El susurro del silencio Seguir historia

_ansa_ Ann Samuel

Tras doce años desaparecida, Lillian Masters aparece, a la edad de veinte años, tirada a las orillas de un río, completamente desnuda y medio muerta. No recuerda nada de lo que ha pasado, ninguna cara, ningún lugar. ¿Pero por cuánto tiempo podrá aguantar las preguntas insistentes de sus padres, la policía o los periodistas? Quizá Josh, el chico que una noche viene a llevársela lejos de todos esos problemas, pueda responderlas. Sobre todo si aclama que se conocen desde hace tiempo. Mucho tiempo.


Fantasía Todo público.

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Olas


   Antes de que la ciudad se despertara, ella se había levantado en completo silencio y caminado durante horas, descalzo y vestida con tan sólo un camisón, hasta llegar al bosque. Mientras se dirigía a su destino, la hierba parecía pincharla con cada paso que daba, los primeros rayos de luz se filtraban a través de las frondosas copas de los árboles, el viento la hacía arrepentirse de no haberse puesto algo más grueso en plena primavera y su larga melena ondeaba a su alrededor, más salvaje que nunca. Cualquiera que la viese ese amanecer, pensaría que se trataba de un ser místico, de una belleza inimaginable, que paseaba tranquilamente en la tierra de los mortales.
   La chica no tardó en escuchar las olas rompiendo contra las afiladas rocas del precipicio. Muy a su pesar, sonrió, recordando todos los recuerdos que se proyectaban en su mente junto al sonido. Miró al cielo, sin una nube después de semanas y semanas de horribles tormentas.
   Hacía un día perfecto para morir.
   Por fin llegó al precipicio, por fin pudo vislumbrar las aguas turbulentas del mar, igual de gélido que su interior.
   Estaba tan cerca.
   A tres centímetros del borde.
   A un paso de la caída libre.
   A un parpadeo de dejar de existir para siempre.
   Ven, nosotras te abrazaremos, parecían gritarle las olas.
   Y lo hizo. Saltó sin mirar ni una vez atrás.
   En menos de tres segundos su cuerpo entero chocó contra la superficie del mar, sumergiéndose luego hasta el fondo al mismo tiempo que el aire salía de los pulmones de la chica poco a poco y sus ojos se cerraban hacia un sueño profundo.


   Lillian, todavía ten esperanza, esto no es el final, oyó a la voz de su madre taladrándole la mente mientras dormía en la cama del hospital. Habían pasado una semana y dos días desde la última vez que había estado completamente consciente, en el borde del precipicio, a punto de matarse. Y lo habría hecho de no haber sido porque su cuerpo salió a la superficie por sí sólo, expulsado por el agua.
   Por mucho que su madre le quisiera, las dos sabían que ninguna era la misma que doce años atrás, el día de su desaparición. Ojalá pudiese volver a ese estado de tranquilidad, no a este agobio. Donde todos parecían mirarle con preocupación, todos querían fechas, datos, cualquier cosa... Claro está que ella no se acordaba de nada, ni de un mísero día que había pasado lejos de su familia.
   Hace más o menos un mes, un pescador de Black Valley la había encontrado tirada en la orilla del rio, completamente desnuda y medio muerta. En el hospital más cercano pudieron identificarla como la niña que, con ocho años, cuando fue a visitar el famoso festival de verano del pueblo, desapareció sin dejar rastro.
   El primer día que despertó vio a sus padres, después a policías, y, al salir, demasiados periodistas, esperándola como buitres. Todo fue como un torbellino para ella, demasiado que procesar. Al principio consiguió llevarlo bien todo, mejor de lo que la mayoría esperaba, pero comenzó a hartarse, a odiarse por no saber nada, y siempre tenía unas tremendas ganas de regresar al mar, al agua.
   Gimió, turbada.
   Su madre se tomó eso como si se estuviese despertando. Llamó a los médicos, llamó a todos.
Lillian fue abriendo poco a poco los ojos; no quería más preguntas, no quería más luces resplandecientes apuntándole la cara, no más susurros a sus espaldas, no más lágrimas. No. De alguna forma consiguió incorporarse completamente y estar de pie sin sentirse mareada; como si no hubiese pasado nada, como si hubiese dormida doce horas seguidas.
   Tengo que escapar, se dijo a sí misma, aunque sonaba alguien distinto, alguien salvaje. Dejo que ese instinto la guiara. Se arrancó todos los tubos pegados a su cuerpo y se dirigió rápidamente a la ventana más cercana. Fuera había un contendedor de basura, supuso amortiguaría la caída.
Sin embargo, los médicos, con su madre a sus pies, entraron en la sala. Lilliane ya estaba con medio cuerpo fuera.
   —¡Lillian no!—escuchó que gritaban varias voces a la vez.
   No los escuchó. Cerró los ojos y saltó, como en el precipicio.
   Alguien la agarró del brazo, apresándola, y ella chilló. Chilló con todas sus fuerzas.
   La chica estaba despierta, pero no se había movido apenas de la cama. Tenía los ojos abiertos de par en par, los mismos que miraban con puro odio a cualquiera que se atreviese a entrar. Tenía razones para hacerlo.
Sus pies y manos estaban atados a la propia cama, los cuales desataban si necesitaba comer, ir al baño o ducharse. Sus padres habían sido claros, no iban a dejarla escapar de nuevo, incluso si eso suponía atar a su propia hija a unos postes de madera.
   Había un lado bueno en todo aquello, ningún policía o periodista había vuelto a acercarse a ella para hacerle preguntas. Sólo los médicos, con sus estúpidas sonrisas, asquerosas, espantosas. Como le gustaría levantarse y partirles las piernas a todos. Ni siquiera sabía si podría hacerlo, pero a juzgar por cómo había actuado después de estar más o menos una semana inconsciente ya no sabía de lo que era capaz.
   Los médicos decían orgullosos que no intentaba escapar. Eso era porque estaba en una habitación del hospital desconocida para ella, sin ninguna ventana y con una puerta que se abría sólo con una tarjeta especial. No salía nunca, pues había un baño en la habitación.
   También influía el efecto de somníferos en su cuerpo, quienes la debilitaban completamente y los que la hacían completamente sumisa.
   Estáis todos enfermos, pensó con asco, me atáis como si fuese un perro rabioso. Pero lo que no sabéis es que hallaré la forma de escaparme. Y no habrá mano que me detenga esta vez.  

25 de Abril de 2018 a las 20:34 3 Reporte Insertar 1
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Amaia de Navarro Amaia de Navarro
Me encanta tu historia. Creo que la protagonist tiene un vinculo con el agua. Tiene muy buen enganche, y que decir de tus explicaciones. Excelente. Te inviti a que te pas3s por mi historia para intercambiar opiniones. Gracias y un abrazo.
26 de Abril de 2018 a las 03:04

  • Ann Samuel Ann Samuel
    Holaa, muchas gracias por tu comentario. Soy nueva en esta plataforma, aún estoy aprendiendo a manejarlo todo jajajaja. Gracias a ti por leerlo. <3 26 de Abril de 2018 a las 14:27
  • Amaia de Navarro Amaia de Navarro
    Yo tambien soy nueva, leete yumo " el diario de dertaria, la chica uniyama., si te gusta la fantasia te gustara. Esta en mi perfil, es una novela principal, los otros son microrrelatos. Graciasss 26 de Abril de 2018 a las 15:42
~

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