucedía. 

Comencé a mezclarme entre la gente, un poco para saber qué sucedía y un poco para saber dónde estaba aquel pequeño. Veo gente llorar por la desesperación, otros simplemente en silencio mientras observaban. Pero unas chicas me llamaron demasiado la atención, yo las he visto en alguna parte, decidí acercarme a ellas.  Una de ellas tiene un teléfono intentando desbloquearlo pero no lo logra y se lo pasa a la otra chica pero lo rechaza ¿Por qué lloran tan desconsoladamente? ¿Por qué no pueden desbloquear aquel móvil? Lo miré con más detalle y me di cuenta que era el mío ¿Por qué ellas lo tenían? ¿Qué sucede? Comencé a intentar recordar qué sucedió hace un rato pero al hacerlo me dolía fuertemente la cabeza. 

-Hey, ¿Por qué tienes tú mi teléfono?- Le pregunto pero no me responde.- Hey, niña.- Le toco el brazo y le grito, pero simplemente no responde. 

Decidida y temerosa me acerco al accidente, el hecho de que no me respondiera y no me viera me hizo pensar un poco. Poco a poco veo mejor el accidente, un paramédico está haciéndole RCP a un chico rubio, de lindas facciones. En otro costado hay mantas cubriendo cuerpos sin vida, pero en el centro, había una chica a quien le sujetaban las piernas quebradas, su mano izquierda estaba cubierta de sangre, su cara tenía rasguños por todos lados. El paramédico junto a algunos chicos más la levantaban para poder acostarla en la camilla. Esa chica era yo, esa persona por la que algunos lloraban, era yo. Comienzo a recordar un poco, recuerdo que me dolía mi mano, mis piernas no las sentía y luego simplemente desperté en el famoso bosque. No me costó mucho tiempo para saber que había muerto, sufrí un accidente automovilístico, pero ¿Por qué es que me veo a mí misma y no estoy en el bosque que aquel pequeño me hablaba? ¿Por qué esas chicas que no conozco tenían mis cosas? ¿Quiénes son? No entendía nada, no reaccionaba a nada, solamente reaccioné a intentar sentir mi pulso. Coloqué mis dedos en el cuello, pero no sentí nada. Lentamente caí al piso, todo se me vino abajo, comencé a llorar, lloraba sin parar. Intentaba volver a sentir mi pulso, pero no había nada, estaba muerta y eso es lo que era. 

-No estés mal, aún no mueres.

Una voz suave y tranquilizadora me envuelve, levanto la mirada y era aquel joven del RCP. Lo quedo mirando fijo y se sienta a mi lado acariciándome la espalda, sentí un apoyo muy grande con tan sólo un toque, suelto una sonrisa entre lágrimas.  

-¿Tú ya moriste?- le pregunto algo incómoda. 

Hablar de la muerte como algo que estás viviendo es sumamente extraño. Nunca creí que habría vida después de, o que el hecho de estar en el “limbo” como algunos llaman, puedes estar en el mismo “mundo” que los que no viven. Sigo sin entender nada, pero es mejor disimular para no caer en pánico. 

El chico me queda mirando extrañado pero frío, sonríe y mira su cuerpo…o cadáver.

-Espero que no.

-¿Tú sabes lo que pasó?

Me volvió a mirar y señaló el camión confundido. Es como si recordara todo, pero su mirada decía otra cosa. 

-Ese camión impactó al autobús desde el lado del chófer haciendo que nos volcáramos y diéramos vuelta unas…3 o 4 veces.- dijo más relajado- El chófer del camión negro murió al igual que el chófer del autobús, unos cuántos pasajeros… y al parecer nosotros.

-No, yo no estoy muerta.

-Linda, llevo aquí todo el rato, unos paramédicos han dicho que no respiras ¿Qué significaría eso? Que estás muerta.

-¿Entonces por qué no me he ido  a aquel lugar?

-¿Lugar?- dice riendo.- Para aquellos que mueren en accidentes, no hay más allá, nos quedamos aquí porque tenemos metas pendientes. 

-No es cierto, tú no te has ido porque aún estás vivo, por algo te están haciendo RCP.

-Si tú lo dices… 

Se levantó y desapareció entre la multitud. Vuelvo a mirar lo que sería mi cuerpo, se lo están llevando a una ambulancia, atrás de un paramédico está aquel pequeño del bosque. Rápidamente me levanto, al verme sonríe y me saluda con la mano para que lo pueda divisar, le devuelvo el saludo y voy hacia donde está él.

