Brisas de Junio Seguir historia

maba0210 Mariangel Blanco

Algunos sabios afirman que el mundo puede dar muchas vueltas. Los niños crecen y los adultos envejecen, sin embargo, algunas cosas nunca cambian. Incluso pueden pasar diez años y seguirán iguales. ¿Es eso cierto? Una editora fracasada decidida en cambiar la historia de su vida y un hombre con el único objetivo es pasarla bien y sin preocupaciones, se ven envueltos en una enredada historia de amor cuando de manera indirecta y sin saberlo intervienen en el encuentro de dos personas con un gran romance que lleva el peso de toda una década a sus espaldas. Lo gracioso es que las cuatro personas se conocen entre sí y ninguno se ha dado cuenta de ello. ¿Qué te puedo decir? No sería divertido trabajar sin drama. Soy el Destino y esta vez seré el narrador de la historia.


Romance Contemporáneo Todo público.

#amor #destino #casualidad #EnredoAmoroso
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Encuentros agradables

La noche fue oscura, muy oscura, lo suficiente para que Nadia tuviera que encender la luz de su teléfono para poder abrir la puerta de su apartamento. La tormenta era fuerte, pareciera que el cielo fuera un niño pequeño y malcriado que su madre no pudiera controlar, y este hiciera un fuerte berrinche; las gotas parecían tan rabiosas que pegaban fuerte en las ventanas y el viento tan caprichoso que dejaba la puerta del edificio en una especie de "abre y cierra" justo como en una película de terror.

Además, los habían dejado sin luz y, por ende, tuvo que subir los doce pisos por las escaleras ella sola mientras cargaba toda una montaña de papeles que su magnífico jefe le había dejado como recado. Tuvo que hacer malabares para sacar el teléfono, alumbrar, sacar las llaves y por fin entrar a su apartamento, pero igual no se salvó de la inevitable caída de todos los papeles que llevaba encima. Si, admito que esa parte si fue culpa mía, pero me conocen más por cruel que por justo.

La pobre de Nadia solo pudo resoplar ante su suerte, algunas veces pensaba que su historia era vista por otros seres que se reían de su desgracia y sí, ese ser —o sea yo, era lo más obvio— si se reía de su desgracia, pero no era algo personal.

Empezó a recoger todos los papeles que se le habían caído y, por si no fuera poco, cada papel se había puesto de acuerdo para esparcirse en todos los lugares del piso, incluyendo debajo de la puerta de su vecino de al frente, que, por casualidad mía, le parecía lindo desde el primer día que lo vio justo después de mudarse.

Repito: me conocen más por cruel, que por justo.

Nadia volvió a maldecir su suerte y esta vez se insultó a ella misma por estar más pendiente de sus pensamientos que de los papeles que tenía que entregar al día siguiente al Señor Gruñón.

—Nadia ¿Al menos has leído un trabajo del señor Carrizal?

—N-no señor—. Miró hacia el piso, no quería verlo a la cara, sabía que lo que estaba haciendo era humillante, pero no le quedaba de otra.

El señor gruñón la observó con desdén.

— ¿Me estás diciendo que no has leído ningún trabajo de Alberto Carrizal, pero igual vienes a mi oficina para que te asigne trabajar con él? — Empezó a reírse como si le estuvieran contando un buen chiste porque, para él, eso era — ¿Te volviste loca Nadia?

—Señor puede que no me haya leído ninguno de los trabajos del señor Carrizal, pero tengo suficiente tiempo en la carrera para saber lo valioso que es como escritor.

—No respondiste mi pregunta ¿Acaso te volviste loca? Sería una completa falta de respeto para un escritor que lleva más de diez años escribiendo libros asignarle a alguien que, además de no ser capaz de editar bien un libro, no ha leído ninguna de sus historias.

—Perdóneme, pero me siento lo suficientemente capaz...

—Te perdono, Nadia— dijo interrumpiéndola —Mar de estrellas, Un beso en Italia, Adiós mi amada Noelia, todos esos libros fueron la gran caída de los escritores más fuertes en nuestra editorial y tienen algo en común, que tú fuiste la editora encargada—. Se miró las manos revisando que no tuviesen rastro de mugre— ¿Sabes cómo te dicen en los pasillos? La mata escritores. Y yo no voy a arriesgarme a ponerte como editora de lo único bueno que tiene esta editorial.

