Reliquia Seguir historia

irvtrinidad Irving Trinidad

Reliquia es, un compendio de versos y escritos dedicados a la más grande obra humana que el infinito nos haya permitido encontrar, hacer y vivir: el amor. Bajo una forma humana, "Reliquia" intenta descubrir los misterios a los que le lleva vivir a una vida humana, la experiencia infinita y llenadora de lo que implica vivir con esta consciencia, pero no aquella que nos hace ser, pensar o vivir, sino aquella que nos permite dar y crear.


Romance Todo público.

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Prólogo a la infinitud

   Es dicho que no existe nada más eterno que el infinito mismo. Pero, ¿y si no fuera el infinito realmente eterno como dicen?, ¿y que si el infinito no fuera más que un pequeño pero fascinante constructo mental para idealizar de una manera romántica y generosa nuestro pequeño paso por este gran todo, que se construye y se destruye al mismo tiempo a si mismo solo porque puede y se lo permite a si mismo?

   No, no es solo una cuestión de azar, de un constructivismo positivista o de una gran explosión. Esto debe ser algo más grande que no puede ser concebido por nuestra propia naturaleza humana, o por nuestra propia lógica y raciocinio inventado y desarrollado. Esto debe ser algo más grande que no quepa dentro de nosotros, que no pueda ser llenado por vanas y con las más complejas explicaciones cuánticas o imaginativas. Esto debe ser algo más grande que no nos quepa en la mente o en el corazón.

   Es dicho que solo existe una cosa igualmente comparable al gran todo, que nos ha dado vida y que algunos tienen la osadía o la ignorancia de querer llamar Dios, una figura con algunos rasgos humanos pensados por unos cuántos y explotado por miles de otros. Es dicho que solo existe una cosa igualmente comparable al gran infinito, dador y llenador de vida y eternidad aunque sea limitado su pequeña concepción de vida, tiempo y espacio. Es dicho, que solo el amor es capaz de crear oportunidades donde nada más puede hacerlo, y obra y actúa como esta gran figura mítica, de formas misteriosas y desde el silencio.

    Pero, si es que es tan comparable esta virtud o capacidad humana a la de un dios, ¿por qué no hemos podido ser así de grandes tal cuál dioses?, ¿por qué malversamos una energía y una fuerza que probablemente no entendamos sino hasta el cenit de nuestras vidas?, ¿por qué cambiamos algo tan infinito que es el amor por una idea triste, vacía y vulgar como lo es un bello rostro o un par de joyas?

   Algo tan sacro, sublime y trascendental, es casi siempre malversado y malinterpretado por corazones ciegos y dolidos y mentes nubladas y heridas. Y cambiamos así entonces al infinito y al eterno por un par de migajas o caricias enardecidas por el cólera y la venganza. Comenzamos entonces así a justificar nuestra ignorancia y nuestro dolor con cuentos y fantasías que terminan por hacerle convencer a otros y peor aún hasta a nosotros mismos, que aquello que hemos profanado sea real y verdadero. 

   Es dicho, que el tiempo pone todas y cada una de las cosas en su lugar. Que el tiempo es la cura y al mismo tiempo la llave que desentraña los misterios de lo que nosotros llamamos vida. Y es así a su vez que el mismo tiempo también nos pone a nosotros en nuestro lugar, en nuestro tiempo, nos ajusta y nos equilibra en proporción y en magnitud con nuestro ser y no ser, con nuestro sentir, obrar y pensar. El universo entonces se encarga de abrir camino a todas y cada una de las posibilidades que obran en nuestra mente y en nuestro corazón, solo para darnos cuenta, una vez más, que todo aquello que hemos creado o destruido es, ha sido y será siempre por nuestra propia creación y nuestra propia destrucción.

   Nos damos cuenta, entonces, que aquello que llamamos dios, infinito o amor, responde de igual forma y de igual medida a una invariable y precisa ecuación: mente, corazón y vibración. Y es así entonces que dios, el infinito y el amor se vuelven uno solo cuando actuamos o hablamos, cuando expresamos en un par de besos o de caricias todo lo que dentro de nosotros se ha creado o se ha vaciado. Dios, el infinito y el amor se expresan mediante nosotros porque somos nosotros mismos quienes le damos fuerza, valor y existencia a Dios, al infinito y al amor, y estos serán y harán con nosotros lo que nosotros podamos hacer con ellos, aunque sigamos sin entender como funcionen, aunque sigamos creyendo que es nuestra libre voluntad la que tiene una influencia significativa para ello.

