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El Buitre de Dios

La piel de aquel joven había sido amamantado por la leche de vírgenes, la piel tierna y sedienta de cederle a cualquier lasciva criatura la oportunidad que le manchara. ¿Y como negarle eso? Se preguntaba aquel anciano que torcía su espalda morbosamente hasta inclinarse al joven hombre que había capturado. En cuatro patas se encaminaba como una bestia sedienta hacia el hombre que había capturado a la orilla de los vagos mares que se encontraban cerca de su vieja choza.

-Oh, pero que suerte la mía. ¡Los dioses me an bendecido contigo!-

De su hedionda boca salían sus palabras roncas, sus susurros poseídos de lujurias huecas hacia aquel ser amarrado. Un ser marginado arropado con la añoranza de poseer aquello que siempre fue arrebatado, un simple anciano que en su decrepitud deseaba saciar sus deseos.

La garganta de el anciano deseaba saciarse con la piel aria de aquel ser alado. Oh, como deseaba devorarle. Como deseaba darle una pasión lúgubre al ser bendito que había sido enviado a las manos de aquel torcido vejete.

-¡Sangrarás poco! Ni el mismo diablo me a ofrecido a marginadas de el pueblo para penetrarles. Más, mira. Dios me a mandado a un ángel para mancharle. Para que seas mi prostituta.-

El ángel torcía su cuerpo. Derrumbado sobre la escoria que aquel decrépito tenía como su nido, cráneos de aves que había consumido para alimentarse yacían esparcidas sobre los pies de el ángel. Roedores salieron cuando el ser bendito cayó sobre una pila de basura. La cría de Dios combatió su terror, sin embargo el tacto de una piel rígida e rasposa le acariciaba. Trazando con sus gruesas uñas su piel.

Tentado por la carne el viejo buitre le mordió la fresca piel. El llanto de penuria escapaba de los labios del cordero alado de Dios, esclavo a ser consumido por aquellos dientes que se clavaban.

Su pútrida dentadura mordisqueaba la nuca del ser alado. Clavándose para saciar la seca garganta de el ser antiguo, postrándose como una ave rapaz, su espalda torcida para clavar sus pies sobre el lomo del ángel; como si fuesen patas provistas de garras que penetraban las capas de músculo y piel de su víctima. Saciándose como lo había deseado.

Entre llantos y sollozos el canto agónico trazaba el final de el palpite de aquel ser. Abatiendo sus alas, las llanuras de su vida sucumbiéndose al agobio de su dolor. Débiles aleteos fue lo último que su alma remordió. Al servicio de su derrota la cría alada inquieto observó como el chillido de ratas se convertía en una melodía torcida. Aquellos roedores en júbilo chillando por un nuevo cadaver que consumir.

El anciano como una harpia lo dejó caer. Trazando su rostro con la sangre de el ángel, la mueca decretaba la victoria de el anciano. Su boca manchada y saciada de sangre fresca le anunciaron que era el fin. Con una calma el anciano removió sus viejas vestiduras.

-¡Ja! No te creas especial.- el anciano le mostró su espalda. Trazada con horribles heridas. Huesos saliendo de aquella espalda. -Ya pague mi quota con tu Dios. Más, mira su misericordia. Ja ja ja! Me ah enviado a uno de mis hermanos para exiliarme por que se negó a besarle los pies! ¿Crees que el ama a sus ángeles? Yo fui como tú, más mira lo que hizo tu susodicho padre. Te envío como un ternero en la jaula de un lobo viejo.-

Las olas de aquel mar cercano a su choza pausaron por un momento. El anciano danzaba en júbilo. Las ratas consumieron la basta carne de un cadaver abandonado, formando parte de el nido de el primer ángel caído.

No se que coños escribí. Satanas come ángeles o algo así por que Dios le envía para saciar su sed. No se. Es media noche.

15 de Julio de 2018 a las 05:51 1 Reporte Insertar 2
Fin

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Yorkman Pattreisk Yorkman Pattreisk
jajaja...!!! Me gustó mucho la sinceridad de los últimos comentarios. Muy buen relato. Saludos y nos estamos leyendo
4 de Agosto de 2018 a las 08:38
~