El primer genoma Seguir historia

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Daniel López


La humanidad perece en silencio bajo la tierra roja de Marte. El virus intergaláctico llamado "Heraldo", está acabando con la vida de los últimos pobladores de nuestra especie. Enfrentándonos al último destino, la esperanza se vuelca en cuatro soldados que viajan a la tierra para encontrar la posible cura: la estructura de la vida del primer hombre, el primer genoma.


Ciencia ficción Todo público. © Reservado todos los derechos de autor para Daniel Yeste López

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Donde nos llevan las estrellas

Quedaron anonadados cuando avanzaron y descubrieron aquella construcción escondida entre polvo y dunas. Cuando el velo de arena se disipó gracias al contraviento, los ojos de los cuatro viajeros se abrieron sorprendidos comprendiendo lo que estaban a punto de apreciar. Hacía cientos de años que ningún ser humano cedía un segundo de su vida para contemplar tal obra. Construida bajo el yugo del esclavismo y la sangre para dar sepultura a sus antiguos reyes, se alzaba ante la compañía lo que antaño fuera una de las siete maravillas de la tierra: la gran pirámide de Guiza.

Se miraron unos a otros con gesto de aprobación mientras andaban entre los vientos huracanados y la agresiva arena les golpeaba. Acostumbrados al frío de marte, el calor del desierto había mermado las fuerzas de la compañía; su vitalidad humana se apoyaba cada vez más en su parte robótica. Nadie del antiguo o nuevo mundo podría haber luchado contra aquella tierra árida y adversa, contra aquel sol difuminado en el cielo que parecía dar el pésame a toda vida en el planeta.

El nerviosismo se reflejaba en la cara de los soldados. Los meses de entrenamiento y preparación parecían inútiles allí, en la superficie de la tierra. De vez en cuando, Nargol lanzaba una mirada hacia atrás para comprobar el estado de la compañía. Sus facciones marcadas y su rostro afilado transmitían la decisión que necesitaban. Ellos devolvían siempre el gesto en silencio, asintiendo con firmeza al capitán.

Arrastrados por sus lentos pasos entre la arena, se aproximaron a la pirámide examinándola. El esplendor de esta se ocultaba tras la arena que, danzando sobre ella, impedía al grupo apreciar su tamaño. Tocaron los bloques tallados, colocados como un perfecto entramado que se perdía en el cielo. Parecía casi un milagro que tras tantos miles de años siguiera intacta, imperecedera. El eco de un mejor pasado retumbaba en sus cabezas; la vida como se conociera antes de la destrucción.

Se detuvieron mientras Nargol, quieto, escurría entre las yemas de los dedos el polvo. Se quedo pensativo un instante, antes de alzar la cabeza, firme.

-Agmun, ¡¿dónde está la entrada a la tumba?! - dijo elevando la voz por encima de los vientos que se interponían entre ellos.

- Tendría que estar en la cara norte, pero no sabemos en que condiciones la podemos encontrar. -lanzó una mirada fugaz a su alrededor y luego, al cielo mientras entrecerraba sus ojos-. ¡Tendríamos que acelerar el paso capitán! ¡No quiero imaginarme este desierto por la noche!

El capitán hizo un gesto hacia sus rodillas para dar la orden al grupo. Sus piernas biónicas empezaron a vibrar mientras se colocaban todos en formación. Al alzar su brazo, cuatro veloces sombras arrancaron su carrera entre las dunas, dirigiéndose al norte. A pesar de la corta distancia que tenían que cubrir, el terreno dificultaba su avance con altibajos y el constante cambio del terreno.

En pocos segundos dieron el rodeo para situarse en el punto de entrada. Cuando llegaron, los tres hombres se posicionaron formando un triangulo para dar paso a Turse. La muchacha plantó la rodilla en la tierra y hundió la mano en la arena, arrastrándola levemente. Maldijo entre dientes y se giró con gesto serio para dirigirse a su capitán.

-Tardaré un poco en encontrar la entrada, Nargol. Las corrientes de arena hacen que sea difícil saber donde esta el hueco. Si esta sepultado bajo metros de dunas, tendremos que buscar otra alternativa.

-No hay otra alternativa, no por ahora al menos. Encuéntrala cueste lo que cueste. -sentenció el capitán con gesto serio, terminando la frase con aquella mirada inquisitiva que le caracterizaba.

Mientras la exploradora se sumía inmersa en su trabajo, vieron como en la lejanía el sol emprendía el camino hacia el horizonte. A medida que pasaba el tiempo y observaban cada vez más su entorno, corroboraban lo temido: los analistas de marte erraron en demasiados aspectos. La guerra bacterionuclear había dejado un paisaje desolador y unas condiciones adversas para cualquier tipo de vida en la tierra. Cuando les explicaron en qué situación debería estar el planeta, imaginaron un contexto más paradisíaco. La realidad era muy distinta, las esperanzas para cualquier ser vivo eran idílicas en aquel lugar.

- ¿Imaginabais cómo sería? ¿Que el camino que indican las estrellas nos llevaría a unas pirámides así?-dijo Ecros mientras oteaba el horizonte con sus ojos pequeños, los cuales desprendían una chispa de alegría.

-Nunca imaginé que viajaría a la tierra, al inicio de todo. -dijo Agmun mientras se dibujaba una leve sonrisa en sus labios-. Un paraíso terrenal, decían. Prefiero vivir en la profundidad de marte, al menos no tengo la sensación de tener que estar atento para ver qué coño va a pasar aquí.