A Nadia le entraron unas inmensas ganas de llorar y no se atrevía a verle la cara a su jefe.

—Por los momentos te dejare con trabajos de escritores nuevos, toma este manuscrito y corrígelo...

—Señor he trabajado en esta editorial por cinco años, sé que últimamente mis trabajos han dejado mucho que desear, pero, si me da esta oportunidad, le juro que no le voy a fallar— esta vez había sido ella quien lo había interrumpido.

El solo sonrió sarcásticamente.

—El señor Carrizal viene mañana para terminar detalles del contrato, si me das los análisis y críticas de todas sus obras para el día de mañana, pensaré en asignártelo. Mientras tanto, no te hagas muchas ilusiones. Te repito, no voy a sacrificar a un gran escritor por tu culpa.

Hubiera sido un poco fácil, Nadia leía y entendía rápidamente, por eso decidió ser editora. Pero Alberto Carrizal tenía un total de veinte libros publicados. No conforme con ello, el bus se atrasó más de lo normal, se paraba en todos lados y las personas entrabas como si no notaran que ya no había más espacio para ellas, como si el bus, de manera mágica, se hiciera más grande por solo ellas entrar. Además, no tenía luz en su apartamento, todos los manuscritos que había pedido del señor Carrizal estaban esparcidos en el piso y por si no fuera poco uno de esos papeles estaban debajo de la puerta de su vecino.

El día no podía ser peor para ella, pero por supuesto, estaba yo para ponerlo más interesante.

Nadia solo podía ver con la poca luz que le proporcionaba su teléfono los pedazos de papeles esparcidos en el piso, cada uno más lejos del otro. Se habían puesto de acuerdo para molestar a Nadia un rato, la chica que le dio los manuscritos le recomendó que los engrapara todos, pero ella obstinada dijo que no, ya que así sería más fácil leerlo.

Y ahí estaba puesta de rodillas en el piso, recogiendo los papeles y su dignidad, hasta que una voz bastante conocida se acercó por las escaleras.

—Paula ya te dije que no puedes poner eso en la historia, arruinaría toda la trama— sonaba cansado, a él también le había tocado subir doce pisos pero, a diferencia de ella, no tenía nada en la mano.

No lo podía ver por la oscuridad, pero se lo imaginó cuando ella se había mudado aquí hace ya dos años, con su cabello medio despelucado color café, unos lentes de pasta gruesa que medio escondían una fuerte mirada color verde pasto con motas amarillas, unos hombros anchos y bien parecido.

Ese hombre sí que era guapo.

Mientras soñaba despierta, no tuvo tiempo de decir un solo "Oye, estoy aquí abajo" y él estaba tan ocupado en su conversación, que en cuestión de segundos estaba en el suelo junto con Nadia sin apenas notarlo.

Definitivamente eso podía ir mas peor de lo que ya era.

— ¿Qué demonios? — dijo aturdido.

—Lo siento, de verdad, lo siento tanto, estaba muy ocupada pensando en otra cosa que no noté que estabas aquí..., bueno, si noté que estabas aquí, pero... me quedé pensando otra cosa, digo tu voz es muy grave para no notarla... ¡Pero ese no es el caso! ... lo siento tanto.

Tonta, tonta y más tonta, era lo único que pensaba Nadia mientras trataba de levantarse torpemente; pero eso no me era suficiente, necesitaba más diversión. El teléfono se la había caído y no tampoco veía nada, se resbaló con lo que ella supone que fue un papel —Ja, claro, un papel— y cayó sobre algo suave, que también gruñó. Cuando las luces se encendieron, ese algo se volvió alguien, ese alguien se convirtió en su hermoso vecino del frente.

Oh si, ese era el drama que necesitaba.

Estaba ya resignada quería que la tierra la tragara en ese mismo momento, quería llegar a su casa y llorar por toda la humillación de hoy. Su jefe y el señor Carrizal podían irse al infierno, ya nada le importaba. Después de hacer el ridículo frente a la persona a la que nunca se atrevió a hablar por verlo inalcanzable y antes de que pudiera hacer algo, una lagrima rebelde bajaba por su mejilla.

— ¿Estas bien? — Su vecino, a pesar de ser golpeado muchas veces por parte de Nadia, aún se preocupaba por ella.

