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V
Victoria Fuentes


Fui una princesa... Fui la princesa heredera del reino de Dardim, fui quien se suponía que tendría el poder de dirigir todo el Reino del basto océano, fui quien tendría el privilegio de la palabra, de la obediencia, de la sumisión. Yo fui...muchas cosas.


Fantasía Épico No para niños menores de 13.

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La princesa de Dardim

Fui una princesa

Fui la princesa heredera del reino de Dardim, fui quien se suponía que tendría el poder de dirigir todo el Reino del basto océano, fui quien tendría el privilegio de la palabra, de la obediencia, de la sumisión. Yo fui...muchas cosas.

Pero en mi situación actual, encerrada en una celda desde hacía ya meses me había hecho replantearme todo. Mi titulo, mi nombre, mi familia, mis amigos... oh mis amigos ¿Cómo es que fui tan, tan ciega? Me gustaría decir que no pienso rendirme, me gustaría decir que tengo un plan para escapar de esta sucia celda ya, que necesito unos minutos y estaré fuera, pero seria una mentira grotesca. Estoy estancada esperando a que me condenen, esperando a que me asesinen como asi se había ordenado. Llevo meses esperando a que lleguen a mi celda, se pongan frente mio y me digan "felicidades, hoy moriras". Pero lo único que he recibido son visitas diarias de mis enemigos y bandejas llena de comida para que no desfallesca de debilidad.

-princesa...- escuchar a alguien decir mi antiguo y perdido título siempre me ha molestado, más ahora que veo de quien se trata. No me levanto, me quedo en el suelo sujetándome mi cola sin emitir ruido. Veo como se pasea de lado a lado pensando qué decir, veo como se lleva la mano a su cabello y luego niega con la cabeza, como si no supiera que decirme.

A pesar del tiempo que llevo aquí, a pesar de todo lo mal que lo he pasado verlo a él fuera de la celda y yo cautiva en ella, Él el aprisionador y yo la prisionera... hace que me duela el corazón un poco. Al final se sienta frente a mi celda y se queda quieto minutos, horas...ya no importa. Sé que no me dirá nada y él sabe que yo no le diré nada así que nos sumimos en un silencio lleno de paz, puesto que porque lo conozco, o conocía, muy bien...sé que el se siente tan solo como yo. Así que le concedo esa paz y cierro los ojos recordando, recordando cuando todo cuanto conocía se esfumó para siempre de mis débiles y endebles manos. Volviendo a esa noche tan hermosa que viví meses atrás y a ese día después...donde la princesa heredera del reino de Dardim y del océano mismo...murió.

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No podía esperarse menos del baile anual de Dardim, todo está siendo revuelto y los sirvientes no paran de venir de aquí para allá, eufóricos por las preparaciones inconclusas. En cambio yo estoy en mi habitación, mirando desde dentro ajena a todo ese endemoniado ajetreo.

-¡por todos los mares!- exclama alguien detrás mío -¿aún no está lista? dioses santos su padre me va a asesinar y antes me cortara de cuajo mi cola-

Ruedo los ojos ante tal exageración pero me levanto de mi asiento y me acercó a Hannah, mi Dama de compañía. La observo con atención y noto las diferencias de su clase con la mía, de cuerpo redondo y ojos pequeños azulinos, Hannah es más baja que yo. Su cola enrollada en la punta con múltiples colores me recuerda a los arcoíris de la superficie y por supuesto, a los caballos de mar.

-no exageres, que aún quedan unas cinco horas para el puñetero baile- digo pasando de ella hacia la ventana, me recuesto en mi cama y me dejo estar unos minutos observando más allá de la ciudad en sí, en donde se encuentra la barrera que mi padre ya ha puesto. Es cuestión de no más de una hora para que filtre toda el agua de la ciudad y nos salgan las extremidades larguiruchas y pálidas, esas que los humanos llaman piernas y que usan para caminar.

-pero señorita, aún ni siquiera escoge su vestido- dice Hannah sentándose en el borde de la cama, casi llegando a rozar mi cola. Me volteó a verla y hastiada elijo el que siempre ocupo –ocupare el rosa, ya sabes cual, ese que tiene vuelo transparente por sobre la tela- digo sin importancia, después de todo es un baile nada más.

-¿está segura que quiere ese? Ah que ni se entera de lo que yo me he enterado-

Me sostengo en mis brazos y la miro encarnando una ceja, entonces ella sonríe con esas muecas que me dicen que algo bueno sabe, así que me acomodo para quedar mirándola al rostro con atención –anda, suelta ya. No me es sano estar a la espera de esas noticias que te traes- le exijo y ella me recoge el cabello que flota a mi alrededor y lo trenza con desinterés

-me he enterado que la Corte de los Siarc viene al baile-

Alzó mucho las cejas pero no llegó de sorprenderme ante tal noticia, al final resoplo decepcionada- siempre vienen Hannah, pensé que me contarías algo más interesante- digo acomodándome ahora en su cola, ella me sonríe mientras termina de trenzarme el cabello y lo deja flotar en libertad, por lo que mechones rojizos se van soltando con lentitud

-si sé que vienen todos los años, pero este año viene el príncipe- dice sonriendo de oreja a oreja.

Sé a dónde quiere llegar y ruedo los ojos con hastío, el solo pensar en el rostro burlesco de Kole hace que se me escape una sonrisa, al recordar sus bromas y travesuras cuando éramos no más que unos críos –perfecto, así tendré con quien cuchichear sobre los vestidos de las invitadas desesperadas-

Hannah ahoga una carcajada al escuchar el cómo hablo de las hembras que van al baile con un escote más que provocativo y maquillaje hasta en las cejas.

-eres más lenta que una estrella de mar- abro los ojos ante tal insulto, las estrellas de mar ni se mueven solas –hablo de ese príncipe, del príncipe innombrable – dice en un susurro de confidentes

Me levanto de golpe con los ojos abiertos como platos, la observo con el rostro estupefacto y ella me mira con una sonrisa satisfactoria, sabe que lo he entendido, sabe que sé a quién se refiere.

