Criogenización Seguir historia

karenstraight Karen Straight

La recompensa por pasar las pruebas al finalizar el curso, es la vida prolongada , si fallan , el cuerpo será criogenizado. Relato especial de Dreams 2017


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#misterios #criogenizacion #ciencia ficcion
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Criogenización


Era el tiempo, de fin del curso, en el instituto donde estudiaba, en una época de avanzada tecnología. Era el tiempo mezclado de fragmentos pasados. Mis amigas eran L… M… y J…A. Con ellas convivía mientras estudiábamos juntas, y las estimaba en gran medida aunque J…A era más distante de mí. L… y J…A eran unidas, alegres y espontáneas, llevaban la alegría a donde fueran. M… era al igual como yo, más reservada. M… era un misterio e intrigante como pocas personas conocidas en mi entorno. Quizás sólo pocos conocían como era ella en realidad. A M… le apasionaban los libros y las letras, aunque no sólo ese aspecto nos unía en nuestras épocas de estudiantes. Sin embargo, las cuatro éramos amigas y nos estimábamos a nuestra manera.

En el instituto, al finalizar el curso, cada egresado tuvo la oportunidad de alcanzar la inmortalidad como recompensa. La idea emocionaba a la mayoría de jóvenes egresados y a los aún estudiantes. Para participar sólo hubo una oportunidad en un rally y superar los obstáculos dentro del tiempo límite.

Al lado del instituto un ser colosal color verde oscuro compuesto por numerosos tentáculos era un enigma para mí. Cubierto de una sustancia similar al hielo aunque resistente al clima, al aire libre, al aproximarme siempre vi detalles y realismo. Inmovilizado, la criatura monstruosa permanecía inerte. ¿O en vida pausada? justo al lado de edificio color blanco donde la prueba definitiva se llevaba a cabo. Pocos se preguntaban por el origen anómalo de la misteriosa criatura. Las autoridades educativas declararon, desde los albores de la implementación de las inyecciones y la criogenización en el instituto, su naturaleza de estatua representando el procedimiento, ya que se trataba de la misma sustancia sobre los cuerpos sometidos al procedimiento. De vez en cuando, me perturbaba la idea de la presencia de un ser irreconocible despertando si la técnica de criogenización fallaba; las ideas sobre si era real me robaban fugaces momentos mientras estudié.

A todos nos intrigaba el proceso de criogenización de quienes fallaban la última prueba. ¿Qué pasaría con sus cuerpos? ¿Estarían muertos? ¿En realidad la inyección suministrada a los vencedores prolongaba la vida más de 100 años? Me preguntaba mientras veía al ser “la estatua” bajo el cielo azul y los árboles radiantes de vida alrededor del instituto.

Éramos tres amigas quienes decidimos participar en el rally para recibir la inyección. Al parecer, yo no lo dudaba cuando nos graduamos, ni mis amigas: L… y M… Recuerdo estudiar con esmero cada nivel de los tres. Mis amigas me llevaban ventaja. Memorizamos las claves de la primera prueba. Sabíamos cómo usar las cabinas de la segunda estación. 

El día de la graduación, decidimos ir las tres a la primera prueba. Era una sección de piso rugoso con paredes rojizas y tres entradas. Sólo una era la correcta para poder avanzar (Si alguien fallaba desde la primera base de las tres, en automático era expulsado, sin la oportunidad de volver a intentarlo). El tiempo se agotaba. Mis amigas me permitieron elegir una de las tres puertas. Me equivoqué; no recordaba cuál era la puerta ni la clave. El tiempo se terminaba. No recuerdo quien de las dos, si M… o L… eligió la puerta correcta con la frase correcta. Éramos unidas, ellas comprendieron el bajo rendimiento de mi memoria por la presión del momento. Empero, sentía culpa.

Para la segunda prueba, sólo estaba permitido pasar máximo dos participantes, sólo dos negras cabinas cúbicas con cubiertas desmontables de metal ligero. El procedimiento era el siguiente:

1.- Encender la cabina.

