ESQUIZOFRENIA Seguir historia

M
Martha Estrada


Es la vida de una persona que aparentemente lleva una vida monótona, y que, sin embargo, le pasará algo tan trascendental que jamás volverá a la monotonía.


Cuento Todo público. © Martha Eugenia Estrada Nava

#cuento #cuento corto #esquizofrenia
Cuento corto
1
6978 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

CAPÍTULO 1 ESQUIZOFRENIA O MALES DEL SISTEMA

Era un verano caluroso, con muy poca lluvia, y se sentían las ganas de vivir y de lluvia.

Entonces, en los deseos locos que tenía de emprender cosas nuevas, subí de improviso a un camión, exactamente ¿a donde iría? no lo sabía, puesto que sólo me había limitado a subir en el autobús sin conocer la ruta, algo sorprendente de mi parte.

En fin lo ignoraba y tenía esa sensación de estar realizando algo malo y también tenía esa sensación de realizar un acto audaz, ¿audaz digo? bueno, esperaba que el lugar al que iría fuese que de lo inesperado e impulsivo del momento me resultase en una experiencia grata e inolvidable.

Y no resultó de la manera en que lo imaginé, pero sí, indudablemente fue inolvidable, puesto que hasta el día de hoy, lo recuerdo.

Me encontré, de repente, llegando a la última parada de autobús que correspondía a la ruta, así que pregunte tontamente al chófer ¿hasta aquí llega?, al parecer no le hizo mucha gracia porque sólo asentó afirmativamente con la cabeza, indignada, ante mi intención de hacer conversación, me baje.

Observe, que había un edificio, un único edificio que abarcaba toda la calle, y bueno, ya que,me encontraba en un plan y expectativa de lo que me depararía el destino, ingresé al edificio, pensé que me pedirían identificación oficial, hoy tan de moda, y que me anotaría en el libro de visitas, no fue así, el guardia de seguridad platicaba cómodamente sentado y recargado en la pared, así que pase el torniquete sin que nadie me detuviera, ni preguntara nada.

Adentro, se encontraba un amplio  comedor, y de repente mis intestinos se rebelaron, y recordé que ya tenía como ocho horas de haber probado alimentos, por lo que me forme en la fila y recibí una bandeja con alimentos al igual que todos, busque un lugar para sentarme desde el que se pudiera ver el jardín, y un televisor que, al parecer se encontraba en un canal de noticias.

Las noticias eran alarmantes, se habían fugado de un penal, ¡¡¡ah!!! y también de un psiquiátrico, no me importó, lo mismo de siempre, así que puse más atención al jardín, se encontraba muy bien cuidado, con flores llamativas de distintos colores, rosas, gardenias, jazmines y margaritas, imaginé oler las flores, ya que cómo la puerta a la que daba el jardín se encontraba cerrada, el aroma de sus flores no se percibía.

Se sentaron de pronto dos conversadores, muy amenos, y platicaban de sus achaques, que si uno dormía todo el día, y por la noche tenía insomnio, y al otro lo aquejaba una bronquitis, y bueno, yo recordaba tantas recetas sobre herbolaria, así que me puse a dar consejos a diestra y siniestra, que se tomarán un té de siete azahares, para el insomne, mientras que, para el de la bronquitis no había nada mejor, que el ajo, con miel y limón.

Mi conversación, les interesó tanto, que me sentí un poco triste al no poder recordar más recetas, ¡¡¡tanto bien !!! parecía que les podría hacer a mis escuchas.

De repente, tuve miedo, miedo de ser inoportuna, de llegar tarde a ¿donde? y comencé a sentir una prisa inaudita, perro también, mi hambre era atroz, y porque no decirlo, mi gula también, ya que, me habían servido dos postres, un helado de chocolate, ¡ay! tanto que me gustaba, y el otro, postre eran plátanos con crema, además, por estar platicando me faltaba parte del guisado, pero, el cielo se empezó a oscurecer, y el día caluroso, comenzó a enfriar, y se nubló, yo, entre la urgencia por terminar la comida, e irme, para que no me alcanzase la lluvia, perdí la noción del tiempo.

