Verdades ocultas Seguir historia

breniag Brenda Mejía Aguaré

La culpa es una experiencia disfórica que acompaña a Alan un joven estudiante, que fue culpado por una pareja por la muerte de su hija. Sin embargo eso lo lleva a enlazar muchos actos extraños hechos por jóvenes en toda la ciudad, muertes que lo encaminan cada vez más a la locura. Esas muertes a su vez encaminan a un detective a buscar respuestas en un callejón sin salida. Encontrándose con un asesino sin rostro ni nombre. No hay un modus operandi que pudiera ayudar a la investigación haciendo que acuda a jóvenes, que fueron sospechosos descartados en algunos de los casos. Buscarán incesantemente al verdadero culpable de esos hechos, pero ¿Podrán encontrar las pruebas necesarias para culparlo?


Suspenso/Misterio No para niños menores de 13.

#juegos #traicion #juvenil #policial #mentiras #239 #245
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Parte I

Muchas preguntas, pocas respuestas


1

Sam no dejaba de pensar en aquella carta que recibió esa mañana. Quería imaginar que era una broma de parte de sus amigos. Tal vez de Alan, pensaba, él tenía que haber tenido la idea, de hacer una adivinanza tan absurda.

Removía nerviosamente el sobre sin remitente que tenía en sus manos, en esos momentos no sabía claramente qué hacer con ella. Por momentos tenía la sensación de quemarla y no decir nada a nadie, pero luego pensó en contárselo a sus padres.

Y después de pensarlo tanto volvió a leer el sobre.

¿Una adivinanza?

Sacó nuevamente la pequeña hoja con un número uno en la esquina inferior izquierda, dándole nuevamente la vuelta para leer:

Todos la desean y cuando están a punto de tenerla huyen de ella…

No había dirección para responder, aunque al final de la hoja había algo escrito que la joven no había leído la primera vez.

¿Quieres saber qué es? Te lo diré en tres días. Tiempo necesario para saber si la quieres o no.

¿Querer qué? —pensó—. No la debí abrir. Aunque puedo saber que es, si lo busco en internet ¿no?

Sonrió al pensarlo, pero de inmediato apartó esos pensamiento y acto seguido rompió en pedazos la nota y, lo tiró al basurero.

Sin embargo, tenía la vista fija en los pedazos de la carta, quería contárselo a alguien, pero ya no tenía una prueba contundente.

El timbre la sacó de sus pensamientos. Alan —pensó de inmediato. Por un instante se había olvidado por completo de la fiesta de despedida que había organizado para su novio.

Abrió la puerta lentamente y pudo ver a Alan con una sonrisa de oreja a oreja. Él no lo sabe —pensó.

—¡Que hermosa estás! —exclamó abrazándola fuerte—. Quisiera comerte en estos momentos.

—Pues será en otra ocasión —dijo la joven alejándose de él para tomar su abrigo.

—Pero si me iré más de un año —se quejó.

—Eso te pasa por no convencer a tus padres. Ves lo que te pierdes.

El joven se le quedó viendo de reojo pero no dijo nada, le abrió la puerta de su auto. Y lo cerró después de verla subir.

Sam vio como arrancaba sin decir nada, y seguía con curiosidad por saber quién le había mandado la nota. Pero no tenía ni una pizca de valor para preguntárselo.

***

Los dos jóvenes se sentaron en un sofá gris, después de bailar. La joven sacó el celular de su bolso para corroborar la hora.

—Ya tengo que irme —casi gritó en el oído de Alan para que pudiera oírle—. Tal vez mis padres estén preocupados.

—¿Ya te llamaron? —preguntó al oído.

La joven se alejó un poco para menear la cabeza.

—Lo ves. No te dirán nada. Además es nuestra última fiesta.

—Mis padres están preocupados aunque no me llamen. Así que tengo que irme.

Alan le hizo un leve puchero. Sin embargo se puso de pie y sin nada más que decir, la llevó a su casa.

Al cabo de unos minutos se encontraban frente a la casa.

—Gracias —susurró viendo fijamente a los ojos marrones que tenía frente a ella.

