El baile de Ivannov Seguir historia

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Ivannov estaba a punto de entrar al gran evento que marcaría su vida. ¿Quienes eran aquellas personas con quienes bailaría?, ¿qué ocultaba el Gran Palacio?, todo era envuelto por un velo de glamour, enigma y misterio que debía, el joven Ivannov, descubrir por sus propios medios.


Suspenso/Misterio No para niños menores de 13.
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El gran baile

Capítulo 1: El gran baile.   


El reloj dio las siete campanadas de la noche. Un gran baile estaba a punto de ser celebrado en la gran ciudad. Un baile donde los presentes estarían llenos de glamour, soberbia y vanidad. Este era un baile distinto pues no habían sido convocados los tradicionales invitados. No. Estos eran otro tipo de invitados, unos más especiales.

   No sabía que ponerme; si un viejo traje heredado por mis padres o uno nuevo que recién había comprado.

   A mis catorce años había quedado huérfano. Vivía con mis abuelos y había recibido cierta educación suya, más sabían que yo traía cierta formación desde mi nacimiento. Como una marca, como un presagio hacia mi inmortalidad.

   Ahora, que tengo veinticinco años, comienzo a conocer las mieles y las hieles de la vida. No era el gran personaje de aquella ciudad, sin embargo, tenía yo algo de fama. Al menos la suficiente como para que pudieran identificarme, pues mi rebeldía, mi obstinación y mi juventud, hacía que de pronto arrojara comentarios que si bien, no provocaban el caos o la ira, si causaban algunas molestias. Era propio de mi edad, decían los más adultos.

   No sabía que ponerme, si el viejo traje gris plateado y pulido que con tanto esfuerzo me habían cuidado mis padres, o aquel traje negro que recién había comprado yo con mucho esfuerzo para tal evento. Con trabajo duro y muchas gotas de sudor, de sacrificio, de entrega por algo tan insignificante como lo es el trabajo, pero lo suficientemente trascendental como para tenerme encerrado en algunas paredes durante al menos unos meses, había yo obtenido ese traje negro.

   Había preferido tener una autoeducación poco ortodoxa. A pesar que asistí a cierto instituto, no me preparaba este lo suficiente como para enfrentarme ante las vicisitudes de la vida. Al menos yo así lo había sentido. Uno pensaría que la escuela, que la universidad, serían capaces de darte un sustento completo y hasta íntegro. Sin embargo, no te preparaba del todo sobre las relaciones sociales, humanas y laborales. Eso es algo que uno debe construir, y que algunos lo entienden a mediación de su educación, pero otros quienes nos habíamos enfocado más en el conocimiento por amor a este, era fácil que perdiéramos el piso. 

   Dieron las siete y treinta. Yo seguía sin tomar la importante decisión. ¿Qué traje usar? Ante mi duda, decidí dejar que fluyera aquel que mejor pudiera portar, así que tomé un baño esperando que durante la ducha, pudiera decidirme.

   Aquella ciudad era muy particular. Podías encontrar de todo aunque era un lugar pequeño. Tenía su encanto, sobretodo por las noches donde la vida parecía no terminar y no dormir. Era peligrosa, desde luego. No sabías que había parado detrás de ti ni que ocultaba las sombras. No podías confiar ni de tu propia sombra pues, tanto si fuera una alimaña como si fuera algún animal, las sombras les permitían camuflarse lo suficientemente bien como para ocultar un rostro o un rasgo de personalidad. Y mientras yo tomaba mi ducha, seguía sin saber que traje usar.

   Dieron las ocho quince. Yo me encontraba ya ante ese punto sin retorno. ¿Elegiría aquel símbolo que, con tanto esfuerzo mis padres me habían guardado para esta fiesta o elegiría yo uno nuevo? Ciertamente, era el primer baile de este tipo al cuál  yo asistiría. Sabía que habría otros pues se celebraba uno anualmente, uno de varios, así que podía elegir usar el otro en el siguiente baile. Sin embargo, siempre me dijeron que la primera impresión era la más importante.

   Así que me decidí. Elegí usar el de negro, aquel que mejor representaba quien era yo. No sabía si estaba listo para ser presentado como yo era o si aún debía seguir mantener al margen mi verdadera personalidad. Era una de esas situaciones donde la primera elección iba a ser la que definiera todo y fuera parte aguas. 

   Durante mi temprana juventud no había hecho muchos amigos. Tenía conocidos, si, gracias a la institución donde estudiaba y por los conocidos de mis conocidos. Me había hecho amigo de un grupo de individuos quienes más o menos pensaban como yo. Algunos trascendieron de importancia y otros quedaron simplemente en el olvido, pues la vida siempre nos depara cosas tan extrañas que ni nuestra más presta disposición y voluntad de mantener dichas relaciones, era posible ante el capricho o la vanidad de la vida y el destino. No obstante, en aquel baile, sabía que podría responder, de algún modo, algún par de preguntas debido a sus especiales invitados.

   Pero déjame que te cuente un poco. ¿Por qué tanta relevancia tiene este magno evento anual?, ¿quiénes eran sus invitados?

   Este baile se realizaba en el gran palacio de la ciudad. Un palacio que se encontraba en medio de todo y de todos. Un lugar verdaderamente impresionante. Tenía una fachada de esas antiguas tan bien cuidadas que no podías mirarla sin sentir una mezcla entre miedo y admiración. Su belleza se encontraba entre el gótico y medieval, entre Versalles y Notre Dame. Tenía un gran jardín con fuentes y luces bien cuidadas. Era rodeada por muros de distintos tipos, desde aquellos sumamente frágiles y antiguos con enredaderas hasta rejas y otras fortificaciones modernas. Sus instalaciones estaban bien cuidadas y no había nada fuera de su lugar. Parecía un lugar perfecto y de ensueño, al cuál solo asistiríamos quienes ya hubiéramos aprendido ciertos artes o ciertos oficios, junto a tan distinguidas personalidades de las cuáles ya descubriríamos más tarde.

