Sam "el valiente" Seguir historia

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Aylen Sheelag


Una historia que viven muchas niñas y muchos niños, así como también adultos. Está escrita de manera que simula un cuento que puede ser leído por todas las edades.


Cuento Todo público.

#realidad #superación #leucemia
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Sam "el valiente"

Mi nombre es Kemia y soy una monstruo, una monstruo muy muy malvado, y lo peor de todo es que soy real.

Como podréis deducir, vengo de una familia de monstruos. En mi familia, cuando ya somos lo suficientemente adultos como para poder ser autosuficientes, cada uno buscamos nuestro propio hábitat. A veces coincidimos más de un miembro en el mismo entorno, otras veces estamos solos. A pesar de ello, cada uno tenemos nuestra propia apariencia y poder.

Yo vivo en el cuerpo de Sam. Y concretamente, en sus glóbulos blancos. Por si no lo sabéis, los glóbulos blancos son un tipo de células de la sangre que ayudan al organismo de Sam a combatir las infecciones. Pero la médula ósea de Sam un día me expulsó y poco a poco fui devorando a todas mis compañeras células que eran sanas quedándome yo con el poder de toda su sangre.

Al principio ni Sam ni su familia repararon en mi presencia, pero después de un tiempo, algo extraño me pasó: comencé a reproducirme. Todas las celulitas que iba creando eran igual de malvadas que yo. Y no es que yo quiera ser mala, de hecho no me gustaría estar aquí, pero en ocasiones aparezco sin más sin que yo pueda controlarlo.

Al poco tiempo de crear mi propia familia, Sam comenzó a no ser el mismo. Por las noches, mientras él dormía, yo y mis hijas nos movíamos a nuestro libre albedrío por sus venas. Era tal la velocidad de nuestros movimientos que hacíamos que se despertara en mitad de la noche sudando. También provocamos que Sam perdiera el apetito, que se sintiera cansado y que aparecieran pequeños hematomas en su cuerpo que tardaban en desaparecer.

Ese era, junto a mis hijas, mí día a día. Hasta que un día, oí que Sam y su familia hablaban con alguien al que llamaban doctor. Parece ser que me había encontrado. Yo no podía verles, porque en el cuerpo de Sam era todo oscuridad, pero sí oírles. Oí que me nombraba, que les decía que yo era un bicho, un monstruo al que había que destruir y que pronto Sam se desharía de mí.

Confieso que me alegré, pero mi naturaleza me incitaba a quedarme más tiempo, a luchar, ¡me sentía tan cómoda allí!

De repente, un día nos invadió un ejército de seres extraños bajo el nombre de Quimiot que pretendían acabar con nosotras. Fue entonces cuando nos armamos de valor y comenzamos una intensa lucha con aquellos seres. Muchos de mis vástagos murieron en aquella batalla, pues los Quimiot eran fuertes y estaban entrenados para luchar contra mi especie.

Tras días de intensa batalla, quedé destrozada. Había perdido a más de la mitad de los míos. Me sentía apagada, herida. A Sam le ocurría lo mismo. Los Quimiot nos habían debilitado a ambos. A él produciéndole cansancio, fatiga y vómitos incontrolables, a mí debilidad. Pero me negaba a rendirme, tenía que levantarme y ayudar a los míos. Por ello, cuando me sentí con fuerzas, hice que surgieran nuevos seres idénticos a mí. De esta manera conseguí recuperar el número que en un principio éramos, incluso hubiera jurado que éramos más.

Podía oír como Sam empeoraba, su niñez se había atenuando con el tiempo. Ya apenas comía ni se levantaba de la cama, tan solo quería dormir y silencio.

Pero, fue así, como sin avisar, los Quimiot volvieron a aparecer. Esta vez triplicaban el número de la vez primera, nos superaban con creces, pero nosotros nos sentíamos más fuertes que nunca. Nos enzarzamos en aquella lucha incesante en la que logramos acabar con gran parte de ellos. Luché como nunca. Sin embargo, en uno de aquellos momentos, un grupo de aquellos seres se abalanzó sobre mí reduciéndome hasta quedar exhausta. De esta manera, quedé sola rodeada de mi derrotada tropa viendo por última vez alejarse a aquel ejército invasor.

Hoy, después de dos años de lucha, me encuentro sola y sin fuerzas. Ya no puedo reproducirme, estoy tan débil que no consigo moverme. Sam parece estar feliz, sus risas son las mismas que tenía cuando aparecí, ya no se siente cansado, ni vomita, ni le dan fiebres. Hoy es su séptimo cumpleaños. Sé qué hace mucho tiempo pidió que el monstruo que habitaba en su cuerpo se fuera para siempre. Pero yo seguía luchando. Hoy ya no me apetece seguir siendo la protagonista de su vida. Me tumbo a descansar sabiendo que es el último día de mi vida y el primero de la nueva vida de Sam. Me duermo. Estoy muy cansada. Tan solo diré mis últimas palabras: perdóname Sam.

16 de Marzo de 2018 a las 16:37 0 Reporte Insertar 0
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