-¡dioses santos Hannah! ¿Estás segura?- pregunto poniéndome nerviosa

-de fuente confiable, princesa. El príncipe Baris estará aquí esta noche, sus plegarias fueron escuchadas- dice mirando hacia donde ella cree están nuestros dioses.

De hecho, me pase noches enteras rogando a los dioses para que Baris viniera al baile, nunca lo hace y mis plegarias en un punto me parecieron inútiles. Pero dioses, viene para acá, viene al baile anual por primera vez en años ¿Lo iré a reconocer entre la multitud? ¿Habrá cambiado algo en el transcurso de los años? ¿Me recordara siquiera? La última vez que nos vimos yo no era más que una chiquilla, una niña al lado suyo pues él era mayor que yo...

-¿Qué hago Hannah?- digo levantándome y comenzando a dar vueltas por mi habitación -¿Qué hago?- digo ya en desesperación

-¿es que no está feliz princesa mía? Sus plegarias fueron oídas- dice confundida mi dama de compañía, mi amiga y confidente de tantos años.

-sí, pero nunca pensé que me iban a escuchar, usualmente los dioses nunca hacen nada más que ausentarse y hacer oídos sordos, nunca pensé que me fueran a escuchar, que fuera a funcionar- me quejo como una niña que no quiere que algo pase -¿Qué voy a hacer ahora? ¿Qué le diré? ¿Me saludara siquiera?- me siento en la cama derrotada

-lo que va hacer es recobrarse a sí misma, arreglarse como nunca antes y ponerse un vestido maravilloso. No me mire así, por supuesto que no la dejaré ir como esas chicas que vienen con el escote por el ombligo, así que...¿Qué vestido quiere?-

La miro unos segundos y pienso en mi última adquisición, sonrio ya formulando un plan y de golpe me coloco frente a Hannah –saca el vestido azul, y ordena a Analise que venga y me haga el peinado de su vida-

Cuando llega el momento de que el agua se filtra, siento como mi cola azulada con destellos rojos en los bordes va palideciendo y separándose en dos secciones. Veo como mis piernas pálidas salen relucientes de entre mis escamas y sin importarme nada me pongo de pie. Mi cabello cae a mi espalda empapado y lacio, con ondas poco formadas que me llegan pasando unos centímetros el trasero. Me observo en el espejo y noto que los días que ejercité mis piernas han servido de mucho, pues están lisas como piernas de niña pequeña, pero rellenas y bien contorneadas como las de una mujer voluptuosa. Me doy un baño a pesar de ya estar mojada y para cuando salgo del baño Hannah y Analise ya me esperan, Hannah con el vestido en mano y Analise con los útiles para peinarme.

Les lleva casi una hora peinarme completamente y otra hora más en maquillarme, pero cuando me miro en el espejo sé que la espera tediosa ha valido más que la pena. Llevo mi cabello rojizo tomado en un tomate un tanto suelto con mechones cayendo por el rostro, pero para nada desordenado pues cada pliegue de cabello ayuda a que se forme, por donde se le mire, una flor de pétalos gruesos y delicados. Mis pecas fueron ocultadas por una base de mi tono de piel que ayuda a tapar mis imperfecciones, aunque Hannah dice que no las tengo yo siempre me encuentro algo feo. Mis ojos azules resaltan con la línea negra que Analise ha trazado con un pulso de dioses en mis parpados, mis pestañas han sido cubiertas por una máscara que las hace ver más gruesas pero sin verse falsas. Mis labios han sido cubiertos por un labial rojizo mate que a los hombres les llamará la atención...

-y el toque final, preciosa- dice Hannah poniéndome de pie y ayudándome a colocarme el vestido.

La parte del pecho es de un azul marino oscurísimo que hasta se confundiría con negro, en la zona de las costillas y en el tirante de un solo hombro lleva unos brillos plateados dispuestos de una forma que parecieran olas nacientes, que hacen que la parte de arriba no se vea tan apagada. Pero al ir bajando el azul se va aclarando de a poco hasta quedar en un azul rey en la cola. Al mirarme no me lo puedo creer, ni si quiera me reconozco en el espejo.

-por fin te arreglas, te ves más que hermosa, pareces una verdadera diosa- dice Analise y Hannah le aprueba la observación. Me muevo girando mi cintura para ver el movimiento del vestido por si alguien llamado Baris, príncipe mayor de los Siarc, se le ocurre sacarme a bailar...no lo sé, yo solo digo.

Las trompetas suenas y me sobresalto ansiosa, me voleó para ver a analise y a Hannah y les doy una sonrisa tensa antes de marchar hacia la puerta

-¡espere!, dioses que tonta soy- dice analise golpeándose la cabeza con fuerza, busca algo entre mis cosas y de repente saca una tiara, se acerca a mi y me la coloca sin desarmarme el peinado –la princesa de Dardim, heredera del trono y de todo el reino y todas las cortes no puede, simplemente no puede, aparecer en el baile sin su respectiva corona- dice y se separa de mi observándome con amor.

Corro al espejo y noto la imagen que represento, noto que resaltare entre las hembras puesto que...me veo como una reina.

El ruido del salón se cuela por los pasillos haciéndome sudar las manos, me estiro el vestido por una décima vez y justo cuando pensé que tendríamos que salir por separado mi padre hace su aparición con su traje de gala. Me observa de pies a cabeza y me pongo incomoda y nerviosa, pero al final asiente y extiende su mano enguantada hacia mí. Se la tomo sin obviar el malestar que siento por estar cerca de él y avanzamos hacia el vestíbulo. Las trompetas anuncian nuestra llegada y los murmullos junto con la música se detienen de pronto. Doy un paso seguido de otro, al principio sin levantar la mirada, cubriendo mis ojos bajo mis pestañas pero cuando nos detenemos alzó el rostro y estiro el cuello encuadrando los hombros, erguida como una reina. Miro hacia el frente y al final mi padre y yo hacemos la reverencia para agradecer a todos por su presencia, a lo que los espectadores responden con una reverencia mucho más marcada, los hombres arrodillados y las mujeres flexionando las piernas hasta casi tocar el piso.

