GÉNESIS: EL PRINCIPIO DE MI DESPERTAR Seguir historia

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Heidy Ramirez


Gera es un niño de 4 años que intentara entender algunos misterios que rodean a Dios y la religión, sin embargo a lo largo del camino ocurren cosas que lo hacen creer que nada es cierto al mismo tiempo que todo parece verdad o que la inversa de dicha idea podría ser real, y así sera como a través del génesis el comienza su despertar ante una verdad que quizá no le sera tan fácil aceptar.


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EN EL PRINCIPIO

“En el principio creo Dios los cielos y la tierra

Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las

Tinieblas estaban sobre la faz del abismo y el

Espíritu de Dios se movía sobre las aguas.”

(Génesis 1:1-2)

La mayoría de las personas ya sea por cultura general, por medio de fabulas, películas, historias e inclusive, en algunos casos por medio de la escuela o amigos han escuchado hablar acerca de cómo Dios creo al mundo, solo que en ocasiones al crecer nos llenarnos la cabeza de razonamientos “lógicos”, y nos parece un tanto absurdo el pensar en un ser omnipotente que bastándose en sí mismo, hizo de la nada, un todo. Una ocasión uno de mis amigos comento que, de la manera en que hablaban de Dios, lo hacía imaginarse a una especie de mago, sin embargo, también hacía alusión a la manera en que la gente habla de ellos. Son los mayores estafadores, ya que la magia no existe, sino, es más bien, una serie de trucos ejecutados de manera rápida, logrando con ello que pasen desapercibidos ante el cerebro humano, según su opinión Dios no existe, pero si las personas que sacan provecho de las creencias que existen alrededor de él, y son precisamente ellas las que lo han creado como una expresión de la moral y esperanza humana.

En fin, creo que he olvidado presentarme, soy Jesús Eduardo Reyes Aldana, pero la mayoría de las personas suelen llamarme “JERA”, debido a que, desde muy pequeño, creía que mis padres me habían puesto un nombre demasiado largo y poner únicamente mis iniciales en todo era la manera de acortar mi nombre, y fue por ello que en la escuela me conocían únicamente por mi sobrenombre, incluso, mi madre me llama así.

Desde muy pequeño tuve una noción positiva de la vida, quizá como cualquier niño, a cierta edad, mas siempre me considere un poco mejor en algunos aspectos, tales como la contemplación de los objetos y la esencia poética que era capaz de encontrar hasta en una pequeña gota de agua mientras se deslizaba suavemente por una hoja, hasta tener su destino en la tierra de una maseta, siendo la misma planta quien guiara a la gota a encontrar su destino para ser parte de sí misma obteniendo entre ellas una mutua ayuda. Mi perspectiva poética de las cosas nació después de que mi madre, al encontrar un libro de poesía en casa, y no teniendo ninguna historia en mente o algún libro de cuentos infantiles que leerme, opto por probar mi reacción ante esa clase de escritos. Confieso que desde ese instante desee poder leerlos yo mismo, de tal manera que propuse buscar a alguien que pudiera enseñarme a leer a la corta edad de 4 años.

Y sabía perfectamente que la persona más indicada para ello era mi abuelo, porque sabía que solo él tendría la paciencia suficiente para lidiar conmigo, y además, sabía que yo era su único nieto, y ya saben lo consentidores que suelen ser los abuelos, en especial si ya no trabajan y se la pasan el día en un sillón, leyendo un libro de su extensa biblioteca.

Así fue como al día siguiente, antes de que mi mama se fuera a trabajar, como todas las mañanas, fue a dejarme al jardín de niños, y estando en el auto, lleno de nervios y con las manos totalmente sudadas voltee a verla.

-MAMA…

Fue la única palabra que salió de mi boca de manera entre cortada.

- dime hijo, ¿Qué pasa?-, su voz sonó tan dulce y tierna, a tal grado que me hizo recobrar un poco de aliento-. Confieso que aun después de eso dude un poco, pero estaba decidido.

- quiero que me cuide el abuelo, ya no quiero una niñera. Dile al abuelo que venga por mí a la escuela, no me gusta estar con la niñera.

El auto se detuvo con un poco de brusquedad a tan solo unos pocos metros de la escuela.- Hijo, le llamare al abuelo y le comentare lo que deseas, pero no te aseguro nada, ni si quiera sé si tenga tiempo o si pueda venir hasta acá por ti. Pero prometo hacer lo posible por convencerlo, por el momento es hora de que bajemos del auto y te deje en la escuela. Le comunicare a la niñera que quizá ya no la necesitamos, pero, tendrás que prometer ser un buen chico, y quizá el abuelo desee venir esta misma tarde por ti.

- Gracias mama-, fue todo lo que pude decir, con la voz aun un poco temblorosa

Bajamos del auto, me tomo de la mano, y se despidió de mi con un tierno beso en cuanto llegamos a la entrada de jardín de niños, dejándome en manos de la directora.

Y ya que es habitual en los relatos de este tipo, les diré un poco de cómo era mi maestra. A diferencia de la mayoría de escuelas, ella tenía la cara muy semejante a las brujas de los cuentos, es más, me atrevería a decir que ellas eran más bellas que mi profesora, sin en cambio, ella tenía el encanto de una princesa, pero cuando se enojaba, era peor que un ogro. Bueno, creo que la he descrito lo suficiente y ya que no quiero abundar en más detalles sobre ella, continuare con lo que realmente importa en estos momentos.