-¡Por fin te encontraste!- me dice alegre.- A mí no me costó nada, eres la más linda de las que están en este accidente.

-¿Estoy muerta?

-Ya te dije que no, ahora te llevarán a una clínica para estabilizarte más de lo que hicieron aquí- me mira atento-¿Quieres ir?

-¿Aquí? ¿En la ambulancia?

-Si te mantienes cerca de tu cuerpo, quizá vuelvas a tu vida.

-¿Cómo estás tan seguro?

-Yo ya lo he hecho- sonríe y sube a la ambulancia, se sienta y da golpecitos al lado de él para que me siente con él. 

Miro al pequeño, luego mi cuerpo, después a esas chicas que aún no paran de llorar señalándome y vuelvo a mirar al pequeño sentándome a su lado. Ya subieron mi cuerpo cuando una de las chicas aparece en la puerta. Sus ojos están rojos de tanto llorar. 

-Déjenme ir con ustedes.

-Lo siento jovencita, si no eres familiar no podemos…

-Soy su mejor amiga- interrumpe- Por favor, allá les daré los datos para poder contactar a su familia, pero por favor, déjenme ir con ustedes.

-¿Qué? No, ella no es mi mejor amiga, no la conozco ¡No la dejen subir!- Comencé a desesperarme y los signos vitales comenzaron a disparatarse, los paramédicos intentaron estabilizarme, pero no lo lograban. 

Estaba tan molesta porque esa chica decía ser mi mejor amiga, ni siquiera la conozco, no sé quién es, nunca la había visto antes… ¿O sí? ¿Por qué es que no puedo recordar nada en lo absoluto? ¿Qué es lo que sucede? Los paramédicos cruzaron miradas y luego de un rato aceptaron. La chica que se hace llamar mi mejor amiga se sentó a mi lado y tomó mi mano derecha acariciándola. No paraba de llorar y susurrar cosas que no lograba entender. 

-¿Quién es ella?- le pregunto al pequeño- ¿Por qué me llora tanto?

-Es tu mejor amiga, ella misma lo dijo- dijo el pequeño jugando con sus piernas.

-¿Por qué es que no la recuerdo?

-No lo sé- sube sus hombros.- Nunca me ha pasado ¿Crees que pueda ver a mi mami en un rato?

-¿Por qué no la podrías ver?- dije confundida- Vamos a la clínica ¿No?

-Claro, pero no sé si es la clínica en la que estoy yo.

-¿Y si no estás ahí? ¿Cómo volverás? No puedo dejar mi cuerpo…

-No te preocupes, creo poder saberlo.- Me sonrió nuevamente. 

La ambulancia partió y la chica que se hizo pasar por mi mejor amiga se había calmado después de un tiempo al ver que mi cuerpo estaba más estabilizado. El pequeño no dejaba de jugar con sueros y agujas; los paramédicos hablaban de lo horrible que fue el accidente. Por lo que lograba escuchar y ellos inferían, fue a causa del exceso de velocidad del camión que se encontraba a unos metros de los cuerpos y del bus volcado; murieron cinco personas y los chóferes, cinco personas (incluyéndome) estamos en riesgo vital y cuatro están con heridas graves, no sabían porqué un camión como aquel se encontraba en una calle suburbana como esa, generalmente esos camiones andan por las autopistas o carreteras, no en pequeñas ciudades. 

-Debo llamar a su familia- interrumpió la chica buscando su teléfono.- Deben saber lo que sucedió.

-¿Sabes sus números y no has dicho nada?- Dijo un paramédico.

La chica asintió y marcó, se notaba muy nerviosa, su pierna tiritaba y con su otra mano jugaba con su cabello. 

-Deberíamos hablar nosotros, se ve muy angustiada aún.- dijo un paramédico a otro.

-Tranquilos, puedo lidiar con esto, la conozco casi desde siempre.- Soltó una sonrisa un poco nerviosa. 

-¿Tienes familia?- dijo el pequeño mirándome. 

-Todos tenemos familia pequeño, aunque a veces no sintamos lo mismo. 