—Si... Estoy bien gracias... Aunque este llorando, estoy bien, en serio—. Aunque lo hizo de manera torpe, pudo limpiarse la lagrima que le bajaba por la mejilla.

Su vecino fue tan amable, que la ayudó a recoger todos los papeles tirados en el piso, incluso la ayudo a organizarlos.

— ¿Alberto Carrizal? — Silbó de asombro —. No es mal escritor, solo es un poco testarudo a la hora de escuchar sugerencias.

A Nadia se le iluminaron los ojos de la esperanza.

— ¿Conoces a Alberto Carrizal?

—Algo así, fui su editor encargado cuando publicó "Cuando lloran las rosas".

Ese tipo definitivamente iba a ser su salvación, explotaron fuegos artificiales en la cabeza y más mariposas revoloteaban en su estómago ese hombre era como un príncipe... ¿Editor?

—Sé que suena algo rápido porque nos conocemos hace poco... Bueno hace poco no, digo somos vecinos desde hace dos años ¡Aunque claramente eso no tiene importancia ahora! Pero verás... Quiero trabajar con él, sin embargo, no conozco nada sobre su obra. Me serías de mucha ayuda si me hablases un poco sobre sus novelas... — La vergüenza la había invadido de nuevo de tal forma que ni siquiera podía verlo otra vez a la cara, otra vez bajando la cabeza. Desde hace mucho no sabía cómo era mirar alguien a la cara.

—Por supuesto ¿Quieres pasar?

¿Así sin más? El tipo literalmente se olvidó de todo lo que había hecho Nadia hace rato, pero ella decidió que, si él no le daba importancia, ella tampoco —aunque tanto ella, como yo, éramos conscientes de que eso no iba a suceder—. Y como si le hubieran ofrecido el cielo, aceptó muy entusiasmada a algo que hace dos años nunca se imaginó que haría. Abriendo la puerta, casi pisaba una de las hojas que quedo debajo de ella, mientras Nadia solo pensaba en lo avergonzada y feliz que estaba.

—Mi nombre es Julio —. Oh Dios que sonrisa más bella tenía — ¿Cuál es el tuyo? —le dijo dándole la hoja.

—Nadia...— le dijo sonriendo y todavía atontada por su sonrisa, pensó que cuando terminara todo eso se iba a reprender por parecer una adolescente de quince años.

Aunque me conozcan por cruel, algunas veces puedo ser justo.

Claro que dije algunas veces, no se emocionen.

Por otro lado, mientras Nadia vivía su pequeña historia de amor —puaj, que cursi sonó eso—, Salvatore estaba en un bar tomándose un trago, por casualidad mía, también maldiciendo su suerte, pero por una manera diferente. No conseguía una buena caza para ese día y eso que había dicho que lo iba a pasar muy bien por celebrar su bienvenida. En sus treinta y dos años no se había casado ni había tenido hijos, pero no porque no pudiese, el simplemente quería pasar el rato y ya, como si el tiempo para él se hubiera detenido porque con su encanto había frenado al reloj de la vida.

A él no le iba tan mal, tenía un empleo estable, una familia que, a pesar de estar distante, lo quería y el gran sueño de su padre, que siempre fue el poder ver su hijo teniendo un empleo importante. Pero no lo llenaba, sentía que le faltaba algo y suponía que ese algo era el amor. Si, amor. Ese sentimiento que veía como jugar con la cometa al aire libre, la manera en que tenía control sobre ella, pero estaba muy lejos de su alcance. No obstante, estaba muy seguro de que se estimaba bastante a sí mismo, pero ya con el tiempo se había acostumbrado a ser un pequeño picaflor que siempre buscaba a las flores más bellas —¡Ja! pequeño dice el—.

Porque ese siempre fue su lema, "Busca de flor en flor, pero no te quedes con una sola". Aunque todo eso se le estaba saliendo de las manos cuando se mudó para ese nuevo lugar, el trabajo no le dejaba ni siquiera salir a tomar un trago y eso que solo estaba comenzando. No estaba molesto con el trabajo que tenía, quería seguir con su nuevo puesto y si se seguía esforzando podía subir un poco más de nivel, sin embargo, ya lo estaba asfixiando.