—No hay de que —dijo con una leve sonrisa—. Te voy a extrañar… Demasiado.

—Y yo a ti.

—Prometo visitarte —dijo acercando sus labios contra los de la joven.

Pero Sam se alejó un poco.

—No prometas algo que no vayas a cumplir.

Alan la vio con el ceño fruncido.

—¿Quién dijo que no voy a cumplirlo? Te visitaré en cuanto pueda. Y trataré de no tardar más de un año.

—Eso espero —susurró y acto seguido le dio un beso de despedida.

***

Sam no quiso ir a la escuela diciendo a su mamá que se sentía un poco mal. Por lo que se encontraba desayunando en la sala frente al televisor. Después de unos minutos sonó el timbre.

A la pelinegra le pareció molesto y a la vez extraño, nadie se encontraba en casa por la mañana y eso todos sus vecinos lo sabían.

Tal vez es alguien que sabe que estoy —pensó y acto seguido corrió hacia la puerta lo más rápido que pudo, volvieron a tocar y abrió al instante.

—Buenos días nena —dijo una mujer de cabello blanco con una gran sonrisa.

—Buenos días señora Rangel. ¿Necesitaba algo?

—Tú mamá me dijo que estabas enferma y quería saber cómo seguías.

Las dos mujeres eran muy buenas madres, se preocupaban por todo y se contaban todo. La señora Rangel le encantaba visitarlas cada vez que podía.

—Bien, ya estoy mejor. Muchas gracias. ¿Quiere que le acompañe a su casa?

La mujer negó con la cabeza antes de responderle.

—Esta vez no. Tú estás enferma, no vayas a empeorar.

Se despidió con la mano, y se alejó despacio.

—Tenga mucho cuidado.

—Tú también —gritó.

¿Qué quiso decir? —pensó—. Tengo que tener cuidado. Estoy paranoica eso es lo que pasa.

Cerró la puerta y pudo ver que nuevamente otro sobre estaba ahí sobre la entrada.

¿Acaso la señora Rangel está en todo esto? —pensó y negó con la cabeza al imaginarlo.

Sam levantó el sobre y lo abrió rápidamente. Pudo ver que en esta ocasión era una carta completa.

La curiosidad es un arma de doble filo ¿no?

Tal vez —respondió internamente—, en realidad no lo había pensado antes.

Pero la peor equivocación es no contarle a nadie.

¿No confías en nadie? No hay problema con eso, en esta vida no puedes confiar en nada ni en nadie. Y si crees que es verdaderamente falso. Todavía queda un día para darte cuenta.

Así que sin nada más, te dejo la lección #1.

El amor no existe, tal vez crees que no sé lo que digo.

Pero, ¿realmente tu novio te ama? ¿Se despidió antes de irse? Creo que no, mejor dicho ni siquiera lo pensó. Tu relación con él solo era una pasada más. Piénsalo.

Tus padres, ¿es amor lo que demuestran? Parece más costumbre que amor. Solo lo hacen para sentirse bien y no porque realmente te amen.

Y los demás, todos los que están a tú alrededor, tus amigos, vecinos y compañeros. Si verdaderamente los amas deberías confiar en ellos ¿no crees?

Y, por último. Las malas bromas no se hacen entre amigos, entre personas que se aman.

Así que te pregunto, amiga mía 

¿El amor existe?

No es necesario que me contestes, sin embargo necesito saber, si quieres saber el porqué de no confiar. ¿Quieres que te de pruebas? Si tu respuesta es sí. Toma una hoja de papel rojo dóblalo en cuatro partes y déjalo frente a la acera de tu casa. Y muy pronto tendrás las pruebas. Si la respuesta es no, no hay problema no te doy las pruebas, pero la adivinanza sigue en marcha.

¿Ya sabes qué es?

La joven tenía la vista fija en aquellas letras. Sus manos le temblaban y comenzaban a sudarle.

Debí decirles a mis amigos —pensó—, debí decirle a Alan lo que estaba sucediendo, que tonta he sido.