-¿Aló? ¿Señora Gómez? Habla Clara. Estoy bien. Sí, pasa que tuvimos un problema con Laura, tuvo un accidente, ahora nos vamos a la clínica.- Silencio- Está estabilizada pero la tienen que llevar, parece que es grave. Sí. No, él no está. Sí, lo sé. Bien, nos vemos allá. Sí, yo estoy con ella en la ambulancia. No se preocupe. Bien, adiós. 

Ahora sé cómo se llama, pero aún así sigo sin recordarla ¿De verdad es una amiga? ¿Por qué no la recuerdo? ¿A quién se refería con “él no está?” Sigo sin entender nada, sólo sé que tengo una amiga que no recuerdo y que está conmigo en una ambulancia porque me estoy muriendo. 

Llegamos a la clínica y rápidamente bajamos de la ambulancia, logro divisar mi cuerpo y sólo veo sangre, tubos y cables. Rápidamente me llevan dentro y sin dudarlo dos veces voy tras ellos, me olvido de todos, sólo quiero saber si moriré o no. Antes siempre tenía pensamientos sobre la muerte, pero ahora…ahora todo es distinto, no quiero morir, no quiero dejar todo hasta aquí, siento que tengo cosas que resolver, cosas por vivir. Digo, soy joven, tengo 19 años recién, me falta terminar mi carrera universitaria, casarme, tener hijos…mi vida no puede acabar así, por un ridículo en exceso de velocidad, no puede y no debe. Inmediatamente unas enfermeras comenzaron a decir que necesitaban un quirófano, comenzaron a alejar a las personas y a los enfermeros, necesitaba llegar. 

-¿Pulso?- dijo el doctor.

-240/180- dijo el paramédico- También está con hemotórax y posible tórax volante. 

-¿Cómo es que no se ha muerto?-dijo una de las enfermeras.

-Es fuerte señorita- dijo el doctor- Esta chica no quiere morir. 

Me llevaron al quirófano, la verdad es que no quise entrar a ver cómo me cortaban y hacían muchas cosas las cuales me producen nauseas. Me senté en la sala de espera junto a Clara, estaba hablando por teléfono con un tono súper bajo que no lograba escucharla muy bien, sólo la vi intentando contener las lágrimas, me partía el alma verla así, la abracé, pero era como si no sintiese nada, como si no se diera cuenta que estaba con alguien ahí, que no estaba sola pasando por un momento así. De repente veo gente acercarse, asustada, me volteo y a la única persona que logro reconocer, es a mi madre. Tenía un rostro de espanto, sus ojos estaban hinchados y rojos, sus labios estaban morados, no la veía así desde que mi padre nos abandonó. Al lado de ella, habían unos chicos y señores, todos preocupados, como si me conociesen. Quizá lo hacían…y yo, para variar, no los recuerdo. Le hablo a Clara para que cuelgue y salude a mamá, pero no me escuchaba. 

-Hola linda…- dice mamá intentando mantener las fuerzas. Era como si me lo estuviese diciendo directamente, podía sentir que me miraba. 

Me levanté y me dirigí a ella, la abracé, pero no me devolvió el abrazo. No me ve tampoco. 

Es duro el ver que tu propia madre no te ve, siempre sentí que era así, pero no era el mismo sentimiento que tengo ahora. Antes sí lo hacía, sólo que no lo sentía de tal manera. Ahora, literalmente no me ve. 

-Ay Señora Gómez, fue horrible.- dice Clara abrazándola y cayendo en un llanto interminable.

-Respira y dinos qué sucede.- dijo uno de los chicos que no reconozco pero que venían con mamá.

Clara lo queda mirando un rato intentando relajarse, suspira, mira a la nada sentándose sin soltar la mano de mi madre. 

-Laura se molestó por…-guardó silencio un momento, era como si pensaba decir la razón del porqué estaba yo en ese accidente- La verdad es que sólo sé que se había ido antes de la Universidad, la vi tomar un bus y la comencé a seguir. A la vuelta del lugar un camión negro impactó su bus y se volcaron muchas veces. Ahora está en cirugía, le hicieron reanimación en el lugar, creo que tenía algunas fracturas…no sé más.

Miro alrededor de Clara y todos estaban espantados, tapándose la boca por el asombro, otros con los ojos llorosos, menos un chico. Aquel chico era atractivo, sus ojos eran profundos color café, su cabello negro, alto y de tez morena. Vestía una polera Maui & Son’s  y unos jeans oscuros. Su rostro era inexpresivo, pero sus ojos podían perforar cualquier alma y hacerla trizas, se veía dañado, pero frío, como si no le importara nada…como si no le importase mi accidente. Pero…si no le importa ¿Qué hace aquí? Clara lo quedó mirando y se levantó.

