DIARIO DEL PRIMER AMOR Seguir historia

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Lisbeth Vargas


En el lapso de aproximadamente dos años, se relatarán las memorias de una historia real situada en alguna parte de un tiempo pasado que cuenta cronológicamente las experiencias de dos chicos adolescentes que sienten el amor por primera vez. Con ingenio y sarcasmo, la segunda voz de una chica cristiana, narra la odisea de ese primer amor a través de su particular infierno de tentación y amor. La relación que mantiene con su atractivo novio la obligará a enfrentarse a sus demonios personales y la conducirá a una fascinante exploración de sí misma y a la redención. Un relato profundo y sugerente, lleno de intriga, seducción y perdón.


Romance No para niños menores de 13. © Todos los derechos reservados

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ELLA Y ÉL

10 oct. 2016


Un día ella miró sus manos y tuvo miedo.


Él era un hombre de hermoso parecer. De estatura mediana y cuerpo atlético y ágil, debido al deporte que practicaba. Tenía los hombros alineados a lo ancho de la cadera, el pecho alto; las piernas largas y entalladas. De tez blanca, la piel cálida y con unas manos enormemente atractivas. Ella estaba embelesada. El conjunto de sus facciones le resultaba muy fascinante por la armonía y suavidad de sus líneas. Todo él le gustaba: la frente ancha y espaciosa, la nariz recta, las mejillas finas y largas, la mandíbula angulosa, la boca colorada y grosezuela; sobre todo el labio inferior era especialmente más grueso que el superior. Sus dientes menudos y blancos, sus magníficos ojos verdes; rasgados, bajo unas cejas pobladas y bien delineadas; su brillante cabello rubio… Y una vez más, esos extraordinarios ojos que la cautivaban, que la hipnotizaban, que la enamoraban... Luego venía la voz, vibrante, elástica, atractiva.


A sus escasos años llevaba en la mirada todo el candor de un niño y toda la sensualidad de un hombre. Cada pincelada del lienzo de su cuerpo había sido pintada para hermosear la Creación. Pero lo más cautivante no era su evidente aspecto físico, si no su esencia. Su espíritu era jovial; ordinariamente bromista, alegre y revoltoso. Cada vez que él la miraba, los ojos de ella proyectaban más luz de la que antes tenían; impregnaba todos los lugares con su alegría salpicada de chistes. Era contagiosa esa manera particular que tenía de ser. Y su corazón, era de sentimientos intensos, lo emocionaban las minúsculas cosas, una carta, una canción, una flor… sabía cómo amarla, entendía cómo enamorarla, conocía cómo atesorarla. Celoso de ella, amante de su inocencia y de sus curvas. Ese era un amor bonito, un amor temprano… un amor tormentoso el cual ella escogió para sí.


13 oct. 16


Es desconocido el día que él empezó a poner sus ojos en ella. ¿Qué poseía ella en su ser que ocasionó la atención de su mirada? De eso no se sabe nada. Solamente, un día cualquiera, él sintió en su corazón el impulso de pensarla un poco más de la cuenta, verla pasar, verla reír, y seguirla con la mirada hasta donde dejara de verla o hasta el otro extremo del salón de clases donde ella se sentaba, siempre tan impecable de pie a cabeza.


Se le volvió un hábito decirle cosas sin sentido y acosarla de vez en cuando. Se acercaba a ella con cualquier excusa, recurriendo algunas veces, a comportamientos un tanto molestos, como comentarios de adulación demasiado impertinentes, en los que puntualmente se refería a los cambios prominentes en su fisonomía. Eso para la chica era algo inquietante pero sobre todo vergonzoso, pues ya de por si eran bastante extrañas las insinuaciones recurrentes del chico como para tener que sumarle a ello las expresiones de su rostro, cuando por alguna razón, entraba a colación el tema de los cambios fisiológicos propios de esa edad.


Se le había vuelto reiterativo el presentarse dónde ella estaba; excusándose de no tener conocimiento de su presencia, sentarse a su lado, tomarle de sorpresa una mano, hacer todo por coincidir en el mismo lugar donde se encontrara ella.


