Cuarto para las tres Seguir historia

rubbersoul E. Guerra Maya

Basada en la canción: One for My Baby (and One More for the Road) de Harold Arlen & Johnny Mercer.


Drama Todo público.

#teatro
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Una pequeña obra de teatro.

                                                           Acto único

                                                         Escena única

El bar de ARCHIE. El lugar tiene un aspecto anticuado, las décadas no pudieron con él. La madera predomina. Del techo cuelgan un par de candiles que alumbran muy débilmente. En el centro están la barra y las repisas en donde se exhiben las bebidas. Hay una vieja rockola del lado derecho y junto a ella la entrada, cerca también un perchero de donde cuelga una boina y un abrigo. Del lado izquierdo, encima de una delgada plataforma, esta un piano negro, un contrabajo y una guitarra acústica; cerca la puerta del baño. ARCHIE, un hombre de 68 años de aspecto amable y humilde, limpia con un trapo la barra, se nota inmerso en sus pensamientos. Está completamente solo. Son las 2:41 de la mañana.

 

ARCHIE.-

                               (Después de una pequeña carcajada para sí mismo.)

Jamás me cansare de jactarme por el negocio que he elegido.

                                  (Mirando a su alrededor con melancolía.)

Los últimos 33 años han sido de una inmaculada satisfacción para mí y este humilde establecimiento. No se tiene que ser un gran empresario, o un emprendedor cauteloso para darse cuenta de que invertir en un bar es como invertir horas en un libro; siempre da buenos frutos. Y es que no hay lugar menos discriminatorio que un bar. Aquí se te da la bienvenida sin importar cual sea tu pasado o tu presente; nadie fruncirá el ceño al saber cuáles son los colores de las banderas que representas; el peso de las billeteras nunca será objeto de prejuicios; las índoles quedan opacadas por las intenciones; y nadie te juzgara por el estado de ánimo que cargues... aquí puedes unirte a la algarabía, o al grupo de compasión reciproca. ¡Eso sí! Si tu rostro aun esta colonizado por el acné, o mides menos de 1.65 m; primero deberás mostrarme una identificación oficial.

                                    (Pasa por última vez el trapo por la barra.)

Nunca he saboreado la hiel que dejan las pérdidas. A diferencia de otros negocios, el mío no tiene temporadas bajas. No importa cuáles sean los encabezados en los periódicos, o cual sea el clima allá afuera; cada día es fructífero.

(Guarda el trapo en la parte de abajo de la barra. Saliendo de su lugar de trabajo y tomando un asiento en la barra.)

Mientras los gimnasios se muerden las uñas, esperando con ansias la llegada de la primer semana de enero; yo le sirvo una cerveza a los juerguistas que se niegan a ponerle fin a las fiestas. Mientras las florerías sueñan con poder apresurar el reloj para que de inicio el 14 de febrero; esta barra es la almohada de algún alma desengañada que desea borrar sus recuerdos aplicando una reserva especial de vino.

                                     (Caminando al centro de la escena.)

Mientras las heladerías hacen rituales para atraer al insoportable sol de julio; un grupo de universitarios celebran con música y aguardiente el receso de clases. Mientras las dulcerías preparan sus chocolates en moldes de calaveras y fantasmas exclusivamente para el 31 de octubre; una horda de zombies joviales vomitan en el baño todo el ron añejo indispuesto a una ducha fría.

                                             (Caminando a la salida.)

Mientras las jugueterías maquillan descaradamente los precios de todos sus productos del año para las maratónicas compras de diciembre; alguien bajo un matiz lúgubre se hunde en el ámbar del whisky...

                                       (Descolgando la boina del perchero.)

... Y alguien más intenta sacarlo con un salvavidas de burbujas... burbujas del más amigable champán.

                                       (Poniéndose la boina y acomodándosela.)

A lo largo de las décadas he visto transitar por este piso a muchas generaciones. Se volvió inevitable convertirme en un receptor y coleccionista de historias. Con el tiempo le fui agarrando gusto y cariño a esa parte de mi trabajo.

                                            (Mirando con orgullo el lugar.)

Todo lo que he me han contado estas paredes... Muchas tragedias, algunas comedias, una infinidad de rumores coquetos, un par de confesiones criminales, un puñado de verdades, y no dudo que una tonelada de mentiras. Todas cargadas con gran dramatismo y emoción. Rara vez veo la luz del día, y sin embargo, yo me siento rebosante de experiencias. Estoy en constante estado de expectación por saber cual será el siguiente caso que cruce por esta puerta.

         (Después de un silencio reflexivo. Descolgando el abrigo y poniéndoselo.)

Pero por ahora, todos los ebrios yacen en sus confortables sueños; o en sus escalofriantes pesadillas. Y yo también me muero por enterrarme entre mis cobijas. Es momento de cerrar el telón. Este lugar no mostrara signos vitales hasta el próximo anochecer.


ARCHIE se propone a apagar las luces. Antes de que lo haga entra por la puerta MARCO, un hombre de 35 años con galanura melancólica; tiene la cara adornada con moretones, manchas de sangre y una barba de 3 semanas; su peinado corto esta arruinado, el gel perdió su efecto; su vestimenta es de lo más elegante; zapatos negros con blanco, pantalón de vestir azul marino sujetado con tirantes, camisa blanca, corbata negra, chaleco de vestir azul marino... Aunque todo hecho un desastre. Los zapatos llenos de polvo, la camisa desfajada, con las mangas dobladas y con gotas de sangre; la corbata floja, el chaleco desabotonado. Se planta con despreocupación.


MARCO.-

                                      (Con graciosa naturalidad.)

Hola, Archie ¿Por qué te has puesto el abrigo? Si aquí la calefacción es deliciosa.


ARCHIE.-

                                                (Desconcertado.)

¡¿Marco?! ¿Pero qué demonios? ¿Qué modelo de auto fue el que te paso por encima?


MARCO.-

                                        (Siempre con un tono sereno.)

¿Hablas de estos rasguños? Son solo el precio que tuve que pagar por saciar un placer insatisfactorio. Una contienda muy pareja en la cual inútilmente trate de depositar mi cólera.


ARCHIE.-

                                            (En voz baja.)

¿Esto tiene relación con tus... negocios?


MARCO.-

No, esta vez no. Los negocios marchan bien. Aun no sé por qué le llaman ¨trafico¨ si siempre andamos por carreteras desérticas. O mejor aún, escoltados por luces rojas y azules.

                                              (Dirigiéndose a la barra.)

Brindemos por eso.


ARCHIE.-

No, no, no.

                                        (Revisando la hora en su reloj de muñeca.)

Son cuarto para las tres; ya no hay nadie en el lugar.


MARCO.-

                           (Volteándose.)

Nadie excepto tú y yo.


ARCHIE.-

No, no, no. Ya estaba a punto de cerrar. Además lo que tú necesitas visitar es un hospital, no un bar.


MARCO.-

                                (Por primera vez se muestra melancólico.)

Los únicos medicamentos que pueden aminorar mi dolencia están en estas botellas...

                       (Después de un silencio abstraído. Con una sonrisa triste.)

Mi apariencia externa es un buen ejemplo de sanidad a diferencia de mi corazón.


ARCHIE.-

No me digas que te convertiste en una pieza caída en el tablero del juego que tú mismo denominabas pueril.


MARCO.-

Y lo más ridículo es que, con exorbitante serenidad, me plante como un peón en frente de la reina.


ARCHIE.-

Si te hace sentir mejor, te diré que incontables pacientes llegan aquí con tu mismo malestar. No eres el primero; espera 24 horas veras que tampoco serás el último.


MARCO.-

Pues particularmente me siento como un primerizo. Como un inexperto que no sabe cómo lidiar con su tristeza. Desde hace años no me veía en esta patética posición.

                                             (Siguiendo su camino a la barra.)

Lo único que se me ocurre es desquitarme con unos tragos, y con tus oídos.


ARCHIE.-

                     (MARCO toma asiento en la barra. Mostrándose indeciso.)

Nuestra muy bien conservada amistad me inspira a secundarte en tu nostalgia; pero mi edad ya no puede digerir las altas horas de la madrugada.


MARCO.-

Vamos, sé que no eres tan viejo como aparentas. Es la constante neblina de nicotina lo que ha arrugado tu piel. Además, me debes un trago.


ARCHIE.-

¿Disculpa?


MARCO.-

¿Quieres que te ilumine la memoria? Con gusto.

                                  (Imitando cómicamente palabras del paso de ARCHIE.)

¨Te apuesto el trago que quieras, en el momento que quieras, a que ese chico logra borrar del marcador a los campeones¨.

                                                  (Vuelve a su tono natural.)

¿Qué fue lo que paso? El veterano con la mano llena de anillos le dio una brutal lección al novel tembloroso.


ARCHIE sonríe. Vuelve a consultar la hora de su reloj. Está a punto de ceder.


MARCO.-

                                                        (Inspirando lastima.)