2.- Entrar. El tiempo comenzaba a cronometrarse.

3.- Responder unas preguntas, resolver crucigramas, no recuerdo bien qué clase de actividad eran resueltos. Según recuerdo, la cabina contenía una computadora conectada con un robusto cable oscuro. Salir antes del tiempo límite.

A causa de mi error en la primera estación, yo las precedería. L… sabía un truco para que yo alcanzara a realizar la prueba dentro del tiempo del rally.

Aún recuerdo sus palabras con claridad:

―Desconecta la cabina del tubo negro de la base―L… conocía de sobra el funcionamiento de las cabinas; bien preparada para superar todo―. Reinicia. Te alcanzará el tiempo para que termines la prueba.

Yo estaba agradecida con aquel detalle de mi amiga L…

Ellas se adelantaron para la tercera y última prueba en el edificio blanco. Ambas pasaron la segunda base a tiempo. Mientras ellas se marchaban corriendo al edificio a pocos metros, desconecté la cabina usada por L… Mientras se cargaba el reinicio, comenzó a llover. Yo llevaba mi mochila con mis instrumentos electrónicos; si se mojaban, perdería mis datos y su alto valor. Busqué un lugar seguro en el arco de los pasillos el tercer edificio para mí y la mochila. Llovía sin control, el agua se escurría como un diluvio; no podía salir del edificio ni dejar mis cosas atrás. La lluvia no demoró mucho, pronto pasó la tormenta.

Entonces me percaté de mi tragedia; “perdí el tiempo” cuando vi la fila de egresados entrando en las cabinas; la mayoría era eliminada y se retiraba después de la lluvia.

Perdí mi única oportunidad en la vida. No obstante, no me sentía ni triste ni enojada; lamentaba el truco desperdiciado recibido por L... “Acepté” mi derrota. Por el contrario, me sentía emocionada por el favorable pronóstico para mis amigas: ellas vivirían mucho más tiempo.

En el tercer edificio, las preguntas no eran complicadas para un egresado preparado. Si ganaban, dentro del edificio ―al que pocos entraban― recibían una inyección destinada a detener el avance biológico; quizás no era ganarse la inmortalidad, pero resultaba llamativa la idea de no morir pronto. Si no acertaban alguna de las preguntas del edificio ultra secreto, la prueba definitiva, no volverían a salir; serían criogenizados, y sus cuerpos almacenados en el interior del edificio en alguna parte.

En lo que concierne a mí, me resigné a mi restante tiempo de vida, como dije antes. Sin embargo, yo estaba segura de haber estudiado lo necesario; mis notas no eran malas. Aún sentía vencer la última prueba de no haberme distraído. De nuevo, me conformé con mi suerte, sin nada por lamentar, en un intento por suavizar mi tristeza. Me recuperé pronto de la derrota. Me sentía más tranquila, y lo sentía de verdad. Tuve paz, aunque no me duró mucho. Corrí hacia el lado oeste del enorme edificio, buscando a mis amigas, quienes aún no salían del último paso.

Pasó mucho tiempo. Más tiempo. Casi fueron veinte minutos más de lo habitual.

¿Demoraban en contestar las preguntas? ¿Qué pasaba? Vi a J…A, mi otra amiga, quien pasaba por ahí, y le grité por su nombre:

― ¡J…A! ¡J…A!―me preocupé, ella caminaba cerca del césped verde alrededor del edificio.

J…A me miró asombrada y le pregunté si vio a L… y a M… salir del edificio. J…A al igual que yo, nos preocupamos porque pasaron más minutos del tiempo establecido por el rally. Me sentí devastada por la verdad cayendo como hielo sobre mi cabeza. J…A se marchó a casa, la pena la destruyó tanto como a mí; L…, su mejor amiga, estaba muerta. Y ella era más sensible que yo. Jamás las podría recuperar, de ninguna forma. ¡Y qué decir del dolor de sus padres!

