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multiverso Yorkman Pattreisk

Un hombre cansado de su vida descubre a través de la tecnología una posible solución. Pero, cuando nuestra muerte está decidida, siempre encontramos motivos suficientes para seguir vivos.


Horror No para niños menores de 13.

#tecnología
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QUE COMIENCE EL JUEGO

     Parece ser que la “tecnología” es la solución para todos los problemas en el mundo, aunque algunos crean que esto es bastante obvio; pero eso es porque en realidad no están hablando de lo mismo que yo. Porque cuando yo lo hago, me refiero a aquella que resulta ser la versión más mercantilista, fría y carroñera, aquella capaz de cubrir las imperfecciones humanas más superficiales de nuestro ser con un leve manto de empatía que apenas cubre la amarga realidad. Aquella que nos “une” y nos “comunica”, aquella que nos ofrece el conocimiento y la sabiduría, pero nos engaña para no usarlos. Los años pasan, las mentiras siguen y no cambiamos nada; seguimos siendo los mismos idiotas de siempre.

Mathison se acomoda en la cama y se despereza sonoramente. Refriega sus ojos, bosteza y mira por la ventana. Otro día gris..., para variar. Entra al baño y un hombre cuarentón lo mira desde el espejo. Un abultado abdomen se presenta cómo el centro de aquella figura, de la cual asciende un flácido tórax y penden unos lánguidos brazos poco formados. Un débil cuello se eleva casi que contra cualquier pronóstico y sostiene, pareciese que “a gatas”, una cabeza ovalada con incipiente calva, que ya ha comido una buena parte del cabello y a duras penas puede decirse que es incipiente, ya que su avance es continuo y voraz desde hace ya demasiado. Unos ojos muertos e inexpresivos miran desinteresadamente a ese tipo pálido que la luz del tubo baña de desazón, mientras que su pequeña y apenas perceptible boca hace una mueca agria de desaprobación mientras piensa - “si parezco muerto, por qué no lo estoy ya..., por qué..”-. Se ducha, se seca, se viste, se va a trabajar. Parada de ómnibus, trayecto al trabajo, ocho horas en un cubículo, viaje de vuelta, y otra vez en casa, sólo. Entre rato y rato rebusca en las redes sociales a procura de un miserable mensaje, una foto en la que lo etiqueten, un comentario en el que lo nombren, algo que impida su continua descomposición. En todas partes ve personas sumidas en sus celulares y computadoras, a cada lugar que mira hay alguien publicando una foto, un estado de ánimo, o detalles de un viaje. Ojalá fuera él esa persona, ojalá fuera él quien viaja y tiene fotos de lugares hermosos en los que aparece, ojalá tuviese otro estado de ánimo que no fuera ese en el cual está sumido pareciera que desde siempre.


     Otro día surge de la noche, otra vez vivo y sin motivo. Todo es tan automático que ya no tiene sentido. Se siente cansado de sí. Está abrumado por su existencia y ya no la soporta. Pero a pesar de todo, nada le da el coraje suficiente como para arrebatarse la vida, como para decirse adiós, como para arrancarse el corazón y lanzarlo a la puta papelera. Él y todos lo autómatas que lo rodean lo han llevado a este viaje sin retorno, pero le da miedo el trayecto, entonces espera a que la Carpa le robe el alma en un suspiro, y antes de darse cuenta encontrarse en el limbo, casi que sin saber qué hace allí. Es un cobarde, o al menos se siente así, y eso lo deprime aún más. Suena una notificación en su celular y el corazón se le dispara en el pecho. Sus manos nerviosas buscan desesperadas el aparato en el bolsillo de su pantalón, y sus ojos que momentos antes miraban inertes por la ventana del ómnibus urbano, se despabilan ansiosos. Desbloquea el móvil, encuentra la notificación, y resulta ser un mail enviado desde alguna casilla de correo que no conoce. Sus cejas de arquean levemente. Vuelve a bloquear el aparato y lo guarda. - “Falsa alarma..., sólo sigo siendo yo”-. Mira en derredor y todos los pasajeros están atentos a sus celulares; unos escuchando música, otros mensajeando, otros sonriendo...; vuelve a mirar por la ventana hacia el mundo gris.


     Ya en su casa se dispone a cenar, cuando vuelve a escuchar una notificación en su celular. Revisa el aparato y resulta ser otro mail, pero reconoce la dirección de la casilla de correo; es la misma que le envió el correo anterior. Con el tenedor lleno de pasta a medio camino de la boca e intrigado hasta los huesos, abre el “correo”, sintiéndose por un segundo cómo un niño que revisa el sótano de la casa nueva a la que se acaba de mudar. Un sonido polifónico breve anuncia su apertura, y una luz algo más intensa ilumina su rostro de asombro. El mail dice: “Nueva App disponible para usted. Sea uno de nuestros felices clientes al hacer uso de este servicio. No se arrepentirá”. Debajo del texto muestra un dibujo de un sobre en el que se puede ver una cruz de color negro. Todo muy lúgubre. Siente que debería detenerse ahí, dejar de leer y todo estará bien; pero..., ¿cuantos gatos habrá matado la intriga...?, parece que no han sido suficientes. Más abajo se lee: “Cansado de todo?, siente que el mundo ya no es un lugar en el que le gustaría vivir?, la apatía lo tiene a mal traer?. No se preocupe más, tenemos la solución para usted. El servicio perfecto”; y más abajo, ocupando todo el ancho del cuadro de texto, con un diseño muy elegante y puritano, letra cursiva y de muy buen gusto, se puede leer: “GOOD-GO”.