Solo tú puedes aguantar con resignada educación mi abatida verborragia. Cualquier otro se desesperaría después de solo cuatro palabras y emplearía una bala para callarme.


ARCHIE.-

         (Quitándose su abrigo y colgándolo de nuevo. Con resignación fingida.)

Nunca vuelvo a confiar en el novato sensación... Y menos si es en contra de un futuro salón de la fama.

                                  (Quitándose la boina y colgándola de nuevo.)

¡Esto me gano por ser atento con la gente!

                        (Dirigiéndose a su puesto de trabajo detrás de la barra.)

No negare que siento la picazón de la curiosidad. ¿Cómo es que tu; el caballero de etiqueta seria con aires de misántropo, el indiferente a los encantos femeninos...

                                                  (Sin tanto animo.)

..., el candidato más prometedor para encabezar al mundo criminal; vienes a lamentarte por un traspié amoroso cuando, literalmente, estas moribundo? ¿Enserio fue más fuerte el gancho que te dio esa mujer en el corazón, que los que te pegaron en la cara? ¿Quién es ella? ¿Donde la conociste?... ¿Qué te hizo?


MARCO.-

                                            (Después de un silencio.)

Con solo poner su fotografía en mi mente se me oxida la lengua. Un poco de aceite ayudara a aflojarla.


ARCHIE.-

Claro. Cuando alguien tiene un vaso en la mano se le da más fácil la conversación. Es por eso que la actividad favorita de los borrachos es hablar de sí mismos sin parar. ¿Qué quieres?


MARCO.-

Gin.


ARCHIE.-

Pero tu odias el gin.


MARCO.-

Lo aborrezco tanto como a los impuestos; ninguna de esas dos bazofias ha visto ni vera un centavo de mi parte.

                                        (Ríe. Después en tono desanimado.)

Sin embargo, quiero aprovechar este trago que me debes para evocar por última vez en mis labios a aquellos besos escarchados sabor ginebra y tónica.

                                      (Llevándose la mano derecha a la frente.)

¿Por que cuando alguien que queremos se va, elegimos adoptar ciertos gustos o hábitos de esa persona para de alguna forma recrear su presencia?

 

ARCHIE.-

                  (Recogiendo las botellas de la repisa para preparar la bebida.)

Porque nos encanta hacernos los miserables. Es una manera de convensernos de que realmente valió la pena; que fuimos parte de algo... especial.

                            (Preparando el trago en un vaso rock glass.)

Ahora se cual es la bebida favorita de ella. Se pueden deducir varias cosas a partir de ese simple dato pero... Para que esforzarme si tu estas decidido a contarme lo necesario.


MARCO.-

Podría detallarte cada minuto que compartimos, pero me contendré a exponer solo lo que es menester para justificar mi deplorable estado. Y debo aclarar que para no mancillar el código del caballero; me ahorrare los datos con los que podría ser identificada, tales como; su nombre, su edad, su ocupación, el color de su piel, o cualquier marca y cicatriz. Esto es un desahogo, no una denuncia.


ARCHIE.-

Si tan solo tus manos estuvieran tan limpias como tus modales.

    (Le acerca el vaso pero cuando MARCO lo quiere tomar rápidamente lo retrocede.)

Recuerda. Este vaso se queda aquí, que ni se te ocurra llevártelo a la cama.


Ambos carcajean moderadamente. MARCO toma el vaso.


MARCO.-

Archie, tu sentido del humor debería venderse en pastillas o jarabes.

                              (Mira el vaso unos segundos.)

Salud.

(Lo bebe de sopetón y con cierto disgusto. Después queda unos segundos en reflexivo silencio, como degustando el trago.)

Eso fue repugnante. Sírveme algo de verdad. Lo de siempre, por favor.


ARCHIE.-

                   (Sirviendo whisky escocés en otro vaso idéntico al anterior.)

¿Y...? ¿Cómo es que en tres semanas puedes pasar de la cima del podio, a lo más profundo de las alcantarillas?


MARCO.-

                       (Da un sorbo al vaso.)

Fueron veinticuatro días para ser exactos. ¿Cómo...?


ARCHIE.-

Eres uno de mis mejores clientes; de toda la semana solo faltas los miércoles; y eso debido solo a tus obligatorias y nocturnas juntas de trabajo. Si crees que tu repentina ausencia iba a pasar desapercibida, estas equivocado. Llegue a pensar que te habían descendido de puesto..., descendido tres metros bajo tierra en el punto más remoto del bosque más remoto. Pero me alegro de que de muerto solo tengas el aspecto.


MARCO.-

¿Gracias?

 

ARCHIE.-

Y dime ¿Que pasaron en esos veinticuatro días?


MARCO.-

                                      (Da otro sorbo al vaso.)

El resultado de una gallardía impulsada por un gran preludio de cándido espionaje.

                                      (Da otro sorbo del vaso.)

Una mañana ordinaria, antes de visitar a mis clientes para llevar a cabo la labor de cobrador o en el peor de los casos el de verdugo, decidí desviarme de mi ruta cotidiana hacia el trabajo para pasar por una pastelería que recién habían inaugurado, pues sabes que mi debilidad es el pay de queso y me hacia ilusión probar una nueva receta. Y sintiéndome como un niño perdido entre calles desconocidas, ella me tomo por sorpresa; todavía ni siquiera bajaba del puente y ella, estática desde la parada de autobús, ya había cazado mi atención y con su primorosa persona... había dulcificado el paladar de mi corazón.


ARCHIE.-

                                   (Conteniendo inútilmente su risa.)

Tú, que pagas tus lujosos trajes con dinero chorreante de sangre, ¿ahora usas expresiones como ¨dulcificado el paladar de mi corazón¨? Es difícil de creer que te hayas convertido en alguna clase de poeta.


MARCO.-

Y aun tengo muchas cosas que me gustaría decir... Aquellas calles extrañas de pronto se volvieron más familiares para mi que mis propios padres. Aquel puente mutó en una grada desde donde se podía presenciar de lunes a viernes el vuelo de las mariposas; y yo nunca falte a ninguna cita. Se volvió una parte fundamental de mi rutina matutina el observar como esa desconocida mujer esperaba con gran tedio el transporte. Mientras más la veía, mientras más clavaba mis ojos en ella, mas me convencía de que era posible la existencia de un mundo ajeno a cualquier tipo escoria; que de entre todas estas hectáreas de maleza que nos rodean, puede nacer una bella flor. Su beldad me enseño a fantasear; creaba respuestas que justificaban el porqué de su apatía, o el de su sutil sonrisa. Ella activo los oxidados engranajes de mi imaginación. En fin... a pesar de que nos separaban varios metros, yo me sentía acompañado.


ARCHIE.-

Sin tan prendado habías quedado ¿por qué no acortabas la distancia? ¿Esta mujer solo sacudió tu filosofía, mas no la derrumbo?


MARCO.-

Alguna vez te había contado que, desde mi mocedad, a causa de una experiencia amarga, adopte una firme frialdad en contra de estos temas. Me pareció algo oportuno esa postura, pues el amor no cumplía ninguna función, además de ser una distracción, en el plan de vida que hasta ahora he estado ejecutando.

            (Bebe el último sorbo del vaso. ARCHIE de inmediato lo rellena.)

Gracias... Sin mencionar que yo mismo me moldee la idea de que las mujeres no son sino majestuosas hogueras; que si se les contempla desde una razonable lejanía, su calidez y resplandor embelesan con sosiego; pero si bajamos la guardia y nos dejamos atraer por los hipnotizantes llamados silenciosos de sus fulgores, sus mismas luces nos cegaran, y solo reaccionaremos cuando sus llamas hayan dejado su marca en nuestra piel. Y yo, en gran parte para salvaguardarme de una perniciosa quemadura, hubiera permanecido al límite, gustoso de ser solo un secreto admirador de tan divinos encantos, pero..., la naturaleza tenía otros planes y una mañana de martes envió a su más veleidosa creación para poner a prueba mi postura... una prueba que evidentemente falle.

                                        (Da un sorbo al vaso.)

En un aleteo de colibrí, una pincelada gris coloreo el cielo y un león dorado rugió entre las nubes. La lluvia se desato sin dar la más mínima advertencia. El violento aguacero ahuyento a todos de las calles; yo estaba cerca de mi puente favorito, y por alguna razón no afloje mi paso; estaba decidido a no cortar mi ruta. Sabía que dada las circunstancias del clima era muy probable que ella no se encontrara en su puesto habitual.

                                   (Da otro sorbo al vaso. Sonriendo.)

