Cuento corto
0
7.6mil VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Sombra de Luna y el Joven Menta

           Era se una vez, hace ya tantos lustros que casi se había olvidado, que en la tierra de Babia tuvo lugar una historia maravillosa. La historia de Sombra de Luna. Antes de continuar, primero es necesario aclarar que en la tierra de Babia todos los nombres de niñas recuerdan cosas bonitas y como no hay nombres feos no existen niñas feas. Sombra de luna, pues así se llamaba la protagonista de esta historia, era una niña que no era ni guapa ni fea, ni buena ni mala, ni gorda ni flaca, ni… bueno así podíamos seguir hasta que acabase el cuento, pero no hay cuenta cuentos que cuente cuentos que no cuentan nada. En realidad esta niña si era muchas cosas, pero de entre todas las cosas que podía ser, lo más triste es que era huérfana.

      Sombra de Luna vivía con otros muchos niños en una gran casa, una casa de paredes negras, sin ventanas ni chimenea. Era una casa fría y triste donde nunca entraba un rayo de sol, por eso su piel era blanca como la luna, si bien tenía una larga cabellera negra como la noche. Sombra de Luna no era feliz, y los niños que vivían con ella no la querían. La mayoría eran feos y malos, pero nada tenía que temer porque otra cosa que si era es valiente y osada.

      Los niños la temían por eso no era ella el blanco de sus bromas y burlas, sino un niño más pequeño, se llamaba Menta, en Babia los chicos llevan nombres de plantas. Menta tenía ya cinco años, pero en todo el tiempo que había transcurrido entre su nacimiento y ahora no había dicho ni una sola palabra. Los niños más traviesos, sobre todo Ortiga, Tragapan y Ranúnculo se pasaban el día empujándole, quitándole la comida, o mojando su cama. A Menta se le llenaban los ojos de lágrimas pero de su boca jamás salió una queja.

      Un buen día todo cambió. Ortiga, niño cruel donde los allá, sabía que Menta tenía pánico a las ratas, y no se le ocurrió otra cosa que asustarlo con una horrible rata negra de pequeños ojos rojos. La sujetaba con un puño mientras marchaba detrás de el como el mismísimo diablo. El pequeño Menta corrió hasta desfallecer todo lo que sus cortos pies le permitieron. Tras un gran esfuerzo y ya sin fuerzas finalmente cayó al suelo. Sin apenas tiempo para reaccionar quedo atrapado por el trasero de Ortiga que aprisionaba su pecho contra el suelo impidiéndole respirar. No contento con esta tortura situó la rata, cuyo aliento era repulsivo, a la altura de su rostro y el animal ni corto ni perezosa soltó un enorme bocado en su mejilla. Cuando estaba apunto de desfallecer sintió que el peso que oprimió su pecho se desvanecía. Antes de desmayarse Menta vio el rostro de un ángel que le acariciaba la herida de la mejilla y le besaba la frente.

      Cuando Menta despertó al cabo de unos días, Sombra de Luna ya no estaba. Se había escapado y huido al bosque de Iras y No volverás. Desde ese día nunca más la volvieron a ver. Todos creyeron que la niña había muerto, todos menos Menta.

      Lo que no sabían es que Sombra de Luna, entre otras muchas cosas, también era muy inteligente. Durante días caminó por el bosque, bebiendo el agua fresca de sus ríos, comiendo raíces y las dulces bayas de sus arbustos, aunque al final se cansó de tan pobre dieta. Vaya donde vaya sólo como bayas, exclamaba sonriente, porque si, sonreía, estaba feliz, en contra de lo que creían casi todos los habitantes de Babia el bosque era un sitio muy hermoso, lleno de luz, color, y sonidos, cálido por el día y fresco por la noche.

      Un buen día, después de no poco caminar llegó a las puertas de un palacio. El edificio se veía muy feo desde fuera, estaba rodeado de espinos, sus paredes eran sucias y sus puertas y ventanas estaban cerradas. Creyó que estaba abandonado, pues se encontraba en lo mas profundo del bosque, allí donde nadie llegaba jamás. Se acercó a la puerta con la intención de entrar pero ésta estaba cerrada y bien cerrada. La noche iba a caer y temía que de nuevo la pasaría a la intemperie.

      Finalmente el sol se acostó detrás de las montañas y una enorme luna apareció en el cielo. Su pálida luz iluminó el palacio que ahora con la mágica luz de la noche se veía hermoso, muy hermoso. Fue entonces cuando Sombra de Luna se percató que la puerta se había abierto y ni corta ni perezosa de un par de largas zancadas entró en su interior. Apenas hubo puesto sus pies dentro la puerta se cerró, y si hubiese habido allí una persona observando la escena hubiese sido testigo de un hecho extraordinario, porque el palacio desapareció.

      El interior del palacio era de una belleza sin igual, una tenue y cálida luz iluminaba las estancias. Cada una de ellas olía a la fragancia de una flor diferente. Camino a pequeños pasos entrando en una y otra habitación cada cuál aún más bella que la anterior, hasta que llegó a una que era diferente a todas las demás. Desde dentro salía un luz azul y para su sorpresa olía a vainilla y canela, sus olores favoritos. La habitación estaba vacía, salvo por una silla que se encontraba frente a un pequeño atril que servía para apoyar un libro, y un reloj al fondo de la habitación que en ese momento marcaba las doce menos cinco de la noche. La pequeña Sombra de Luna se acercó al libro que para su sorpresa tenía las páginas en blanco. Para qué podría servir un libro en blanco se preguntó la niña.       Decepcionada con esa habitación que olía tan bien se disponía a salir cuando en el reloj sonaron doce campanadas. Al principio, con la primera campanada le pareció ver que algo resplandecía en el libro, y sí, con cada campanada pequeñas luces brillantes iluminaban sus páginas. Sombra de Luna se acercó y ante su sorpresa en las hojas que antes estaban en blanco comenzaron a dibujarse preciosas escenas y a su lado letras y letras. Cuando hubo sonado la última campanada la luz desapareció y el libro que antes era blanco ahora tenía letras y dibujos.