-El rey de Dardim y la princesa de Dardim les da una cordial bienvenida y bendice el comienzo de este nuevo baile anual- acota mi padre y al segundo la música vuelve pero más majestuosa, más ceremonial. Frente a nuestro balcón aparece un mayordomo, casi al final del salón, mi padre y yo esperamos con ansias para que anuncie a quien quiera que viniera a este baile.

Al principio no aparece nadie, pero segundos pasan hasta que unas figuras aparecen en el umbral, un grupo de hombres altísimos, de cabelleras negras y trajes del mismo tono. Tardíamente me doy cuenta de que son Valged Vallad, la Corte de las Orcas.

Avanzan a paso tranquilo pero firme, se quedan en el umbral y el mayordomo se aclara la garganta y su voz se escucha por todo el salón.

-La corte de las aguas polares, protectoras del todo el extremo Norte. Bienvenidos Valged Vallad- dice y ellos entran sin detenerse a mirar a nadie.

Seguidos de ellos aparecen unas figuras flacuchas y escurridizas, de cabelleras de diversos colores pero ojos plomizos llenos de maldad, no estoy ni cerca de ellos y ya veo que traman algo.

-Los Susuka, la corte de los delfines. Maestros de la inteligencia... bienvenidos-

Todos pasan a paso apresurado y con sonrisas picaras en sus rostros, casi que corren para bajar al salón principal y unirse a la fiesta. Es sorprende lo inteligentes que son estas creaturas tan, pero tan despreciables. Siempre bromeando, siempre burlándose como críos pequeños.

Suena las trompetas, anunciando a una corte mucho más importante que las demás, mejor dicho respetadas, son más respetadas que importantes puesto que es la corte más longeva, las más sabias y la más pequeña.

-bienvenida sea la corte de las ballenas, las Balén. Las más sabias que desentrañan los misterios de nuestro inexplorado mundos...- presenta mi padre en vez del sirviente

Me sostengo del barandal y observo a mujeres entrando al salón, de cuerpos grandes y voluptuosos, y de estaturas similares a las de los Valged Vallad. Mujeres magníficas de ojos azules profundos me percato. Pienso en la descripción de mi padre pero recuerdo mi instrucciones con los príncipes de Siarc, la lección que Baris me dio, explicando con cinco palabras la corte de las Balen.

"Las que ven más allá"

Pienso que es perfecta para ellas, siempre observando, siempre atentas pero no a este plano...si no al otro.

Entran a paso lento, como si flotaran del suelo, como espectros sin igual. Nos mandan una mirada a donde estamos y mi padre se pone tenso, yo me irgo lo más que puedo y entonces una me mira a los ojos, una mujer de ojos gigantes y cabello blanco, me sonríe y luego sigue su camino. Un escalofrío recorrió mi espalda al sentir su mirada por pocos segundos, pero daba la idea de que para ella fueron más que suficientes.

-ahora, bienvenida sea la corte de los Cefill more, los caballos de mar- noto el tono del presentador, noto su cabello de múltiples colores y no puedo evitar sonreír al ver que el sentimentalismo se le había escapado un poco. Los Cefill more son caballos de mar encargados de las tareas de servir directamente con el castillo, trabajos de asesoría, de servicios... entraron unos cuantos hacia el salón, con un paso más endeble, mas reservado.

Ahora vienen los que yo tanto espero, a quienes yo quiero ver. Me sujeto con fuerza y avanzo un paso hacia el final del balcón, mi padre vuelve a ponerse tenso pues aun cuando no han entrado su presencia se nota, el castillo tiembla, lo siento. La corte más fuerte de todas las cortes viene en camino. Encargados de la protección directa del reino, encargados de todo nuestro océano, incluido el sur, entran a la sala...

-bienvenidos la Corte de los Siarc, los tiburones y protectores del reino de Dardim...-

Escucho suspiros de hembras colocándose nerviosas, el revoloteo de ciertos machos que sienten que sus oportunidades con las féminas han bajado exorbitantemente, escucho susurros de los políticos (compañeros de mi padre) susurrar con orgullo algunas palabras. Sin ellos el reino está desprotegido....vulnerable.

Pasos inundan el silencio, pasos rápidos, seguros, fuertes...entonces una pequeña aglomeración de personas entra. Mujeres y hombres, todos vestidos con esmóquines blancos, las mujeres vestían un traje mucho más femenino, pero llevaban el cabello rubio característico atado y su semblante neutro. Los hombres iban de igual manera, con su vestir blanco parecían ser transparentes, y con sus rostros apagados verdaderos muertos. El único que llamó mi atención fue el que estaba frente a ellos, dándoles la espalda a sus seguidores, con una sonrisa torcida que (como escuché) hizo suspirar a las hembras presentes. Avanzó unos pasos más y se acomodó su chaqueta sin dejar de sonreír, sus ojos verdes se achicaron al verme, lo noté. Me alzó una ceja rubia, tan pálida como su cabello salvaje, desordenado. Luego dio un paso seguido de otro y bajo los escalones para llegar al salón principal. Ahí bajaba el príncipe Kole, segundo heredero a la corte de los Siarc.

Las presentaciones terminaron al fin, me solté de la mano enguantada de mi padre y me escabullí entre la gente presente, huyendo de su tediosa presencia y por supuesto huyendo de esa sonrisa torcida. No vino no vino no vino, es lo único que pienso mientras camino por el salón buscando con desenfreno, no lo vi en la presentación de su corte y mucho menos acompañando a su hermano menor, simplemente Baris no vino, literalmente no apareció. Maldia sea, Hannah...toda esta preparación para nada.