Fue tan exagerada mi alegría al verla ahí parada como siempre a pesar del diluvio. Al principio no daba señales de ceder la victoria a las pesadas gotas de agua; pero poco a poco su mirada se abrumaba cada vez más por la hostigosa lluvia; ya no podía cruzar mas sus brazos, ni encoger mas sus hombros. Cuando me di cuenta, mi pies se movían por voluntad propia y yo no podía frenarlos. Debatí conmigo mismo; si ella quisiese, bien podría ponerse a secar debajo de una marquesina; pero si un hombre ve a una mujer en una situación adversa, es su deber intervenir. En fin, yo me contradecía y defendía, mi corazón latía todo lo que se había ahorrado y cuando volví en mi... ella me estaba mirando a los ojos. Mi aliento se achico al estar tan cerca de ella; pero su mirada expectante lo volvió a inflar. Con movimientos un tanto torpes me quite mi saco y lo use para cubrir su cabeza. Ella me lo agradeció de un modo tan delicado que creí que me iba a derretir. Cerca de la parada de autobuses se encontraba la pastelería que te comente, y sin meditar del todo, sin predecir cual sería el final, la invite para conversar más cómodamente, pues el ruido de las gotas al chocar contra el piso era casi ensordecedor. Sin mucha dificultad acepto y rápidamente nos dirigimos corriendo a dicho lugar.


ARCHIE.-

Me cuesta mucho trabajo imaginarte tratando a una dama. Siendo alguien con tan poco conocimiento en esa asignatura, seguro que tropezaste en más de una ocasión; ya sea en cuanto a la locuacidad o la afabilidad.


MARCO.-

                                    (Levanta su vaso.)

Este trago va dedicado a tu errónea suposición.

                                       (Bebe el resto del licor.)

Admito que es cierta mi escases de experiencia en cuanto al cómo atender a una mujer; pero sorprendentemente, en cuanto entramos a la pastelería, tratamudeé solo dos veces, mi caballerosidad supo opacar a mi nerviosismo, y manifesté buenos modales que ignoraba tener. Pues su gracilidad exorcizó de mi cuerpo a la desdeñosa alma que me gobernaba. Jamás había gozado de una conversación tan amena. La plática inicio con un reproche hacia el clima; luego se movió hacia nuestros gustos en postres, de ahí partió hacia nuestras lecturas habituales; en un momento hablábamos de las tragedias que se anunciaban en las noticias, y al siguiente de nuestras caricaturas favoritas de la infancia; ninguno se atrevió a preguntar algo tan personal. Yo mismo me sorprendí de mi confianza, y al mismo tiempo de su determinada, pero aun gentil voz. El pay de queso que comía sabía a una gran bocanada de aire, pues todos mis sentidos se centraban en ella. Las señoras que atendían el local estaban sintonizado una estación de clásicos cuando de repente una canción sonó, y ella muy quitada de la pena me solicito como compañero de baile...

     (Deteniendo su relato. Como que recordando algo. Voltea a ver la rockola que esta a sus espaldas.)

Si no mal recuerdo, esa canción también forma parte del catalogo de tu rockola.


ARCHIE.-

Ah, música para aderezar la añoranza. Para que el trago también le pegue al corazón y no solo a la cabeza.


MARCO.-

  (Buscando una moneda en los bolsillos de su pantalón, luego en los de su chaleco.)

En una curda la música es un requisito indispensable. Ayuda a desenterrar recuerdos que creemos extintos; nos estimula a quedar tendidos en el suelo; magnifica nuestros fracasos y aciertos, por más insignificantes que sean; y principalmente: puede disipar ese ambiente fúnebre que nos rodea, o... sumergirnos más en él; esa es una decisión a placer personal.

 

MARCO no encuentra una moneda por ningún lado. Se le queda mirando a ARCHIE. Este lo nota.


ARCHIE.-

Adelante, es una maquina vieja, pero funciona de maravilla.


MARCO.-

                           (Extendiéndole su mano.)

¿Tienes cambio?


ARCHIE.-

                                      (Con cómica indignación.)

¡Eres el colmo...! Con ese aspecto de linyera bien podrías hacerte de un puñado de monedas diario.


MARCO.-

No seas así. ¿Que no ves languidezco? Tenme piedad.


ARCHIE.-

                  (De mala gana busca una moneda de su pantalón.)

¡Esto me gano por ser atento con la gente!

                  (Encuentra una y se la entrega a MARCO.)

Aquí tienes... ¡Pero la pondré en tu cuenta!


MARCO.-

Gracias.


MARCO se para del asiento y se dispone a llegar a la rockola; pero rápidamente se detiene y se vuelve a la barra.


MARCO.-

¿Podrías llenar mi vaso?


ARCHIE.-

                     (Graciosamente amargado.)

Lo que guste jefe.


MARCO.-

Eres el mejor, mi buen Archie.


MARCO llega a la rockola y ARCHIE llena de nuevo el vaso.


MARCO.-

                                  (Mientras selecciona la canción.)

¿Yo bailar? Jamás lo hubiera creído posible. Siempre he rehuido de esa actividad pues me considero un inútil en ella. Pero naturalmente no podía negarme, a pesar de estar en un lugar inapropiado para ello.


Suena ¨Lullaby of Birdland¨ en la versión de Ella Fitzgerald.


ARCHIE.-

Oh, Lullaby of Birdland. Ella... Imposible resistirse.


MARCO.-

             (Volteando, dejando a sus espaldas la rockola. Con los ojos cerrados.)

Su cabeza llegaba a mi barbilla.

             (Siguiendo con ademanes sus palabras. Como si ella estuviera allí.)

Me ofreció su sedosa mano y yo la tome con cierta vergüenza con la mía escabrosa. Mi otra mano descanso en su espalda recta, y la otra de ella se sujeto a mi hombro. Y ya en posición comenzó la arullante oscilación.

                       (Comienza a bailar suavemente con su pareja invisible.)

Se apiado de mis piernas principiantes, dirigiéndolas con claras y simples instrucciones.


ARCHIE.-

(Observa con asombro incrédulo el baile de MARCO. Después toma la botella de donde le ha estado sirviendo. Mirando su etiqueta; para sí mismo.)

En ningún lado viene alguna advertencia sobre el peculiar atolondramiento que causa este escocés.


MARCO.-

                                          (Siguiendo con su espectáculo.)

Las señoras reposteras nos miraban con cierta admiración; los demás comensales nos ruborizaban con sus moderados aplausos y algarabías. A la canción le restaban solo segundos cuando ella se acerco lo suficiente para susurrarme cerca del oído; sus palabras fueron:

                                  (Deteniendo su baile y abriendo los ojos.)

¨Mi plan fue un éxito; y todo se lo debo a mi súbita cómplice, la lluvia. Tengo que agradecerle por haberte dado el empujoncito que desde hace mucho me hubiese gustado que dieses desde aquel puente¨.

                                    (Después de unos segundos en silencio.)

Ese fue el primer día de gloria de los veintitrés que al final se sumaron. Cenas tanto en puestos callejeros como en restaurantes de cinco estrellas; maratones matutinos en la cineteca, carcajeándonos de los disparates de Katharine Hepburn y Cary Grant; numerosas charlas sobre el trabajo de Jane Austen; algunos partidos de baloncesto de preparatoria; largas y extasiantes sesiones de besos antes, durante y después de nuestros paseos por el lago... Siempre solos, ella y yo. Pero luego...

                         (Después de un silencio. Dirigiéndose de nuevo a la barra.)

El vigésimo cuarto día, me mostro por primera vez, y sin nada que lo pronosticara, un semblante serio, y una actitud indiferente que casi casi le pagaba a la altivez. Por más que quise encontrarle los ojos, ella los escondía con mucha agilidad.

                                          (Sentándose de nuevo en su silla.)

Y con el más refinado cinismo me pidió que discontinuáramos por completo nuestra relación. Que cualquier tipo de contacto era ya imposible. Y no solo eso; también me solicito que reescribiera los recuerdos que juntos habíamos engendrado; que no cambiara ni los lugares ni las emociones, pero si a su persona, que la disfrazara..., que borrara su rostro y su voz de mi memoria, pues ella haría otro tanto. Y me juro que si llegábamos a tropezarnos, sin importar el momento o la compañía, me daría el trato que se le da a cualquier extraño, y no esperaba recibir de mi algo diferente para con ella.

                               (Toma el vaso y da un fondo con vehemencia.)

¿¡De que se trata esta... mierda!? Primero; se arriesga a pescar un resfriado con tal de pescarme a mí; Me tiende una trampa y yo muy inocentemente caí en ella. Segundo; interpreta un inescrupuloso cantico de sirena con la intención de incitarme a seguir sus pasos, a lo que claramente no me pude resistir. Y tercero; cuando estaba por pellizcarme por vigésima vez para corroborar que no era prisionero de algún sueño; ella, tan filosa como un hacha, decide cortar de un solo tajo mi jubilo... el mismo que ella fue alimentando con sus constantes atenciones. ¡Carajo! Yo sabía que este era un resultado muy probable, así que ¿de qué me quejo? ¿De qué me sorprendo?

           (Toma el vaso e intenta beber de él, pero se da cuenta de que esta vacio.)

Carajo... Llénalo, por favor.


ARCHIE.-

                                  (Llenando el vaso. Con aire pensativo)

Por más que los caprichos residan en el ADN de toda mujer, este caso parece no cuadrar del todo. Supongo que tarde o temprano tuvo que preguntarte cual era tu función en la vida, a que te dedicabas.