Pero al instante se le ocurrió una idea, pensó que tal vez si pedía las pruebas vería a alguien husmeando cuando dejara el papel.

De inmediato la pelinegra buscó entre sus cosas una hoja de papel roja y la dejo en la acera, tal y como le habían pedido. Antes de alejarse vio a todos lados, pero la calle se encontraba vacía.

Regresó nuevamente adentro. Cerró la puerta y se quedó en la ventana de a la par, para ver si alguien se acercaba.

Al instante sonó su celular haciendo que se sobresaltara.

—¿Alan? —preguntó un poco dudosa.

Amor ¿Por qué no contestas mis mensajes? —La pregunta la dejó más confundida.

—¿Qué mensajes? ¿De qué hablas? —quiso saber.

Es broma —Escuchó una risa sonora—. Es que te escucho rara. ¿Te pasa algo?

­—No, no me pasa nada.

Y antes de que Alan le dijera algo más, el timbre sonó. Así que corrió a abrir la puerta sin pensarlo, aunque ya era demasiado tarde. No había nadie.

¿Estás enojada?

—No.

¿De verdad?

Sí. ¿Para qué me llamas?

Sam deseaba cortar la conversación, la joven podía ver el sobre manila que dejaron frente a la puerta.

¿Lista?

Esas palabras le daban más curiosidad, pero no quiso abrirlo mientras Alan le estuviese hablando.

—Lo siento, solo quería hacerte reír. Y la llamada era para decirte que ya he llegado a mi nueva casa. Mis nuevos vecinos vinieron a hablarnos y se comportaron geniales. Tanto que no tuve tiempo para llamarte antes, de verdad lo siento si es eso lo que te molesta.

—No, no importa. Ya debo colgar ¿Hablamos más tarde?

Sí claro, no hay problema. Cuídate. Te amo.

—Y yo a ti —susurró antes de colgar.

Sin perder tiempo se dirigió a la cocina y dejó su celular en la mesa. Sin esperar más, abrió el sobre. Eran tres juegos de hojas grapadas. Nuevamente había números del uno al tres.

Te dije que tu novio no te ama ¿verdad?

Eso estaba escrito en la hoja que seguía después del número 1.

La impaciencia de la joven iba en aumento, así que arrancó las dos hojas y vio ocho fotos, en diferentes ángulos, y diferentes lugares.

Pudo reconocer a Alan besando a una porrista detrás de las gradas del gimnasio. La siguiente con su compañera que le ayudaba en clase de química. Y otra en la cafetería con Arlette, una de sus mejores amigas. Nuevamente en la cuarta era Alan en frente de su casa con una de sus vecinas.

Sin terminar de revisar dejó las fotos a un lado. Un nudo en su garganta se hizo presente. No podía creer que le hubiese engañado varias veces y, peor aún con su mejor amiga. O mejor dicho con la persona que le dijo que no le hiciera caso porque era una de su lista.

Tomó nuevamente el número dos. Arrancó nuevamente las dos hojas sin leer lo que decía, se imaginó que eran de sus padres. Aunque solo eran dos fotos.

Su padre con su secretaria besándose en su oficina. ¡Qué asco! —pensó. Y la siguiente, su madre en un auto rojo con un hombre que no conocía.

Con los ojos llorosos tomó el último e hizo nuevamente lo mismo. Eran sus amigos escondiendo su trabajo de Lenguaje. Recordó que había perdido la nota porque no encontraba su trabajo. Otra en la que Carla su segunda mejor amiga, mojaba su ropa; esa vez Cristian le prestó su pants y su sudadera porque ya no tenía como irse a casa.

Y una última foto nuevamente Arlette con Alan, solo que esta vez era en una de las fiestas en las que Sam se había ido temprano.

Es alguien del instituto, seguro. ¿Quiere ayudarme? —pensó mientras lloraba.

Sonó su celular nuevamente en el tono de Alan, la joven se limpió las lágrimas y sonrió antes de contestar.

Vio la pantalla del celular y pudo notar que era una video-llamada. Así que contestó.

—Hola Alan.

El joven la veía con el ceño fruncido.