   La entrada del palacio era digna de un rey. Un camino cubierto de majestuosos árboles que desbordaban vida, que desbordaban elegancia. Frondosos, antiguos, sentías como la vida podía fluir a través de tus manos con tan solo tocarlos. Y alrededor del palacio, muchos más árboles quienes ocultaban algunas partes de aquel basto lugar. Nadie se podía meter a este palacio si no era por la puerta principal. Parecía hipnotizarte tan solo con pararte al frente, pero yo sospechaba que esa gran fachada ocultaba algo más. Algo del cuál probablemente nunca terminaría por descubrir pues se decía, que tenía alrededor de 70 habitaciones más unas cuantas ocultas solamente accesibles para aquellos conocedores o invitados más especiales. Ve tú a saber quién tenías que ser para ser considerado de tal calibre. 

   Dieron las nueve de la noche. El cielo se encontraba completamente oscuro. Había una luna impresionante por ser octubre que alumbraba todo cuanto podía, desde las praderas hasta los bosques, desde los ríos que cruzaban la ciudad hasta las casas más olvidadas. Las lamparas de la ciudad se encontraban celosas y podías ver a lo lejos, alguna que otra lámpara parpadear como si su vida estuviera a punto de terminar. Estaban celosas, decía yo, celosas que la luna podía alumbrar más que ellas.

   A este gran baile me acompañaba una dama. Era un poco más grande que yo. Más madura pero jovial. Candorosa y con gran elegancia. Ciertamente puedo decir que, a pesar de tener alrededor de seis años de conocerla, no podía yo poder comprenderla muy bien. De vez en cuando platicabamos sobre este gran baile el cuál, me decía, era algo que me cambiaría la vida. Ella ya había asistido en un par de ocasiones, pero no quería decirme nada. "Arruinaré la sorpresa", me decía. Quería que viviera la experiencia.

   Dieron las nueve y media y nuestro carruaje llegó. Un bello corcel blanco y otro negro nos llevarían hacia ese gran baile del cuál todos hablaban y al cuál, algunos pocos no volvían a regresar. La dama quién me acompañaba me decía que no perdiera el más mínimo detalle de todo. Me decía que, aunque fuera imposible, no perdiera el más minúsculo gesto, forma de expresión y modo de acomodo de las cosas y de las personas. Todo, me decía, tenía un significado doble, uno el cuál más tarde comprendería pero solo si seguía siendo lo suficientemente fiel a mí mismo como para no perderme entre su glamour y su belleza. "Que el ánimo no decaiga", me decía, "todo esto pasará, no lo olvides", me decía mientras tomaba mi mano y me miraba a los ojos. No sabía yo el porqué me lo decía, pero era tanta la confianza que le tenía que no podía negarme ni desconfiar de ella, pues me conocía más perfectamente de lo que yo me podía conocer a mi mismo.

   Dieron las diez en punto y ahí estabamos, mi acompañante y yo en ese gran baile, frente a las puertas del palacio. Se respiraba un ambiente muy curioso, con ciertos aires familiares. No conocía a la mayoría de los asistentes...

-Bienvenido, Ivannov, bienvenido sea usted caballero a este gran baile. -me decía un hombre de elegante y pulcro traje.

-Gracias -respondí -dicen que este baile es el más importante de todos en el año.

-Cierto es, joven, cierto es. Aquí asisten solamente los invitados más destacados que, durante muchos años, han asistido con puntual relevancia. Algunos llegan tarde, otros solamente de pasada. Es difícil, inclusive, que llegues a conocerlos a todos pues es algo que te tomaría muchos bailes más. Algunos a veces vienen de otras ciudades, otros no se vuelven a aparecer. Otros se pierden entre la multitud y escapan hacia alguna de las habitaciones que el palacio oculta pero recuerde, joven Ivannov. Recuerde que este baile será para usted lo que usted sea para ellos.

   Y antes de que pudiera decir palabra alguna de tan interesante frase, aquel hombre metió su mano a una bolsa y sacó de ella un antifaz.

-Colóqueselo, jóven Ivannov, que está a punto de vivir el baile de su vida.

-Gracias - respondía mientras me colocaba el antifaz.

-Mira, voltea hacia allá -me decía mi acompañante -ella posiblemente sea una de las primeras invitadas con quien bailes. 

-Si que es hermosa -le decía. 

-No te dejes envolver por su belleza y su juventud, que ya verás tú lo que algunas de estas personas son capaces de ocultar detrás de todo ese glamour. -me respondía con especial cuidado.

   Y así entonces entrabamos nosotros a uno de los acontecimientos más importantes de nuestras vidas, o al menos para mi así era como lo veía.

-Hola, apuesto y enigmático caballero. Veo que eres nuevo por aquí. ¿Cómo te llamas? -me decía aquella hermosa joven quién me acompañante me había advertido en un inicio.

-No olvides que usas un antifaz -me decía mi acompañante de un modo cuidadoso y al oido mientras muy despistadamente, me jalaba el traje. -aquí puedes ser y no ser, no lo olvides. -me decía mientras se apartaba de mi.

-Mi nombre, bella dama, es Alexander Ivannov. ¿Y el de usted? - le decía mientras tomaba su mano enguantada y le daba un inocente beso.

-Mi nombre, joven Ivannov, es Brisia, y significa amor.

18 de Abril de 2018 a las 15:55 0 Reporte Insertar 0
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