-Dioses santísimos, estás maravillosa...-escuchó y me volteo, pues sé que me hablan a mí. Me encuentro con un vestido verde oscuro cernido al cuerpo hasta la cintura, pero a partir de esta cae inflado, ocultando las piernas. Alzo la mirada y me encuentro con una sonrisa amplia, sus ojos negros achinados por su gesto y su cabellera negra cayendo por sobre sus hombros. Ay...por fin una amiga. Me abraza fuertemente y luego se separa de mi para hacer una ridícula reverencia. la levantó sosteniéndola del brazo y ella se encoje de hombros con una sonrisa ladeada –protocolos de mierda, tu sabes- dice y en eso me agarra del brazo y me lleva a buscar la diversión.

-¿es verdad?- le pregunto mirando a la multitud

-mierda que sí...espera ¿Qué cosa?- pregunta mirando a mis ojos con confusión.

-¿Es verdad que Baris vendrá hoy?- pregunto bajando la voz, esperando que ninguna otra hembra me haya siquiera escuchado.

Baris, príncipe mayor heredero a la Corte de los Siarc es, lamentablemente, una celebridad. Todas las mujeres se van directo a sus pies cuando lo ven, se le insinúan y lo invitan a bailar. No puedo decir que no estoy en la misma situación lamentable pero...dioses, él fue mi maestro...luego mi amigo

-¡¿Qué?!- exclama sorprendida -¿Quién te ha dicho eso?- dice ahora buscando también entre la multitud por si lo ve.

-Hannah, me lo ha dicho ella- digo aún sujetándome de su brazo

-por supuesto, quién más si no-

Seguimos caminando unos cuantos, largos...duraderos minutos cuando nos aburrimos de casi todo, de charlar, de comer, de caminar...pero queda una cosa por hacer que simplemente nos devolverá a la vida, y eso es bailar. Nos dirigimos al salón a paso apresurado y nos demoramos bastante, al ser la princesa de Dardim todo, TODO el mundo quiere saludarme, hablar conmigo. Los socios de mi padre me detienen y hacen preguntas sin sentido, como de política y cosas que nunca he llegado ni he querido siquiera entender.

-¿señoritas?...-

Nos volteamos al unísono y nos quedamos de piedra al ver al príncipe de los Valged Vallad, un hombre prominente de anchos hombros y de estatura exorbitante, tenemos que mirar hacia arriba para ver sus negros ojos junto con su cabello del mismo tono. Tiene una sonrisa agradable en el rostro pero no es dirigida a mi. Veo como a mi amiga le sube el color por el rostro y aclarándose la garganta le sonríe.

-Príncipe Hirien...un gusto tener su presencia esta noche- digo tomando el control de la conversación, entonces me mira como si recién se hubiera percatado de que yo estaba ahi.

-un gusto verla también, princesa – se ve que duda unos segundos antes de dejar de mirarme –me preguntaba...Lady Galde ¿me concedería este baile-

Mi amiga, lady Galde, perteneciente a una familia acaudalada de Dardim (también toda una celebridad) casi se muere, puedo sentirlo y me rio disimuladamente. Me sorprendo al verla recobrar la compostura, le sonríe a Hirien asintiendo y toma su mano, pero luego, recordado que está conmigo me mira apenada. Yo niego con la cabeza y la despido con gracia, ella se va sujetando ahora el brazo de Hirien con una sonrisa enmarcada en el rostro.

Me quedo cerca de la pista de baile con una copa en la mano, observo todas las parejas bailando y por un segundo odio mi vida. Ser princesa es ya difícil, pero en el ámbito de los hombres lo complica aún más, hasta el punto de ser una imposibilidad que alguien tome el primer paso conmigo. Le doy un largo trago a mi copa y la dejo en una mesa dispuesta a mirar a la multitud, buscando a alguien que quizás nunca llegue...

-princesa-

Una voz seria llama a mi título y me tenso, me quedo quieta mirando unos segundos a la pista de baile, pensando que quizás esa voz me la había imaginado, dioses por favor que sea mi imaginación, que no esté aquí por favor... me volteó lentamente y me encuentro de frente a frente con el príncipe de los Siarc....

-ay no- me quejo al ver su sonrisa torcida hacia mi, sus ojos verdes oscuros achicándose por la misma. Me volteó de inmediato y me cruzo de brazos –hola Kole- digo y escucho su carcajada detrás mío.

-¡tú eres de verdad una maleducada! ¿es que no puedes mirarme al rostro y decirme hola?- dice colocándose a mi costado, ruedo los ojos pero sonrío ante su atrevimiento...por fin, alguien además de Galde con quien hablar adecuadamente.

-saludo a la gente que vale la pena...ya sabes- digo bromeando y él me mira con rostro de ofendido

-te has vuelto cruel, muy mala- me dice pero en eso se adelanta y me observa a los ojos, alza su brazo hacia mi y sonríe alzando las cejas –vamos, vi perfectamente como querías que alguien te sacara a bailar-

Me quedo con la boca abierta pero sonriendo, aún cruzada de brazos viendo como el me invita a bailar, niego con la cabeza y antes de mostrar interés resopla –vamos... ¿es que no quieres bailar con este galán? Las demás te quieren descuartizar- dice señalando con sus verdes ojos hacia una multitud de chicas que me fulminan con la mirada, pero al verme se voltean como un rayo. Rio, rio fuertemente y negando con la cabeza me apoyo en su brazo

-hay que hacer algo con esa personalidad tuya Kole, terminaras solo y abandonado-

Siento sus músculos tensarse bajo mis manos pero cuando lo observo me está sonriendo pícaramente –no estés tan segura corazón, que mi hermano tiene toda la carga de tener que cumplir con el protocolo, en cambio yo...yo hago lo que quiero y con quien yo quiero- dice ahora colocándose frente a mí, alza sus brazos a sus costados y yo me acerco a él. ¿Debería preguntarle por Baris? ¿Debería preguntarle si va a venir? Tomo su mano derecha y me sujeto de su hombro mientras que el recibe mi mano en la suya y con la otra me sostiene de la cintura. Nos movemos con la música.

