Cuento corto
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Ella

Fue insistente, pesado, aquel calor sofocante de noche, pero por su parte se aisló en su habitación y dejó la puerta cerrada como símbolo de terquedad y decisión. La persona detrás solo chillo gritando lo maleducado que era.
Y cada pregunta era alcohol rociado en una herida abierta, era hiedra venenosa deslizándose por cada centímetro de su lastimada piel, y cómo dolía. Dolía el patetismo, dolía la irracionalidad, dolía cada milímetro de su ser. Y se hallaba en un mejunje de emociones erráticas aclamando propiedad sobre su persona, abriéndose paso en cada pedazo de alma rota y tirada.

La cama se sentía como estar acostado en un montón de clavos, su cuerpo cansado no tuvo más remedio que evitar la sensación y concentrarse en su propia miseria, abrazó la almohada que era testigo de sus llantos y aún tenía un suave aroma a lirios con sal.

La persona detrás de la puerta la golpeó con insistencia. Los ruidos herían sus oídos y solo quería que todo parara, lentamente los golpes dejaron de escucharse y un a voz quebrada le pedía perdón.
Porque solo quería que lo superaran juntos. Pero a él le parecía estúpido.
No había nada que superar. Ella no estaba muerta.
Se hallaba descansando a su lado.

2 de Mayo de 2018 a las 01:52 0 Reporte Insertar 1
Fin

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