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Destino

Siempre he querido aquel amor de cuentos de hadas, con el vivieron felices y comieron perdices; pero de tener que ser simplemente honesta nunca he sido buena escogiendo pareja. De alguna forma u otra, siempre me han lastimado... y nunca comprendí del todo cómo es que eso pasaba. No sabía si es que simplemente yo confiaba demasiado rápido o si ellos demostraban ser algo que no eran por un tiempo y luego te hacían añicos aquellas ilusiones de un futuro juntos.

Pf, ¿amor? Eso era algo que no se buscaba ni se esperaba; simplemente tenías que dejar las cosas fueran según el destino; así era cómo las personas importantes aparecían en tu vida. Ya sea que se fueran a quedar por siempre, duraran un poco de tiempo y se fueran o tuvieran menos duración que un parpadeo. Las cosas no se forjaban... porque si esperabas constantemente a que algo pasase, nunca iba a llegar. Había que dejar de buscarlas y ellas aparecerían como por arte de magia.

Ya estaba algo cansada de esperar a que mi príncipe azul apareciera, al decir verdad, creía que no existía. Que no había nadie perfecto para mí; así que supuse que lo mejor iba a ser dejar de esperar y comenzar a concentrarme en cosas más productivas... como mi trabajo. Aquel era un triste día gris de lluvia y parecía que el clima reflejaba el espejo en mi interior. Acomodé el paraguas amarillo que llevaba como protección y me dediqué a esperar que el semáforo cambiara de rojo a verde para poder seguir con mi rumbo.

Aquel día estaba ocupado, así que apenas me acerqué al semáforo que maliciosamente se encontraba cambiando de rojo a verde, aceleré sin dudármelo ni considerar las consecuencias de mis actos. En cuestión de segundos escuché a alguien maldecir fuertemente, por lo que me vi obligado a frenar pues una voz interna me decía que no me iba a salir de aquella situación con la conciencia tranquila; puse baliza para evitar ser chocado y me bajé para disculparme con la persona debajo de aquel estruendoso paraguas amarillo.

¡Pedazo de imbécil! ¿Quién demonios se creía que era como para pasar tan rápido y empaparme entera? Ahora estaba cubierta de agua sucia y era todo culpa de aquel troglodita que se encontraba detrás del volante de semejante auto. ¿Necesidad de tanto lujo? Ni idea... pero su dinero no evitó que yo le gritara varias cosas horribles y muy mal educadas, cosa que no hubiera sucedido de haber estado en mejores condiciones. Debió haberme escuchada porque automáticamente frenó su andar y se bajó... oh no... se estaba dirigiendo directamente hacia mí.

'Hola, disculpe, ¿usted me gritó?' jamás supuse encontrar una expresión tan furiosa debajo del paraguas barato que la protegía. Aquella era una joven mujer, no mayor de veinticinco años que parecía tener el carácter de una tigresa. Sus ojos marrones como el caoba de mejor calidad brillaban con una chispa vivaz que jamás había visto en mi vida, su cabello marrón también, caía como cascada rebelde sobre su espalda y su ropa – la cual no llegaba a ser demasiado llamativa – le quedaba al cuerpo, haciéndola ver hermosa aún estando completamente sucia, hasta un lunar, sensual y travieso se posicionaba a unos milímetros de su boca, sobre el lado derecho... parecía como si me estuviese llamando a besarlo... pero... ¿qué demonios estaba pensando? Aquella era una completa desconocida, y en aquel día, yo no debía ser su persona favorita.

'¡Por supuesto que le grité!' la rabia había comenzado a correr mis venas despiadadamente, despojándome de cualquier otro sentimiento que pudiera intentar convivir dentro de mi ser. Aquel tipo, el cual aparentaba unos treinta años, vestía un costoso traje el cual parecía haber sido hecho a medida, porque le quedaba pintado. Su cabello impecablemente peinado era del color de la misma noche mientras que en contraste sus ojos eran del color más gris que había visto en mi vida. Eran extremadamente raros, mitad fríos y despiadados, mitad interesados, cálidos... era tan contradictoria su imagen... pero se notaba que le había llamado de alguna forma la atención, por la forma en que me miraba tan fijamente, no me gritaba, no me respondía el insulto que antes le había propinado, no se disculpaba...