¿Pasó algo malo?

Nada —Sonrió nerviosamente.

Pero pareciera que estuviste llorando ¿De verdad, estás bien?

—Sí, solo es que tengo que contarte algo.

Su semblante cambió al escucharle. Sospechará un poco —pensó— ¿Sospechará que lo he encontrado?

—¿Y, qué es? ¿Es algo malo? No digas que terminemos por la distancia.

Negó con la cabeza, y dio un leve suspiro. Sam aún no sabía por dónde empezar.

—Ayer me pasó algo muy raro. Recibí un sobre blanco sin remitente.

Alan al escucharla sonrió divertido y por un instante la joven pensó que era una broma.

Y decía “Una adivinanza” —dijo haciendo unas comillas con su mano derecha—. También te contaron esa historia. Creo que se volverá viral al paso que va.

Y con eso último, la joven supo que no tenía ni idea de lo que estaba pasando.

—Sí y no —dijo y él la vio confundido—. Sí decía “Una adivinanza”, pero no es un juego. Me lo mandaron ayer y no quise decirle a nadie.

Se quedó callada sin recibir respuesta, así que siguió con su explicación.

—Solo queda un día, y lo único que tengo que saber es si la quiero o no, nada más. Es como una pequeña lección o algo parecido.

—¿Por qué no me dijiste antes? No, no sé trata de eso.

—Porque no me creerías como lo hiciste hace unos segundos.

Creí que solo era una broma de los vecinos. No creí que realmente pasara.

—¿Y ahora, qué hago? —preguntó.

Bueno. Ya le dijiste a tus padres —negó con la cabeza al instante—. Según mi vecino, solo es un juego mental. Solo quieren que dudes de todos y por ultimo de ti. Así lo único que debes hacer es dejarlo pasar.

—¿Y le funciono a tu amigo?

No es mi amigo, no es el vecino. A él se lo contó su amigo, y le mostró una de las cartas y que no sabía qué hacer. Estaba muy nervioso porque era el último día y…

Y se detuvo sin decir nada más, pudo ver como dudaba en decírselo.

—¿Y qué pasó?

Tuvo un accidente, esa noche pero fue porque pasó por alto un semáforo. Chocó contra otro auto, y él fue el que me explicó lo sucedido. No fue por esas cartas.

—Bien, tienes razón no debo tomarle importancia. Nada de importancia —asintió levemente.

Es mejor que descanses. Hablamos mañana.

Claro, te quiero mucho.

Le lanzó un beso antes de colgar y no le dijo nada sobre las fotos. A pesar de lo que escuchó aún seguía temiendo, todavía tenía muchas ganas de llorar de miedo y de dolor.

***

En un intento de olvidar lo sucedido el día anterior, la joven animadamente estaba a punto de irse a clases, sin embargo antes de salir vio nuevamente otro sobre en el piso, lo tomó y salió a la calle. Antes de entrar al auto, abrió rápidamente el sobre.

#3

Ultimo día.

¿Quién soy? 

Antes de saber la respuesta a la adivinanza, debes saber quién soy. Y quienes son mis ayudantes. Así que después del almuerzo me verás detrás de la escuela junto con mis ayudantes. Eso sí, si llegas debes eliminarnos antes de que nosotros lo hagamos. Suerte con ello.

Sin pensarlo la joven tomó su celular y mandó un mensaje a Alan con una foto de la carta, acto seguido entró al auto para dirigirse al instituto.

***

Detrás del instituto había varios árboles alrededor, aunque eran parte de él. Era su lugar ecológico. Sam al adentrarse más allá pudo encontrarse a Clara, Arlette y Cristian. Que la veían sonrientes y sus pensamientos comenzaron a fluir.

Ellas posaban y Cristian tomaba las fotos —pensó—. ¡Que tonta!

—¡Ey! —gritó y luego recordó lo que decía la nota.

La joven llevaba en su espalda un cuchillo y unos guantes.

Ellos le saludaron, primero Cristian y luego Arlette. De ellos tres la más fuerte era Clara, así que cuando le saludó, la joven sacó el cuchillo y lo insertó en el abdomen de su amiga y acto seguido se alejó de ella.