El silencio se volvió a apoderar de ellos, sólo interrumpido por el monótono silbar del viento. A sabiendas de que las probabilidades de encontrar agua allí eran escasas, redujeron el consumo de su parte orgánica para mantenerse activos. La premisa fue clara desde el principio, su vida era mísera comparada con la valía de la misión. Todo estaba dispuesto para que tuvieran una alta tasa de éxito y, si volvían con las manos vacías, morirían de igual manera.

La preocupación comenzaba a ser latente en el grupo al ver que Turse, intranquila, no daba señal de avance alguna. Sabían que tras tantos años la ubicación no podría haber sido calculada a ciencia cierta, sabían, que era probable que sus esfuerzos fueran en vano. Las manos nerviosas empezaban a moverse entorno al gatillo de sus armas. Las muecas de preocupación empezaban a dibujarse en sus caras cuando, con la última luz del día la chica se giró enérgica levantándose hacia sus compañeros. Tomo aire un instante y se dirigió hacia el resto del grupo:

-Lo tengo, he rastreado las sondas y el punto debe estar a esa altura, unos veinte metros bajo tierra. La entrada esta sepultada con algún material duro ya sean piedras o metal, si activamos el equipo estaremos dentro en cinco minutos.

-Así sea. Muchachos, prestad atención en todo momento. Dad comienzo al proceso excavación.

Sus manos empezaron a emitir una luz azulada mientras sus extremidades iban cambiando por completo. En unos segundos lo que fuera el antebrazo era una enorme broca cónica que giraba a miles de revoluciones por segundo. Cuando Turse se lanzó de cabeza en la arena con las manos por delante, se alzó un pequeño huracán de arena por el que entraron el resto. La arena volaba al ritmo que la compañía avanzaba por el subsuelo. Al momento habían dejado atrás la ventisca y la sensación de calor; la estela de luz que dejaba Turse a su paso les permitió seguir su ritmo hasta que esta se detuvo en el que parecía ser el punto de entrada.

- ¡Muchachos profundidad completada! ¡Cuidado con la corriente de arena que nos arrastrará en la bajada!

Acto seguido perforó una pared de roca que cayó en mil pedazos junto a ellos por un túnel inclinado. Mientras bajaban cambiaron sus enormes perforadoras por unas garras mecánicas con las que se cogieron unos a otros a medida que iban encontrando al siguiente compañero hundido en la arena. Cualquier humano hubiera sido destrozado por aquella corriente, la presión era dura de soportar incluso para una persona biónica. La enorme tromba de arena les arrastraba velozmente por el hueco cuando Turse encontró el lugar de extracción, arrastrándoles hacia allí.

Se recompusieron a medida que se situaban y respiraban un aire viciado, denso y observaban su alrededor con asombro.

- Localizamos el sarcófago, conseguimos parte del cuerpo y volvemos a la nave. No quiero distracciones, el plan es sencillo y todo esta predispuesto. Agmun , encabezarás el grupo- dijo Nargol mientras hacia un gesto con la mano señalando el camino.

El grito de aprobación retumbó por las profundidades mientras sus armas de combate eran generadas en sus manos y comenzaban a avanzar con cautela por la sección inferior. Agmun guiaba a sus compañeros atento a cualquier cambio en la estructura mientras Turse y Ecros le seguían de cerca absorbidos por las inscripciones en las paredes adyacentes. Los antiguos muros les mostraban engañosos sus inscripciones arrastrándoles hacía las profundidades, distrayendo a los viajeros.

Se apresuraron cuando vieron que el pasillo cerraba su trayecto en una puerta en la lejanía. Al acercarse más, sus pulsos aceleraron al ver al alcance de la mano el éxito, la salvación.

-Soldados, misión cumplida, extraigamos una muestra del cuerpo y volvamos a la nave. - dijo Nargol con un tono alegre, sonriente mientras cruzaba el umbral.

Ecros dejó caer un grito de euforia mientras le tocaba el hombro a Agmun, girándose y respondiendo con una sonrisa. Tenían a escasos metros la esperanza de la humanidad, el único recurso con el que serían capaces de sobrevivir. Una simple muestra de uno de sus antepasados les otorgaría la cura.

Al entrar allí, sus caras mostraron la sorpresa que no pudieron expresar. Aquel ser, rodeaba con su cuerpo alargado toda la sala, naciendo de este tres cabezas ovaladas con ojos cómo ámbar que ahora fijaban su visión en los allegados. Su contorno estaba conformado por un millar de agujas de color blanco que devolvían el brillo de las linternas. En ese momento, el tiempo, se detuvo. Notaron todo su cuerpo congelado, incapaz de responder a sus órdenes y, entonces, lo comprendieron. Comprendieron, que su misión no podría ser completada sin ningún sacrificio. Comprendieron, que aquel viaje quizás no tuviera vuelta. Comprendieron, que pese a ser transformados en una entidad perfecta, jamás podrían eliminar su instinto más primario: el miedo.

18 de Marzo de 2018 a las 17:02 2 Reporte Insertar 2
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RM Rodio Molina
Vaya vaya! pero que interesante historia, el genero de ficción en lo que a exploración se refiere, siempre nos imaginamos en otro sitio, otro planeta, siempre algo desconocido y no, algo que ya conocemos, me ha encantado como has dado vuelta a la tortilla en esta historia. Me a quedado ganas de leer más, solo una cosa, el primer párrafo tiene alguna que otra cosa que en mi opinión y no necesariamente lo que diga sea correcto, que pudo ser expresado de mejor manera. En fin, muy buena historia Rox, la estaré siguiendo.
18 de Marzo de 2018 a las 21:07

  • D L Daniel López
    Muchas gracias por su tiempo y su atención. Gente como usted es la que me empuja a seguir haciendo lo que mas me gusta, crear historias. Un saludo y muchas gracias, espero tener pronto la continuación. 19 de Marzo de 2018 a las 07:23
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