Sueños de Juventud Seguir historia

anahy-romero428 Anahy Romero

"Cuando un hombre ama a una mujer, su mente no puede estar en nada más." Kenneth siempre ha sido, desde muy joven, un mujeriego dispuesto a pasarse la vida de cama en cama, mintiendo, mancillando y prometiendo la luna a cambio de tener al mayor número de chicas en sus brazos. Pero una invitación de reunión de antiguos alumnos, podría cambiar todo, incluso reavivar el recuerdo de Abril, una chica que a la que robó su virginidad y abandonó años atrás. ¿Podrá seguir su vida como si nada? Sobre todo después de ver que Abril no es la misma niña de la que se burló.


Ficción adolescente No para niños menores de 13.

#amor #tristeza #playa #odio #engaño #rencuentro
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Prefacio

—Kenneth, no lo sé— susurraba la chica junto a mí. Ambos estábamos esperando en el ascensor de un hotel en la ciudad; ella era mi cita de esa noche, la elegida de venir al baile conmigo y, como buena acompañante, tenía que entregarse a mí por completo.

—Vamos…— dudé por un momento su nombre. ¿Cómo era que se llamaba?

Mi mente estaba cegada por el deseo que carcomía en poseerla, tenía su nombre en la punta de mi lengua, o mejor dicho, en la punta de mí pene. Era un mes del año eso lo sabía; ¿Julia? No, de eso estaba seguro. ¿Maya? No, no, no.

«Recuerda Kenneth de esto depende un buen polvo.»

La chica confundida preguntó con indignación:

—Abril, Kenneth ¿Lo olvidaste?

—No, me ofendes. Yo no me acuesto con cualquiera, osita —mentí y no sentía culpa de ello. Amaba a las mujeres, amaba sentir su cuerpo sobre el mío mientras gruñían de placer; no amaba a una sola, había Kenneth para todas, mientras moría de risa internamente, Abril se relajó acomodando su pequeño cuerpo entre mis brazos.

Llegamos por fin a la habitación que el viejo del recibidor nos indicó. Cuando había llamado más temprano, pedí lo mismo de siempre: una cama llena de pétalos de rosas, que específicamente formaran un corazón. Una botella de vino tinto, para relajar los nervios, y muchos preservativos, de colores, olores, y sabores. La mujer que venía conmigo, tendría el placer completo, mas no con amor.

No podía esperar más, Abril era la única chica que no había caído en mi juego. Pasé la mitad del año escolar tras sus huesos, una apuesta era lo que me motivaba aún más. Bruno, mi mejor amigo, tuvo el descaro de ponérmela en desafío. Para mí, no era problema. Si bien era cierto, Abril no tenía curvas de muerte; ella era una chica común y corriente, su cabello era corto de color negro azabache, su tez trigueña, no tenía nada en especial, era simple. No era fea, si no, no estaría en estos momentos besando su cuello, mientras nos embriagábamos.

Entre susurros y gemidos, la joven desnuda frente a mí, comienza a hablar con temor

—Sé gentil —decía, nada más.

No era algo que nadie me lo pidiera, todas las mujeres preferían que las embistiera con fuerza y dureza, pero esta no, y no me molesto; no lo sentí como una orden, más bien como suplica. Sería posible que ella fuera… ¿virgen?

Con propiedad me alejé de ella, la mire y le pregunte:

— ¿Es tú primera vez? —No vacilé, necesitaba saber qué estaba haciendo y a qué me estaba afrontando.

—Sí— murmuró entre dientes.

«Puta madre, ¿qué estás haciendo? La niña es virgen»

La voz interna que mantenía un poco de cordura estaba invocando que mi razón fuera más fuerte que mi apetito.

«Dios mío, perdóname, por lo que voy a hacer».

Nunca había estado con una virgen, y no podría desaprovechar esta oportunidad. Me abalancé sobre Abril, mientras besaba cada parte de su cuerpo. Podría ser la primera vez para ella, pero no para mí. Pensé que ella tenía la suerte de perder algo tan valioso con alguien que valía la pena, y no con un tonto que la traumaría por siempre.

Este revolcón no lo olvidaría, sentir su puerta estrecha era tan majestuoso como comer hamburguesas, pizza y todo lo que se me venía a la mente en ese momento. Introduje con cuidado mi ser, para no lastimarla, y cerré los ojos por lo bien que se sentía. Su cuerpo temblaba en el calor de nuestra pasión, y de ahí nos dejamos llevar por la noche.

Inundándome de placer, solté muy vehemente lo que por más que quería no podía contener; en mi mente solo podía repetir «qué polvo» —qué buen polvo—, Abril aplanada por el cansancio se lanzó sobre mi torso.

—Kenneth, te amo —susurró—. Ahora que ya somos novios, te presentaré con mi familia.

Me enmudecí con sus palabras y, como un balde con agua fría, me quitó el placer y la satisfacción de ese momento. ¿Qué le había hecho pensar que éramos novios? Estaba loca, yo no podía estar con ella.

No tenía problemas mentales, ni un pasado oscuro. Simplemente no quería una mujer en mi vida, y no cambiaría solo por ella. Pero no era el momento para quitarle sus ilusiones de niña tonta, así que asentí mientras posaba mis labios en su ceño.

Ella se acunó, cubriendo nuestro cuerpo con la sábana llena de la muestra de nuestro acto recién culminado. Durmió profundamente, simplemente cayó como cae la noche. La moví con cuidado de no despertarla.

Me levanté y comencé a juntar mi ropa para poder vestirme. Poniendo mi pantalón, giré mi vista para verificar su sueño; se encontraba como una bella durmiente. Me acerqué y la vi, pero esta vez sentía pena en dejar a una chica sola en esta habitación.

Verla dormir, fue placentero. Pequeños ronquidos graciosos sacaron una sonrisa de mí.

«Kenneth, no. Lárgate.»

Obedeciendo esta vez a mi mente, Salí de la habitación. Dejando a la chica y llevándome su virtud. 

9 de Abril de 2018 a las 05:00 1 Reporte Insertar 3
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Gin Les Gin Les
jajaja me da gusto que Abril no caiga en sus juegos. Bien hecho.
23 de Septiembre de 2018 a las 20:40
~

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