Be young, be foolish, be happy Seguir historia

always_youandme Effy Stonem

Elizabeth Walker se siente perdida. Ya no encaja en el mundo que sus padres han creado para ella, la fama ha sido demasiado y necesita salir de ahí. Kyle siempre ha estado a su lado para echarle una mano, mientras que a Jack acaba de conocerle. En un mundo en el que no puedes confiar en nadie, ¿será capaz de dejarse ayudar? ¿de abrir su corazón?


Romance Romance adulto joven No para niños menores de 13.

#fama #problemas #sexo #adolescentes #jóvenes #amor
1
5.0k VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Todos los lunes
tiempo de lectura
AA Compartir

1

Era una tarde estupenda. El reloj marcaba más de las siete de la tarde y el cielo había adquirido un color rojizo precioso, aquello la hizo sonreír y echar la cabeza hacia atrás en la hamaca. Amaba esa sensación de paz y tranquilidad que transmitía el verano, los días interminables, las tardes en la piscina con sus amigos, las noches bebiendo cócteles… todo.

-¿Ya tienes preparado el modelo para esta noche? – le preguntó su mejor amiga, mientras se subía las gafas de sol para poder mirarla a los ojos.

-Mi madre lo eligió por mi hace semanas – respondió la chica, encogiéndose de hombros – Una marca se lo envió para que lo promocionara, pero dice que es mejor que lo lleve yo, porque las chicas de mi edad lo comprarán más si lo ven en mí y no en ella.

-Te entiendo. Mi madre lleva promocionando una marca de joyas durante meses, está harta de llevar esas pulseras porque pesan muchísimo, así que en breve me obligará a llevarlas a mi.

La pelirroja se colocó de nuevo las gafas de sol, y Elizabeth volvió a posar la vista en el horizonte. En seguida tendría que volver a su casa y empezar a prepararse para la fiesta que darían aquella noche, todos los amigos íntimos de sus padres estaban invitados, y un montón de prensa se congregaría alrededor de la casa para tomar todas las fotografías posibles de los looks de aquella noche, unos pocos intentarían descifrar el menú y los cócteles de después, unos cuantos se fijarían demasiado en quién hablaba con quién, y en donde posaban sus manos.

Internet echaría humo al día siguiente.

Solía gustarse aquello. Vivir en el barrio más exclusivo de Los Ángeles, tener toda la ropa y maquillaje del mundo, salir en revistas… pero ya estaba cansada de eso. Su círculo más íntimo también, y eso era lo único que la consolaba en días como aquellos, donde todo giraba alrededor de su familia, de ella.

Sus padres llevaban semanas sin hablarse, su padre intentaba pasar todo el tiempo posible fuera de casa, participando en campañas benéficas o acudiendo a hospitales de niños para regalar camisetas de fútbol con su nombre grabado en ellas. Su madre había aceptado un papel en una serie por el simple hecho de irse a grabar a Nevada y alegarse unos meses de allí, cuando la había escuchado mil y unas veces predicar que prefería raparse la cabeza al cero a salir en la pequeña pantalla - y el pelo era importantísimo para ella -; pero aquella noche harían como si nada hubiera pasado, como si siguieran siendo la pareja perfecta, como si siguieran enamorados el uno del otro.

La hipocresía de aquel mundillo la agotaba, tanto física como mentalmente, por eso aprovechó al máximo aquellos últimos minutos en el jardín de su mejor amiga, antes de volver a enfrentarse al mundo real.

Aquel vestido le apretaba el plano estómago de tal manera que sabía que aquella noche apenas podría cenar. Su madre también lo notó, pero se dedicó a sonreír y hacerla dar una vuelta sobre sí misma.

-Bueno, así no engordarás, cielo. Todo tiene su lado positivo – le dijo, antes de darle un beso en la frente y salir de la habitación.