Trabajo, trabajo, trabajo, en lo único que podía pensar ahora, ni siquiera tenía la mente para una camarera que le había guiñado el ojo hace rato; al día siguiente tenía una reunión importante con Alberto Carrizal, uno de los autores más conocidos en la época y con más de diez libros publicados en su carrera, ese sería el pez gordo de toda la editorial y no podía echarlo a perder, mejor dicho, ella no podía echarlo a perder.

—Señor he trabajado en esta editorial por cinco años, sé que últimamente mis trabajos han dejado mucho que desear pero, si me da esta oportunidad, le juro que no le voy a fallar—.

Apenas tenía dos semanas con el cargo, pero ya sospechaba que esa muchacha le sería un gran dolor de cabeza. Había escuchado rumores, la habían nombrado la mata escritores por ser la culpable de las grandes caídas de muchos escritores en la editorial.

Libros con mala calificación, bajas en ventas, incluso muy malas reseñas en internet, ella definitivamente era un virus en la editorial y, sinceramente, no sabía cómo seguía ahí, pero con él las cosas serían diferentes. En el más mínimo descuido la iba a despedir, de eso estaba seguro. Sabía perfectamente que ella no podía cumplir con la tarea que le asignó, por eso no se preocupó tanto de que fuera a echarlo a perder con el señor Carrizal, y lo mucho que le había costado conseguir un contrato con él.

— ¿Sabes Tore? Me dan ganas de estrangular a ese maldito viejo. —

"Siempre el siendo simpático" Pensó Salvatore.

— ¿De qué hablas Julio? Es uno de los mejores escritores de la época.

—Será muy buen escritor, pero sigue siendo un maldito viejo— dijo su primo terminándose su café.

Julio era uno de los mejores editores que alguna vez haya conocido, lo habían ofrecido miles de veces el cargo de editor en jefe, pero los rechazaba diciendo que su lugar estaba trabajando, no mandando.

—Sería estupendo si yo trabajara con Carrizal...

—Créeme sería mejor tirarse del barranco.

Algunas veces se preguntaba cómo estaba su primo, no hablaba con él desde hace cinco años, ni siquiera sabía dónde vivía en esos momentos. Probablemente él sí tenía esposa e hijos, personas tan pasionales como él no podían vivir mucho tiempo solas. Estaba en su naturaleza amar con locura, de pequeños admiraba a Julio y ya mayores lo admiraba más, se fue al extranjero para buscar inspiración vocacional y regresó mejor de lo que ya estaba, algunas veces lo envidiaba...

—Me das un Cuba Libre por favor...— una voz femenina lo saco de sus pensamientos y lo hizo mirar a su lugar de origen, la chica estaba justo al lado de él, tenía el cabello rojizo como una llama, con un liso que se veía sospechosamente planchado, unas pecas que se notaban incluso con el poco maquillaje que llevaba puesto y unos ojos color ámbar que podían traspasarte con la máxima ternura que te emanaban.

Definitivamente esa chica sería la presa de la noche, pero por estar distraído viendo a la hermosa chica, no notó que la bebida había caído encima de ella —puede que ya haya intervenido un poco, pero vamos, tenía que despertar de alguna manera—.

—Mierda...— dijo para sí mismo —Lo siento tanto.

Le había arruinado el hermoso vestido de flores que llevaba puesto —ese ser no debería tener perdón—, la chica chilló por el asombro, pero solo se río y empezó a limpiarse con unas servilletas cerca.

—Lo siento tanto... Te arruiné el vestido—. Mala idea para causar una buena impresión —. De seguro te arruine la cita...

—No te preocupes, no hay nadie a quien impresionar, solo vengo a celebrar.

Bingo, soltera, sin cita y además era una sensual pelirroja, la noche para él no podía ir mejor.

— ¿Celebrar?

—Sí, me acabo de mudar aquí por trabajo entonces vine a celebrar.

—Que gracioso, yo también me acabo de mudar por trabajo—

"Buen trabajo Tore" Pensó. "Las cosas en común siempre ayudan".

La chica le sonrío y pudo ver esos tiernos hoyuelos que le salieron en las mejillas.

—Entonces no fue un error que me mancharas el vestido—sonrió arrugando su nariz —. Soy Melinda ¿Y tú?

—Salvatore, mi nombre es Salvatore.