'¿Café?' fue lo único que pude articular, pues si yo la estaba viendo de una manera bastante obvia, ella me estaba devolviendo la mirada, aunque era completamente diferente. Ella se notaba curiosa, confundida de mi forma de observarla, cosa que creó que la llevó a sentirte incómoda también. Aunque claro, todo cambió cuando dije la estúpida palabra "café" aquello la había descolocado completamente. Aunque en menos de lo que duraba un suspiro escuché otra maldición más venir de aquellos labios tersos y rojos como la sangre. ¿Cómo podía ser que todo de aquella mujer me estuviera hechizando? Hasta sus maldiciones hacia mí... apenas ella se dio a la fuga, no dudé siquiera un segundo en perseguirla.

¿Por qué demonios me perseguía? ¿es que estaba loco o era un acosador? Aquel tipo me estaba poniendo nerviosa y cuando me agarró por el hombro y me hizo girar para encararlo, casi me obligó a usar la pimienta en aerosol que llevaba dentro de mi bolso pero algo me frenó... no podía discernir si eran sus ojos cansados los cuales parecían rogar por piedad, si era su respiración entrecortada y pesada debido a que me había estado persiguiendo por dos cuadras o qué, pero al final decidí por no hacerle daño físico. Ya demasiados problemas tenía con que su auto mal estacionado estaba congestionando el tráfico y las bocinas de los autos comenzaban a hacerse sonar estrepitosamente.

'Hablo en serio, un café para disculparme' dije intentando con todas mis fuerzas concentrarme en ella, pero los autos atorados debido a mi vehículo me lo estaban haciendo completamente imposible. 'Si me marcho a estacionar como corresponde, habrás desaparecido ¿verdad?' ella asintió con su hermoso rostro, confirmando así mis miedos de ser abandonado por aquella muchacha... por alguna razón extraña y ajena a mí, sabía que no debía dejarla irse. 'Desde este punto hay un mínimo de cuatro direcciones que puedes tomar, a medida que llegues a la próxima esquina aquel número de posibilidades se multiplicará por dieciséis... apenas estacione volveré y comenzaré a buscarte para volver a invitarte a que vayamos por un café... si te encuentro, será por puro deseo del destino.' Dije como despedida y me marché a estacionar el endemoniado coche.

Comencé a caminar lentamente pensando constantemente en sus palabras... ¿Destino? ¿Qué lo había llevado a decirme todo aquello? ¿Por qué había corrido a todo lo que le daba su cuerpo a estacionar para así volver a buscarme? Aquella era la primera vez que nos veíamos en nuestra vida... y aún así, algo me decía que él estaba en lo cierto... destino... mis piernas pararon sin siquiera que yo me diera cuenta y noté que estaba en frente de la puerta de un café bastante pequeño, íntimo pero a la vez público... era tan raro... y me producía las mismas sensaciones que aquel hombre... entré sin dudarlo.

No estaba por ningún lado al que pudiera mirar, ¡maldición! Si hacía menos de dos minutos había estado en aquel exacto lugar, mirándome con esos inmensos ojos... comencé a caminar erráticamente, sin esperanza, pensando que había perdido mi chance... pero algo me frenó de lleno, mis sentidos me decían que debía estar atento... que había algo obvio que me estaba perdiendo... escaneé todo detalle que el paisaje mío me mostraba y pronto vi que un paraguas amarillo se escondía detrás de la vidriera de un café... apenas era visible y la mujer que era su dueña no me mostraba su rostro desde aquel ángulo... ¡qué demonios! Debía intentarlo... así que entré decidido al recinto y me paré frente a su mesa... para encontrarla a ella, ya acomodada en la mesa bebiendo su café... quedé mirándola confundido y una hermosa sonrisa asomó por sus labios mientras que sus ojos me pedían que mirara a mi lado de la mesa, dónde ya un café me estaba esperando. '¿Destino, dijiste?' fue lo único que dijo antes de que yo me sentase a hacerle compañía.


7 de Febrero de 2018 a las 01:19 0 Reporte Insertar 2
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