El Árbol de los Caídos Seguir historia

aleis01 Elba Iris

Cuando crees que nada tiene sentido, siempre hay una luz que te indica el camino que debes seguir. Quitarte la vida no es opción, todo tiene solución.


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El árbol

El Árbol de los Caídos

Me sentí tan abrumada que decidí salir a caminar. Caminaba por un puente que hay cerca de mi casa. Al mirar hacia atrás mi mirada se cruza con un hombre moreno de ojos negros, mi corazón palpita con fuerza, y dentro de mi intelecto una voz me susurra que corra y no me detenga. Mi pecho tarde con fuerza, corro y corro tratando de escapar de un extraño. Sus fuertes pisadas tras de mí hacen que mi corazón lata desbocado. Doy un respingo al sentir su agarre sobre mi. Me estremezco como gelatina ante su cercanía. No puedo escapar, su agarre sobre mí es demasiado fuerte.

- No, por favor. Sueltame, déjeme ir. No he hecho nada. Por favor.- suplico por libertad, pero mis ruegos son ignorados. El miedo hace que tiemble cual hoja acariciada por el viento. El frío se cuela bajo mi piel haciéndome tiritar aún más.

- ¡Vas a ser mía! No sabes, cuanto he deseado este momento. Te tengo bien vigilada y hoy, no te escapes. El moreno sacó un afilado cuchillo, lo observó temerosa. La impotencia me consumía, mientras las lágrimas se derramaban como manantial cayendo a los pies de un árbol, en el cual me tenía acorralada. Tan pronto como el hombre alzó el cuchillo, cerré mis ojos, no quería ver como era cruelmente asesinado. Elevé mi última oración al cielo por si algún ángel deseaba acudir a mi auxilio.

- Dios si de verdad existes, sálvame. - Fue lo único que pude decir. El terror se apoderó de mi alma alla una gigantesca rama tomada por los pies al hombre que me tenía acorralada contra el árbol. El cuchillo voló bajo el puente y abrió mis ojos como platos al igual que el árbol estrangulaba al hombre con sus ramas. El árbol no caminaba, pero tenía sus ojos fijos en mí. La adrenalina tenía en su máxima potencia, corrí sin detenerme, sin mirar atrás.

Al llegar a mi casa, las dudas se mezclaron con la incertidumbre y el miedo. ¿Quién era ese árbol? ¿Por qué me salvó? ¿Será una señal divina? -Quizás todo el producto de mi imaginación.- Traté de alentarme

La curiosidad me hizo volver a un lugar solitario. Todo estaba oscuro, solo la tenue luz de la luna alumbraba el camino. Caminé alrededor del árbol y lo contemplé por un instante. Parecía un árbol viejo, su tronco se veía fuerte y su follaje era amplio y frondoso. Puse mi mano en el tronco y me sorprendí al ver mi mano hundirse. El anillo azul se formó alrededor de mi mano. La aparté asustada al ver mi mano cubierta de agua, observo mi mano y está completamente seca.

- ¡Camila! - Miré a todos los lados buscando donde provenía la voz. El eco de la voz retumbó por todo el lugar. -¡Camila! - volvió a llamar la extraña voz, pero esta vez más fuerte. Un hoja me hace cosquillas en la nariz, me sacudo con miedo pensando que es un insecto. Al girar me doy la cuenta que el árbol me está mirando y me sonríe. Doy un paso hacia atrás, trastabillando caigo sentado en el suelo cubierto de hojas. - No debes temer.

- ¿Quién eres? - Cuestiono con algo de miedo en un pie lista para correr. ¿Estoy hablando con un árbol? Esto no puede ser cierto. Me pellizco disimuladamente tratando de asimilar lo que me está pasando.

- Soy el árbol de los caídos - Lo miré con incredulidad

- ¿De ... de los caídos? Pensé que era una leyenda de pueblo.

- Es mucho más que una leyenda de pueblo. Coloca tu mano sobre mi tronco, por favor. - pidió amablemente el árbol.- Puse mi mano temblorosa sobre el tronco y otra vez sentí la sensación líquida en mi mano. -Camila, no es casualidad que estés aquí. Ha sido elegida para romper el conjuro desatado sobre mí hace cientos de años.

-¿Elegida? ¿Conjuro? - El árbol me miraba fijamente. Esto tenía que ser una broma.

- Tal como lo oyes. Eres la doncella enviada a romper el conjuro maligno. - Saqué mi mano del tronco asustado - Colócala otra vez, hay algo que debo mostrarte. Puse mi mano nuevamente y esta vez me teletransportó a un lugar desierto, todo estaba oscuro y solo había un árbol parecido a un roble debajo de un alto puente. Un hombre mayor llegó y se paró frente del árbol. Mirándolo fijamente comenzó a vociferar grandes cosas.

