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La huída

Los gritos dolorosos de una mujer empezaron a rasgar la media noche. El palacio despertó bajo la impresión de que algo extraordinario estaba sucediendo.

El Rey Gerard a quien no le gustaba ser molestado mientras dormía abrió los ojos mal humorado.

Un nuevo alarido hizo que se levantara de un salto. Los gritos provenían de la habitación de su hija al final del pasillo. No habían más habitaciones en esa torre.

Presa de una congoja en aumento con los pies descalzos y una simple bata de seda sobre su cuerpo echó a correr por el corredor. La alta puerta de nogal estaba cerrada.

Aporreó con los puños la madera liza que sonaba hueca como fondo de ataúd mientras gritaba el nombre de su hija. Le pareció una eternidad el minuto que tardó en abrirle la doncella negra.

Los gritos habían cesado. La princesa mostró su rostro detrás de la sirviente con una sonrisa un poco forzada.

─ Puedes irte papá. Ya ves que estoy bien.

Un poco sorprendido y amoscado se retiraba a su habitación cuando un último grito desgarrador y el llanto agudo de una criatura irrumpió en sus oídos.

─ ¿ Qué diablos sucede aquí?; masculló apartando a la sirvienta de un empujón y entrando de lleno en la pieza.

Sobre la cama. El duque con los cabellos en desorden y el rostro sudoroso por el esfuerzo sostenía un bebé recién nacido que le había pasado la partera.

Llegó a oír las palabras de la comadrona cuando se acercó a la princesa Zury para informarle.

─ Felicidades alteza. Su esposa a dado a luz un varón.

El por qué se habían solicitado en secreto los servicios de una partera extranjera. La visión de su yerno que había dado a luz una criatura y su hija vestida de príncipe conmocionaron al rey.

¿ Lo que sucedió después? Eso os lo contaré más adelante? Ahí les va la historia.

Hacía tiempo que los padres de Aínus no la miraban con buenos ojos. Su comportamiento varonil era bastante acentuado lo que había levantado sospechas sobre la moral de la noble familia de hecho un tanto dudosa.

 La chica solía entrar en el harén de su padre para admirar a las hermosas concubinas. Llegó a tocarlas. Amaba acariciar los firmes pechos de oscuros pezones mientras aspiraba el perfume de los aceites que cubrían los sensuales cuerpos.

No había malicia en ella. Sus deseos se inclinaban naturalmente hacia los voluptuosos cuerpos femeninos de exuberante cabellera. Pero ignoraba el roll de los sexos y el secreto de los sentimientos que invitan a entregarse a la pasión.

Varias veces fue sorprendida por sus progenitores en aquellos actos desvergonzados como ellos que precisamente no eran un dechado de virtudes le llamaban al despertar de los instintos sexuales de la joven. Los sirvientes empezaban a murmurar y los padres decidieron que algo tenían que hacer para evitar la deshonra.

 Su madre la condesa pactó en secreto con un vendedor de esclavos del imperio Tancros para deshacerse de la niña que tenía escasos 16 años y una belleza que una reina envidiaría. La suma que pagaba el vendedor de esclavos era enorme. Pensaba venderla en los reinos del desierto africano. Aquellos reyes de piel oscura eran enormemente ricos y le pagarían su peso en oro por aquella bella esclava blanca.  

Su padre la odiaba. Solía golpearla y castigarla dejándola dormir a la intemperie.

─ Eres una verguenza─ Le decía tomándola por lus rubios cabellos─ Debiste haber muerto en el vientre de tu madre.

La joven nada le respondía. Pero en su alma se encendía un odio profundo por todo y por todos. Esa noche cansada de tanto maltrato decidió huir. Sin saber que con esa decisión frustraba los planes de su desnaturalizada madre.

Tomó un hatillo con ropas y salió a escondidas por la puerta principal. Iba caminando sin rumbo. Sólo era una niña incomprendida que no conocía el mundo fuera de las grandes murallas del palacio de Kontak.

La madre subió a su habitación a media noche. El padre que la acompañaba llevaba en sus manos un hierro candente con el que pensaba borrar el tatuaje de la casa Kontak que la adolescente tenía sobre el hombro derecho. Esta marca que sólo llevaban los primogénitos la convertían en la legítima condesa del clan.

Al no encontrarla la familia montó en cólera y enviaron varios soldados en su búsqueda. Pero la pequeña paracía haber desaparecido de la faz de la tierra.

─ Tal ves sea mejor así mujer─ Comentó el padre.─ El mundo fuera de estas murallas es caótico no sobrevivirá.

Realmente eran malos tiempos. Abundaban los ladrones en los caminos y bandas armadas eran enviadas por el rey Gerard para limpiar los bosques y las carreteras principales.Pero nada parecía detener el auge del bandidaje. Cada vez eran más los que se dedicaban a la lucrativa tarea.

En manos de una de esas peligrosas pandillas de asesinos cayó Aínus mientras huía.


19 de Abril de 2018 a las 09:40 1 Reporte Insertar 0
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Ary Zabel Ary Zabel
Hola, la verdad es que la historia, en este primer capitulo, no está nada mal. Solo te aconsejo tener en cuenta algunos aspectos de la gramática como el uso de la raya, los incisos y el uso de la coma. Por ahí vi algunas palabras "medio extrañas", quizás algún dedazo. Apartando eso, pinta bien. Saludos.
2 de Mayo de 2018 a las 19:23
~

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