El alba no espera Seguir historia

sergiopr Sergio Pina

No es sencillo contar historias propias, pues nunca he sabido expresarme abiertamente. Pero esta historia en concreto, he de contarla. De cómo te hace cambiar una simple noche con los amigos, conocer gente nueva y experimentar momentos únicos..


Fantasía No para niños menores de 13.

#juvenil #amor #razasdelanoche #elalbanoespera #fantasia
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Prólogo

Los sonidos de la ciudad, se mezclaban con el agrio aroma de esta. Tan acostumbrado estaba ya, que no era de extrañar encontrarse cualquier cosa que te imagines. Esa noche, decidí salir a tomar algo. Los viejos amigos no perdonan si les haces un feo después de tanto tiempo. Así que, dejé a un lado los prejuicios de la vida que llevaba y me lancé como un loco a la gran aventura de recuerdos vividos con esos locos. Ya sabéis cómo son esas fiestas, bebes de todo y a la mañana siguiente, no te acuerdas de nada. Hasta que ves colgadas fotos en cualquier red social. ¿Cómo? No vuelvo a quedar con ellos..., siempre la misma historia.

Bueno, como me suele suceder, casi siempre, esa noche, sólo me quedé un par de horas. Lo justo para desconectar de la rutina. Y decidí volver a casa.

La ruta desde el bar, no era demasiado larga. Pasar un par de calles, algún puente y el odioso parque Queens. No tardaría más de media hora. Apunto de salir del parque, observé una escena poco común. Dos hombres peleando, lo extraño, la forma que utilizaban para ello. Intenté detenerlos. Noté cómo algo se clavaba en mí.

Ese dolor, se extendió por todo mi cuerpo, más, no me puede mantener en pie. Caí de rodillas, expuesto a que me terminen de rematar. Pero ese momento, no llegó. El resto de la noche, fue un velo en mi memoria. Lo único que recuerdo, fue, verles correr en direcciones opuestas.

No sé qué hora sería cuando abrí los ojos. El dolor de la noche anterior, no desapareció del todo. Mi cuerpo estaba como si una locomotora me hubiera pasado por encima. Me fijé, que mi torso estaba cubierto por vendas, y mi brazo izquierdo también. Lo más curioso de todo, estaba en casa y no recordaba cómo llegué hasta aquí.

Al fondo de la habitación, vi mi ropa colgada en una de las sillas que tengo. Anduve como pude hasta ella y a malas penas, me la puse. Se intensificó el dolor del brazo al levantarlo, casi caigo al suelo pero me dio tiempo a sujetarme en la silla. Estuve un buen rato hasta que se calmó un poco, lo justo para poder soportarlo. Oí un ruido proveniente de la cocina. ¿Sería quien me trajo? No me quedaría con la duda, y fui a investigar quien era.

Por el pasillo hasta la cocina, pude oler a café recién hecho. «¿Aparte de traerme, me prepara café?», me dije. Arrastrando los pies, llegue hasta la puerta, miré a hurtadillas y pude observar, que la silueta que veía, pertenecía a un hombre. No le reconocí.

Se giró y le contemplé el rostro. Parecía más joven que yo. Moreno, con unas greñas hasta los hombros, cuerpo más bien atlético. Se notaba que iría al gimnasio.

—Ya puedes entrar, muchacho. —me asusté, pues supo que estaba mirándole y apenas hizo ruido.— Tienes un café recién hecho, tostadas, galletas. ¡De todo! No sé lo que te gusta ,y después de lo de anoche, tendrás que reponer fuerzas. —me miró fijamente, mientras hacía un ademán para que entrara. Había algo extraño. Su mirada era diferente a lo que he visto en mi vida.— Mi nombre es Archy.

Cogí el café que me ofrecía, me senté en la silla y empecé a saborear lo. El sabor, un deleite que no recordaba en años. Se mezclaba con el aroma intenso, con un toque de frutos que me llenó por completo. Lo que no pude distinguir; un sabor que a su vez, me era familiar y extraño.

—Es delicioso. Lo que no sé adivinar, es uno de los ingredientes.

Archy, me contempló desde la altura que nos diferenciaba en ese momento y me respondió con voz despreocupada.

—¡Ah! Tranquilo. Es un simple ingrediente básico.

Terminé el café hasta llegar a saborear la última gota. Me sentí como nuevo y no me era necesario comer nada. Archy, se sentó a mi lado, degustando una de las galletas de muesli que tenía en casa.

—Bueno, ¿cómo es que estabas en esas condiciones en el parque? —dijo con toda la boca llena.— ¡Estas galletas están de muerte! ¿Cómo es que no las he probado antes? —le miré con cara extrañada. No supe qué responder.

—Volvía a casa, y pasé por casualidad… —me quedé pensativo durante unos segundos. Me acordé de aquel dolor intenso. Aquella punzada que me dejó sin sentido.— Perdona Archy, cuando me encontraste, ¿no viste a alguien más?

—Deja que recuerde, umm..., no. Sólo te encontré tirado en el suelo. —cogió otra galleta y continuó.— Te llevé al Hospital, y de allí, hasta tu casa. Perdona si te ha molestado que estuviera aquí hasta que te has despertado.

—¡No, no, tranquilo! Te lo tendría que agradecer yo a ti.

—Lo que sí recuerdo ver, fue una herida demasiado rara. —alcanzó a decirme, apenas con una forma cómica.

«¿Una herida rara? Sí lo único que recuerdo, fue aquel fortuito choque con aquellos dos personajes, y a continuación, el inmenso dolor. Pero...»

—Archy, una pregunta. ¿Qué pinta tenía la herida?

Sus ojos; otra vez aquel extraño presentimiento con ellos; se clavaron en los mios. Parecía; desde hace veinte minutos que le conocía; demasiado pasota.

—No sé. Posiblemente te clavaron algo. Una navaja, un palo, algo...

Perdí la serenidad e intenté quitarme la venda del tirón.

—¡No seas loco! —se sobresalió al ver mis intenciones.— El doctor ha dicho que tendrás que llevarlo, por lo menos una semana. —la cara de Archy, cambió de inmediato. Pasó de ser un pasota total a un estado de alerta. No sé, algo le preocupa y no me lo quiere decir.

Justo en el momento en que se giró a coger algo más de comer; parecía que no comía en mucho tiempo; decidí quitarme la venda. Saber qué pinta tenía esa herida, me sacaría de muchas dudas.

Lentamente, quité la primera tira de esparadrapo. Seguí el sentido opuesto de la colocación de la venda. Por suerte para mí, el dolor había desaparecido sustancialmente. Al límite del final, la mancha carmesí hizo su presencia. Mis ojos emitieron un inmenso brillo. Ver aquello, me producía una satisfacción que no sé como explicar.

Tiré del último trozo de venda, y pude distinguir, no sólo dos agujeros bien alineados, sino otros dos más unos centímetros más desplazados. ¿Qué coño es esto? ¿Y qué significa esta sensación que tengo dentro? Supuse, que sería por el impacto de ver la herida. No era normal. Cuatro agujeros en mi carne. ¿Me habrían disparado? No recuerdo ningún arma…

26 de Marzo de 2018 a las 17:46 1 Reporte Insertar 2
Continuará… Nuevo capítulo Cada 10 días.

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sda love sda love
Me alegró de volver a leer la historia y espero leerla al completo alguna vez si es posible.
14 de Abril de 2018 a las 20:10
~