MARCO.-

Claro.


ARCHIE.-

¿Y le dijiste toda la verdad?


MARCO.-

Hasta el mas mínimo detalle. Por más desfavorable que fuese la verdad, no me sentía en posición de mentir.


ARCHIE.-

Tal vez eso la asusto. Se dio cuenta del peligro que podría acarrear, tanto para ella como para ti, el estar juntos.


MARCO.-

                                                  (Después de una risita.)

No creo que ese allá sido el inconveniente. Es más, cuando se lo confesé, ella parecía de algún modo... fascinada. Dijo que de repente se sentía como en una película; y empezó a bombardearme con preguntas sobre mi trabajo.

                    (Vuelve a reír de la misma manera; luego bebe un sorbo del vaso.)

Niña tonta.


ARCHIE.-

¿Y no hay algún dato o acontecimiento que pueda excusar su distanciamiento? ¿Algo que te dijo? ¿Algo que hizo o tenía que hacer?


MARCO.-

  (Cerrando los ojos y poniendo esfuerzo en recordar. Recargando su cabeza en su mano derecha.)

Déjame ver... ¿algo que la excuse?...


MARCO parece que se está quedando dormido.


ARCHIE.-

                           (Agitándole el hombro.)

Oye. Esto no es una pijamada.


MARCO.-

                                 (Sin mutarse.)

Shhh. Estoy tratando de recordar... No, no, no, tal vez..., no.

                              (Despabilándose.)

No. A mi parecer no hoy motivo sufuciente para que pueda asimilar su proceder.


ARCHIE.-

¿Nada...?


MARCO mueve sus ojos de un lado para otro para ocultar la verdad.


ARCHIE.-

                      (Notando su comportamiento. Con tono regañón.)

Marco...


MARCO.-

                                                (Resignándose.)

De acuerdo; hay algo. Pero honestamente me parece muy insuficiente para que renunciara a lo nuestro.


ARCHIE.-

¿Y eso es...?


MARCO.-

                                  (Bebe del vaso. Respira profundamente.)

Está comprometida.


ARCHIE.-

                           (Después de unos cómicos segundos en silencio.)

No sé si dar rienda suelta a una escandalosa, pero honesta, carcajada; o simplemente darte unas palmadas solidarias en la espalda. Así que hare un poco de ambas.


ARCHIE da unas débiles y secas palmaditas en el hombro de MARCO; y al mismo tiempo trata de contener sin mucho éxito su risa.


ARCHIE.-

Tu gangster, ella comprometida; vaya cuento. Me la pintaste como una santa, y ahora no puedo imaginarla sin unos colmillos de vampiresa entintados de rojo. Es una femme fatale.


MARCO.-

Te equivocas.


ARCHIE.-

¿No te parece deplorable que una mujer comprometida seduzca al sujeto que la espía? Es algo escandaloso. Posiblemente su único deseo fue aprovechar sus últimos hálitos de soltería en un idilio en donde pudiera depositar todas las pasiones y diversiones que un matrimonio rara vez concede. Y tú le caíste como anillo al dedo..., bueno como otra clase de anillo.


MARCO.-

                                   (Después de unos segundos en silencio.)

Tal vez si fui un tonto al restarle importancia a su compromiso; ¿pero como no hacerlo cuando a ella misma parecía serle indiferente? De hecho, ahora que lo recuerdo; solo lo menciono una vez. Y si a ella no la ahuyentaba mi labor; a mi menos me iba a hacer dudar su desalentador compromiso; además por cómo iban encaminadas las cosas, estaba seguro de que pronto nuestro... amor la iba a persuadir a estar siempre a mi lado.

                                   (Deja caer su frente sobre la barra.)

Carajo, estoy confundido.

                                              (Muy débilmente.)

¿Por qué lo hiso? ¿Por qué me cedió el paso, si después iba a colocar un gran muro en donde me estampase?


ARCHIE.-

Una mujer que se muestra desanimada por su compromiso; y al mismo tiempo desdeña a su amante, quien había sucumbido a ella y tenía a su completa merced. Extrañas criaturas son estas que aderezan su boca con labial.

                                       (Después de un breve silencio.)

¿Qué discurso podría restaurar tu animo?


MARCO.-

¿No hay algo en tu basto cofre de experiencias que pueda servir de consejo para combatir este mal?


ARCHIE.-

El único consejo útil es el de seguir intentando..., seguir buscando sin la intención de encontrar.

                                               (Con aire melancólico.)

Cuando yo era joven; andaba de puerta en puerta, buscando el amor en cualquier chica que despertara en mi algún interés. A veces lograba conquistarlas y retenerlas a mi lado hasta donde el hastió no hiciera acto de presencia; lo que eran meses, semanas o tal solo unos días. Pero a pesar de todas esas separaciones, y montones de rechazos, nunca recargue mi frente en la barra de un bar, y mucho menos le negué el descanso al viejo e inocente cantinero.


MARCO levanta la mirada y mira ofendido a ARCHIE.


ARCHIE.-

Porque a ninguna de esas chicas le confié el gran peso que tu sin vacilar diste a la primera mujer que cortejaste en años. Yo quería enamorarme eternamente, pero solo de la indicada; es por eso que cuando un noviazgo se apagaba, sin importar los motivos, yo jamás hice uso de reproches y siempre le agradecí a la persona por la oportunidad que me brindo, y por forjarme de una u otra manera; para ser mas perspicaz y atento en mis futuras travesías románticas. Y así seguí navegando en ese profundo mar rosa, lleno de incertidumbre y emoción; conociendo a una gran variedad de mujeres, y cediéndoles mi optimismo, más no mis esperanzas. Así me la pase mucho tiempo; probando suerte continuamente, sin frenar ni lamentarme por alguna mala jugada del destino. Al final, de pasar por idilios que abarcaban solo el fin de semana, o el otoño; pase a un matrimonio de treinta y dos años; que concluyo solo porque la quimioterapia se negó a mostrarse misericordiosa.


Ambos quedan en silencio. MARCO parece muy afectado por lo dicho.


ARCHIE.-

                   (Con un aire melancólico pero a la vez también satisfecho.)

Si hubiera dejado de insistir, si me hubiera resignado ante tantos intentos fallidos, si me hubiera conformado con cualquiera; jamás la hubiera encontrado.


MARCO.-

Prepárate un trago. Quiero hacer un brindis; bueno, de hecho dos.


ARCHIE lo mira sorprendido.


MARCO.-

Vamos, yo invito.


ARCHIE.-

                           (Sirviéndose un trago de la misma botella.)

No despreciare tu caridad.


MARCO.-

                                (Levantando su vaso. Lo mismo ARCHIE.)

Brindo por Tess. Para mi desgracia, nunca pude conocerla como me hubiese gustado; pero por todo lo que dices, y por cómo se te ilumina el rostro cada que la mencionas; me queda más que claro que era un paquete de virtudes envueltas con la piel de una hermosa mujer. Salud.


ARCHIE.-

                                 (Con una gran sonrisa.)

Salud.


Ambos beben de fondo.


ARCHIE.-

                                    (Sirviendo otra ronda.)

¿Y a quien va dirigido el segundo brindis?


MARCO.-

                                          (Mirando a su alrededor.)

A este bar; que es de hecho más un santuario que bar; y más un hogar que santuario. No hay lugar en el me sienta mas cómodo que aquí. En cada esquina musitan recuerdos valiosos; me hace sentir que soy parte de algo que ha trascendido en la vida de varias generaciones. Archie... muchas gracias por tu excelente trabajo.

                      (Levanta su vaso. ARCHIE se muestra conmovido y lo imita.)

Salud por este ápice de paraíso situado en la avenida valle de eucaliptos.


ARCHIE.-

Muchas gracias.


Vuelven beber de la misma manera.


ARCHIE.-

En conclusión mi consejo es: no te des por muerto. Conoce, no pares de conocer. Ya sabes lo que dicen: Un clavo saca a otro clavo.


MARCO.-

Por el momento no encuentro las fuerzas para martillear.


ARCHIE.-

Siempre hay alguien capaz de abastecernos de energía; incluso alguien tan vacio, perdido y averiado como tú. Nunca se sabe cuando pueda aparecer.


Se escucha un automóvil estacionándose afuera.


ARCHIE.-

¿Eso fue un auto?


MARCO.-

  (Sacando con cierta lentitud su Walther P38 de la sobaquera que medio oculta su chaleco.)

Sip. Sin duda ese fue el sonido del caucho frenando en el concreto.


ARCHIE.-

                         (Un poco exaltado al ver las acciones de MARCO.)

¡¿Por qué...?! ¡¿Por qué desenvainas?!


MARCO.-

                                    (Evidente bajo los efectos del alcohol.)

Desde hace unas cuantas semanas, que fácilmente podrían sumar meses, me he dado el gusto de quedarme con los nada despreciables cambios de los tratos hechos con algunos de mis más agradables, pero reverendamente estúpidos, clientes.