05 dic 2017


Una tarde de septiembre, ella llegó a su casa después del colegio, acalorada del camino y un poco molesta por haber olvidado su carné. Tenía que solicitar el préstamo de un libro en la biblioteca y la única manera de obtenerlo era presentando su identificación de estudiante. Pero aunque había rebuscado entre sus cosas con la idea de hallarlo, muy pronto se había dado cuenta que no lo llevaba consigo.


Cuando llegó a su casa, su mamá le ofreció de comer, ella tomó algo ligero y como tenía que devolverse para la biblioteca antes de que cerrara por las próximas dos horas, prefirió conservar el uniforme de gala que llevaba puesto ese día.


Apenas iba doblando la esquina de su casa, cuando escuchó a una corta distancia una voz masculina que la llamaba. En cuanto se giró hacia dónde provenía la voz, el que revelaba su nombre tomó forma. Era el dueño de la más hermosa sonrisa y de los ojos extraordinarios.


En el momento en el que ambos chicos se reconocieron, él aumentó su paso hasta alcanzarla y empezó a caminar al ritmo de ella. Una leve pesadez le invadió su ánimo, porque ella no lograba olvidarse de lo molesto que últimamente sentía el actuar de él para con ella. Pero sin ánimos de aducir sobre un tema que la indisponía, prefirió no hacer mención de sus pensamientos y optó por permitir que la acompañara en su camino.


Ella iba entretenida, con su mirada fija en el suelo y tratando de analizar la escena, cuando de un momento para otro, el chico extendió una mano en dirección al bus que venía en marcha a unos metros de donde estaban ellos. El bus frenó abriéndoles la puerta trasera como era costumbre hacerlo con la mayoría de estudiantes que vivían por ese sector. Como todo había sucedido de forma tan repentina, ella no tuvo tiempo de reaccionar, tan solo pudo sentir el impulso que le generó su propio brazo al ser halado por el chico que le repetía que se subiera, así que no tuvo mucho tiempo para pensarlo.


En el camino hacia el colegio, ella actuaba con timidez, sintiéndose extraña al compartir asiento con él. No sabía que decir, aunque el chico tampoco era que hablase mucho, pues en realidad, estaba abstraído en sus propios pensamientos, planeando cual podría ser su segundo paso; pero ella era tan callada y reservada, que no tenía la menor idea de cómo podía llegarle y no quería intimidarla o espantarla.


Pero todo cambió drásticamente una vez ingresaron juntos a la biblioteca. Para ella fue sorpresivo que el chico la siguiera hasta allí, incluso que se sentara con ella en la misma mesa, pues pensaba que apenas llegaran al colegio, cada uno tomaría el rumbo hacia su sitio de interés. Pero lo que resultó fue sospechosamente inusual. Los dos iban para el mismo lugar, a realizar las mismas actividades, algo que aunque ella puso en duda prefirió no indagar al respecto, sino que se centró en su objetivo. Y ahí fue cuando todo se volvió un caos:


Unos preciosos ojos verdes y penetrantes se situaron insistentemente en la lectura del libro que ella también miraba, obligándola a levantar la vista. Y se vieron a los ojos fijamente. Para ella fue sorprendente encontrarse con el resplandor de una luz auténtica y juvenil, una mirada arrolladora capaz de traspasar todas sus barreras, y continuando más abajo, en su sonrisa, se formaban unos pequeños hoyuelos que reflejaban su seguridad y moldeaban sus labios gruesos. Era muy hermoso, la armonía impecable de su rostro era impresionante y ella no podía parar de admirarlo. Una especie de magnetismo le impedía desprenderse de su visión, provocando que el palpitar de su pulso se acelerara, hasta que el chico enarcando una ceja le advirtió de lo extensivo de su contemplación y entonces ella sintió vergüenza de sus emociones y agachando la mirada trató de volver a lo suyo.


Pero la actitud insistente de su compañero de estudio le impedía drásticamente que su mente lograra conectarse de nuevo con la lectura, y empezó a experimentar sensaciones extrañas que la avergonzaron aún más. Se sintió acorralada, como un indefenso conejillo a punto de ser apresado, se sintió juzgada, señalada y particularmente molesta consigo misma por parecer una tonta más, embelesada con el chico más guapo de su clase.