¿Engordar? Cada día estaba más flaca. Todo el mundo lo veía. Todos menos ellos, que estaban demasiado ocupados para fijarse en algo que no fueran sus propios intereses. Se preguntó cuando ella había dejado de ser uno de ellos. Supuso que fue en el momento en que les quitó algo de protagonismo por tener su propia personalidad, por no ser perfecta.

Se limpió una solitaria lágrima que bajaba por su mejilla izquierda antes de subirse a los tacones y darle los últimos retoques al maquillaje. Ya podía escuchar las voces, totalmente ajenas, diciéndole lo preciosa que estaba, pero jamás vería tal cosa en el reflejo de aquel espejo. No con aquel vestido, aquellos zapatos y aquel peinado.

Le dio la espalda al espejo, agarró un pequeño bolso que su madre había posado sobre la cama y salió de su cuarto, sabía que no podría volver a él hasta pasadas varias horas, así que intentó no echarlo demasiado de menos, al mismo tiempo que depositaba toda su concentración en no matarse por las escaleras de caracol que daban al hall.

Su padre pasó como una bala por él, anudándose una corbata color melocotón que hacía juego con el vestido de su madre. Ni siquiera se percató de su presencia, porque estaba demasiado ocupado gritándole al servicio que se dieran prisa con los canapés, pues la prensa ya estaba fuera de la casa, esperando por la foto de rigor, y los invitados no tardarían en llegar.

No quiso preguntarse dónde había estado él toda la tarde para tener que estar todavía anudándose toda la corbata.

-¡Señorita Elizabeth! – exclamó Moira, que primero había sido su niñera y ahora se encargaba de que el resto de empleados que trabajan en la casa hicieran bien su trabajo - ¡Está usted preciosa!

No le molestó escuchar eso de sus labios, porque sabía que su sonrisa era sincera, y que los bollos de leche que aparecían en su habitación los dejaba ella a escondidas, porque solían encantarle cuando era pequeña, y ya había empezado a preocuparle la forma en que se le marcaban los pómulos.

-Para ti siempre lo estoy, Momo – respondió la joven, devolviéndole la sonrisa y llamándola por su apodo. Su madre siempre lo había odiado, se parecía demasiado a mamá.

Moira le pellizcó suavemente la mejilla, antes de volver a la cocina para meter prisa a los cocineros y camareros que rondaban por allí. Elizabeth se quedó plantada en el hall, esperando a que su padre levantara los ojos de la pantalla del móvil y le prestara atención. Cuando por fin lo hizo, se acercó para darle un breve beso en la frente.

-Estas preciosa, cielo. Arrasarás esta noche – y le guiñó un ojo.

Elizabeth se contuvo para no poner los ojos en blanco allí mismo, pero no pudo evitar hacer una mueca ante el siguiente comentario de su padre.

-¿Dónde se habrá metido tu madre? Esa mujer es incapaz de ser puntual. Siempre con lo mismo.

A continuación, el sonido de unos tacones inundó la estancia.

-Ojalá no fueras tan bocazas, Richard – comentó, apartándose unos mechones de pelo rubio de la cara – Serlo hace que se te marquen más las arrugas de la frente.

Elizabeth bufó, ganándose un par de miradas matadoras por parte de sus progenitores. Ambos se habían sometido a varias operaciones estéticas para que pareciera que seguían teniendo treinta años; obviamente no había funcionado, y se pasaban la vida echándoselo en cara mutuamente, como si todavía estuvieran en el jardín de infancia y se hubieran meado encima.

-No les hagamos esperar más, no quiero encontrarme con ninguna mala crítica hacia nuestra familia mañana en las redes sociales – advirtió su madre, alisándose un vestido que no tenía ninguna arruga.

-Lo que tu digas – respondió su padre, echándole mano al pomo y abriendo la puerta.

Como buen caballero que aparentaba ser, dejó pasar primero a sus dos princesas, para que los focos de las cámaras se centraran en ellas, y él se quedó el último, aunque también estaba deseando acaparar las miradas.

