Cuento corto
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Mi amigo Pedro

    Lo encontré sentado en una de las escalinatas del mástil de la plaza principal. Se encontraba solo. En principio no observé que tenía entre sus manos. Miraba al piso y cuando me acerqué, noté que su semblante no era bueno. Cuando estuve a casi un paso, vi un arma de fuego, un revólver de caño largo que se dejaba relucir entre sus dedos.

    Puse mi mano en su hombro. Noté que había amartillado el arma, mientras acariciaba el cañón con su mano izquierda.

    La plaza estaba desierta. Arribé en un momento muy especial de su vida. Éramos amigos desde siempre. No sé que me llevo a pasar por ahí.

   Era obvio que deseaba quitarse la vida y si me alejaba, podía desatarse alguna situación trágica. Me senté a su lado.

   -¿Hola, que estás haciendo con esa cosa?-

  -Daniel, estoy podrido de vivir. Mi familia no me quiere, mi mujer me dejó hace dos meses. Tengo un kilombo con mis hijos, pues se enteraron de que tengo otra pareja y voy a ser nuevamente padre. Los nenes no desean un hermano con otra mujer y la madre…bueno la madre me tiene cansado pidiéndome plata mañana tarde y noche…Comencé a boxear, me fue bien y no sé por qué las cosas de buenas a primeras comenzaron a salir mal…pero mal ¡He! Y acá me ves, sin un mango, sin trabajo, sin nada que pedirle a esta vida más que irme. No quiero saber más nada. Quiero terminar ya con todo esto. –Me dijo.

   No intenté sacarle el arma. 

   -Loco las cosas no son así. En primer lugar nunca dejaría que te pegues un tiro, segundo, nos conocemos desde que tengo uso de razón y sos un buen tipo. Si te mandaste una cagada, hacete cargo loco. Todos hemos hecho cualquiera en la vida y mal o bien sabemos llevar una cruz a cuestas ¡Ponele el pecho a los problemas, no te escapes! Le pusiste la cara a tantos boxeadores en incontables peleas y ahora ¿Querés tirar la toalla, bajar los brazos? No amigo, no…Si necesitás unos mangos yo te presto lo que tengo, devolvémelos cuando puedas o cuando vos quieras…mas te digo, olvidate, nunca te los voy a pedir. Además, suponete que yo me valla de este sitio y te pegás el corchazo, me vas a meter en un lío tremendo…no puedo dejarte que te quites la vida, ni en pedo. Van a terminar acusándome a mí ¡Que yo lo hice boludo! ¿Me querés ver en cana?-

    -Y no.-Me dijo sin mirarme.

   -No le cagués la vida a nadie ¿No te das cuenta que le vas a joder la existencia a mucha gente?

   -A la hija de puta de mi ex mujer me gustaría complicarle la vida.-Me dijo con la vesania que genera la impotencia.

  -Claro, ¿Pero sabés cuál es el tema? ¿Que carma le vas a dejar a tus hijos, a tu nueva pareja, a ese niño que está por venir? ¿La imagen de un padre cobarde y tan egoísta que no pensó en ellos? ¿Qué historia le vas a dejar…algo lindo o un recuerdo amargo? Estás para mucho mas amigo, hoy tenés la jeta en la lona, con el coso ese en la mano. Si, estás nock out, pero sabés que te podés levantar…El referí recién comenzó la cuenta. ¡Quiero que te repongas y sigas este round, la pelea no está perdida!

    ¡Vos podés! Recuerdo cuando soñábamos que ibas a ser un gran boxeador y yo un gran escritor ¿Te acordás cuando hacíamos trampa en los fichines y nos subíamos al techo de la casa de tu abuela para sacarle el plomo a los clavos de techo y truchábamos las fichas de los videos juegos? ¡Nos creíamos unos gángsters de ocho años, hasta que el dueño nos pezcó y nos sacó rajando! -Le dije.

    Lo pude hacer sonreír. Lo consideré un avance.

   - Y cuando nos salió la barba, seguimos ansiando esos mismos anhelos con más fuerza y entusiasmo, ¡Yo te quiero ver campeón! Condiciones no te faltan ¡Y te lo digo en serio! -Le manifesté.

     -¡Pero ya tengo treinta y tres años, ya estoy de vuelta para esto!-

    -¡Pelotudo que vas a ser viejo! ¡Nunca es tarde para hacer lo que uno ama!-


    Seguimos conversando. Pasaron cuatro horas, sentados en ese lugar. Ya no acariciaba el arma. La había ocultado debajo de sus piernas. No quería que ningún otro transeúnte se percatara de sus miserias.

    Por momentos se cerraba mucho y no quería entender razones, pero en el fondo, en realidad, estaba buscando un pretexto para no usar el arma. Su inconsciente estaba pidiendo ayuda. Solamente un motivo. Y ahí nos encontramos. Seguimos un rato mas charlando, nos reímos de viejas anécdotas. Logré que me diera el revólver. De inmediato, le saque los proyectiles y me los guardé en el bolsillo. Nos fuimos de la plaza abrazados.

    -¡Che, van a decir que somos novios!- Me dijo sonriendo.

  -Que interpreten lo que quieran, solo sé que nos hemos reencontrado en esta vida tan amarreta -le dije.

   Lloramos juntos. Nos abrazamos.

   

   Muy poco tiempo después, retomó su carrera de boxeador profesional. Un viernes a la tarde, recibí un  whatsaap de él.

   –Gordo, mañana a la noche peleo y lo televisan por el canal de boxeo, estate atento porque te voy a mandar un saludo.-

     Casi a la medianoche del sábado, subió al ring con la bandera Argentina y antes de sonar los himnos, lo enfocaron y dijo: “¡Daniel, el Gordo!” Tiró un beso y con uno de sus guantes se golpeó a la altura del corazón.

   Yo estaba exultante de alegría. Y esa noche, mi amigo Pedro, se coronó campeón sudamericano. 

26 de Marzo de 2018 a las 13:22 0 Reporte Insertar 0
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