Cuento corto
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La nausea

Hoy salí, a respirar afuera del 4040, mi apartamento. Me fumé uno. Ya me han dicho que voy a morir de cancer en los pulmones. Me acordé de mi metáfora barata: Disimular un poco, no echar todo el carbón, depronto necesitas más. Pero ya es tarde concebir la idea.

Esto fue amor o romanticismo ligero. Acribillado de música vespertina y palomas coloradas. El verso repentino. Compré dos pasajes amorosos: uno estaba desabrochado del cerebro, el otro estaba ajustado a el. Con discrepancia abstoluta. No hubo un acuerdo entre ambos. Entonces me pregunté, qué deberia ser lo absurdo del amor.

Los vientos de esa tarde trajeron recuerdos de esos dias raros. Mi soledad entre humos y cortinas. El amor, apartado y desdichado. Pero sentía el corazon un poco vivo, como si alguien fuera a venir a quererme. Y apareció esta vieja del segundo piso, a intentar robarme la paz. A sonreir como si fuera la más feliz. A contagiarme de su romanticismo. No joda. Por qué. Me invadía el puto estomago. Tenia nausea y sudoración fría.

Fumaba también, y me robó un beso. Ese dia no sentí mi estomago igual. Pero también sentía nauseas. Su boca bien hecha. Sus labios carnudos atrapaban los mios. Y yo trataba de agarrarla bien para hacerla sentir comoda. Me hablaba de canciones de los cincuenta. De los poemas de Emily Dickinson. En especial ese llamado "Pequeñez" Decia que Emily fue la mujer más romantica de aquella época. Yo escuchaba la mitad de sus historias. Después la besaba para que se callara. No me incomodaba, pero me gustaba sentir esa sensacion del estomago, parecía matarme lentamente. Entonces cuando partió, no volví a sentir nausea. Supe que estaba enamorado. Estar enamorado era tener un lado absurdo y otro razonable, pero no pude balancearlos, y caí en la desdicha de perderla.

19 de Mayo de 2018 a las 16:07 0 Reporte Insertar 1
Fin

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