-¿¡Qué haces tú aquí!?- dijo levantándose rápidamente en dirección a este chico.

-Me preocupa que Laura muera.

-¡Mentira! Si de verdad te importara ella, nada de esto hubiera pasado.

-Entonces me voy.- dijo dándose la media vuelta en dirección a la puerta. 

Comencé a mirar a los lados en busca de que alguien lo detenga, ese chico me conoce, sabe quién soy y sabe lo que me sucedió ¿Cómo lo sé? No estoy segura, simplemente algo me dice que él sabe muchas cosas, pero no sé cuáles. Al ver que nadie hizo nada, decidí ir yo. Me levanté rápidamente del sillón y me dirigí a él, le toqué el hombro para que se detuviera, pero no lo hizo, me puse frente a él para que me viera, pero tampoco. Es duro el darte cuenta que nadie te ve, que nadie te escucha y que nadie se da cuenta de que estás frente a él, pero no quería que él no me viera, no me escuchara ni sintiera. Se detuvo de golpe y miró para los lados, se sentía observado. Su rostro era hermoso, su perfil, su mentón, su piel tostada y sus ojos profundos enamoraban, de seguro tenía muchas chicas detrás de él, pero ¿Qué hace aquí? 

-Tienes que volver al hospital.- le dije casi rogando.- Debes volver, tienes que esperar a que despierte, por favor. 

Se quedó pensativo un momento, miró hacia el frente, como si me mirara. 

-Laura…-dijo confundido y volvió a mirar al hospital.- ¿Qué te pasó? ¿Por qué estabas en ese bus cuando deberías estar en clases?

Sacudió su cabeza y se dirigió a un negocio ambulante que estaba tras de mí, pasó por sobre mí, como si me hubiese atravesado, compró un agua y miró su teléfono. 

La sensación que sentí fue una sensación como de fatiga, un vacío estomacal, como si no hubiese comido en días y estoy por desmayarme, algo así como si solamente tomaras agua y no comieras nada. Pero también era una sensación extraña, como de olvido, como si me estuviesen olvidando. 

- ¡Hey, Trevor! - dijo una voz a lo lejos. Este chico mira hacia donde venía la voz, sonríe. Saluda a una chica con la mano, paga lo que compró y se va con ella. Era una chica que a lo lejos se veía linda, con cabello largo y perfecta sonrisa. Se me hacía familiar, demasiado familiar. 

Se acercó a ella y la besó, ella se colgó de su cuello, lo abrazó y se fueron caminando. Sentí una llama quemar mi pecho, sentía rabia, sentía celos. Apreté mis puños tan fuerte que comencé a enterrarme las uñas, pero no sentía dolor, el ver la sangre correr por mis dedos y palmas y no sentir nada en lo absoluto, me asustó. Rápidamente me fui al hospital en busca del pequeño, pero donde estaba mi mamá con toda esa gente no estaba, así que decidí ir a buscarlo por las habitaciones, había recordado que me dijo que quería ver a su madre, quizá por última vez ¿Qué le sucedía? ¿Por qué ha de estar hospitalizado? Se ve tan sano, tan…tan feliz con su vida, que el pensar que quizá tenga algo, se me parte el alma, no podría tolerar ver a un niño como él en una camilla de hospital muriéndose. 

Crucé los pisos 1, 2 y 3 del hospital y no pude encontrarlo, no está en urgencias ni en las habitaciones express (habitaciones en donde están los heridos menores), ni en las habitaciones compartidas que son en las que están los que pronto serán dados de alta. Subí al cuarto piso ya con el miedo de encontrarlo en Cuidados Intensivos, comencé a recorrer lentamente el último piso, veía familiares llorar, alguno que otro paciente solo y sin ningún regalo, otros con muchos tubos y cosas que no se les podía ver el rostro. Había gente de todo tipo, niños, adolescentes, adultos y ya gente mayor. Pero una habitación me hizo ruido, sin dudarlo ni mirar entré, estaba el chico que creí muerto en una camilla, su pierna estaba en alto con un yeso, sus manos estaban vendadas y su rostro con rasguñones, tenía solamente un tubo en la boca para ayudarlo a respirar. Me senté a su lado y lo observé con más dedicación, su cabello rubio se veía dócil, su piel sin imperfecciones y su rostro de facciones que enamoraban, estaba sin afeitar, sin dudarlo e hipnotizada le acaricié el rostro y sonreí “¿Ves que no moriste?” susurré hablándole a aquel cuerpo quizá sin vida y le di un beso en la frente. 