Me sorprendí mirando el reloj, ya había estado una larga hora en ese comedor, y por fin terminaba la última cucharada de mi segundo postre.

Me levanté revisando la sala, ya quedaban pocos en comparación de hace una hora, se miraban, aburridos unos a otros, la comida estaba resultando tan pesada que se antojaba una siesta.

Salí del comedor con la intención de irme del lugar, y extrañada de que no se me hubiese cobrado aún los alimentos, decidí inspeccionar otro poco, puesto que la lluvia se retardaba, e ingrese a dos o tres salas espaciosas, con gente sentada aquí y allá.

Me pareció un lugar interesante, y todos eran muy amables, buenas tardes, decían, ¿cómo está usted? preguntaban, yo contestaba el saludo y afirmaba que me encontraba bien.

Seguí caminando e inspeccionando el lugar, al parecer a nadie le importaba, al contrario, parecería que les agradaba recibir visitas, todos eran tan amables, y les gustaba conversar tanto, ya que de sala en sala, habían pequeños grupos sentados en círculo, y todos eran muy atentos unos con otros, porque se escuchaban unos a otros, raramente hacían preguntas, y todos estaban muy interesados en la vida de todos, ya que se daban consejos y observaciones. De repente en uno de ellos me invitaron a sentarme, me acerque una silla, ya que había reconocido a mis escuchas enfermos del comedor, me dieron ganas de enterarme de sus vidas, de que hacían en ese lugar.

Al parecer hablaban por turnos, me impacienté, ¿porqué me había sentado tan lejos de la persona que daba la palabra? ya que, de pronto, moría de impaciencia, nuevamente, se veía el cielo oscuro y nublado a través de los ventanales, de nuevo me urgía que me agarrara la lluvia, de nuevo me urgía llegar a tiempo. Sin embargo, las conversaciones de todos eran tan interesantes, que si un doctor había encontrado la cura para el cáncer, que el otro tenía premios en química, y no sabía que había recibido el premio nobel, me sentí tan descuidada, tan desidiosa, pasando las noticias en el televisor, y en los diarios, nunca les prestaba atención, y me arrepentí tanto, ya que no conocía a personajes tan reconocidos, puesto que unos a otros asentaban con la cabeza.

Después que el embajador de no sé que país le tocó su turno de hablar, y narró dramáticamente, los sucesos ocurridos de aquel país, y digo aquel país, porque a ciencia cierta no sé en donde queda, ni en que continente, ni siquiera en que lengua hablan, trate de disimular mi falta de conocimiento, así que cuando terminó de hablar el señor embajador, de ese país que no conozco, y narró todo lo ocurrido en su país, intenté dejar el lugar, sin embargo, el pequeño grupo me instó a esperar, ¿ que no sabía yo, que era muy importante prestar atención a las observaciones del señor presidente de timbuktú? Timbuktú, repetí en mi mente, y me dije, que bien, lo escucharía, y para no parecer impertinente, al terminar el presidente de Timbuktú, me iría.

También tuve que escuchar el relato de un músico, de un bailarín, un coreógrafo, un cineasta, y cuando volvía a intentar retirarme, entonces me impulsaron a contar mi historia, apenada y arrepentida de no haber salido antes, no sabía que contar, así que comencé con contar la historia de ese diminuto día, me levanté, indicándoles, a mi audiencia, ese día pensando en mi aburrida vida, y de cómo me lamentaba que nunca me hubiese ocurrido nada digno de contar, que mi vida al parecer era ociosa, y se tornaba rutinaria, y cómo en ese preciso día había decidido, de forma impulsiva, subir al autobús sin mirar la ruta y bajarme en la última parada, cómo ingresé al edificio, cómo ingresé al comedor y cómo había comido sin que nadie me cobrara ningún centavo, sin embargo, si tenía que pagar algo, por la comida, sin lugar a duda lo haría.