Elizabeth irguió la espalda y se obligó a poner su mejor sonrisa mientras miraba a todos los ángulos, a todos los objetivos. Su madre incluso alzó la mano para saludar a las cámaras, lanzó besos al aire y cambió de postura varias veces. Su padre hizo varias fotos echándose el pelo hacia atrás, aunque ya lo tenía engominado, porque sabía que un montón de adolescentes -y otras no tanto- pondrían aquella foto de fondo de pantalla.

-¡Elizabeth! ¡Una foto tu sola, por favor! – gritó alguien, y al segundo varias personas más.

La chica miró a sus padres, y estos se miraron entre sí. Notó la rabia en sus ojos, la envidia. Incluso aunque sus sonrisas parecían decir lo contrario.

Ambos se apartaron de ella y se quedaron en un rincón, muy juntos, dedicándose falsas miraditas y sonrisas de amor, desesperados por conseguir alguna foto así; pero todos los focos se habían centrado en ella.

Algunos le pedían que sonriese, otros que mostrase su vestido, otros que se diera la vuelta, mostrando la espalda de encaje del modelito y sonriera al mismo tiempo. Intentó hacerlo lo mejor que pudo, porque no aguantaría mucho más.

Miró desesperada a sus padres, pidiendo ayuda en silencio, pero ellos seguían inmersos en su farsa. Lástima que su padre hubiera dedicado toda su vida al fútbol, porque habría sido tan buen actor como su madre, o incluso mejor.

Para cuando terminó de saludar a la gente, su cuerpo suplicaba que dejaran de tocarla, admirarla y observarla como si fuera una pieza de un museo, no quería que nadie más le besara las mejillas, ni que le preguntaran sobre sus próximos proyectos, porque era verano, y no quería trabajar, ni estudiar, ni pensar en nada más que no fuera tomar el sol, leer e irse de fiesta con sus amigos. Por eso cuando los vio llegar, cada uno con sus respectivas familias, respiró tranquila y sonrió de verdad por primera vez en toda la noche.

Maddie estaba increíble, enfundada en un vestido rojo que hacía resultar el color de su pelo, llevaba los labios pintados del mismo color, así que todo en ella era fuego. La abrazó con fuerza.

-Estas increíble, aunque eso ya lo sabes – le susurró al oído – Kyle, Brad, Liv y yo hemos quedado para salir después, por si al final te animas.

-Estoy agotada, y mi madre se pondrá histérica si me voy de la fiesta familiar antes de que se vaya el último invitado, así que no creo que me una esta noche. Pero contad conmigo en la próxima.

-Lo entiendo – respondió Maddie, frunciendo los labios – Que suerte que hasta el mes que viene no se celebra la fiesta en mi casa, porque todavía no estoy preparada mentalmente para aguantar todo este rollo.

-Yo todavía no lo estoy – respondió la rubia, observando a su alrededor.

Su jardín estaba repleto de extraños que intentaban integrarse con gente a la que conocía desde que había nacido. Reconocidos actores, guionistas, futbolistas, modelos y demás artistas charlaban, bebían y comían allí, en su casa, como si fuera el último lugar de moda.

Solo que no lo era, aquel era su hogar; y ahora había sido invadido por todos ellos, que solo veían ese jardín como una oportunidad para lanzar su carrera, para conseguir trabajar en otro gran proyecto o simplemente para emborracharse y llenar la barriga gratis.

Posó los ojos sobre Liv, que también se había acercado para abrazarla cuando había conseguido zafarse de su madre. Llevaba un vestido amarillo, que le quedaba perfecto porque resaltaba el color café de su piel, y también las curvas de su cuerpo.

-¿Vendrás a la fiesta de después? – le preguntó, sonriendo.

-No viene, no quiere arriesgarse a que Rose sufra un colapso al verla marchar.

