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geronime Gerónimo Le Goff

«-Amor. La palabra que te ha tocado es amor, Damian.»


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#juvenil #secundaria
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Amor

         —Ya, chicos. Callaos y sentaos que la clase ya empezó—dijo la profesora de lenguas, parándose frente al salón, mirándolos media diabólica y media ansiosa. Los estudiantes se hicieron los tontos—. Como ya sabéis, hoy os toca presentar vuestros monólogos inspirados en la etimología de la palabra que se os ha asignado al azar. ¿Hay algún voluntario para empezar?

Ninguno alzó la mano. Nadie reaccionó más allá de aumentar los dinámicos latidos que los hacían impacientarse ante la amenaza de salir adelante, frente a todo el curso, y actuar sin más, tentando al fracaso y a la humillación pública.

—Bien. Será por lista.

Diez corazones sufrieron un infarto cardíaco. Siete se dieron por hechos y el resto se sintió en medio de la nada misma.

—Álvarez. Damian Álvarez—dijo la mujer tras revisar la lista.

—Está durmiendo—dijo alguien, a lo que la profesora lo buscó con la mirada, dando con él justo cuando un chico, quien estaba sentado al lado de Damian, le dio un zarandeo mientras le susurraba algo con desinterés.

Damian pareció despertarse, comprendiendo de a poco donde estaba y lo que sucedía en ese momento.

—Perdón. Que siga la clase.

La profesora sonrió con esa gracia malévola que tienen los docentes.

—Es tu turno de exponer, Damian. ¿Has preparado tu monólogo? Es con nota. Vuestros promedios dependen de ésta calificación.

—Ah... Sí. Claro.

—Entonces ven aquí al frente y muéstranos tu trabajo, por favor.

—Eh... Por supuesto. Ya que insisten. Bien... ¿Podía decirme qué palabra me ha tocado, por favor?—preguntó Damian de pronto, con una confiada sonrisa comercial a la vez que caminaba hacia el frente, contemplando al salón.

La profesora alzó una ceja desconfiada, mas tomó un cuaderno de su escritorio y buscó el apellido de Damian en las anotaciones del sorteo que había sido llevado a cabo la semana pasada. Luego dijo:

—Amor. La palabra que te ha tocado es amor, Damian.

—¡Amor!—exclamó el chico teatralmente—. ¿Habéis escuchado? Es aterrador—se sinceró mirando a todos esos ojos que esperaba algo de él. Luego, se distrajo con la imagen de Matías mirando a Darío. Darío tenía los ojos hinchados y rojos, y no dejaba de ver hacia Rubén de reojo, con rabia y dolor. También, notó cómo Matías parecía ansioso y avergonzado, deseando hacer algo de lo que presumiblemente no se creía capaz de hacer—. Y hermoso, porque es abnegado y obstinado—comenzó, divagando en algo más que pudiera decir. No se le ocurría mucho. Mantuvo silencio, actuando como si estuviera dolido, evitando mirar a los alumnos. Alumnos... ¡Alumnos! ¡Sin luz! A de sin. Listo. Mor... Mor de... Mortem. Sí. Mortem, era mortem. La muerte. Sin muerte. ¡Ajá, ya se sabía aprobado!—. Pues yo vengo a contaros mi ignorancia... ¡Soy un amante que no sabe amar!—dijo mirando de reojo a Matías—. No sé exteriorizar mis sentimientos. Y cuando intento demostrar la esencia de mi corazón, de los latidos que me produce aquella amada... lo confluente se vuelve platónico. Soy cobarde. Pero no una, sino que muchas veces. Es un desquiciado círculo vicioso. Perfecto e ineludible. Me limitan los celos, la inseguridad, me avergüenza la libido y la amenaza de destruir toda amistad, toda simpatía, hasta cualquier saludo de paso que ella me pueda dar... Pero prefiero ver cómo se me escapa de las manos, cómo se hiere buscando calor en alguien más cuando mis brazos se deviven por rodearla. Es menos... aterrador. Me da miedo. La amo. O peor. La sufro a falta de saber amarla—inventó de a poco, y luego, sólo todo un romance unidireccional que le llevo diez minutos de ardúa inspiración. Finalmente, comparó aquello con las contradicciones de estar enamorado—. Se supone que me debería sentir vivo porque ella existe y es mi amiga... Sin embargo, me destroza en una mala broma de la inseguridad, en el miedo al rechazo. No solo de ella... No me siento eterno, pero lo que siento por ella probablemente lo sea. Lo que ella me produce es inmortal, infinito. Y espero que ello me enseñe a soportar verla irse—terminó por decir, haciendo una solemne reverencia. Sus compañeros lo aplaudieron y algunos, llorando o conteniendo las lágrimas, pedían a gritos un diez.

La profesora sonrió agraciada.

—Damian, has dado a entender que "amor" significa "sin muerte".

—Exacto—interrumpió orgulloso.

—Lo cual me parece curioso—continuó, ignorando su convicción—. "A" es un prefijo de negación, sí. Pero griego. Mientras que la palabra "mortem" es latina, y el prefijo de negación en latín es "in".

La cara de Damian se desfiguró de golpe. No la había hecho de oro.

—Pero tu creatividad es admirable. Esa improvisación ha sido envidiable—sonrió divertida—. Solo por eso, te pondré un seis.

25 de Febrero de 2018 a las 00:16 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Gerónimo Le Goff Nací como Gabriela Herrera Navarro, pero, yo me di vida como Gerónimo Pierre Le Goff Febvre. Aún así, llamadme Gero, por favor. Me defino como un escritor por limerencia y un lector por necesidad del alma. En fin... ¡Nos leemos pronto! Podéis leerme en Wattpad, Sweek, Inkspired y Litnet. * Instagram: @gero.pierre

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