                                      (Se escucha una puerta de auto abrirse.)

Tal vez su ¨brillantísimo¨contador al fin noto irregularidades considerables y estan en mi búsqueda para exigirme una explicación.

                                          (Se cierra la puerta del coche.)

Y como no me siento dispuesto a hablar de negocios esta noche...

                                              (Mirando su arma.)

... dejare que mi vocero me represente.

                    (Examinando su arma con cierta confusión. Se echa a carcajear.)

¡No recuerdo como quitarle el seguro!


ARCHIE.-

                 (Tomando el arma y quitándole con precipitación en seguro.)

¡Cielos! ¡Cielos! ¡Ya está!


MARCO.-

                              (Parándose de su asiento con graciosa rapidez.)

Gracias. Mi buen escudero.

                    (Ocultándose a un costado de la rockola. Susurrando en voz alta.)

¿Tienes el lugar asegurado, verdad?


La puerta comienza a abrirse. ARCHIE se agacha ocultándose en la barra. MARCO, oculto al costado de la rockola, adopta una pose que le permita descubrirse en un parpadeo. Entra LAURA, una bella mujer de 33 años; el cabello miel oscuro ondulado le llega a los hombros; está cubierta por un abrigo color ocre y vestido azul rey sin escote que termina en falda cubriendo hasta las rodillas; y zapatos bajos color marrón. Su boca está pintada con un tono que remarca el pálido rosado de sus labios. Una vez dentro cierra la puerta y con confusión nota que no hay nadie a la vista. Da un par de pasos. MARCO sin vacilar sale de su escondite y apunta su arma directo a LAURA.


MARCO.-

                                   (Con mucha vehemencia al principio.)

No atiendo clientes sin una cita prev...


A MARCO se le escapa esa expresión de ebrio; queda notablemente sorprendido. LAURA retrocede un paso debido a la sorpresa, pero no se muestra asustada. Ambos se miran confundidos.


ARCHIE.-

                             (Aun escondido. Cómicamente asustado.)

¡¿Que mierda estas esperando?! ¡Ya vuélale los malditos sesos!


LAURA.-

                      (Buscándolo con la mirada.)

¿Archie?


MARCO.-

                             (Bajando el arma y guardándola.)

Por nada sería capaz. Es... es solo una mujer.


ARCHIE.-

               (Se asoma lentamente hasta reconocer a la persona.)

¿Laura?


LAURA.-

Qué gran alivio encontrarte todavía en servicio.


ARCHIE.-

                                  (Con una sonrisa.)

Créeme...

                    (Mirando a MARCO achacándole la culpa.)

..., estas ya son horas extras para mí.

                      (A Laura; con cierto tono preocupado.)

Pero dime; ¿qué te trae aquí esta madrugada? Nunca fue tu estilo atrasar el momento de dormir. ¿Todo bien?


LAURA.-

                                   (Quitándose el abrigo.)

Las últimas veinticuatro horas no han sido más que un terrible tormento.

                                (Acercándose al perchero.)

La decepción cuelga un letrero invisible sobre mi cuello y me siento mancillada.

                                    (Colgando su abrigo.)

Y no se me ocurrió mejor lugar que tu bar para derrochar mi tristeza. Claro, si no tienes inconveniente.


ARCHIE.-

Ninguno lo suficientemente valido para dejar a una buena amiga desolada.


MARCO pone una expresión de cómica y discreta sorpresa.


ARCHIE.-

Oh, Casi olvido las formalidades. Marco ¿conoces a Laura?


MARCO.-

                 (Mirándola, entre encantado entre timido.)

No..., he estado privado de ese placer.


ARCHIE.-

Es curioso que de todos los lugares, llegasen a coincidir aquí.


MARCO.-

¿Por qué?


LAURA.-

Supongo, Marco, que usted no suele pasearse por aquí a media semana.


MARCO.-

Supone bien. El trabajo me lo impide. ¿No dirá usted que solo hace acto de presencia los miércoles


LAURA.-

Así es, para mí no hay mejor día para recargar las baterías con un buen trago. De no ser por esta increíble coincidencia, ya nos habríamos conocido desde hace años.


MARCO.-

Bueno, mejor tarde que nunca. ¿No lo cree?

                            (Extendiendo su mano.)

Un gusto, señorita Laura.


LAURA.-

                    (Acercándose a MARCO con una sonrisa cortes.)

Igualmente, Marco.


MARCO.-

                                (Mientras estrechan manos.)

Y una disculpa por apuntarle con un arma. Fue un malentendido.


LAURA.-

Descuide. Con la inseguridad de hoy día; uno ya se acostumbra.


MARCO.-

El arma es un instrumento de trabajo, no se alarme.


LAURA.-

Espero que la utilice en favor del bando correcto.


MARCO.-

¿Bando correcto? La uso en favor de mi bando.


ARCHIE.-

  (Paseando la mirada entre LAURA y MARCO. Maquinando una idea. Para sí mismo.)

¿Habrá figurado en los planes de Cupido el reunir aquí a estos dos corazones rotos para que se consolasen y reparasen mutuamente?

                                                (Con voz normal.)

Laura, ven, toma asiento.


LAURA.-

Te lo agradezco, Archie, pero prefiero estar parada; mi espalda baja me está matando. Los asientos de espera en los hospitales dan la impresión de estar hechos de grava.


ARCHIE.-

¿Hospital? ¿Pero qué ha pasado?


LAURA.-

                                             (Vacilando.)

Un ser querido ha sido víctima de un... accidente. Pero no hay peligro mortal. Nada que el yeso y el descanso no puedan curar.

                       (Dirigiéndose al baño, ligeramente ensimismada.)

¿Me puedes servir un trago mientras voy al baño?


ARCHIE.-

Claro ¿Que quieres?


LAURA.-

                          (Frenándose para contestar.)

Ya sabes cuál es mi favorito.


ARCHIE.-

                     (Entre pregunta y afirmación.)

Tu favorito.

                             (Más seguro.)

Tu favorito.


LAURA.-

Si, Gin tonic.


                             LAURA entra al baño.


ARCHIE.-

                         (Medio nervioso. Preparando el trago.)

¿Cuál es la obsesión de las mujeres por el gin?


MARCO.-

No lo sé. Tal vez halla en él algún elemento que amplifique la enigmaticidad.


ARCHIE.-

                            (En voz baja.)

Y bien ¿Qué opinas?


MARCO.-

¿Sobre qué, Laura?


ARCHIE.-

No. las elecciones presidenciales. ¡Claro que Laura!


MARCO.-

Me parece que debería ser la pieza principal de alguna exposición de arte en el museo del Louvre.


ARCHIE.-

¿Ves? ¿Ves como las oportunidades para enamorarse desfilan sin cesar delante de nuestras narices? Ahora que lo pienso; la índole de ambos esta tallada en el mismo roble. Te garantizo que congeniaran como tinta y papel; como rayos de sol y flores...


MARCO niega levemente con la cabeza sin mirar a ARCHIE. No se muestra nada animado.


ARCHIE.-

¿Qué? ¿Por qué ese toxico pesimismo? ¿Que no quieres sanar la puñalada que te dejo aquella insensible?


MARCO.-

                             (Ensimismado.)

Para curar una herida se necesita un bálsamo... no sal.


ARCHIE se muestra confundido.


MARCO.-

                                                (Con naturalidad.)

Me siento lo suficientemente despabilado como para aguantar un trago mas. Archie, hazme el honor.


ARCHIE sirve mientras mira a MARCO como tratando de descifrar algo. Regresa LAURA con los ojos rojizos, dando señales de haber llorado.


LAURA.-

                   (Tomando su vaso.)

Perfecto.

                  (Bebe de sopetón.)

Justo lo que necesitaba.


ARCHIE.-

              (Notando la alteración de LAURA.)

Laura, ¿te gustaría conversar sobre lo ocurrido?


LAURA.-

                        (Ligeramente nerviosa.)

¿Lo ocurrido?

            (Mirando por momentos inconscientemente a MARCO.)

¿Lo ocurrido?


MARCO.-

                     (Secundándola.)

Debió ser muy desagradable el accidente.


LAURA.-

                            (Suspira un tanto aliviada.)

El accidente... Oh, sí. Le aseguro que lo fue... una tragedia.

                                   (Reflexionando.)

Y particularmente para mí; porque estuvo en mis manos el poder evitarlo.

                      (A ARCHIE. Con más seguridad.)

Archie ¿tienes algún cigarro?


ARCHIE.-

             (Sacando una cajetilla del bolsillo de su pantalón.)

¿Qué clase de cantinero seria si no estuviera siempre armado?


ARCHIE le da un cigarro a LAURA y se lo enciende con un mechero que saca de algún lugar debajo de la barra. También deja un cenicero cerca de ella.


LAURA.-

                              (Después de liberar el humo de su boca.)

Pero bueno, ya paso ese susto.

                                        (Tomando confianza.)

Y con él; solo un porcentaje de mi pesar.