- Yo Godric, el hechizero del mal. Decreto que de todos los confines de la tierra vendrán jóvenes a entregar sus vidas a los pies de este árbol. Ese puente es un gran aliado para que este hechizo surta el efecto que quiero. Se lanzará de ese puente buscando paz para sus almas, pero la paz no será de hallarán. Sus almas quedarán suspendidas en las ramas de este gran árbol. Por eso desde hoy te llamaras El árbol de los Caídos. El día en que una doncella tomará la decisión de salvar a alguien de su eterna condenación, ese día el hechizo se romperá y las almas volarán a su destino. El hechizo eco un líquido burbujeante sobre las raíces de ese árbol y este comenzó a crecer y crecer - Volví a la realidad mirando al árbol desconcertada. No podía creer lo que estaba sucediendo.

-¡Eres un árbol maldito! - Exclamé aún descolocada

- Si, pero tú me ayudes a romper el hechizo. Las almas pesan en mis ramas, ya no puedo más. Necesito que sean libres.

- Yo no veo nada. -dije acercándome nuevamente al árbol

- Observa bien, Camila. - El árbol extendió sus ramas y mis ojos se queriendo salir de sus órbitas, al ver cientos de almas colgadas de las ramas del árbol. Gemían y pedían ayuda. Me miraban como si fuera la única capaz de salvarlas. Los vellos de mi cuerpo se erizaron, esto parecía sacado de una película de misterio.

- No puedo ayudarte. -zanje dando varios pasos hacia atrás, sin despegar la vista de las ramas del árbol.

- No te vayas. Eres la elegida. Solo debes enseñarle a la gente el camino correcto. Hazle entender que el suicidio no es la solución. Enséñale, que todava tiene solución aún cuando parece que no hay remedio.

- ¡I can't! - giré sobre mis talones dispuesta a salir corriendo de allí. De repente, siento una cosquillas en mi cabeza, al igual que mi cabello trenzado y una corona de flores blancas adornaba mis sienes.

Al subir la pendiente, veo una muchacha que llora desconsoladamente mirando al vacío. Era delgada, muy bonita, tal vez unos 22 años. Al verla, siento mi pecho estrujado, nada más que pensar que me salta el puente me hace estremecer. La inquietud me aprisiona el pecho aplastándome vilmente. No puedo hacer la vista larga, no sabiendo que su alma queda suspendida en las ramas de ese árbol.

- Oye, ¿Te puedo ayudar? - cuestiono tranquilamente para que la chica no se amedrente.

- No, nadie puede ayudarme. - zanjó- Soy un fracaso, nadie me quiere, nadie me entiende. ¿Para qué vivir si la soledad es la dueña de mi vida? - la chica lloraba amargamente

- ¿Crees que el suicidio lo remedia todo? De seguro, hay alguien que se ha ido a la cama por estar contigo y verte sonreír. ¿No te das cuenta? - Su llanto ahora era más evidente, quería abrazarla, pero yo contuve, no era el momento.

- No me conoces, claro que no hay nadie.

- ¿Sabes? Cuando nacemos Dios se encarga de regalarnos uno de sus ángeles para que no nos cuide. ¿Sabes por qué? Porque nos ama La vida es hermosa. Levantarte, escuchar las aves cantar, ver el nuevo amanecer que Dios te regala día a día. Todo eso es hermoso, ¿No crees? - La chica me miraba confundida, aún con los ojos llenos de lágrimas. - Ven: extiende mi mano hacia ella para ayudarla a bajar la baranda del puente. - Ella toma mi mano con temor. - ¿Sabes? Hay tanta gente en agonía deseando la vida que tú tienes. Tanta gente deseando tener más tiempo para compartir con sus hijos, con sus familiares y no. La vida se les escurre de sus manos sin poder hacer nada por evitarlo. En cambio, otros con la vida por la mañana. Eres joven, hermosa, vive la vida. No te detengas ante los problemas y las situaciones que quieren derrumbarte, sigue adelante. Cada problema que se nos viene encima es para hacernos más fuertes. Demuéstrale al mundo que eres invencible, aunque estés rota por dentro. Demuéstrale que caíste, pero que fuiste capaz de levantar para enfrentar cada obstáculo que te ponga la vida de frente. - La chica me miraba tratando de entender mis palabras - Desde hoy me puedes elegir tu amiga.

- Gracias, nunca me había hablado tan bonito como lo has hecho tú. Gracias de verdad. La chica se lanzó a los brazos y la abrazó fuertemente.

Miré a donde se encontraba el árbol y sonreí al notar que ya no estaba. El árbol había desaparecido. Las almas fueron liberadas.

16 de Marzo de 2018 a las 12:40 0 Reporte Insertar 0
Fin

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