Y así comenzó, hablaron unos minutos, pero Salvatore ya había podido obtener información. Se acababa de mudar porque la contrataron como fotógrafa en una revista ecologista, le dio más confianza diciéndole que él se había mudado porque lo contrataron en como editor en jefe en una editorial que estaba a punto de caer en la ruina, todo pasó perfecto, de repente ya no hablaron de sus vidas si no intercambiaron teléfonos para volverse a ver y así seguir charlando, por lo menos salió victorioso de la noche que pensó que solo sería embriagándose con alcohol por la mala racha que tenía últimamente.

Y cuando se despidieron, Salvatore pensó que quizá, que solo quizá, lo que tenía preparado el destino no era tan malo. Al fin y al cabo, había conseguido una flor linda y la iba a disfrutar hasta conseguirse con otra linda flor. En ese momento me heché a reír, todo dependía de cómo el viera la situación.

Melinda no era una mujer que se podía olvidar tan fácil, y le podía preguntar a su primo Julio sobre ello.

Nuestra historia nunca comenzó aquí, comenzó hace catorce años en una provincia en Francia, llamada Hautot-sur-Mer. Julio se había mudado hace dos años para buscar una inspiración, o al menos una musa que le diera inspiración para crear un libro.

Ese siempre fue su fantasía de pequeño, escribir un libro donde plasmara una gran historia de amor y la gente se enterneciera con ellos, pero nunca llego la maldita inspiración que necesitaba y cuando cumplió dieciocho, decidió alejarse de todo para así poder escribir la gran historia de amor que imaginó algún día llegar a escribir.

Aunque la maldita inspiración todavía no llegaba a él.

Mientras tanto, estudiaba literatura en una universidad que quedaba a una hora donde vivía y tenía un trabajo de medio tiempo en una cafetería donde la dueña era tan tierna que le daban ganas de tirarles flores todos los días, incluso le daba comida y habitación ¡Qué encanto de señora! Esto le permitió solamente pagar la universidad con su trabajo.

Julio miraba en su ventana aburrido de la vida pensando en maneras de empezar a escribir, era veinte de junio, el calor del verano se estaba agolpando en su habitación, solo quería estar detrás del ventilador y, cuando pensó que su fin de semana iba a ser como todos sus fines de semana, y que esperaría a que la santa inspiración llegara rompiendo su ventana diciendo "¡Aquí llegué yo! ¡Espero que te prepares para la mejor historia de tu vida!" Hasta que le llegara la hora de ir al trabajo. Vio que en el anexo del frente se estaban mudando y como la curiosidad lo estaba matando, bajó a ver quién era el afortunado en venir a ese hermoso pueblo.

Los trabajadores iban de arriba abajo subiendo cajas y cuando buscó quien era la persona, se encontró con una hermosa pelirroja con unos rizos que le caían en toda la cara, absorta en un libro que parecía que se iba a deshacer de lo viejo que estaba. Una chica muy bonita para su parecer, una cara nueva para una historia nueva que estaba a punto de escribirse, no fue amor a primera vista, fue la emoción de entrar a una nueva aventura. Definitivamente ya había encontrado la inspiración que necesitaba.

Y así fue como cuatro personas se cruzaron sin conocerse realmente ¿Qué te puedo decir? Las mejores historias de amor no son buenas sin drama y yo no me iba a permitir que la historia de esas personas fuera una excepción.  

18 de Julio de 2018 a las 13:45 3 Reporte Insertar 2
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Yissell Manríquez Yissell Manríquez
Me gustó mucho el comienzo y la verdad, es que Nadia me da una pena. Se ve tan tierna y frágil... Pobrecita :( Seguiré leyendo, la verdad que está muy entretenida 😍
6 de Marzo de 2019 a las 18:43

Jackie Inkspired Blogger Jackie Inkspired Blogger
¡Hola! Tu historia ha sido revisada por el equipo editorial de Inkspired. ¡Enhorabuena! La hemos dejado en estado En Revisión, ya que aún creemos que puedes corregir ciertos errores ortográficos. Una vez que lo hagas, procederemos a revisarla de nuevo y ponerla en Verificada. Esto te dará más alcance entre los lectores. :) Ánimo y feliz escritura.
26 de Septiembre de 2018 a las 06:02
~

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