MARCO.-

                    (Después de dudar unos segundos. Con cierta seguridad.)

Sabe, alguna vez alguien dijo que; cuando una mujer recurre al humo del cigarro durante el purgatorio de la madruga es porque desea reprimir el sinsabor que siembra el mal de amores.


LAURA deja salir una sonrisa sincera. Deja los residuos del cigarro en el cenicero y empieza a caminar mientras cavila; le da la espalda a ARICHIE y MARCO.


LAURA.-

       (Después de volver a fumar del cigarro; dándose la vuelta. Con firmeza.)

Odio servir de ejemplo a una frase que seguramente predico algún borracho desgraciado, pero está en lo correcto... Me declaro culpable de tener el corazón roto. Por otro lado, también acusan de lo mismo a los hombres que brindan pasando las tres, acompañados solo por el cantinero y su sombra.


MARCO.-

                                                   (Ríe.)

¿No pudo contener regresarme la pedrada? Efectivamente, compartimos la misma hiel.

                                     (Mirando a ARCHIE.)

Afortunadamente, Archie es un talentoso consejero; y la soltura de su conversación es capaz de reanimar hasta a los muertos.


ARCHIE.-

                                                 (Conmovido.)

Jamás he pisado una universidad, de mi pared no cuelga un diploma que me acredite como un psicólogo; sin embargo, tengo tanta experiencia dando terapias que me deberían de dar algún reconocimiento por la labor que hago por la sociedad.


MARCO y LAURA ríen.


ARCHIE.-

Ser psicólogo es solo una parte de mi trabajo. También soy conserje, que es algo mucho menos glamoroso; también guardia de seguridad, si es necesario echar a patadas a los que solo buscan pleito; si bien cuando era niño dejé a medias el catecismo, y no he leído ni siquiera media página de la biblia, muchos vienen y adoptan esta barra como un confesionario y a mí como un sacerdote al que sin escrúpulos depositan sus deplorables confesiones... Una vez que terminan, una extraña calma se dibuja en sus rostros. Parece como si alivianaran.


LAURA.-

Si eso es cierto, yo quiero confesar algo. Ya no soporto el peso de esta culpa que me aflige.


MARCO y ARCHIE la miran atentos.


LAURA.-

                                          (Con cierta dificultad.)

Muy infantilmente traté de convertir al amor en un pasatiempo. Y lo hice sin tener en cuenta el inexorable daño que causaría no solo en mí... sino también en la inocente victima que solo buscaba ser feliz.


LAURA al terminar parece como que agotada. ARCHIE, que finalmente comprendió la situación, se encuentra sin aliento. Y MARCO, por el contrario, se encuentra muy tranquilo.


MARCO.-

                                          (Después de unos segundos.)

¿Y por qué hizo algo así?


LAURA.-

                             (Con dificultad, pero sin perder la postura.)

Por tonta, por desalmada, por querer tan desesperadamente algo que ya no podría poseer de nuevo en esta vida... tenerlo por última vez. Estrujarlo con vehemencia...


ARCHIE.-

¿Y eso es?


LAURA.-

Romance. No uno soso, o de etiqueta; sino uno jovial. Ya saben... seguir un horario con actividades pintorescas, que a simple vista parezcan intrascendentes, pero que en realidad sean el sustento de cada día.


MARCO.-

¿Y si ya tenía eso, por que lo pisoteo?


LAURA.-

(La pregunta la afecto. Cierra los ojos y se lleva una mano a la boca. Sacude la cabeza para despabilar. Se reincorpora.)

Por fidelidad... fidelidad a quien tiene todo el derecho de degradarme. Quien estuvo para mi desde hace ya tiempo, y que su mayor error es tener un buen trabajo que lo toma prestado durante meses. Me puse en una situación muy inconveniente... tenía que tomar una decisión. Me incline por la que me pareció mas racional.

 

MARCO.-

No se ofenda, Laura, pero eso me parece una estupidez.


LAURA.-

                                         (Totalmente recobrada.)

Estando en sus muy melancólicos zapatos de hombre seguramente pensaría igual. Mas espero que algún día ese galán, de quien llegue realmente a enamorarme, pueda comprenderme, y si no es mucho pedir, también perdonarme.


MARCO.-

No lo sé, Laura, los hombres somos muy testarudos.


LAURA.-

                                        (Ríe. Caminando a la barra.)

Quiero aprovechar ese comentario suyo para hacerle una pregunta. Vera, durante todo este rato no había querido preguntar el por qué de su... muy maltratado aspecto, más que nada por decoro; pero como aquí ya se gesto una cierta confianza, me aventurare a preguntar ¿Qué demonios le pasó?


MARCO.-

Vi a un señor adueñarse de algo que no merecía, y no pude aguantarme las ganas de darle un muy buen detallado sermón; lamentablemente mis nudillos son más elocuentes que mi boca. Para mi infortunio, a los dos segundos de pelea me vengo enterando de que el bastardo es cinta negra. Aunque fue una contienda muy pareja, estoy seguro de que yo asenté más y mejores golpes... Pero eso no importo, pues el réferi injustamente nombro a ese mal nacido como el ganador.


LAURA.-

                                (Mirando con cierta decepción a MARCO.)

¿Y cómo sabe que el señor no merecía lo que tomó?


MARCO.-

                  (Con cierta impotencia.)

Porque yo pelee más por ello.


LAURA.-

                       (Un poco irritada.)

¿Desde cuándo peleas tu, y desde cuando pelea él?


MARCO hunde su rostro entre las manos.


MARCO.-

No es justo.


LAURA.-

No, no es justo... para ninguna esquina.


LAURA cierra los ojos, y se frota la frente con la mano derecha.


ARCHIE.-

(Notablemente incomodado. Pero tampoco sin perder la postura de pretender no saber nada. Deseoso de separarlos.)

Laura; mi piano te echa de menos; apenas puede recordar la última vez que acariciaste sus teclas. ¿Quisieras complacerlo con alguna pieza angelical?


LAURA mira de reojo a ARCHIE y asiente débilmente. Fuma del cigarro y luego lo deposita en el cenicero. Se dirige al piano y se sienta en el banquito frente a él. Pone sus dedos en las teclas, sin embargo se muestra dudosa. Respira profundamente y con los ojos cerrados comienza a interpretar ¨Lullaby of Birdland¨ en la versión de ¨Sakamichi no Apollon¨. En cuanto comienza a cantar, MARCO descubre su rostro y mira a LAURA sin alguna expresión en particular. ARCHIE mira tristemente conmovido a Ambos. Marco da un leve sorbo al trago. Al terminar el verso ¨Flying high in Birdland, high in te sky up above. All because we're in love...¨ LAURA se detiene. Deja caer los codos sobre las teclas y se toca las sienes.


LAURA.-

Me comporte como una colegiala caprichosa. Me asquea mi propia inmadurez.

(Se para del banquillo y comienza a caminar cerca del centro del escenario. Juguetea con sus dedos; mirando al suelo.)

Debí ser inquebrantable ante esos elogiosos ojos que...

                                                     (Levanta la mirada.)

... me cobijaban desde lo más alto del puente... Que me acompañaban..., que me hacían florecer de nuevo. ¡Cuánta nocividad pude haber ahorrado si tan solo hubiera podido mantener la postura!


MARCO.-

                                (Mirándola de reojo. Por encima de su hombro.)

No se achaque la integridad de la culpa.

                                    (Mirando de frente, a nada en particular.)

Su cómplice debió ser lo suficientemente prudente como para prever un muy posible y caótico desenlace.

                                               (Exhala una risa burlona.)

De lo contrario; ¡que criminal falta de sensatez!


LAURA.-

O exceso de sentimientos.


MARCO voltea a mirarla. Intercambian sonrisas.


LAURA.-

                                         (Recobrando un poco la seriedad.)

¿Se arrepiente, Marco? ¿Se arrepiente de cualquiera que sea el motivo que lo tiene prisionero aquí?


MARCO.-

                                (Después de unos segundos de cavilación.)

Claro que no. Todos los placeres tienen un precio; y el que yo pague fue muy alto, que casi me deja en bancarrota. Pero la experiencia nadie me la puede arrebatar. Eso sí, el aprendizaje que obtuve me aconseja jamás volver a invertir en una empresa como esa... y no podría estar más de acuerdo.


LAURA.-

Somos dos. Solo deseo que él se encuentre bien, después del mal que le hice.


MARCO.-

Bueno; no hay mal que por bien no venga. Seguramente, de una forma u otra, lograra recobrarse. A él no le agradaría que usted lo viera ahogándose en whisky; por eso levantara la frente y superara esa difícil, pero necesaria, etapa... O al menos así, con la ayuda de Archie, me he decidido a obrar yo.


ARCHIE mira a MARCO con una sonrisa.


ARCHIE.-

¡Ánimo! No importa que tan des animadora sean las circunstancias; no debemos dejar que mermen la esperanza.

                                                  (Saliendo de la barra.)

