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Un libro de pasta negra

Hacía tanto tiempo que no escuchaba mi verdadero nombre, tanto tiempo desde que me convertí en esta asquerosa pantomima. Ahora todos me conocían por el nombre de un objeto inanimado, algo de lo que preferirían alejarse: Ortiga muerta.

¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué fingimos lo que no somos para plantar cara a la vida? Para plantar cara a los demás. ¿A qué le tenemos tanto miedo? ¿Por qué sufrimos tanto tratando de encontrarnos si somos nosotros los que nos escondemos, los que huimos?

Ya no estoy vivo, he dejado este mundo de seres infernales. He dejado de ver el mundo como lo hacían los demás, he descubierto aquello que oculta. Es gracioso, que la gente se aleje de ti porque no eres real. Porque decides mantenerte puro.

Me encontraba sentado en una roca húmeda por la lluvia de la madrugada, observando desde las alturas al precioso acantilado de piedra rojiza y al atardecer azulado que estaba a punto de desaparecer. Mientras observaba el paisaje circundante rasgaba las cuerdas de mi guitarra; era una guitarra de Mir, de esas que solo puedes conseguir en la imponente ciudad de Seth Val Ta; me costó una gran cantidad de dinero y un montón de favores conseguirla. La canción que salía de mi instrumento bastardo del tiempo se asemejaba más a una nana de naturaleza tranquila, perfecta para los tiempos que corrían. Perfecta para un alma atormentada como lo era la mía.

Así que cuando descubres la verdad de este mundo solo pueden suceder dos cosas: Terminas corrompiéndote y sumergiéndote en la más absoluta de las tristezas, o comprendes el mecanismo de las cosas. Aprendes la forma en la que se mueve el mundo, justo como el viento. Sí, te haces uno con él. Y entonces estás por encima de los demás, con la vanidad y el ego persiguiéndote como buitres a la carroña.

La luna comenzaba a aparecer y los cansados pueblerinos gritaban a sus niños para que corrieran a meterse a sus casas. Se podía apreciar el aroma de las cenas que se servirían aquella noche, y que juntos como una familia feliz comerían. Claro, excepto yo, Ortiga muerta.

El pueblo donde vivía se encontraba en las montañas de Ur, lejos de cualquier cosa y a salvo de todo. Como vivíamos en lo alto de las cosas el viento era un acompañante frecuente, se podía escuchar su canto al pasar por entre las ramas de los pocos árboles que había.

No éramos muchos, y cada familia vivía en una pequeña cabaña de madera proveniente del Bosque Bajo. Otra cosa que hay que aclarar es que todos son pelirrojos; claro, todos excepto yo. Esto es debido a que yo no nací aquí, por eso mi cabello es negro y mis ojos purpúreos.

Las noches eran bellas en el pueblo de Ur, incluso más que sus atardeceres. Cuando se ocultaba el sol las luciérnagas salían de su escondite e iluminaban todos los rincones que podían encontrar. En definitiva era un lugar donde se podía limpiar el alma; sanación espiritual. Lástima que mi interior ya estaba podrido; ya nada se podía hacer.

El frío comenzaba a erizar mi piel. Creo que lo mejor será ir a casa, este clima no es bueno para mi garganta. El camino de regreso fue tal y como lo ha sido siempre: un poco incómodo al principio, tratando de bajar de todas las rocas; y después bastante tranquilo, como el viento a esas horas de la noche.

Al abrir la pesada puerta de madera negra entré en la pequeña cabaña. No había mucho que ver, solo una mesa con una silla, una chimenea de piedra a la derecha, una cocina sencilla a la izquierda, al fondo una cama, y más al fondo una puerta que daba al rudimentario baño. Mi gato apareció por una de las ventanas con la cola bien levantada, al momento que maullaba por un poco de comida (¿O tal vez sería porque quería una caricia?).

Después de terminar con los deberes del hogar, alimentar a mi gato y de paso a mí me acosté en la cama. Y ahí en la oscuridad pensé. Pensé por un largo rato hasta que la curiosidad me lo permitió y miré debajo de la cama. Ahí estaba una caja con una cerradura de color plateado. Fui hacia mi guitarra y del agujero saqué una llave de plata con la que me dispuse a abrir la caja. Hacía lo mismo todas las noches, la curiosidad y la desesperación por ver lo que ocultaba me impedía dormir bien. Abrí la caja y dentro lo pude observar: Un libro de pasta oscura. Pero no era cualquier libro de pasta oscura, era El libro de pasta oscura. Era mío, solo mío; a pesar de que lo había robado. Pero era mío, yo era su dueño. Ahora yo era el dueño de la verdad.

Ese libro fue el responsable de presentarme la verdad de este asqueroso mundo, y de descubrir quiénes somos en realidad. Pero me di cuenta de algo mientras pasaba sus páginas llenas de garabatos incomprensibles: ¿qué había hecho yo con todo ese conocimiento que se me fue dado? Nada, absolutamente nada. Lo único que había hecho era burlarme en secreto de todos esos pueblerinos por vivir en la ignorancia, mientras yo me había esforzado por convertirme en el ermitaño por excelencia.

¿Realmente podría hacer algo? ¿Valía tanto la pena hablar con lo demás? ¿Con aquellos que vivían? Aunque no estaría nada mal llegar a ser alguien famoso, alguien a quien recuerden todos. Después de todo yo conocía la manera en que se movía el mundo, los demás estaban a mis pies como simples piezas de ajedrez en una partida demasiado fácil como para tomarse la molestia de jugarla.

Imaginen que llegara a convertirme en un rey de algún lugar importante como Solar o Ciudad. Aunque, pensándolo bien, no me gustaría gobernar un lugar como Ciudad, ellos ya la tienen bastante jodida; además terminaría mal de la cabeza. Sí, es mejor algún otro lugar como Seth Val Ta; sería un rey aterrador.

Imaginen todas las cosas que podría hacer con ese libro en mis manos, mi vida podría volverse interesante. Después de todo, la vida no se mide por su duración, sino por la cantidad de cosas que hacemos en ella. Solo hay que ver a la vida como un juego divertido.

Y jugar el juego de la vida es mi especialidad.

 

7 de Mayo de 2018 a las 20:59 3 Reporte Insertar 1
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Conoce al autor

Agust Watermelon Solo soy alguien que gusta de crear historias. A veces creo que todo a mi alrededor es un invento, pero tal vez sea culpa de el ambiente tan poco considerado en el que he vivido. Me gusta escribir historias de Weird Fantasy.

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Diphylleia  Grayi Diphylleia Grayi
Espero que continues xD
27 de Enero de 2019 a las 20:03
Diphylleia  Grayi Diphylleia Grayi
Este protagonista es muy raro xD Me gusta, también me gustan las descripciones que haces.
27 de Enero de 2019 a las 20:03
Diphylleia  Grayi Diphylleia Grayi
¿Qué contendrá ese libro? D:
27 de Enero de 2019 a las 20:02
~