-¿me has extrañado?- me pregunta encarnado una ceja- ¿te ha dolido mi horrible ausencia?

Antes de responderle giro y cuando regreso a sus brazos estoy sonriendo – me estaba muriendo- bromeo irónica, y él suelta una pequeña carcajada

-lo suponía, no puedes estar sin mí-

Rio ante su comentario pero demonios que tiene un poco de razón, Kole es uno de mis mejores y únicos amigos. Por suerte para ambos pasó mucho tiempo en Dardim ya que Baris y su padre estaban solucionando un problema en su corte. Kole era demasiado pequeño como para afrontar lo que sucedía, así que su madre lo trajo para que lo cobijáramos. Recuerdo cuando nos conocimos por primera vez, yo estaba sentada leyendo un libro en una banquita y él se me acercó. Ningún chico de mi edad se me había acercado nunca, así que lo ignoré unos segundos. Pero entonces, aclarándose la garganta, como si demandara atención me alzó la mano y dijo "soy el príncipe segundo Kole, un gusto conocerte pero...muéstrame algo de respeto"

Vuelvo al presente cuando sin querer lo piso, el cierra los ojos unos segundos y luego me observa molesto –¿es que no puedes bailar como la gente?- dice mientras me hace girar, avergonzada y a la vez molesta saco mi mano de su hombro unos segundos y lo golpeo no tan fuerte en su pecho.

-¿no puedes ser un poco más caballeroso?- preguntó y el rueda los ojos y sonríe

El baile termina y me la he pasado de maravilla, Kole me lleva fuera de la pista y se excusa con traer algo para beber, estábamos cansados de tanto un,dos,tres,un,dos,tres. No puedo esperar a que sea más tarde y todos los viejos se vayan, el baile en sí se descontrola y todos nos ponemos nuestro segundo atuendo, para bailar descontrolados por la pista.

-está bien pobre este baile, me he encontrado por suerte con ponche. Toma- alza un vaso hacia mí y lo cojo entre mis manos, tomo un sorbo y luego descanso sobre mis pies, esperando a que la noche vaya llegando más y más.

-por cierto...estas bastante linda esta noche- susurra a mi oído y me petrifico por unos segundos, luego lo miro y él me sonríe, siempre lo hace, pero esta vez es con una sonrisa agradable y tranquila, no está mintiendo, no se está burlando. Así que le sonrío de vuelta y lo apunto con el vaso –gracias, tu tampoco estas nada mal- digo sincera, puesto que es absolutamente verdad que Kole está deslumbrante.

Llevaba puesto un esmoquin de pingüino completamente blanco, tan blanco que parecía que brillaba. Su cabello rubio opaco relucía de esta combinación entre ondas salvajes y bien formadas, como las olas de su Corte. Sus ojos eran una imposibilidad, de un verde tan oscuro que parecían de verdad irreales, de un cuento de fantasía. De una estatura altísima que me obligaba a mirar un poco más arriba de mi ángulo, y su sonrisa torcida, como si siempre se burlara de algo le hacía parecer joven e inexperto...lleno de vida y diversión. Pero eso no me confundía, quizás a otras personas sí pero a mí no. Ciertamente su actitud de crio le hacía parecer ingenuo e irresponsable pero yo sabía que detrás de esa fachada se irgue un verdadero príncipe, su postura siempre erguida, con el mentón en alto y las cejas arqueadas hacían que cualquier otro macho pareciera poca cosa, siempre desafiando, siempre irradiando respeto y majestuosidad.

–es mi estado natural primor, deberías ya saberlo- me dice y cambio de opinión, pienso que es un verdadero estúpido engreído.

La noche avanza y Kole y yo nos la pasamos de maravilla bromeando, cuchicheando quien se ve mejor o peor, bailando de aquí para allá hasta que en un momento sin darme cuenta los viejos se marchan y los jóvenes se quedan.

Es divertido el cómo me refiero a ellos como "viejos", después de todo aparentan de no más de treinta años, pero uf... su edad se les iba a las mismas nubes si éramos sinceros. De apariencia joven pero de vida infinita, inmortal...los viejos lucían iguales a nosotros, solo su mirada era distinta, más sabia...más profunda.

-¡ahí estas!- escucho de pronto detrás mío, me volteo y me encuentro con Galde tirándose aire con su propia mano, sonríe cansada y me quita un vaso que tenía mi trago, se lo bebe en un dos por tres y luego me lo devuelve completamente vacío –estoy cansada, pero feliz- dice ahora colocándose al lado mío.

-siempre tan contradictoria- agrega Kole a mi derecha, rio ante su acertado comentario y escucho a Galde resoplar.

-Hola Kole- dice sin ganas y así comienzan a discutir sobre trivialidades que me tienen poco o nada preocupada, por lo que me separo de ellos por otro trago pero me encuentro de pronto dándole la razón a Kole, no hay casi nada ya... es como si todo se hubiera agotado de golpe, nunca había visto un baile tan pobre como este. Así que agito mi mano frente al poco licor que queda y le ordeno que se mueva hacia mi vaso...y así lo hace. Se vierte todo y al final dejo la fuente vacía, pues he aprovechado hasta la última gota. Camino de vuelta donde mis amigos cuando la música cambia, y se transforma en un vals demasiado lento, demasiado romántico. Las parejas corren a la pista y yo me quedo de pie, observándolos con anhelo. Me apresuro donde Kole y lo encuentro solo, mirando a Galde bailar con el príncipe de los Valged Vallad.

-¿envidioso?- preguntó

-no más que tú, princesa- dice seco

Ambos deberíamos estar bailando ahí, ambos deberíamos estar acompañados por nuestra pareja o amor pero simplemente no lo tenemos. Nuestras vidas, al pertenecer a la realeza, yo del Reino de Dardim y Kole a la Corte de los Siarc (la mas fuerte de todas) nos hace imposibles de considerar, si alguna vez gustamos de alguien, esa persona no se atrevería ni siquiera a dirigirnos la palabras, pues somos Realeza pura, inalcanzable...