Me parece que es el momento apropiado para hacer alarde de uno de mis tantos talentos.

                           (Acercándose a la zona de instrumentos.)

No sé lo que es un ¨Do¨, no sé lo que es un ¨Si¨, ni lo que este en medio.

                                             (Toma la guitarra.)

Solo sé lo que me enseñaron los guitarristas gemelos que tocaban en la esquina la calle en donde vivía por míseras limosnas muy por debajo de sus habilidades.


ARCHIE se sienta en el banquito del piano; dirigiendo la mirada a LAURA y MARCO.


ARCHIE.-

Esta canción es como un himno para mí; es el consejo más esencial para conllevar la existencia; es una palmada en el hombro para gente que atraviesa la misma aflicción que ustedes.

                                           (Con un graciosa persuasión.)

Y no está de más decir que: cada vez que toco esta canción, les resulta irresistible a los que escuchan bailar. Siempre... sin falta... sin excepciones... sin importar nada. Me sentiría humillado si alguna vez alguien se negase a hacerlo.


MARCO y LAURA sonríen al ver como ARCHIE intenta emparejarlos para bailar. MARCO se levanta de su asiento y se dirige a paso firme con LAURA.


MARCO.-

                      (Haciendo una ligera inclinación y extendiéndole su mano.)

¿Me concedería esta pieza?


LAURA.-

                (Los ojos se le vuelven a cristalizar. Con una gran sonrisa.)

Será un honor.


Ya en posición la pareja. ARCHIE empieza a interpretar ¨Desencanto¨ de Kassin. MARCO y LAURA comienzan con la apacible oscilación. Verso tras verso ellos parecen acercarse más y ARCHIE sonríe durante su canto. La barbilla de LAURA se recarga en el hombro de MARCO; y éste aprovecha para oler el perfume de su cabello. Después del verso: ¨Nada na vida é eterno, nem o amor...¨ Ambos, con perfecta sincronización, dejan de bailar y se amarran en un vehemente abrazo. MARCO mantiene los ojos cerrados mientras sujeta la nuca de LAURA; y ella lo encadena de la espalda, acompañada de sollozos discretos.


LAURA.-

                           (Susurrándole ahogadamente.)

Lo siento... lo siento.


MARCO.-

                       (Susurra con admirable tranquilidad.)

Para... No es necesario.


ARCHIE al ver esto expone un malestar en el rostro, pero sigue cantando y tocando con la misma entrega. La canción termina. MARCO y LAURA quedan enganchados unos segundos más; hasta que MARCO se separa de ella; sujeta su mano hasta donde le es posible. Se dirige a la barra y termina su trago. Del bolsillo de su saco saca una cartera, le roba un par de billetes.


ARCHIE.-

No, no, no. Yo invito.


MARCO.-

                     (Deja los billetes en la barra y se guarda la cartera.)

Esas cortesías no son buenas para el negocio. Aportare tanto como me sea posible.


MARCO se dirige con ARCHIE; le extiende la mano. Ambos se sonríen con cordialidad.


MARCO.-

Gracias por escucharme hasta el final, a pesar de mi melancólica disposición. Espero no haber sido una molestia muy agobiante.


ARCHIE.-

                      (Estrechando su mano con gran gusto.)

Ni lo menciones, es mí deber; no como cantinero, sino como amigo.


MARCO.-

Y también gracias por los ánimos; te aseguro que has ahogado la antorcha que me iba a hacer explotar.


ARCHIE.-

Cuando quieras...

                      (Dejan de estrecharse.)

¿Regresaras en la noche?


MARCO.-

Puedes estar seguro de ello. Exceptuando lo miércoles, no habrá día que te puedas librar de mi.


ARCHIE.-

¿Es una amenaza?


MARCO.-

                   (Ríe.)

Así es. Te sugiero que te prepares.


Ambos ríen.


ARCHIE.-

                       (Con un tono más cerio, pero a la vez cálido.)

Cuídate, Marco. Por favor.


MARCO asiente con una ligera inclinación de cabeza. Da la vuelta y regresa con LAURA.


MARCO.-

                                       (Extendiéndole la mano.)

Laura, ha sido un placer conocerla... un placer que supera a cualquier otro que haya experimentado.


LAURA.-

                             (Más resuelta. Estrechando su mano.)

La impresión que usted me ha dejado, le aseguro, la atesorare con un afecto digno de su encantadora persona.


MARCO le besa la mano.


MARCO.-

Mis más honestos deseos están inclinados a su felicidad. Realmente espero que el camino que eligió la colme de toda la alegría que anhela. Y que jamás se vea en la penosa situación de lamentarse por alguna decisión mal tomada.


LAURA.-

Aprecio enormemente sus palabras.


MARCO se dispone a salir; pero LAURA de inmediato le obstruye el paso.


LAURA.-

Espere... no lo voy a dejar salir sin antes haberme prometido una cosa.


MARCO.-

Dígame...


LAURA.-

No va a dejar que la desconsideración de una indecorosa le prive su amor a alguna dama digna. Su caballerosidad y sentimentalismo...,

                               (Trata de no salir de su papel de extraña.)

ó al menos, lo que he apreciado estos minutos, son más que suficientes para abastecer de motivos a una mujer que pueda necesitarlos; con intenciones de enderezar el camino y seguir adelante. No desprestigie el valor del amor... usted merece todos y cada unos de los privilegios que pueda ofrecer. Ame...

 

MARCO queda unos segundos en silencio. Después de una sonrisa no muy animosa a LAURA, y una ligera inclinación de cabeza a ARCHIE; MARCO se dirige a la salida. Sujeta el picaporte y se queda mirando al suelo unos segundos. Después de agitar la cabeza, sale sin mirar atrás. ARCHIE se levanta del asiento y deja la guitarra en donde la tomó.


ARCHIE.-

                                       (Regresando a la barra.)

Que muchacho tan peculiar. Lo conozco desde que trataba de escabullirse aquí con una idenificación falsa; y la única vez que lo vi ligeramente como hoy, fue cuando los Spurs perdieron las finales contra el Heat.


LAURA.-

                                (Después de una sonrisa afectada.)

Bueno, la temporada siguiente a esas finales los Spurs se redimieron al regresarle el favor al Heat; y Marco hará lo mismo.


ARCHIE.-

                            (Recogiendo los vasos de la mesa.)

Y Laura ¿Te gustaría compartir algo?


LAURA se dispone a hablar. Pero el tono de llamada de un teléfono la interrumpe. ARCHIE trata de encontrar el origen del sonido y LAURA, medio cavilando, se acerca a su abrigo de la bolsa saca un celular; mira la pantalla y luego mira a ARCHIE. Después de una breve indecisión, contesta. Mientras, ARCHIE pone atención a la plática a la par que recoge la barra y deja todo como nuevo.


LAURA.-

                                               (Al teléfono)

Bueno... Si, veo que ya se lo comunico Eleonor... Si... si... No... no... No se preocupe señora, su hijo está a salvo... ¿Eleonor? Se quedo con él en el hospital, mientras yo salía a tomar aire... Si es una muy buena hermana... ¿Yo? Ya más tranquila ahora, gracias...

          (Queda unos segundos en silencio. Reaccionando precipitadamente.)

No lo sé, señora... Cuando yo llegue a la casa del trabajo, Claudio y aquel... hombre ya estaban intercambiando puñetazos... ¿A mí? No... és más, en cuanto aparecí se marcho... No, antes de perder la conciencia me dijo que no sabía quien era, o que hacia allí... Si, seguramente algún ladrón... Tenemos que ser más cuidadosos...

                   (Vuelve a quedar en silencio. Luego, con una débil sonrisa.)

No se preocupe por eso, señora... la boda no tendrá que ser suspendida; estoy segura de que Claudio estará listo para la fecha pactada... este suceso no retrasara nuestros planes...

                                               (Riendo.)

Como usted diga, suegra... Nos vemos en la mañana, señora... perdón, suegra.


LAURA cuelga y deposita el celular de donde lo agarro. Se dirige con ARCHIE.


ARCHIE.-

Felicidades.


LAURA.-

¿Por qué?


ARCHIE.-

Pues por tu compromiso... Aunque sinceramente me siento un poco ofendido al tener que haberme enterado así, y no porque tú me lo informaras directamente.


LAURA.-

Disculpa.

                                         (Con cinismo falso.)

Estaba muy ocupada engañando a mi prometido como para hacer cualquier cosa.


ARCHIE.-

La semana pasada ni siquiera sospechaba que estuvieses en una relación; y ahora resulta que ya manchaste tu compromiso con un amante. Uno sortija pudo haberme advertido lo uno; y un ánimo alegre lo otro. Pero no, no mostraste indicios de nada. Siempre ocultando todo detrás de una postura respetuosa y elegante.


LAURA.-

Gracias por el cumplido... No, en realidad... me incursione en ambas cosas con cierta angustia y sin tomar en cuenta sus consecuencias.               

                         (Caminando en circulos cerca de la barra.)