     ¿Qué mierda sería eso?, se habrían equivocado o era tan sólo una broma de algún adolescente con más conocimientos tecnológicos que empatía?. Su dedo ronda el botón de descarga. Merodea, deambula la pantalla del celular, hasta que un pensamiento lo colma. “Qué más da”, se dijo, y sigue el juego.


     La mañana siguiente lo encuentra con algo más de colorido en sus pómulos, y un leve brillo en sus ojos. ¿Sería cierto todo lo que aquella aplicación le prometía? Mientras se cepilla los dientes frente al espejo piensa: “Y si es cierto...?, y si de verdad pueden darme la solución que estoy buscando?; porque después de todo..., hace tanto que quiero morir que ya no recuerdo por qué estoy vivo”. Va rumbo al trabajo en el ómnibus del transporte público mirando hacia afuera con una leve sonrisa dibujada en la comisura de sus labios, y canturreando de forma inconsciente “Time is on my side”, de los Stones. El móvil vibra. La noche anterior estuvo llenando una serie de formularios que le solicitaba la aplicación “Good-Go”, donde le preguntaban desde su nombre y edad, hasta los nombres de sus últimas cinco mascotas o cuales eran sus fantasías más recurrentes a la hora de masturbarse. Dentro de toda aquella información que le solicitaron y él respondió con cada vez más entusiasmo, al final de la entrevista la app le muestra un mensaje en el que le dice que al día siguiente le mandarían los datos del perfil de su asesino designado. Con una sonrisa de exhibir dientes abre la app. 

21 de Marzo de 2018 a las 02:11 7 Reporte Insertar 6
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Yorkman Pattreisk Yorkman Pattreisk
Gracias Artza, espero encontrarme menos atareado pronto para comenzar algo que tengo en mente. Será más una mezcla de ciencia ficción, acción, y otras cosas, pero espero sea cruda. Saludos y nos estamos leyendo.
20 de Octubre de 2018 a las 01:11
Artza Bastard Artza Bastard
Muy buena historia, me ha encantado... Intrigante y perturbadora hasta el final, bravo!
17 de Octubre de 2018 a las 07:19
Yorkman Pattreisk Yorkman Pattreisk
Uffff....!! Gracias Marcela. De verdad que lo que dices me alaga muchísimo. Espero que sigas leyendo este relato a tramos que realicé, ya que es el más extenso que tengo termiando (por ahora... jejeje). Referente a las palabras que tu dices, le daré algunas leidas para ver si las encuentro y las modificaré. Saludos y nos estamos leyendo.
27 de Septiembre de 2018 a las 17:09
Marcela Valderrama Marcela Valderrama
Si no estuviera narrado en tercera persona, diría que es un fluir de la conciencia. Me gustó mucho este primer capítulo, es interesante que manejes los pensamientos del hombre y sin salir de la escena pase tanto. Tienes buena ortografía, lo único que te recomendaría es que revises nuevamente ciertas palabras (son como dos), que tienen tildes de más. ¡Un saludo para ti!
27 de Septiembre de 2018 a las 14:53
Yorkman Pattreisk Yorkman Pattreisk
Gracias por tus comentarios Samuel M.C., me pasaré por tu perfil en cuanto me sea posible. Referente al tamaño de las letras no comprendí bien cómo es que se regulan, y los espacios entre párrafos son pocos porque lo escribo en Word y luego lo paso. Y por Marhison, aveces las cosas suenan mejor en mi cabeza de lo salen en el folio, y también caigo en la noción de que hay cosas que se sobreentienden y aveces no es así. Saludos y los estaremos leyendo
5 de Abril de 2018 a las 13:56
Capitán  Pensante Capitán Pensante
El argumento me ha parecido bastante interesante así que lo voy a seguir de momento. Tienes una buena calidad de escritura, pero hecho en falta las letras más pequeñas y más saltos de línea para que el texto no sea tan compacto, aun así, tampoco es un problema real. No he entendido dónde encaja Mathison en todo esto, volverá a aparecer más adelante o algo? También quiero destacar lo impactante que me ha parecido la frase: "hace tanto que quiero morir que ya no sé por qué estoy vivo" wow. Nada más que decir, sigue así y te animo a pasarte por mi perfil también ;).
5 de Abril de 2018 a las 13:20

  • Capitán  Pensante Capitán Pensante
    Valé Mathison es el protagonista? Es que me suena a apellido antes que a nombre, de ahí que me haya confundido. 5 de Abril de 2018 a las 13:24
~

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