-oh no, debo irme- dijo de pronto Kole y yo me sobresalto sin querer, lo miro a los ojos y veo que observa algo más allá de él, más allá de Galde, voy a ver de qué se trata pero antes de llegar al final, al objetivo el me sostiene del brazo, me sonríe levemente y se comienza a despedir.

-¿Cuándo vuelves?- le preguntó haciendo caso omiso a sus palabras, el pestañea pensando en que responder

-cuando usted requiera mi presencia, siempre estoy a sus órdenes pero...-

-¡déjate de hablar bobadas Kole! Yo nunca te he obligado a venir por mí, lo que te estoy preguntando es que cuando piensas venir a verme, te desapareces por meses- le reclamo y él se pasa una mano por el cuello nervioso.

-tratare de volver más seguido después del baile pero...no están bien las cosas...Haxa- dice mi nombre para dar incio a una conversación seria, lo dice con confidencialidad. Me acerco a él y veo en sus ojos la tormenta

-¿a que te refieres?- le pregunto nerviosa

- Algo está pasando en la frontera, Baris está paranoico. Dice que algo está sucediendo...que es más que una simple amenaza- dice casi susurrando.

Baris paranoico...¿Baris paranoico? Lo poco que recordaba del heredero de la corte de los tiburones es que era inmutable, nada le hacía perder la compostura, nada ni nadie...

-dioses...¿Estás bien?- pregunto llevando mi mano a su hombro, a lo que pega un respingo, mira a todos lados y luego me hace una ridícula reverencia y se vuelve a despedir.

-Te cuento luego- dice y se va entre la multitud, desaparece luego de unos segundos hasta que me doy cuenta de que se ha ido. No tengo ni tiempo de lamentarlo cuando me doy cuenta de otra cosa

-Señorita Haxa- escucho detrás mío. Una voz profunda, joven y vieja a la vez me llama. Me volteo lentamente y me encuentro con una mujer de ojos azules tan...tan profundos que se puede ver la sabiduría ondear en ellos, el conocimiento.

-Lady Tahmin- digo haciendo una reverencia nerviosa.

Escucho su risa agradable al ver mi gesto, coloca su mano sobre mi hombro desnudo y siento energía, energía pura en sus dedos. Me irgo y ella me sigue sonriendo agradablemente. –la que debió de hacer esa reverencia soy yo, princesa- dice y se agacha.

-no, por favor, no se moleste- digo apresurada, pero ella se toma su tiempo, hasta el punto que parte de su vestido se desparrama un poco en el piso.

-es un gusto tenerla con nosotros esta noche ¿se le ha trata bien?- le pregunto

-lo mejor que pueden tratarme, debido a las circunstancias- dice mirando hacia otro lados, justo hacia donde está mi padre.

-¿a qué se refiere?- pregunto ante su acotación - ¿de qué circunstancias habla?- le pregunto

Ella niega con la cabeza, luego acerca una mano hacia mí y me acaricia la mejilla, vuelvo a sentir esa energía electrizante en sus dedos, hace que me sienta vulnerada, puesta en evidencia...pero no me muevo, dejo que su dedo recorra mi mejilla hasta llegar a mi mentón, donde ella deja caer su mano y sus ojo se oscurecen –tan llena de poder, eres realmente maravillosa...como tu madre- susurra y yo pierdo un poco el control.

-¿Cómo era mi madre?- le pregunto agarrando ahora su mano, evitando así que se marchara, ella lleva su otra mano a mi mano y la envuelve...me envuelve y me siento ahora tan acogida, protegida que hasta ganas de llorar me dan.

-una diosa, tu madre era una verdadera diosa- dice y pierdo la noción del tiempo...o así parece pues la canción romántica termina y Lady Tahmin se ha ido.

Me quedo parada unos segundos antes de espabilar y buscar algo que hacer...alguien con quien hablar para distraerme de lo que dijo aquella mujer...camino evitando a la gente que ahora se rie y bebe descontroladamente, los viejos se han ido y la verdadera fiesta a empezado, todos sacan sus segundos atuendos de sus burbujas de contención, que se mantiene pequeñas hasta que deciden darle oxígeno para hacer que se agrande y con ella la ropa que tiene dentro. Pienso en marcharme, ya no hay con quien bailar ni hablar, Galde sigue con el príncipe y Kole se ha ido con una expresión de premura...¿estará bien del todo?..

-¡Haxa!- escucho a mis espaldas

-¡¿kole?! ¿No te habías marchado?-

-Nunca dije que me iba del baile, fui por esto...se me quedó en mi transporte- traía un trago, una botella...para los dos. Sonrió pícaramente mientras él la esconde entre su chaqueta. Verdaderos críos parecemos escondiendo cosas para nosotros mismos.

-por tu cumpleaños pasado Haxa...no pude estar allí, pero hagamos un brindis...por los dos, por nosotros- dice y saca de no sé dónde dos copas.

Ciertamente mi cumpleaños veinte había sido hace ya un mes exacto y lo pasé literalmente sola, exceptuando por Hannah que se preocupó de hacerme una torta escondida...

-¡Kole! Sabía que tenías algo ahí dentro- digo apuntando a su pecho y dejo que me sirva, luego alzo la copa hacia él y Kole se sirve y me imita –Por nosotros, por que pasemos juntos más noches como esta- dice y ambos nos bebemos de un trago el licor. Siento ardor en mi garganta, siento como quema mientras va bajando y cuando llega a su destino me deja tranquila y risueña.

-ahora dime...Haxa, ese vestido es porque mi hermano viene ¿no es así?-

Me volteó con rapidez, su ojos verdes me observan con interés y tiene una sonrisa de suficiencia -¿Cómo...?- comienzo pero el suelta una pequeña risotada.

-he estado esperando a que me preguntes por Baris toda la noche- dijo volviéndose a servir del trago, me sirve a mí y esconde nuevamente el licor entre su chaqueta.

-¿viene? ¿Baris viene al baile?- pregunto luego de un rato...