      La curiosidad pudo al hambre y al sueño y se sentó en la silla a leer la historia. Pasó la noche entera leyendo, era tan bonito, y mágico que no pudo resistirse, incluso una tenue música procedente del libro llegaba a sus oídos. Cuando estaba amaneciendo la historia se acabó y para su sorpresa detrás de ella había un gran vaso de leche tostadas, y los postres más ricos que jamás había probado. Tras comer hasta hartarse fue a una habitación contigua donde había una gran cama y allí durmió durante todo el día.

      Noche tras noche, el libro iba contando a la pequeña maravillosas historias. Así pasaron las lunas, pasaron las lluvias y pasaron los años y la pequeña Sombra de Luna se convirtió en una hermosa mujer. Todo este tiempo había permanecido encerrada en el extraño palacio sin ver a ningún otro ser vivo y sin hablar con nadie, pero a ella no parecía importarle, sólo quería seguir leyendo historias en aquel libro.

      Transcurridos tantos años casi todo el mundo se había olvidado que una vez existió una niña que se llamaba Sombra de Luna, y digo casi todos porque Menta pensaba en ella todos los días. Se había convertido en un apuesto joven, y con la seguridad que da la juventud había perdido el miedo. Apesadumbrado por no haber sido capaz de buscar a la niña en todos esos años decidió finalmente internarse en el bosque de Irás y no Volverás. La encontraría o moriría en el intento.

      Caminaba seguro por una vereda cuando unos gritos le sobresaltaron. Sin perdida de tiempo corrió hacia el sitio de donde procedía la voz y se encontró con un anciano que estaba siendo atacado por una manada de lobos. ¿Qué haría un anciano tan lejos de todo y cerca de nada? Otro cualquiera hubiese huido, eran muchos lobos y tanto el como el anciano morirían bajo sus fauces pero Menta no era cualquiera y cogiendo un gran tronco de madera de un salto cayó en medio de la manada de lobos. Por increíble que pueda parecer algo extraordinario sucedió en ese instante y como por un hechizo los lobos desaparecieron y el otrora anciano era ahora un apuesto hombre vestido de negro.

      Si, era un mago, el mago que reinaba en el bosque de Iras y no Volverás. El hechicero quedó maravillado por el valor de aquel joven y sin pensárselo le ofreció cumplir el deseo que el quisiese, fuese cual fuese.

      Menta no se lo pensó ni un instante y le pidió que si estaba viva, quería ver una vez más a Sombra de Luna. El mago al principió quedo sorprendido por esta petición y luego victima de sus propias palabras tuvo que confesarle que Sombra de Luna estaba viva, y recluida en su palacio desde hacia años. Estaba enamorado de ella y no permitiría que escapara de su morada. Como había prometido podría verla pero también le dijo que su corazón se rompería si lo hacía. A Menta eso no le importaba y obligó al mago a cumplir su promesa

      Esa noche el joven esperó pacientemente en el claro del bosque que el hechicero le había descrito. Cuando dieron las doce de la noche como por un sortilegio un hermoso palacio apareció ante sus ojos y poco después la joven mas bella que sus ojos habían visto jamás apareció por la puerta. Pero en su rostro no había alegría ni felicidad, sino enfado. Llevaba mucho tiempo sin hablar con nadie y estaba contrariada porque a esa hora tendría que estar leyendo una nueva y maravillosa historia en vez de encontrarse de frente con aquella extraña criatura.

      De sus labios hechizados solo salieron dos palabras “te odio”. Menta había esperado toda su vida ese momento pero en sus sueños jamás pensó que sería así, sus ojos se llenaron de lágrimas y su corazón se rompió, pero a Sombra de Luna esto poco le importaba, se dio media vuelta y desapareció dentro del palacio.

      El joven Menta miro al cielo infinito, y desde su alma pura y limpia pidió a los ángeles que le devolvieran a aquella persona que un día le salvo la vida, y fue tal su dolor, fueron tantas sus lágrimas, que sus palabras fueron escuchadas. Un ángel alado descendió desde el cielo y le explicó que Sombra de Luna estaba bajo el influjo de un hechicero negro. Sólo la sangre de un corazón puro podría salvar a la joven de las tinieblas eternas.

      Sin pensarlo Menta tomó su puñal y de un certero golpe lo clavó en su corazón. Mientras su vida se iba apagando y las gotas de sangre caían sobre la fresca hierba del bosque, sucedió un hecho extraordinario dentro del palacio. El libro comenzó a arder y a la mente de Sombra de Luna llegaron las lágrimas y el rostro de aquel joven, las lágrimas de aquel niño al que un día quiso tanto, el nombre de su amado. Corrió al exterior justo a tiempo de desaparecer para siempre con el palacio.

      Allí en el suelo estaba el cuerpo del hombre que tanto la amaba, todavía conservaba un hálito de vida, el suficiente para ver el rostro de su ángel mientas le besaba las mejillas y lloraba su muerte.

      Los que ahora paseen por aquella zona del bosque, encontraran cerca de allí una tumba en la que reza “Aquí yace un cuerpo, pero dos corazones”.

10 de Febrero de 2018 a las 16:37 1 Reporte Insertar 1
Fin

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
Melissa Zúñiga Rodríguez Melissa Zúñiga Rodríguez
¡Ese final me tomó por sorpresa! Hasta me sentí donde me "saltó" el corazón.
17 de Febrero de 2018 a las 15:29
~