Me quedé en el instituto al encontrarme mis ex compañeras, y amigas, de clase. Me senté junto a ellas, en los numerosos escalones contiguos a la entrada. Les pregunté si las vieron, como última esperanza. Sentían empatía por mí y el dolor por perderlas para siempre; ni una despedida, ni un adiós. Sólo recordaba verlas partir, esperando reunirnos en el edificio de la última prueba del rally. Me sentía melancólica por su partida; L… y M… estaban ¿muertas? al haber sido congeladas.

Una sensación de alivio llegó a mí; me salvé de caer en su mismo destino. Estaba viva, era afortunada de no haber llegado a la última base: Si ellas fallaron, yo fallaría.

En ese momento de pensamientos y nostalgia, comencé a dudar. Ellas fallaron la prueba… ¿a propósito? ¿Por qué? ¿Cuál era la verdadera razón? M… era un misterio, L… era jovial, nunca hubo dudas sobre su temperamento. Ambas estaban bien preparadas para arriesgar la vida en la última prueba, por eso se atrevieron, al igual que yo.

Me reservé ante mis ex compañeras la inquietud: ¿Mis amigas sabían algo? Un mar de ideas llegó hasta mí. Tal vez estaba desvariando más de lo normal ¿Planeaban ser congeladas para postergar su vida? ¿Y si la verdadera recompensa para ellas era ser criogenizadas? L… y M… nunca me contaron sus planes ni sus conjeturas acerca de lo que ocurría en el edificio blanco. Planearon bien su participación en el rally ¿Se proyectaban ser despertadas en el futuro?

Vino a mí una hipótesis; todos los cuerpos de los “perdedores” iban a ser despertados de la criogenización, en el futuro, cuando también despertaran a la criatura gigante, a la que todos tomaban por estatua. ¿Usarían a los despertados para enfrentarse a la criatura? ¿Para alimentar a ese monstruo con los perdedores? ¿Qué pasaría en el futuro que L… y M… querían ver? ¿Qué pasaría? Ese debía ser el plan de mis amigas. Me estaba volviendo loca ¡Quería saber! ¡Pero nunca podría volver al rally! ¡No podría ser criogenizada!

Ese mismo día, en el alba de mi penar por mis amigas y las dudas que azotaban mi mente como ningún problema de cálculo, una administrativa del instituto que solía abrir un stand para resolver dudas, habló con su entusiasmo habitual. Ella era amena de voz y presentación impecables, mejor aún que una presentadora de las trasmisiones globales. Carecía de manchas de maldad en su rostro, ni un poco de culpa por aquellos que perdían. Su semblante parecía aún más que ofrecía respuestas completas y sencillas a los estudiantes. Me acerqué entre la multitud de curiosos e interesados en participar. Muchos hacían la misma pregunta de siempre, la duda universal: ¿Qué pasa con los que fallan? Empero, ninguno se atrevía a hablar más allá de lo oficial, tampoco era como si lo pensaran o lo plantearan alguna vez en su mente aceptando los discursos oficiales.

Yo no sentía un odio particular por ella entre la multitud. Me acerqué por un motivo diferente al de los demás. Miraba el stand con una perspectiva diferente mientras que ella respondía sin una sonrisa fingida, era auténtica. El hecho de que yo perdí algo de mí en ese popular rally me hacía ver que fui salvada, también. Yo también quería respuestas, pero nadie me contaría la verdad, ni siquiera ella.

15 de Marzo de 2018 a las 19:36 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Karen Straight Creadora de mundos desde el 2004 gracias a las películas, libros y series a mi alcance. Cazadora de inspiración en la vida despierta y en el universo onírico; la inspiración está en todas partes. Me fascinan los libros digitales e impresos, aunque si un buen artículo se me atraviesa, me entretiene tanto como un videojuego o una canción. Me gusta dar lo mejor de mí en todo lo que hago; siempre agradezco todos los consejos que me brindan para crecer como autora y dibujante.

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