-no lo sé, nunca sé con él...ya te lo he dicho, está paranoico...-dijo, pero dejo la copa en la mesa más cercana llevándose la mía.

-mientras le esperamos... ¿qué te parece si bailamos?-

La noche se me pasa literalmente volando, bailo tanto que mi peinado está hecho un desastre y respiro con los labios separados, agotada pero eufórica por más. Con Kole nos colocamos en frente del otro, las mujeres en una hilera y los hombres en la otra paralela a la nuestra, suena la música y los hombres hacen una reverencia hacia nosotras, llevando una mano al corazón y la otra extendiéndola hacia atrás. Kole la hace también pero con una expresión que significa todo menos respeto. Nos toca a nosotras hacer la reverencia, nos torcemos un poco colocándonos de costado y flexionamos las rodillas, nos acercamos al suelo y a medida que bajamos también lo hacen nuestras pestañas. Luego, terminando el saludo, la verdadera música suena, una tan alegre que sabemos que baile es, doy un pequeño salto seguido de otro cuando uno brazo con el de Kole y damos una media vuelta para separarnos y pasar de largo, ocupando el lugar del otro para luego volver a hacerlo y no separarnos en un buen tiempo, dando giros de un lado a otro unidos por nuestros brazos. Risas se escapan de mí y Kole sonríe... ojalá esta fuera una noche eterna.

Abro mis ojos ya que el recuerdo me hace querer llorar. Mi visitante se había ido ya y eso me dejo mucho más tranquila, pues las lágrimas se habían escapado solas. No tengo necesidad de limpiarlas pues el agua lo hace por mí. Me muevo para estirar mis extremidades cuando frente a las rejas, por arte de magia, aparece una bandeja con comida. La observo de reojo y al final la ignoro, las ganas de comer se me han ido hace ya mucho tiempo. Vuelvo a sentarme y me quedo quieta, como una estatua ¿Qué mas puedo hacer si no

-¿no has escuchado las conversaciones de tu padre?- pregunta Kole con una copa en su mano, bebiendo el trago que trajo.

Niego y lo imito, vuelvo a sentir el calor bajar por mi garganta pero no estoy ni cerca de emborracharme, tanto bailar me ha hecho botar el alcohol por completo. Le mando una mirada a kole y él mira su copa, con las cejas arqueadas -¿debería?- pregunto colocándome frente a él

-pues si...eres la princesa, futura heredera de todo esto- abre sus brazos a sus costados haciendo énfasis a lo que se refiere –algún día te deberá importar la política- dice

-pero falta mucho para eso...-

-¿estas segura?- pregunta de pronto y me sorprendo por su tono sombrío, lleno de secretismo... sus ojos se encuentran con los míos y por un momento me pongo nerviosa, preguntándome el porqué de su duda con respecto a este tema. El baile anual, aparte de ser un baile es un momento de reunión, luego de cierta hora los políticos que han decidido venir se unen a mi padre en una reunión confidencial para velar el bienestar y la administración del reino.

-pues sabes que....tienes razón, voy a ir a escuchar-

-¡¿Qué?! – comienzo a alejarme pero el sostiene mi brazo con fuerza -¿estás loca? Tu padre te castigara por eso- dice acercándome hacia él

Por un momento dudo en si es buena idea, después de todo ambos sabemos la magnitud de castigo que imparte mi padre...

-tú mismo dijiste que soy la futura heredera de Dardim, así que voy a averiguar algunas cosas- digo acercándome más a él de lo que él me acercó. Retrocede el rostro pero no me suelta, una sonrisa torcida inunda su rostro y sus ojos se llenan de superioridad -¿y qué piensas hacer? ¿irrumpir la reunión así sin más?- pregunta

Me libero de él y rio, pues en tan solo penar que kole me cree tan estúpida me produce demasiada gracia, le doy otro trago a mi vaso y luego lo coloco en la mesa a mi costado –por supuesto que no tonto, espiare...no me extrañes- le digo y me marcho.

Fue una pésima idea, de esas ideas que antes de realizarlas ya sabes que está mal. Me encuentro a mí misma en un rincón, oculta por una puerta de una habitación anexa que es un escondite excelente. Aun así me sudan las manos y mi corazón va a mil. Siento las voces de los hombres y mujeres de importancia política, reconozco la voz del gobernante de cada Corte, la de mi padre y la de Lady Tahmin. Todas hablando de temas casi triviales, tan comunes que hacen que me replantee seguir oculta, pero entonces...la voz de mi padre corta a las otras.

-entonces...que haremos?- pregunta sin mas

-no sabemos a lo que se refiere- responde Lady Tahmin.

Trato de asomarme para verlos y quedo en una posición que oigo mejor y veo mejor. Todos están sentados frente a una mesita pequeña, en sillones amplios y cómodos. Distingo a mi padre en la punta del círculo, si es que puede haber una. A su lado se encuentra Lady Tahmin con un vaso en su mano, mirando la vela que está en la mesa. Seguida de ella se encuentra el gobernante de los Valge vallad, Cumbach Tighear, sus ojos puestos en mi padre con un recelo que casi pienso que me lo imagino. Se escucha una risa dentro de la tensión y sé de quién proviene...la gobernante de los delfines, Lady Fiosra del pacifico. Todos la observan y ella les manda una mirada tan filosa que siento la amenaza en los huesos.

-usted sabe que servimos a la realeza, mi rey...pero usted también sabe que no es de la realeza- afirma con una voz, que si no fuera porque la estoy viendo, pensaría que se trata de una verdadera anciana. Con su cabello plomizo cayendo en una cola suelta, sus ojos grises y su vestido negro como la misma oscuridad, irradiaba poder y peligro. Esa aseveración dejo a mi padre descompuesto por unos segundos, pero sus ojos se inundan sin previo aviso de ira, debido a la verdad sacada a la luz.

Todos saben, bueno...no todos, pero la gente importante del reino, los gobernantes de cada corte saben que mi padre llegó a donde está por mi madre, quien muerta está desde hace dos décadas. Aguanto la respiración esperando a que mi padre estalle, pero niega calmándose y pienso que es la escena mas terrorífica que he visto en años.