Entonces decidió levantarse de su asiento con la intención de llevarse el libro a casa y terminar la lectura en la comodidad de su habitación, quería irse lo más pronto posible, en parte porque no soportaba sentirse como se sentía y porque debía apresurarse antes de que cerraran. Así que al levantarse de la silla se despidió de su acompañante amablemente, tomó sus cosas y se dirigió a la recepción donde la atendió el archivero y le ayudó con los trámites necesarios para asentar el préstamo. Cuando le devolvieron los documentos, entre ellos el carné, ella los dejó sobre el mostrador mientras guardaba entre sus cosas el espeso libro, y cuando quiso alargar su mano para tomarlos, el que hacía unos instantes reposaba en calma sobre la mesa número ocho, se adelantó en su intento y prácticamente se los quitó de la mano.


Ella se sorprendió a la vez que se enfureció y lanzándole una mirada acusadora le exigió que le devolviera sus cosas, entonces él le prometió que se las devolvería si permitía que la acompañara en su camino de regreso. Más que una petición ella lo sintió como una imposición, y su primera reacción fue negarse. Pero su posición fue fácilmente removida, cuando él le devolvió la mayoría de sus documentos quedándose solo con el carné.


Entonces ella lo asumió, supo que si quería recuperar la totalidad de sus cosas tendría que jugar al juego que él le proponía, así que accedió haciéndole reafirmar su promesa. Y emprendieron juntos el camino, bajaron las escaleras desde el cuarto piso, rodearon el edificio y se dirigieron a la portería, y cuando casi iban a salir a la calle, el chico comenzó a actuar de manera extraña.


6 y 7 dic. 2017


De pronto se detuvo a unos cuantos pasos por delante de ella y sostuvo el carné con las dos manos a la altura de los ojos. Con su mirada prolija contempló la fotografía e hizo varios comentarios como si le estuviera hablando a alguien más. “Tu madre deberá estar muy orgullosa de tener una hija como tú, a una niña tan hermosa y llena de cualidades”, “debería ser ilegal tanta perfección…”


Cuando finalmente alzó la mirada y la clavó certera sobre los ojos de la chica, su reacción fue de total asombro. Se sentía pasmada y lenta de pensamiento, insuficiente para asumir lo que sus oídos habían escuchado. Por alguna razón ella se impedía a sí misma entusiasmarse. Era como si todo hiciera parte de un juego y no de la extraordinaria realidad que se recreaba ante sus ojos.


Pero ahí no paro todo. Al contrario, durante el trayecto de regreso, el chico se mostró muchísimo más entusiasmado, incluso, a ella le pareció que sus mejillas estaban enrojecidas y que su sonrisa tenía un toque de timidez que nunca antes había visto en él. Los comentarios que hizo después fueron cada vez más singulares y directos, llegando a mencionar cierto interés emocional en ella. Eso era algo difícil de creer, y mucho más viniendo de alguien como él. Si el solo roce de su brazo la hacía sentir intimidada, ¿cómo podría llegar a suponer que lo que estaba escuchando tuviese algo de verdad? Ella no quería prestarse para juegos absurdos y mucho menos ser la burla de alguien, porque simplemente no tenía sentido. En su mente no cabía la posibilidad de estar siendo cortejada por un hombre tan imposible, y además, no podía olvidarse de su verdadera realidad, una en la que no era libre, pues le debía su compromiso al chico con el que llevaba saliendo cerca de seis meses.


Cuando faltaban un par de cuadras para que la chica llegara a su destino, sin lograr aun convencerlo de la devolución, ya había desistido de su empeño. Se sentía nerviosa, como avergonzada, y tan solo esperaba que el trayecto acabara pronto para bajarse y por fin alejarse. Hasta que el chico se armó de valor y mencionó lo que llevaba dando vueltas desde que la vio. Con la chica prestándole toda su atención, primero le sonrió de manera coqueta, y después desplegó su majestuosa mirada enfocándose en imponer su seguridad. Y le habló poniéndole como única condición para devolverle el mentado carné, su propia voluntad y autonomía para regalarle el número telefónico de su casa. Y aunque para la chica su petición no clarificaba lo confuso de sus intenciones, accedió con tal de zafarse de la situación, y uno a uno fue nombrándole los números que completaban sus datos de contacto.