—¿Qué haces? —gritó confundido Cristian.

Pero Sam no perdió el tiempo y sacó el cuchillo insertándolo en el pecho de Arlette.

—No pierdo el tiempo Cristian —le dijo dirigiéndose a él.

Él ya se estaba alejando de ella, el joven estaba asustado.

—Pero… ¿Qué... qué es lo que dices? Perder el tiempo ¿para qué?

—Tú lo dijiste, me lo mandaste en esas cartas.

El joven tropezó en una llanta y cayó por lo nervioso que se encontraba, trató de negar con la cabeza pero ya era tarde; la joven no necesitaba las disculpas por su broma. Tomó el cuchillo y antes de hacer algo, Cristian intentó tomarlo, Sam se alejó y nuevamente le empujó hacia el suelo, agarró el cuchillo con fuerza. Y se lo insertó en la mano. Haciendo que Cristian gritara.

El grito hizo que la pelinegra se estremeciera y saliera corriendo hacia su auto. Al llegar, en el parabrisas encontró otro sobre blanco. Arrancó antes de que Cristian saliera.

Se dirigió a su casa con las manos temblorosas, quería llorar, estaba segura que se había equivocado.

Entró rápidamente, y subió a su habitación mientras abría la carta.

Equivocada…

No era yo, pero eso no importa hiciste bien en hacerlo. O ¿Acaso no estabas molesta?

Lo malo es que quedó uno vivo, le dirá a todos lo que hiciste y lo peor de todo es que nadie te creerá. Ni siquiera Alan porque no te ama como él dice. Y te darás cuenta al momento de que le cuentes, así que dilo y verás lo que sucede.

Por cierto, la respuesta:

LA MUERTE

Quieres comprobar que la mayoría no la desea al tenerla cerca. O ya lo comprobaste. La deseas ahora. ¿Quieres tenerla o quieres que te la imputen? Tú decides.

Sus manos le temblaban por los nervios que sentía y el miedo por haberse equivocado. Sonó su celular en tono de mensaje y no dudó en abrirlo, esperando que todo fuera mentira.

La curiosidad mató al gato…

El mensaje le hizo sentir más culpable de lo que se sentía. Deseaba contarle a alguien, pero no sabía a quién. Comenzó a dar respiraciones profundas, sabía que el remitente tenía la razón. Alan no le creería.

La joven se dirigió a su gaveta en donde tenía todas las fotos, tomó todas excepto las de Alan y las rompió en pedazos junto a la carta, las tiró en el retrete y echó el agua.

Nadie me creerá, nadie creerá lo que sentí y lo que viví —pensó.

Tomó una sábana blanca de su armario y caminó hacia el barandal. Nadie sabrá lo que realmente pasó, solo deducirán que fue así —pensó—. Es lo mejor.


28 de Marzo de 2018 a las 20:11 2 Reporte Insertar 3
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Allie Fray Allie Fray
Hola Brenda, he acabo de leer el primer capítulo y déjame decirte que me ha tenido con los pelos de punta jaja, sabes cómo mantener el interés del lector y tu historia es original y llamativa. Ahora bien, hay algunos errores en la descripción de la historia, estás usando muy seguido la palabra extraño, e igualmente no se puede leer claramente, pero eso se arregla con unas cuantas comas y puntos así que te sugiero revisar esa redacción (:, igualmente cuando Sam se encuentra con sus amigos en el instituto fue un poco confuso para mí entender lo que estaba pasando al inicio, con el diálogo de las fotos y lo que pensaba Sam, igualmente redactaría mejor esa parte. Seguiré leyendo el resto de capítulos dejándote más recomendaciones para cumplir con la cadena de lectura. Saludos!
14 de Agosto de 2018 a las 22:28

  • Brenda Mejía Aguaré Brenda Mejía Aguaré
    Muchas gracias por tu sugerencia. Está en proceso de edición, así que eso será de gran ayuda. =D 14 de Agosto de 2018 a las 22:35
~

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