-no seas tan directa Fiosra, que a pesar de todo...es el rey- dice Cumbach con su voz riquísima llena de burla.

-no tengo intenciones de abdicar- dijo mi padre de pronto, se esparce un silencio espantoso por toda la sala –ya que hemos comenzado con las quejas, supongo que la reunión ha empezado... a pesar de que no están todos...- critica mi padre y en eso me doy cuenta que al lado de la gobernante de los Susuka hay una silla vacía. Todos posan sus ojos en ésta y es el turno de Cumbach para sonreír.

-nunca viene, su majestad...¿Qué esperaba?-

-en fin...ya les dije, no pienso abdicar y mientras esté en el trono ustedes están bajo mis ordenes, bajo mi manto- la habitación se tensó ante tal aseveración. Gruñidos de parte de Lady Fiosra inundaron y se acoplaron a esa tensión – así que tienen, deben por obligación, seguir mis órdenes...- mi padre hace un gesto con su mano y todos pegan saltos, se ve y se siente la magia saliendo a flote, magia de protección de parte de todos los gobernantes, protegiéndose de cualquier hechizo que mi padre esté haciendo. Pero entonces mi padre rie, con esos ojos azules oscuros y su cabello plomizo se ve como la perdición en persona.

-obedecer...- dice y todos asienten resignados.

-gobernar con hechizos y amenazas es un crimen Slav, un día...un día todo esto que estas haciendo te terminara matando y quien de verdad debería estar en el trono ascenderá....- dictamina Lady Tahmin de pronto y todos los gobernantes la observan sorprendidos, pero el Rey de dardim sacude la mano quitándole importancia...interrumpiéndola.

Me quedo de piedra al escuchar que mi padre gobierna por magia, se suponía que un Rey era selecto por la misma, que si ya no era digno ésta misma lo degradaba...que mi padre haya descubierto como controlar su coronación y mantener la corona durante tanto tiempo sin merecerla era un acto increíble...y aterrador.

-tirano- dijo alguien

-asesino...- agregó otro

-¡silencio!- exclamó mi padre con tanta fuerza que hasta pensé que me había caído un hechizo para dejar de emitir ruido, pero me doy cuenta que todos tienen la misma sensación, pues abren sus bocas pero no dicen nada..

-la reunión de éste año es por dos cosas...una es que los volveré a citar para hacer unos arreglos, esperen una carta al final de esta semana. Y la segunda...es que deben decirme como deshacerme de ese parásito-

Mi corazón late tan fuerte que pienso que alguien podría escucharlo, alguien podría descubrirme...

-quiero que exterminen a...a ese problema- dice por último y el terror me inunda

¿a quién quiere matar? ¿Por qué quiere asesinar a alguien...?

Una mano rodea mi boca y me lleva lejos de la sala de reunión, trato de gritar pero mi captor susurra un hechizo que me deja en mute. Me quedo de piedra al sentir una pequeñísima fracción de la magia que posee. Poderosa, peligrosa, letal. Me arrastra hasta una biblioteca y pienso que es mi fin, que quizá mi padre me quiere muerta a mí, que moriré hoy... la mano se separa de mi boca y me deja respirar, me alejo con mis mejores pasos y le doy la cara a quien sea que me hay atacado

-¿Qué escuchaste?- un sujeto está oculto entre la oscuridad, veo su silueta pero no distingo quien o qué es. Busco en mi interior mi propio poder, listo para activarlo si lo necesito. -¿Qué escuchaste?- volvió a preguntar pero más amenazador, con menos paciencia.

-¿Qué escuché de qué?- pregunto pues con la farsa hasta al final, si me pilló espiando lo voy a desmentir lo que haga falta, después de todo soy la princesa contra un don nadie...o eso creo.

-dímelo...-

-depende de lo que quieras oír...- digo evitando la verdad

Es una maldita lástima que no podamos mentir, es conocido por todas las criaturas mágicas que las sirenas no podemos mentir. Así que evitamos, nos vamos con rodeos para así no decir la verdad, puesto que si mentimos...se supone que ardemos. Aún así los humanos desconocen esta fatídica verdad, confunden las limitaciones de las especies mágicas. La mayoría piensa que las hadas no pueden mentir...pero somos nosotros los incapaces de hacerlo.

Sin previo aviso la figura desaparece, se desvanece entre la oscuridad sin antes soltar una pequeña risa que me dejo los pelos de punta. Entonces, detrás mío, donde está ocurriendo la reunión escuchó.

-llegas tarde- dice la voz de mi padre

Me lleno de pánico, ese sujeto de antes era el invitado que faltaba...dioses santos ¡me descubrió!

-si...lo siento, tenía otros...asuntos que atender- dice de pronto una voz desconocida, profunda y peligrosísima, supongo que es del sujeto de antes y como escuché que no me estaba delatando salgo dispara donde Kole.

Vuelvo al baile y me encuentro con el príncipe sudado y nervioso, me mira y veo el alivio recorrer su cuerpo, desde sus angustiados ojos hasta sus tensados hombros. Se acerca a mi y antes de parar se acomoda el cabello y me susurra –¿Dónde estabas?-

-escuchando...- le digo pensando en lo que acabo de descubrir

Usurpación del trono, manipulación de la misma magia, orden de asesinato contra algo o alguien

-¿escuchando qué?- pregunta perdiendo la paciencia. Entonces lo miro y pienso que quizás se viene algo malo, pienso que quizás Baris tiene razón...

-todo-

Hola a todos los que lograron llegar hasta aquí, soy absolutamente nueva en esto así que ojala les haya gustado o simplemente haya valido la pena el esfuerzo de llegar al final de este primer capitulo. muchas gracias de antemano y si gustan, pueden dejar un comentarito bonito con sugerencias o criticas.



18 de Mayo de 2018 a las 03:50 0 Reporte Insertar 0
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