-¿Cómo es posible que llegues a segunda base sin siquiera saber mi nombre?- Dice una voz tras de mí, me volteé lentamente y veo que era aquel chico. Se acercó lentamente a su cuerpo y lo acarició. Me miró.- Me llamo Jeffrey, pero me dicen Jeff o Joey.

-¿Cómo el de Ramones?- solté una pequeña risa de asombro.

-Sí- me miró firme pero luego sonrió y volvió a mirar su cuerpo.- Mis padres son fanáticos de esa banda, creo que hasta se conocieron en uno de sus conciertos.

-¿Vives con ellos?

-No…me fui de casa a los 16, no soportaba estar ahí- Su voz se opacó rápidamente.

-¿Por qué te fuiste?

-No soportaba ver el aprovechamiento de poder que había en ese lugar y no poder hacer nada.

-Qué envidia…- Suspiré. Me quedó mirando extrañado.- El irte de tu casa, yo nunca tuve la valentía de poder hacerlo…quizá soy muy cobarde.

-No creo que lo seas, quizá simplemente pensabas que todo cambiaría en algún punto y volverían a ser la familia que fueron en un tiempo.

Notó el hecho de que mi rostro se oscureció y una que otra lágrima se me escapó. Tenía razón, quizá pensaba que ya no habrían más golpes o discusiones que dividirían a mi familia, ya no habrían situaciones en donde se escuchasen las súplicas de mamá pidiendo que se detuviera, que ya no la golpeara; o que ya no existirían esas noches en donde él entrara a mi habitación a la mitad de la noche, o que ya no habrían más agentes allanando mi casa en busca de contrabando o cualquier otra cosa, que ya no habrían más prostitutas y adictos en la sala de estar cuando llegase de clases; que podría invitar a mis compañeros a casa a una pijamada o a hacer un trabajo. Quizá siempre pensé que ya no habría más vulneración de nada y todo sería normal y no estaría en un mundo como en el que hace un tiempo dejé de estar.

-Tenías razón.-  una voz irrumpió mis pensamientos. Al abrir los ojos, pude ver que aún estaba sentada en la camilla, pero esta vez, estaba apoyada en su pecho.

-¿Disculpa?

-No estoy muerto. - Se sienta en la camilla. - Según los doctores tuve un derrame, y me entró un poco de sangre a los pulmones, unas cuantas costillas quebradas…una cosa poca.

-Ya lo creo. - Sonreí suavemente y él me devolvió la sonrisa. - No creo que vayas a morir, eres muy joven…creo.

-Quizá no vaya a morir, aún siento en ese cascarón, quizá este mundo aún me necesite.- Se me acercó y me ayudó a bajar de la camilla, su mano era suave y cálida.

-Dicen que es bueno el hecho de que aún sientas y tengas pulso ¿no?

-¿Y qué hay de ti? ¿Dónde está tu cascarón?

Esa pregunta me volvió a la realidad, estaba en busca del pequeño para que me explicase qué sucedía y me ayudase a entender más del tema. Separé su mano de mía y me acerqué a la puerta. Pero Jeffrey me tomó del brazo con tal velocidad que me di vuelta.

-No me digas que…- Sus ojos reflejaban preocupación.

-Espero que no…

-Déjame acompañarte.

-No puedes alejarte de tu cuerpo.

-Técnicamente no me estaría alejando, estoy en el mismo edificio que esa cosa machucada. 

Sonreí. Sonrió. 

-Está bien, vamos.

21 de Julio de 2018 a las 04:09 2 Reporte Insertar 6
Leer el siguiente capítulo Clara

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JH Jorge Herrera
...que orgulloso de los talentos ocultos !!!!!!..
21 de Julio de 2018 a las 12:31
Ángel Owo Ángel Owo
Ahhhhh... Val, no soy mucho de leer, pero me encanto uwu
21 de Julio de 2018 a las 01:18
~

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