Estaba con mi narración de los acontecimientos de ese día, cuando el policía de la puerta, que había estado platicando tan animosamente con alguien, entro a la habitación, y se detuvo, junto a mi grupo, en el preciso instante en que indicaba que yo no había pagado nada en el comedor, y se detuvo a escuchar, asimismo me oían aún el presidente de Timbuktú, el químico, el coreógrafo, el cineasta, el petrolero, y en fin, todo mi grupo, así que todos oyeron cuando el policía me indicó que no hacía falta que pagara, puesto que todo iba incluido en el pago mensual.

Intentando, aclarar más personalmente la situación me puse de pie, y me acerqué al policía, ya que me apenaba, ante gente tan importante, que, precisamente un policía charlase conmigo sobre el asunto del pago de la comida, me separé, levemente del grupo, y dando unos pasos, intenté alejarme un poco del grupo, y hacer así, un poco más personal la platica con el policía, así que, le indique al policía, que yo no pagaba ni mensual, ni por semana  ni diariamente por  la comida, pero, que sin embargo, me indicaran la suma que había de pagar ese día por los alimentos, y el policía replicaba, que  ninguna persona del exterior había cruzado, hoy la puerta, lo afirmaba, y lo sostenía, que el era sumamente responsable en su trabajo y que de ninguna manera, él había estado hablando con nadie, que si alguien ingresaba del exterior, el revisaba exhaustivamente sus documentos y credenciales de identificación, y después, se anotaba la persona que ingresaba en el libro de visitas.

Para confirmar su dicho el policía salió repentinamente de la sala, y al cabo de un momento, que se me hizo eterno, ingreso con un libro en sus manos, así, que me mostró que en efecto, en ese día no había habido visitas, puesto que ese día era jueves y los jueves no había visitas, no se recibían visitas en ese día, y que si yo seguía de incrédula lo mirase, con mis propios ojos, y en efecto, abrió el libro de visitas ante mis ojos y había habido visita, sí, pero el día anterior, 8 de diciembre, miércoles 8 de diciembre.

El policía argumentaba de sus credenciales, que había tomado el curso para policía y que,  lo había aprobado con mención honorífica, que él era muy responsable, y que sin lugar a dudas yo era, una habitante de ese lugar, y se tornó tan acalorada la discusión que llegaron ellos, con sus batas blancas y con esa camisa, que al forcejear tanto tardaron en ponerme.

Me llevaron, aquellos de las batas blancas, a otro lugar, y mientras me llevaban, pasamos por una sala en donde había un televisor, en el que pasaban las noticias, se había escapado alguien de un psiquiátrico, pero que, sin embargo, reportaban, ya había sido encontrada la persona, pasaron una foto de la persona extraviada, y extrañamente no se parecía a mí.

Después de varios días de estar en aquel cuarto acolchonado, y de entrevistarme un doctor, le indiqué que yo no era paciente de ese lugar, que todo era un error, a lo que el me aclaró que no había error alguno puesto que ya habían contado a los pacientes y que no faltaba ni sobraba ninguno.

Así que hoy, miro desde el ventanal de la sala, nuevamente el cielo se oscureció, y hoy es un día nublado, pronto lloverá, y yo jamás diré que mi vida es monótona.



                                 CAPÍTULO 2  SOBRE EL HOSPITAL


Me encuentro en el hospital desde hace ya varios años, y creo que en este punto debo aclarar varios puntos, primero que en realidad el presidente o mejor dicho el ex presidente de Tímbuktú si era un huésped, aunque no de Timbuktú, ya que sólo se mencionaba el lugar para dar cuenta de su rango, porque huía de los conflictos políticos de su país, y la muchedumbre eufórica, pedía, precisamente su cabeza, por cierto, a él le debíamos los dos postres en la comida.

También se encontraba el químico, que de verdad era químico, el embajador, que mucho me temo, tenía razones semejantes al ex presidente, en fin, lo  raro del asunto es como se dieron las situaciones accidentales, ¿accidentales? que me hicieron habitante del lugar.

Pensé, demandar a toda la burocracia, dar cuenta a derechos humanos, quejarme ante los dirigentes del hospital, y también a los jefes de los dirigentes del hospital, en fin, fui aclarando las ideas y comencé las indagaciones de los pasos que tendría que dar.



























2 de Marzo de 2018 a las 02:29 0 Reporte Insertar 2
Fin

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~