Les seré sincero, todo el día, me la pase divagando, imaginando que leería toda la biblioteca del abuelo, creyendo que sería tan fácil aprender a leer, ya saben, la imaginación ilusoria que puede tener un niño de 4 años es totalmente sorprendente. Incluso pensaba que al acabar con esa exquisita colección de libros, hasta terminaría escribiendo mis propios libros y quizá, serian aún más famosos que los escritos de Shakespeare o Dickens, incluso, imaginé que se crearía una gran estatua en mi honor, mucho mejor que la que está en Belfast dedicada a C.S. Lewis con sus crónicas de Narnia. De repente un estrepitoso sonido despertó nuevamente mis sentidos, la profesora estaba realmente molestar conmigo, ya que parecía no prestar a tención a todo lo que decía. Sin embargo al final creo que desistió, porque solo dijo –eres un caso perdido-, y se retiró, creo que fue más que nada porque la campana del receso ya había tocado y yo aún seguía ahí, sentado en mi lugar, soñando despierto.

La siguiente hora, la que faltaba para salir al fin de ahí, me pareció la hora más eterna de mi vida, sentía como si a cada segundo me volviese más viejo, y perdiera un momento importante de mi vida, y ya sé que suena tonto decir esto a mis 4 años, pero realmente fue así. Y aun a la salida tuve la impresión de que nadie vendría por mí, de que mi madre realmente le había dicho a la niñera que no viniera, pero que había olvidado pedirle al abuelo que él lo hiciera o que a él se le había olvidado, o que quizá ninguno de ellos se preocupara realmente por mí, y nos les importara dejarme ahí desamparado. Cada vez que veía a alguien llegar por sus hijos, más estaba convencido de lo anterior, a tal punto que estuve a punto de llorar varias veces, en una de ellas, de la nada al contener mis lágrimas, levante los ojos, y, ahí estaba, su figura era inconfundible, era el abuelo, con su lento caminar. Corrí hacia él, pero la directora me detuvo y me hizo esperar a que mi abuelo intercediera por mí, para que me fuera con él.

El camino fue un tanto largo, ya que, en primer lugar, yo no estaba acostumbrado a caminar, y es por eso que las calles me parecían eternas, y no sé si a alguien más le haya pasado, pero yo no encontraba ninguna diferencia significativa entre una calle y otra, de manera que parecíamos caminar en círculos dentro de un mismo entorno y parecía que jamás terminaría, en segunda mi abuelo camina lento, haciendo aún más tediosa la caminata y en tercera, yo quería llegar a la biblioteca de su casa y no veía ni para cuando llegaríamos a ella.

Pero aprovechando el camino le comente que quería que me enseñara a leer y el solo parecía tomarlo a broma, sin embargo cuando llegamos, después de darme de comer, saco un enorme libro, diciendo que sería lo mejor que alguien puede leer o aprender, ya que era un libro escrito por Dios y recordándome que todo en esta vida es por pasos y que para poder aprender a leer, primero debía aprender a escuchar y comprender. Y después de eso, al fin abrió el gran libro forrado de cuero y comenzó a leer.

“En el principio creo Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las Tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas.” (Génesis 1:1-2)…

Creo que nunca había escuchado palabras como esas, y más que las palabras literales del escrito, parecía que estas cobran un sentido totalmente diferente en mi mente, recordando que Dios nos creó, y que quizá, yo era como esa tierra desordenada y vacía, porque todos por naturaleza lo somos. El ser humano desde que cobra conciencia de sí mismo y de lo que pasa a su alrededor siente esa necesidad de algo más, ese vacío que ningún juguete puede llenar por más bueno o caro que sea, he incuso, yo veía como muchos adultos buscaban llenar o ignorar ese vacío, entregándose a vicios o entretenimientos absurdos por los que se obsesionaban y en los casos más extremos terminaban separándose de los que más querían por culpa del vacío he incluso llegue a escuchar que algunos querían buscar llenarlo “más allá”, o más bien, en el “más allá”. Y al pensar en esas tinieblas “en la faz del abismo”, me hizo recordar que mi madre me había explicado que algunos autores hablan de la mente como enormes abismos, en los que se pierden los pensamientos en medio de la absurdidad de nuestras mentes. Sin embargo después el mismo escrito nos da una esperanza al mencionar “y el espíritu de Dios se movía sobre las aguas” me hacía pensar en el alma, como aguas en ocasiones tranquilas, y en ocasiones turbias, y a Dios paseando en ella, recordándonos que existe, y aun haciendo que tengamos necesidad de buscarlo, de saber de él, aun a pesar de que la mayoría d las personas ignora esta parte de si y hace morir por medio de eso su espíritu, convirtiéndose únicamente en ser más, preso de sus deseos, esclavizado por sus instintos, creyéndose superior al resto de la creación cuando en realidad, los animales no matan tan fríamente a los de su propia especie, ni terminan con su entorno o degradan su moral.

En ese momento yo supe que ese libro era especial y que sus letras marcaron mi vida de manera irremediable, por que expresaba mucho más de lo que algunos quisieran mirar y sus palabras una a una penetraban una parte de mí que nunca había experimentado, quizá, fue desde ahí que una gran verdad me estaba siendo revelada, como a muy pocos, y que a partir de ese momento tenía que saber más, sabiendo que nunca sería suficiente. Y aún recuerdo que esa misma tarde, y quizá sin entenderlo del todo, pero teniendo conciencia de lo que hacía, mi abuelo me oriento en una oración para entregar mi vida al autor de aquella obra, mis ojos fueron abiertos y apenas comenzaba el inicio de mi despertar.


10 de Marzo de 2018 a las 02:29 0 Reporte Insertar 0
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