   No, es que nunca hemos estado conscientes del verdadero poder y fuerza, del verdadero significado y valor que Dios, el infinito y el amor son capaces de hacer, porque los hemos decorado con otros nombres, con otras etiquetas y con otros sentimientos. Y hacemos entonces que lo verdadero, lo sublime y lo trascendental no actúe sobre nosotros y por consiguiente, que no nos volvamos verdaderos, sublimes ni trascendentales, tal cuál lo fue y lo ha expresado mi Maestro Giordano Bruno. 

   El camino, no obstante, está lleno de vicisitudes, malestares y obstáculos mentales que nos ponemos día con día, momento a momento cada vez que nos despertamos o estamos por empezar. Y nos cerramos a nuestros miedos, traumas y malas experiencias y convertimos todo en miedo, traumas y malas experiencias. Nuestra visión es nublada, nuestra fuerza es anulada y nuestra acción es nula ante una mente y un corazón que no se han puesto de acuerdo entre lo que es, lo que quiere ser y será. 

   Pero, más allá de buscar culpables, justificarnos o echarnos a llorar, sería mejor entender que es ahí donde Dios, el infinito y el amor actúan, ante la duda y la incertidumbre solo para hacernos saber, hacernos recordar, hacernos sentir y hacernos ser Dios, el infinito y el amor mismo. Y si es que, existen estos, es porque nosotros no solamente somos parte de ello, sino que somos ello porque así como Dios, el infinito y el amor, no se cuestionan a sí mismos. Es ahí, entonces, cuando nos hemos convertido en verdaderos Dioses, en verdaderos infinitos, en verdadero amor. Y actuamos según Dios lo quiera, y hacemos infinito lo finito y convertimos todo acto, toda palabra, toda caricia en amor porque nosotros somos amor. 

   Y si algún día estas palabras llegan a hacer eco en tu corazón. Si es que algún día estas ideas llegan a hacer eco en tu pensamiento. Si es que algún día este sentir llega hasta tu ser interior, ese día, ese momento, habremos dejado de ser humanos, habremos dejado de ser materia, habremos dejado de ser una existencia puntual y finita solo para convertirnos en un todo y en un nada a la vez, dadora y quitadora de vida, creadora y destructora de universos. 

   Pero mientras llegamos a eso. Mientras llego yo a ser uno con Dios, el infinito o el amor, seguiré manteniendo viva esa llama de esperanza. Esa flama que alumbra mis días grises y que da sentido a mi sin sentido vida, que por momentos se paraliza por la incertidumbre, la duda y la miseria, hará que el camino sea vislumbrado no por la luz externa, sino por la luz interna, esa que te dice qué hacer, esa que te dice como actuar, esa que te dice cuándo y como vivir.

   Es entonces que algo terrenal, algo material y algo tan subjetivo, se vuelve y convierte en algo sutil, sublime y trascendental, pero no para todos ni en todos los universos, sino tan solo en uno donde se encuentra siendo expresado por esta consciencia, estas palabras y esta voz. Es entonces que una idea, una experiencia, una mujer, son capaces de crear en un pequeño dios, en un pequeño cúmulo de átomos tomando consciencia de ellos mismos y de esa idea, esa experiencia y esa mujer, en algo que los empuja, los mueve y los inmortaliza en acciones, palabras y caricias. 

   Y solo hasta entonces cuando me haya convertido en un Dios, en el infinito y en el amor, me encontraré en silencio y en la acción abriéndole paso a la vida misma, enseñándole a una criatura a ser un Dios y a alcanzar su propia infinitud. 

   Es por ello que hoy y ante todo esto, una idea, un sentimiento y un actuar, se vuelven parte de Dios mismo, del infinito mismo y del amor mismo, se convierten en una reliquia que me ha hecho y ha sido capaz de llenarme y desbordarme por ello, de la existencia misma y del amor mismo. Y si es que tuviera que ponerle rostro, edad, un nombre y apellido, ¿como podría yo hacerlo a un alma y a un espíritu que tiene la misma edad y el mismo tiempo que yo? No hablo, desde luego, del que alcanzeme a tomar por esta vida y esta consciencia, sino de aquel dios, de aquel infinito y de aquel amor universal que ha sido capaz de darnos la vida misma, sea real o no lo sea, sea una ilusión o parte de una matrix, sea una estrella de innumerables estrellas o una mota de polvo en un infinito océano cósmico. 

   Es entonces que me doy cuenta de cuán basto y cuan infinito es esto del amor, que sabiendo de la existencia de otros planos, mundos y universos, concentro un par de mis escasos minutos y segundos de esta corta y pequeña vida humana, a dedicarle unos cuantos versos, a inmortalizarla junto conmigo, a llevarla conmigo en la infinitud. 

25 de Mayo de 2018 a las 16:27 0 Reporte Insertar 1
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