Celeste + Goluboi Seguir historia

ajoloteconaudifonos Diana Michelle Berlín

Un ruso, un mexicano y un amor joven, estúpido y desordenado. Dos adolescentes amigos de muerte que luego de tres años de dramas y olvidos, unen caminos otra vez un viernes raro bajo el sol de mediodía. De la mano de una feminista metiche, algunos locos y alguien que atesora los recuerdos, veremos lo que el destino y el cosmos mandan y crean sobre sus vidas, mientras junto a sus amigos se enfrentan a la realidad: la discriminación, la madurez, el autodescubrimiento LGBT, la aceptación familiar, la violencia, la libertad y otras muchas cosas. "Goluboi" es azul celeste en ruso, pero también es una palabra despectiva para aquellos niños a los que el amor y la naturaleza no perdonaron nada. Lo que la naturaleza crea, ninguna queja humana lo ha de cambiar.


LGBT+ No para niños menores de 13.

#juvenil #chicoxchico #boyslove #bl #yaoi #homosexual
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o. Celeste + Goluboy

-¿Cuánto miedo tienes?



No tuvo respuesta inmediata, pero no le molestó en absoluto. Sabía que había hecho una pregunta difícil de contestar.


Su chico, rubio y pálido como una figura de porcelana sólo seguía removiéndole el cabello con la nariz y respirando por detrás de su nuca. Sentía su aliento cálido y sus brazos fuertes y amorosos rodeándole la cintura, sin importar que su peso le recayera sobre el brazo izquierdo; a fin de cuentas era muy ligero y aquél muy resistente. Siempre lo había sido.



En algún momento él, chico canela, lo sujetó también por debajo, con su pierna derecha. Sentía su corazón latiendo en su pecho tibio, dándole calor también en la espalda; y no pudo evitar recordar algo que vio escrito una vez en internet: dos corazones son mucho más fáciles de unir cuando no hay un par de pechos de por medio. El contacto era más íntimo; como siempre desearon.

Como hace varios años atrás.



Aún con todo eso, no pudo olvidarse del todo de aquella tensión que comenzaba a provocarle lo que iba a suceder. Ya que habían cerrado las cortinas, la luz apenas entraba por el corredor y por lo poco que la tela no cubría las ventanas. El ruido de cualquier coche acercándose, aunque supieran que no podía ser el que esperaban, inspiraba una tensión de terror; como en las películas de suspenso o algunos videos que solía ver en los videos de YouTube; con la diferencia de que no esperaban por un asesino o un fantasma. Esto era real.


¿Cuánto miedo tendrá él?...


Celeste sentía una carga tan pesada de angustia, que no podía evitar preguntarse qué estaría sintiendo su chico estando allí, tumbado detrás de él en el colchón. Estaba de frente a la pared que pegaba con la cama y pudo ver una pequeña serie de rasguños y el edredón que cubría el colchón y la almohada desprendía un aroma a lágrimas saladas; lo sabía porque aún permanecían las manchas a la altura de unos ojos. Era una prisión de nervios... pero él estaba tranquilamente abrazándolo por detrás, como si se tratara de un momento en el paraíso.



-¿Miedo, de qué?

Se sobresaltó un poco. Al fin le había llegado una respuesta por parte del rubio, que no era una respuesta sino una petición para que fuera más claro.


-De tu vida.


Celeste podía haberle descrito exactamente a lo que se refería, pero esas tres palabras bastaban para hacerle entender. Sus sueños, su futuro, su vida normal. Porque había caído en la cuenta de una cosa: Goluboy, su chico porcelana, podía haberse ya reconciliado consigo mismo; podía haber cambiado y hasta pudo haberse renovado. Sin embargo, todo ese hecho no habría de detener la ira de ella en cuanto supiera siquiera que habían estado tumbados y abrazándose en su colchón, después de haberse besado apasionadamente contra la pared, en medio de la música.


Quedaban muchas opciones para volver a intentar poner a Goluboy en "el camino correcto" y, considerando que pensarían que habían fallado la primera vez, en esta segunda intentarían una medida más drástica. Y no se detendrían.



Escuchó una risita.- Creí que te estabas refiriendo a mi mamá.


La pequeña risa cautivó un rato a Celeste y lo dejó babeando en un trance, porque toda cosa que emanaba de esa voz era música deliciosa. Cuando por fin quiso agregar algo, Goluboy acercó su rostro por detrás y lo besó en los labios. Fue un beso ligero, en el que únicamente apoyó sus labios contra los de él como si besara su mejilla, pero fue lo bastante significativo y duradero para hacerlo callar.



Acto seguido, su chico de rizos rubios rebeldes devolvió su cabeza a su almohada y apretó más el agarre de sus brazos, atrayendo más el delgado cuerpo de Celeste hacia él. El vapor de su respiración se sintió más caliente y cerca de sus oídos. En respuesta, Celeste apretó más las blancas manos de él en las suyas morenas. A cambio, su ruso cariñoso le comenzó a besar el cuello. Ambos sabían que ése era el momento más hermoso y a la vez el más aterrador de sus vidas en mucho tiempo.

Lo sintieron en el latir de sus corazones.


-No tengo miedo -le dijo su eslavo, de piel blanca como la leche.

-¿No importa...?

-No.

-Me refiero a tu vida. No a tu madre... ¡Ah!

El ruso le había dado un pequeño mordisco en la piel de la nuca, antes de plantar un nuevo beso en la zona.


-¿Cómo podría importarme? -Goluboy se relamió los labios, como acabado de saborear un dulce.

-...

-Cuando estaba allá... Cuando estaba aquí llorando... Cuando pasó eso... Cuando me pasaban esas cosas... Incluso poco después de salir de mis problemas; hasta en las noches en que despertaba convenciéndome de que estaba teniendo malos pensamientos... Yo soñaba estar contigo.


El corazón del moreno sintió lo mejor que había sentido en su vida.


-Ahora estoy contigo -remató esa voz hermosa.

Estrecharon más el agarre de sus manos y, aunque uno no lo notó en la cara del otro, sus mejillas se encendieron de calor y de alegría.


-Te amo, Misha -dijo Celeste.

-Te amo, Ian -respondió Goluboi.


Nunca hay una situación demasiado tensa para que el amor no se haga un poquito de espacio.



-Voy a poner una canción. -Goluboi se levantó sonriente.

-¿Cuál?


Se miraron de reojo y se amaron con las pupilas.


-Una que tú vas a reconocer incluso antes de que comience a sonar.


Ninguno de los dos dijo nada acerca de otra cosa, pero mientras la espera del juicio final duró, las caricias, abrazos y besos fungieron como firmas para su juramento implícito.


No habían tenido una historia tan larga, no habían pasado por tanto... como para dejarse uno del otro por lo que pasara a continuación.



El amor nunca les perdonó nada. Asimismo, ellos no le perdonarían nada a nadie.


Jamás volverían a sentirse solos.


Celeste jamás volvería a dejar ir a Goluboy.



Era una promesa.

11 de Marzo de 2018 a las 19:07 0 Reporte Insertar 1
Continuará… Nuevo capítulo Todos los jueves.

Conoce al autor

Diana Michelle Berlín Dibujante e intento de escritora xD Estudiante de Pedagogía en la UNAM. *En Amor Yaoi como DianaMichelleBerlin :) *En Wattpad como @Ajoloteconaudifonos Bendiciones del universo <3

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