EL CAMPO DE ROSAS ROJAS Seguir historia

pigonzalez PI Gonzalez

Verán, vivía en cierto mundo lejano, encerrada en una gran casa durante días y días. Compartía mi encierro con mis amigos. Éramos catorce, siete mujeres y siete hombres. La casa era enorme cuando llegué, pero a medida que pasaban los días, me parecía cada vez más chica, hasta convertirse en una minúscula jaula... 14 Chicos son secuestrados por un hombre que se hace llamar Míster Monstruo, solo desean ser libres y encontrar el anhelado campo de rosas rojas. ¿Lo lograrán?


Drama Todo público.

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PRÓLOGO

PRÓLOGO

Soñando y delirando, así es como me hallo. Mi espectacular amor... eso se disfruta en su aire, amor y solo amor, como el que me proporciona la mano que me sostiene. Justo aquí, rodeada de rosas ¡¡Mi hermoso campo de rosas rojas!! Es un mar de rojo perfecto, tal y como nos lo prometió una vez Katrina, es nuestro sueño vuelto realidad. En su aire se respira el olor a todo lo que representó para nosotros, es el olor de la libertad.

Estoy como en trance, a pesar de que hace varios meses llegamos aquí. Esto es un sueño, un sueño muy bello. Jamás había contemplado un atardecer así, jamás había sentido un sol que no quema y, sin embargo, lo ilumina todo... Antes solo podía contemplar los lejanos tonos naranja de un amanecer, solo un circulo, de lo que en realidad era un gran cielo infinito. ¿De verdad es real? Sí, claro que lo es. Sé que no estoy soñando, sé que estoy... mejor que nunca... ¿Cómo es que esto puede ser realidad? ¿Cómo es que llegamos aquí? Con esfuerzo y mucho sufrimiento ¿Quién diría que después de la mayor de las tragedias, lo lograríamos? ¿Quién diría que haría falta que mi pequeño mundo se derrumbase para conseguirlo? ¿Quien diría que al final toda nuestra determinaciòn valdrìa la pena? Nunca lo imaginé, pero aquí estamos... Todos mis amigos van corriendo, riendo, jugando y brincando, van tomados de la mano. Son doce rostros irradiando felicidad, envueltos en el mismo sueño que el mio, porque sin importar qué son todo lo que tuve y lo que tengo, pero no siempre hubo felicidad así, no, tuvo que pasar mucho tiempo para que esto ocurriese...

Verán, vivía en cierto mundo lejano, encerrada en una gran casa durante días y días. Compartía mi encierro con mis amigos. Éramos catorce, siete mujeres y siete hombres. Todos con un caràcter ditinto, y montones de secretos que ni nosotros mismos conocíamos. Nuestra edad variaba de los quince a los dieciocho años, pero celebrabamos el cumpleaños de todos en diciembre, fiesta al que dimos por nombre "La fiesta común" en donde éramos felices. Míster Monstruo nos llenaba la despensa justo unos días antes de dicha fiesta, de pasteles, dulces, globos, luces y pinturas... muchas cosas. Esa fiesta era su regalo, un regalo en donde agradecía la vida de todos nosotros. Pero no teniendo suficiente con su apreciado regalo, hacíamos también una comida especial a cada persona que cumplía en cada mes, pero lo cierto es que la fiesta común era nuestra favorita.

La casa era enorme. Teníamos nuestra respectiva habitación, con su respectivo baño, con una ventana medianemente grande que daba vista al jardín. Mi habitación era color azul pastel, todas eran de algún color pastel, pero la mía era azul, junto con la de Vincente. Lo compartíamos todo, desde la cocina que era el lugar más pequeño, pues era bastante estrecho, supongo que por el hecho de que para cocinar solo se necitaban dos personas, teníamos muchos libros de recetas , y las probabamos todas , la mayoría no nos salian, no a la primera y a veces nunca. Luego de la cocina estaba el comedor de catorce sillas, que estaba cerca del marco sin puerta que daba al jardín, sin divición alguna posterior al comedor estaba la sala de paredes blancas y altas, donde también había un gran librero y diversos estantes, justo frente a un costado de estos y frente a la sala y el comedor había una inmensa e imponente puerta de madera rugosa y lustrosa, tenía diversos cerrojos, nosotros nunca nos acercábamos a tocar o tratar de abrir alguno de ellos, algo nos hacía saber que no lo teníamos permitido y que solo Míster Monstruo podía hacerlo, no teniamos porque cuestionarlo respecto a nada, solo teníamos que limitarnos a vivir, ser felices e ignorar cualquier tipo de pensamiento que perturbara esa felicidad y paz. Pero aún así la curiosidad ganaba aveces, lo que nos hacía tocar diversas teorias sobre lo que había tras de esa puerta y la más coherente era la teoría de que detrás de la puerta estaba la casa de Míster Monstruo, dicha hipótesis surgió un día en el que conversaba con Ernesto y Vincente, mis dos mejores amigos de entonces.

Nos habíamos dedicado toda la tarde a cambiar de lugar algunos de los muebles, pasábamos el comedor y las sillas, en donde estaban los sillones, y la mesita de centro, y viceversa.