Mi prometido, Claudio, es alguien... servible. Lo conozco desde la universidad; siempre me ha parecido simpático, y aunque es bien notorio que no fue bendecido con gran belleza natural, sus modales, por otro lado, son de la más alta calidad. Siempre ha sido muy atento conmigo. Cuando de la nada me pidió mi mano, me puse a repasar precipitadamente los pros: Su situación económica es más que estable, su familia goza de buena fama, y yo me libraría de la solitaria soltería; eso que en mis veintes fue mi más grande orgullo, ya representaba una penosa carga... Dije que sí. Lo que siguió fueron tratos sosos, tertulias políticas y cenas en el mismo maldito restaurante... en donde se reiniciaban las charlas de política. Y fue allí cuando, por primera vez, considere los contras, y aunque conté varios, todos se resumían a una cosa... No había amor en el aire...

                                     (Con cierta felicidad.)

Luego, Claudio saldría de la cuidad dos meses por trabajo. Y yo me quede sola, aunque en realidad no note gran diferencia... hasta que un día, mientras esperaba el autobús al trabajo, percibí con gran intensidad que una mirada se clavaba en mí. El dueño de esa mirada era un hombre muy bien parecido, con un aura misteriosa, un porte atractivo... y una ligera obsesión por el pay de queso. Desde el momento en que lo arrastre a mí, sabía que alguien podría salir herido... pero nunca pensé que al final ninguno de los tres quedaría ileso... Si, lo admito; al principio fue un capricho. Él se disponía a complacerme, y yo no me pude resistir a esa inclinación que tanto desconocía y me hacía falta... pero solo bastaron unos días para convencerme que en mí florecía un sincero afecto por ese... acérrimo fan de ¨The Philadelphia Story¨. Llegue a reconocer que lo amaba, y por un segundo, o al menos la mitad de eso, hubiera aceptado el cancelar mi compromiso y residir bajo su techo de forma permanente... Pero la culpabilidad me agarro con la guardia baja. Mi historial de infidelidad ya estaba muy bien provisto como para negarme todo perdón; cuando Claudio, un mes antes de la fecha indicada, estaba de regreso en casa, argumentando que no pudo soportar la ausencia de mi persona a su lado, y que cualquier castigo que la empresa le otorgara, sería una leve bofetada a comparación de estar otras cuatro semanas sin mí. Y no solo eso; consigo trajo los juegos de vajilla que yo había recomendado para ser usados en la boda. Me sentí repugnante... con toda claridad puede escuchar a todas esas cajas llenas de porcelana reprochándome.

                                         (Después de un suspiro.)

Claudio no merecía eso... Con su súbita aparición pude ver en él esfuerzos por ser más abierto; pude ver como trataba de garantizarme un marido ideal. Parecía otro... A falta de tener el valor suficiente para confesarle mi traición; rápidamente resolví en distanciarme permanentemente de mi amante... Le hice prometer que me trataría como una desconocida si acaso llegábamos a cruzarnos.


ARCHIE.-

Laura... Ni Claudio, ni ese... amante, tenían porque ser blancos de tus inseguridades. Insegura de poder casarte antes de los treinta y cinco; insegura de volver a experimentar romance. Desde ahora en adelante debes tener muy en claro cuáles son tus prioridades; porque cada decisión que tomes no solo te afectara a ti, sino a los que te rodean. Ya le mentiste a tu futuro esposo; no te voy a aconsejar que le reveles la verdad, si tu conciencia puede mantenerse estable soportando eso, que mejor. Todos saben que sin mentiras o secretos este mundo ya habrpia dejado de existir desde hace siglos. Lo que si te voy a pedir es ser mas juiciosa en como empleas tu amor y sentimientos; ya que no hay armas más poderosas que éstas. ¿Ves todo el revuelo que causaste por usarlos como si fueran juguetes?


LAURA.-

Pero los juguetes tienen un efecto diferente en niños y en adultos.


ARCHIE.-

No juzgues a alguien por lo que aparentan ser. Por dentro pueden ser tan inmaduros en ciertos temas; o ignorantes en otros. No todos saben cómo lidiar con las cosas.


LAURA.-

Entiendo.


ARCHIE.-

Solo eso. Emplea tus sentimientos de una manera que nadie que te importe resulte gravemente herido. Una mala jugada y se podría terminar ebrio en alguna esquina desconocida, o inmovilizado en alguna camilla.

                                             (Después de una pausa.)

Y en cuanto a Claudio, si ya resolviste en ser su esposa; recompénsalo en doble de lo que merece. Y en cuanto al otro, bueno, lo mejor que te puede pasar es no volver a tropezar con el . 


LAURA.-

Gracias por querer hacerme entrar en razón de manera tan sobria. Me tengo que ir. De seguro ya estas ansioso por cerrar. No pretendo incomodarte más. Adiós Archie.

                                             (Mirando el lugar.)

Y hasta nunca, querido bar.


ARCHIE.-

¿Cómo?


LAURA.-

Después de la boda me iré con mi marido al norte; donde esperamos construir un hogar. Mientras tanto, no creo poder soportar la atmósfera de este bar; aquí palpita el recuerdo del mal que cause; además, no quiero causar alguna incomodidad con mi profanadora presencia. Espero que lo entiendas.


ARCHIE.-

                                 (Saliendo de la barra.)

Mucho más de lo que crees.


ARCHIE y LAURA se abrazan.


LAURA.-

Gracias, Archie.


ARCHIE.-

Suerte.

                         (En un tono más confidencial.)

Y no te preocupes por él. Yo estaré para lo que necesite.


A LAURA se le comienzan a cristalizar los ojos. El abrazo termina y LAURA toma su abrigo, se dirige a la puerta pero antes de salir voltea y mira a ARCHIE.


LAURA.-

Enviare a alguien para que te entregue la invitación... Es el catorce de enero.


ARCHIE.-

                                 (Incomodo. Con poca credibilidad)

No pretendo ofenderte pero, no creo tener la disposición suficiente como para presentarme en tu boda. Ya sabes... no puedo descuidar el negocio en una época muy buena, y no hay nadie más calificado que pueda atenderlo como merece. Disculpa.


LAURA.-

                                             (Comprensiva.)

No te preocupes; honestamente, lo que me sorprendería seria el caso contrario. Un sanador no debe estar alejado de su consultorio por tanto tiempo... muchas almas cuentan contigo. Adiós, Archie... gracias por demostrarme que la nobleza aun es una cualidad humana.


LAURA sale. ARCHIE respira con alivio. Medita unos segundos el caso que acaba de presenciar.


ARCHIE.-

No cabe duda de que una costumbre de los jóvenes es dar más de lo que deben. Entregarse tan ciegamente a una pasión nunca termina bien. Y como es una costumbre de la vida; a todos les toca lo que no merecen. A la pareja madura y bien colocada se les niega a los hijos, mientras que de una aventura entre mocosos nace algo que consideran un error. Al deportista que entrenaba pasionalmente todos los días se le condena con una silla de ruedas porque alguien con un excesivo frenesí por el alcohol y la estupidez decidió tomar el volante. Marco, que a pesar de ser un iluso, merecía una respuesta digna de sus esfuerzos; en cambio, ahora deambulara más dudoso y temeroso que antes respecto al volver a creer en el amor. Laura, que debería ser juzgada por su traición, recibirá las atenciones y el afecto de un hombre que siempre la tendrá por una santa.

                                      (Caminando al perchero.)

Otra madrugada y otra lección repasada; a veces los esfuerzos no son remunerados de la manera que debieran, y en gran parte por eso mi negocio es abundante.

                                    (Ríe. Poniéndose el abrigo.)

Yo trato de enderezarlos, pero depende de ellos si quieren avanzar. Y digo querer porque realmente es lo único que se necesita.

                                          (A la audiencia.)

Y si necesitan una excusa para seguir adelante, no se quemen los sesos intentando buscar lo que aun no merecen. Primero deben ver un espejo, allí encontraran una buena razón para empezar; luego procedan a mirar como el sol se oculta entre las casas, les aseguro que a partir de ese aparente cuadro banal entenderán que estar aquí, que estar vivo, es una buena excusa para levantarse de la somnolienta rutina. Y cuando reciban algún golpe que les duela; aprécienlo, analícenlo, y si tienen coraje: regrésenlo. Muchas cosas valen la pena; hagan que ustedes también; e identifiquen las que no merecen la atención y huyan de ellas.

                                      (Poniéndose el gorro.)

Bueno, para cualquier sugerencia o bebida, ya saben dónde pueden encontrarme. La puerta estará siempre abierta; al igual que mis oídos y mis botellas. Pero por favor, que sea a una hora razonable; entenderán que para un anciano como yo; ya no es suficiente un trago para guiarme por la carretera de regreso a casa poco antes del amanecer.


ARCHIE apaga la luz y sale del bar.


(Telón.)

19 de Junio de 2018 a las 19:38 0 Reporte Insertar 0
Fin

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E. Guerra Maya ¨Las palabras son lo único que tengo para jugar¨

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