Después que el chico cumplió con su promesa, ella se levantó de su asiento preparándose para la parada y lo que vino después fue algo que de ninguna manera pensó que pasaría. El chico se puso de pie para permitirle la salida, y en el momento que ella atravesó el pequeño espacio que distanciaba un puesto del otro, aprovechó para aproximarse más a ella y la besó en la mejilla a manera de despedida. Fue la sensación más inédita que ella experimentó jamás, y eso la sorprendió. Se sintió demasiado intenso, demasiado agradable, a un nivel tan superior que de inmediato la desconcertó.


Ese fue el día en el que inició todo, en el que quedó abierta la puerta y se escondieron las llaves. A partir de ahí ya nada tuvo reversa, y el destino poco a poco se fue encargando de entretejer con sus hilos sus mil historias turbulentas de amor.


Él, jamás llegó a suponer todo lo que le cambiaría la vida y la forma como el amor se mostraría por primera vez. Verla, pensarla, anhelarla fueron emociones y sentimientos que se fortalecieron cada día. Con cada llamada, cada palabra que se decían encendía dentro de él una llama, y la necesidad de explorar más allá fue creciendo con la misma entereza que su sentir.


13 oct. 16


Ella, por su parte, se sentía inquieta cada vez que él le hablaba, era desconcertante ver a semejante hombre regalándole tanta atención y por demás, le generaba incertidumbre y desconfianza. ¿Qué era lo que pretendía con sus constantes insinuaciones y a la vez con sus comentarios desobligantes? Era un acertijo de grado avanzado el intentar descifrar sus pretensiones. Pero aunque no debería mirarlo con otros ojos, porque su compromiso se lo impedía y eso le decía su cordura, su corazón, ya se encontraba sumergido en la montaña rusa de emociones que ese enigmático hombre le generaba, y lo pensaba, cada día un poco más que el anterior.


Un día ella empezó a fijarse en sus ojos, se sonrojaba cuando alzaba la mirada y al costado derecho del salón de clases se encontraba con el verde de su mirada, pero ella tenía novio; o al menos no había terminado aún con aquel chico, que lejos de ser el príncipe azul de brillante armadura que meses atrás se había robado los suspiros de su pecho, era más bien parecido a un mal actor, burdo y corriente, con aspiraciones hacia ella de dudosa fe.


14 oct. 16


Todo maduró finalizando el ciclo escolar. Llevaban ya varios días compartiendo miradas, y un tipo de lenguaje comunicativo de movimientos corporales y gestos en lugar de palabras. Para ese entonces él la llamaba por teléfono casi a diario. Le gustaba oírla hablar, sentía que era muy agradable escuchar su voz tan dulce al otro lado del contestador. Hacía que sus tardes se llenaran de color.


27 y 28 nov. 17


Cada año en el colegio donde ellos estudiaban, un par de días previos al cierre del año lectivo, los directivos solían organizar una salida a algún parque acuático a las afueras de la ciudad, y generalmente reservaban todo un día para cada jornada.


El paseo escolar de ese periodo académico, tuvo lugar un viernes a mediados de noviembre, cuando prácticamente estaban culminando las clases. Las puertas de la institución estuvieron abiertas al público desde las siete de la mañana.


Hacía una mañana espléndida, que anunciaba una tarde soleada. La chica y su hermana acudieron juntas y se subieron en el mismo bus.


En la medida que los alumnos iban ocupando sus puestos, los conductores que completaban el cupo, iban encendiendo motores, y al tener luz verde, se unían a la marcha.


Al llegar al lugar, los grupitos fueron formándose y cada quien iba determinando con cual persona iba a pasar el día, pero la joven, a cuya personalidad se le atribuía la sobriedad, no explotó en sensacionalismo al momento de elegir en cual caseta instalarse, sino que fue directamente con su hermana y dejó sus cosas junto con las de ella.


Más tarde, cuando habían transcurrido un par de horas, se encontró con una de sus amigas en la zona de los toboganes, y uniéndose a ella, empezaron a recorrer juntas las atracciones acuáticas del parque.