Entonces al ir arrastrando una silla hacia la ex sala, una de sus patas se envolvió en mi tobillo derecho haciendome tropezar y caer. Caí con el estómago hacia el suelo que estaba perfectamente pulido. En todos mis días en la casa, jamás lo vi desgastarse, a diferencia de la mayoría de los muebles. Alcé la mirada molesta, lsta para levantarme pero mi intención se quedó suspendida al verla. A pesar de que llevaba dos meses en la casa, y la había visto montón de veces, nunca le había prestado atención hasta ese momento, en donde yo era una minùscula hormiga y la puerta un inmenso gigante de cuatro o cinco metros de alto, seguro que pesaría mucho. Yo sola solo lograría abrirla muy poco. Los ojos se me cristalizaron ante ese pensamiento. Escuché una risotada muy entretenida.

—¿A dónde lleva? —Pregunté retomendo la compostura, y girando mi cuello para ver a Vincente, un chico de cabello pelirrojo y ojos castaños. Este se encontraba riéndose de mi percance. Se sontenía el estómago con fuerza y lloraba de la risa. ¿Tanta gracia tenía?

—No lo sé... --murmuró sin para de reir—supongo que...

—A la casa de Míster Monstruo —Dijo llegando, Ernesto, mientras arrastraba otra silla –¿De dónde creen que trae todas las cosas? Pues de algún lugar y ese debe ser su casa. —Concluyó seguro de si mismo.

Cuando dijo eso, no me di cuenta que ese pensamiento suyo era la prueba de que él se estaba cuestionando y estaba tratando de darle explicación a algo que deberíamos saber.... ¿De dónde sacaba las cosas Míster Monstruo?

Miré un rato más la enorme puerta, pensando en dicha casa, imaginándome algo realmente majestuoso, y por un segundo la idea de abrirla me enbargó, pero negué con la cabeza y continué ayudándoles, hasta que al cabo de un rato, llegó Katrina toda echa una furia, regañándonos e indicándonos que las cosas debían de quedarse como estaban. Dijo que esas erán las reglas y que según ella, si no estaba equivocada, eso era algo sencillo de seguir. Tuvimos que devolver los muebles a su lugar, mientras refunfuñábamos y torcíamos los ojos. No volví a pensar más en la puerta.

Como decía: Estaba la cocina, a continuación el comedor y la sala seguido de un pasillo largo, muy largo y curvo, como toda la casa, que siempre iba en curva En ese pasillo se hallaban las puertas de las catorce habitaciones, era un pasillo cerrado, sin vista al jardín ya que las habitaciones tenían las ventanas que daban hacia este. Al final del pasillo, se encontraba el almacén que era inmenso, ahí era en donde siempre encontrábamos lo que nos hacía falta, pues Míster Monstruo nos tuvo bien provistos de tener lo necesario, como cobijas, ropa nueva, zapatos, comida, velas, productos de higiene y limpieza, etc. No nos faltaba nada, no conocíamos la escasez.

Al final de ese almacén, estaba la última de las puertas que te regresaba a la cocina. La construcción formaba una clase de dona en cuyo centro estaba el jardín, con árboles de frutas diversas, flores de muchos colores y formas y, yerbas que solo a Alicia la gustaba conservar, pues los demás sabíamos que no deberían mezclarse con las flores, un libro de jardinería lo decía ( El cual, Míster Monstruo había rayado las últimas páginas y el nombre del autor con marcador, lo que nos dejaba en blanco, pero claro, alejábamos el pensar en eso tambien) En el jardín, también había largos y pequeños banquillos de mármol, regados por las veredas zizgzagueantes de piedra y tierra. Nos sentábamos a admirar todo durante horas y horas... no importaba si nos sentábamos en los bancos o en el pasto, a pesar de que lo correcto fuese la primer opción, pero Katrina se cansó en algún punto de regañarnos tanto respec to a ese motivo y desde entonces nos sentamos donde se nos antojara. El jardín estaba encerrado en un cilindro, los muros de la casa eran altos, muy altos, pero cortos comparados con la torre que rodeaba al jardín, ¿Serían treintaycinco metros? Quizá, pero les aseguro que si viesen la construcción desde afuera se encontrarían con un muro alto, en donde estaría encerrada lo que parecía una torre... la visualicé en mi mente varias veces y luego de muchas reflexiones, llegué a la conclusión de que así era exactamente como se veía.

No recordábamos nada de nuestra "antigua vida" (así era como le llamaban los demás)Tema que no era muy hablado, era una especie de Tabú, como dije antes, solo podíamos limitarnos a vivir y ser felices a nuestra manera, pero sí recordábamos el primer día en la casa y, solo en algunas ocasiones hablábamos de este. No era muy seguido, pero a veces lo hacíamos... Tarde o temprano una conversación sobre ese asunto es lo que nos conduciría a nuestro plan "De la rosa" el plan que lo cambiaría todo... No nos dimos cuenta de que la tierra entera comenzaba a advertirnos que pronto todo acabaría que los muros de nuestra prisión comenzaban a agrietarse poco a poco, a cada palabra, a cada latido, lágrima o grito... Los muros lo sabían... la libertad estaba cada vez más cerca, y exigirían quitarnos lo único que nos quedaba.

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Escrito por: P.I.González.E.

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28 de Febrero de 2018 a las 05:56 1 Reporte Insertar 2
Continuará… Nuevo capítulo Todos los domingos.

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ME Martha Estrada
Muy buena historia, felicidades a la escritora!!!
1 de Marzo de 2018 a las 20:37
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