Elizabeth se extrañó al escuchar a su amiga utilizar el nombre de pila de su madre, pero asintió.

-¿Cómo que no vienes? – esta vez, la voz pertenecía a Brad, que había aparecido de la nada.

Ya llevaba la pajarita torcida, y se ajustó las gafas de pasta para observarla mejor. También había fruncido el ceño para darle profundidad al asunto.

-Esta noche no puedo, en serio – respondió la rubia – No insistas, ¿vale?

Brad podía conseguir todo lo que se propusiese, por eso no quería que insistiera con aquella fiesta, porque sabía que acabaría cayendo en sus telarañas mentales, y no quería aguantar el enfado monumental de su madre al día siguiente. Ya había bastantes gritos en aquella casa.

-Si tu no vas, Kyle va a rajarse – añadió el rubio, cruzándose de brazos.

-¿De qué voy a rajarme?

Kyle fue el último en aparecer. Hacía un par de semanas que no le veía, porque se había ido de vacaciones a las Maldivas con sus padres, pero allí estaba, con el pelo castaño y rizado rozándole los hombros y la misma sonrisa de siempre, que hacía que se le formasen hoyuelos en las mejillas.

Fue Elizabeth quien dio el primer paso esta vez para abrazarle, y enseguida notó como los brazos del chico se deslizaban por su cintura y la estrechaban contra su cuerpo. Había crecido, estaba segura, porque ahora su boca quedaba a la altura de su cuello.

Aspiró su aroma y sonrió. Kyle había sido su primer amigo de verdad, el primero que no le había fallado, que había jugado con ella a las muñecas sin protestar, el único que le había dejado pintarle las uñas y que siempre había estado allí para ella.

-Te he echado de menos – le dijo, separándose un poco de él.

Kyle todavía sonreía cuando le respondió que él a ella también. Escuchó el sonido de los flashes a su alrededor, y sabía que al día siguiente habría un montón de fotos de su abrazo en las redes sociales más populares y revistas del momento, pero le daba igual; estaba harta de dar explicaciones.

-Te he traído un regalo – dijo el chico, apartando las manos de su cintura para sacar algo de los bolsillos del pantalón.

Estaba guapo con aquella camisa de color azul claro, porque resaltaba su bronceado y el color miel de sus ojos. La chica volvió a sonreír cuando agarró la pequeña bolsita de su mano. La abrió rompiendo el papel y una pulsera de cuero entrelazado cayó de ella. Había una piedra de color aguamarina en el centro. Le encantaban aquellas pulseras.

-Yo tengo una igual – añadió Kyle, mostrando su propia muñeca. Efectivamente, allí estaba la misma pulsera – El vendedor de la tienda me contó no se qué historia sobre una unión de almas, y como sé que te encantan las historias y el misticismo decidí hacerle caso y comprarlas.

-Es preciosa, me encanta – respondió sincera – Muchas gracias Ky.

Y estiró el brazo para que el chico anudara la pulsera en su muñeca. Tampoco entonces se preocupó de los flashes.

11 de Junio de 2018 a las 23:56 1 Reporte Insertar 1
Leer el siguiente capítulo 2

Comenta algo

Publica!
Gin Les Gin Les
Hola, soy Gin, embajadora de Inkspired. He pasado a revisar tu historia como parte del programa de verificación con el propósito de ayudarles a presentar un trabajo de calidad a los lectores y que de esa manera logren alcanzar mayor cantidad de lecturas. Antes de verificarla es necesario que corrijas algunas faltas de ortografía y puntuación en tu obra como el uso de la raya de diálogo y los verbos dicendi, una vez hecho esto comenta este mensaje y pasaré de nuevo a revisar para ponerla en verificada. Espero poder ayudarte en caso de que tengas alguna duda. ¡Saludos!
24 de Agosto de 2019 a las 00:55
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 5 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión

Historias relacionadas