Eran pasadas las dos de la tarde cuando el dúo de chicas caminaba lentamente al ritmo de la suave corriente, mientras el agua templada les relajaba los músculos. Habían avanzado cerca de la mitad del recorrido, cuando vieron a una corta distancia que el chico rubio de simpática sonrisa, estaba sentado sobre una de las escalas de acceso que daban al otro lado. Ya era la tercera vez ese día que se topaban con él, pero la chica tímida, se sentía incapaz de levantar la cara, porque sospechaba que no podría aguantarle la mirada sin que sus piernas le temblaran. Llevaba varios días sintiéndose así, sumamente deslumbrada por él y por la gran belleza de sus ojos, pero la modestia de su corazón tímido, no le permitía reconocerse atraída, sino que prefería mantenerse alejada con tal de no hablarle. Pero lo que ella misma no sabía, era que los primeros pinitos de su enamoramiento, estaban echando raíces ya tan profundas, que por eso era que no lograba sentirse cómoda al permitir que él la viera.


Por suerte, en el momento en el que se hizo prácticamente inminente que el curso que llevaban las encaminara hacia el chico, uno de sus amigos le hizo señas a lo lejos para que fueran a lanzarse desde los toboganes que habían acabado de entrar en servicio. Un poco de adrenalina no le caería mal a nadie, así que él se apresuró y se unió al grupo de aventureros que, formando una marcha, se desvanecieron en la fila que empezaba a llenarse. Y las chicas sobrepasaron sin problemas aquel punto de acceso y caminando en la misma dirección a la corriente del agua, continuaron disfrutando del sol y la leve agitación del rio artificial.


No habían pasado más de diez minutos, cuando de pronto la chica, mientras avanzaba en el recorrido en compañía de su compañera de curso, sintió la fuerza de unos brazos que la empujaron suavemente pero con contundencia, haciendo que cayera de bruces en el agua. Inmediatamente después, sintió que las mismas manos la sujetaban por la espalda sirviendo de soporte para que se levantara, pero ella las rechazó sacudiéndose con un movimiento brusco.


Apoyada sobre las rodillas, primero se retiró el cabello de la cara y después giró en dirección al responsable de tan penoso acto con la mirada enfurecida. Apenas volteó, vio a un chico de pie que la miraba a la expectativa. Era él, que con sus ojos iluminados le imploraba a ella por compasión. Y vio su gran sonrisa que totalmente contagiosa, hizo que ella se olvidara de su enojo, y, uniéndose al gran debut de coquetería exótica, se le colgó de una mano dejando que todo el peso de su cuerpo lo desestabilizara y de un rápido tirón hizo que se desplomara y callera en el agua casi encima de ella.


Ambos rieron abiertamente, olvidándose incluso, de la compañía que los observaba desbaratarse y gastarse en atracción. De ellos se desprendían luces idénticas, que a manera de destellos chispeantes chocaban entre sí, y sintieron sus piernas con la capacidad de saltar muy alto y con poco esfuerzo, y, como en una nube imaginaria que los elevaba del suelo, ambos se pusieron de pie.


A partir de ahí, los actos siguientes fueron por el mismo estilo; el resto del recorrido lo culminaron en medio de un juego absurdo de galantería y seducción. El bromeaba respecto a cualquier cosa que se le hiciera graciosa, y ella le respondía entusiasmada. Y mientras sentía como su cara se ruborizaba por las ocurrencias de su nuevo acompañante, riendo, le daba repetidos empujones arrojándolo al agua sin piedad. Y él sí que sabía disfrutarlo. Esa era su manera no tan convencional de demostrar su interés en ella. Sentía que con cada empujón que ella le propinaba ganaba un poco más de terreno y que aunque el agua había empezado a metérsele en los oídos, no cesaría en su apuesta hasta asegurarse de que la chica que le gustaba mostrara indicios de estar sintiéndose de la misma manera.


Después de esa magnífica tarde, ella llegó a su casa sintiéndose más plena que nunca y no paraba de pensarlo. Él conocía como prolongar de forma indefinida su sonrisa. Hizo que ella se olvidara de lo malo. Su voz, lo que le decía, como la miraba… eso tenía que significar algo. Él podría ser un digno merecedor de ocupar un trono que estaba actualmente invadido por otro con menos derechos. Él podría ser su nueva fuente de inspiración.


Era evidente que la casualidad no tenía intención de dar marcha atrás, el destino ya había entrelazado sus hilos. Ya todo estaba escrito.

13 de Febrero de 2018 a las 15:21 0 Reporte Insertar 3
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